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La viveza cristiana

Andaban en el camino, subiendo a Jerusalén.
Jesús se les adelantaba y ellos se asombraban. Le seguían pero tenían miedo.
Y tomando consigo de nuevo a los Doce … (les anunció por tercera vez la pasión).
……………….
Se le acercan entonces Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen:
─ Maestro, queremos que lo que te vamos a pedir lo hagas con nosotros.
El les dijo:
─ ¿Y qué quieren que haga Yo con ustedes?
Ellos le dijeron:
─ Concédenos que nos sentemos, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Gloria.
Jesús les dijo:
─ No saben lo que están pidiendo. ¿Pueden beber el cáliz que yo he de beber o ser bautizados con el bautismo con que Yo voy a ser bautizado?
─ Podemos ─ le respondieron ellos.
Pero Jesús dijo:
─ El cáliz que yo bebo, ustedes lo beberán y con el bautismo con que voy a ser bautizado, serán bautizados también ustedes, pero hacer que alguien se siente a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quienes está preparado.
Los otros diez, como escucharon esto, comenzaron a indignarse con Santiago y Juan.
Jesús, llamándolos junto a sí les dice:
─ Ustedes saben que los que figuran o pasan como jefes de las naciones
los tratan despóticamente como si fueran sus dueños absolutos y los grandes (de las naciones) las oprimen, abusando de su poder y autoridad contra ellos. No es así entre ustedes:
Sino que el que quiera convertirse en el más grande entre ustedes,
será su servidor (diakono)
y el que quiera ser el primero entre ustedes,
será esclavo (doulos) de todos.
Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido
sino para dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10, 35-45).

Contemplación
“Jesús se les adelantaba” (proagon).
Marcos utiliza de nuevo este verbo al final de su evangelio y lo pone en boca de los ángeles de la Resurrección que les dicen a las mujeres: “Vayan, digan a sus discípulos, y a Pedro: ‘Él va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán’, como les dijo” (Mc 16, 7). Así, “adelantarse” queda como algo propio de Jesús.
El Señor se adelanta para subir primero a Jerusalen; se adelanta a padecer por nosotros.
El Señor se adelanta para llegar primero a Galilea, al lugar del primer amor; se adelanta a consolar a los suyos.
El Señor se adelanta en el camino del servicio. Nos primerea no para sacar ventaja y ganar los mejores puestos, como querían Santiago y Juan, sino para que nadie le quite el último lugar, el puesto del servicio.
Ante la actitud de sus dos amigos, que ventajean a los otros y le piden sentarse uno a su derecha y el otro a su izquierda en el Reino, para indignación de los otros diez (que se ve que deseaban lo mismo pero no se avivaron antes), Jesús responde con este otro adelantamiento: adelantarse a dar, adelantarse para poder ayudar, adelantarse para evitar que los otros sufran, adelantarse para preparar la fiesta, adelantarse para consolar.
Esta es la viveza cristiana, tan contraria a la viveza criolla.
La viveza de los “campeonatos de cariño” que iluminaron de felicidad la infancia de Martín Descalzo:
“En nuestra casa jugábamos un permanente campeonato de cariño, en el que ganábamos todos al pasarnos la vida obsesionados por cómo haríamos felices a los demás.
Había ocasiones en las que este campeonato subía a primera división. Sobre todo cuando faltaba Engracia, la chica -la criada, decíamos entonces- que vivía con nosotros desde siempre. En casa las tareas diarias eran de todos, pero lo eran más especialmente en el mes de vacaciones de Engracia. Entonces estallaba la competición de mis hermanas, que luchaban como descosidas para ver quién trabajaba más (he dicho más, no crea, señor linotipista, que es un error). Si bajaba Angelines a hacer la compra, Crucita aprovechaba su ausencia para hacer todas las camas. Luego había que oír las quejas de Angelines porque le había quitado lo que era obligación suya. Y, para vengarse, aprovechaba la ausencia de Crucita para limpiar ella todos los dorados.
Era gracioso verlas a las dos agarradas a la escoba, pegándose porque las dos querían barrer. «Hijas -decía mi madre-, lo único por lo que siento la ausencia de Engracia son estos jaleos. Callaos, me volveréis loca.» Pero yo sé que a mi madre le gustaba tener que enfadarse por eso.
Pero lo mejor era lo del fregoteo nocturno. Si alguna vez se prolongaba la conversación después de la cena, mi madre decía: «Ahora dejamos los cacharros en el fregadero y ya se fregará mañana.» Todas estaban de acuerdo y nos acostábamos. Pero, a los veinte minutos, cuando las tres pensaban que las otras dos estaban ya dormidas, se levantaban todas sigilosamente, mi madre y mis hermanas, y, en camisón y de puntillas, como si fueran a cometer un delito, se dirigían a la cocina para fregar los platos. ¡Y allí coincidían las tres, sorprendidas y felices! 0 se sentían muy avergonzadas las dos que comprobaban que otra se les había adelantado.”

Cuando el Señor adoctrina a los discípulos acerca del servicio y les dice: “el que quiera hacerse grande entre ustedes será su servidor, creo que la traducción correcta debe explicitar “se adelantará a ser su servidor”. Porque para servir hay que adelantarse. Si no, se llega tarde y sucede que otro ya tomó el puesto o que la necesidad dejó de estar al alcance de nuestra mano. Así como el grado de humildad de una persona se ve en cómo reacciona ante alguna humillación concreta, así la servicialidad se ve en la capacidad de adelantarse. Cuando uno quiere servir de verdad, se adelanta. Y si uno se adelanta, siempre encuentra en qué servir.
Pero para experimentar la alegría del servicio hay que interpretar bien a fondo lo que dice el Señor. Muchas veces se malinterpreta esta enseñanza sobre el servicio tomándola sólo como mandato moral. Más que de un mandamiento se trata de una bienaventuranza: “si hacen esto serán dichosos”, como les dice Jesús a los discípulos luego de haberles lavado los pies.
Es que el bien mueve de distintas maneras.
“Tenés que ayudar, movete, mirá que otro ya se levantó…”. Como mandamiento, el bien empuja desde la conciencia del deber. Esto es importante a la hora de marcar límites y de consensuar una ética de mínimos (tan de moda en nuestros tiempos).
“¡Qué lindo sería poder dar una mano en tal lado…! Como bienaventuranza el bien mueve atrayendo con su promesa de dicha. Es mejor pedagogía, ya que no empuja (cosa que siempre suscita resistencia) sino que atrae y ensancha así el deseo desde una plenitud, haciendo que nuestro corazón se purifique en la gratuidad.

Estas dos tendencias del bien miran al futuro, al servicio como algo que debo hacer o que sería lindo poder hacer. Pero hay otro aspecto del bien que es más fuerte todavía y que brota en el momento presente. Es la alegría inmensa que da sentir que en este momento el Señor está sirviendo y que me invita a participar en su servicio. Es como esa alegría que da caer justo en medio de una fiesta en la que nuestros amigos están sirviendo y que uno sienta que sintoniza en el acto y se suma a dar una mano que viene justo. “Qué bueno que viniste, caiste justo para dar una mano”. El Señor ya se nos ha adelantado y está entre nosotros siempre como “el que nos ama primero”: “Yo estoy entre ustedes como el que sirve”. Y tiene la delicadeza de permitir que nos sumemos a su empresa, de invitarnos a servir con Él.
Así como la imagen de la misericordia es la de un Pastor que sale a buscar a la ovejita perdida antes que está desee ser encontrada, así también la imagen de la Caridad del Señor es la del que se adelanta a nuestras dificultades y nos enseña y nos ayuda antes de que se lo pidamos. Esto es propio de la amistad, el adelantarse a los amigos sabiendo lo que necesitan y lo que les agrada.
Y si uno se fija bien, es lo más propio del amor de madre, que no sabe vivir de otra manera que “adelantándose” a lo que su familia necesita. Es algo que está tan delante de nuestros ojos que muchas veces no nos damos cuenta. Las madres “adelantan”. De niños lo gozamos sin darnos cuenta, dando por supuesto que nuestra madre tendrá todo listo para cuando tengamos hambre o necesitemos algo. En la adolescencia nos quejamos, porque nuestro tiempo se vuelve más centrado en nosotros mismos y vivimos como exigencia el hecho de que nuestra madre “adelante” y prevea “que nos podemos resfriar” si no nos abrigamos…
Así es el amor de Dios: adelanta, como el amor de nuestra madre, como el de nuestra Señora, que le hace adelantar su hora al Hijo en Caná, cuando se da cuenta antes que nadie de que estaba por faltar el vino.
Así son las cosas en el Reino de Jesús. Cuando el Señor dice que su Reino está cerca no lo dice en sentido espacial sino temporal. El Reino está un poquito adelantado, a veces unos segundos nomás. Y si uno se aviva y se adelanta a servir, se encuentra no solo con Jesús sino con una inmensa multitud de gente alegre, plena y radiante, que vive y trabaja en este reino, que acontece unos segundos adelante de la vida corriente.
Diego Fares sj

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