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Se acercaba la Pascua de los judíos.

Jesús subió a Jerusalén

y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas

y a los cambistas sentados delante de sus mesas.

Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo,

junto con sus ovejas y sus bueyes;

desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas

y dijo a los vendedores de palomas:

«Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre un mercado (emporio).»

Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura:

“El celo por tu Casa me fagocitará” (Sal 69, 10).

Entonces los judíos le preguntaron:

«¿Qué signo nos das para obrar así?»

Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo levanto.»

Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo,

¿y tú lo vas a levantar en tres días?»

Pero él se refería al templo de su cuerpo.

Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.

Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua,

muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba.

Pero Jesús no se confiaba a ellos, porque él conocía a todos

y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie:

él sabía lo que hay en el interior de cada uno (Juan 2, 13-25).

 

Contemplación

El templo de su cuerpo. La frase de Juan para hablar del cuerpo de Jesús me inspiró para sumarme al diálogo sobre la ley de la Interrupción legal del embarazo (ILE) como se llama, que pone en juego no solo un tema de salud y de derecho a decidir de la mujer embarazada, sino que concentra y desafía a cada persona y a la sociedad entera ya que, cuando se pone en juego la vida humana, el modo como se actúa con la vida de cada persona afecta a toda la sociedad y a la humanidad entera. Cuando digo “la vida humana de cada persona” lo que trato de decir es que no existe algo así como “la vida humana en general, en abstracto”. Existimos personas concretas, cada una con su nombre y número. La reflexión de hoy irá principalmente a este punto.

Cada uno con nombre y número único

El nombre nos lo da otro. La primera que le da vueltas a nuestro nombre en su corazón y piensa cómo le gustaría llamarnos es nuestra madre. Cuando hay un padre presente, lo terminan de elegir juntos, en algún momento de la gestación o al nacer. Una vez nacidos, el Estado inscribe el nombre que nos dan nuestros padres y nos da un Número que no elegimos, nuestro DNI. (También podremos obtener un número de “pasaporte” que nos permite solicitar un número en otras naciones, pero el número del país de origen es el decisivo, como me hizo entender un carabinieri al que le mostraba mi permesso di soggiorno y él me pedía el pasaporte también: tiene que presentar los dos, me decía, pero el “suyo” es el pasaporte!).

Antes de este nombre y de este número hay otros dos que nos vienen dados: uno nos lo da la naturaleza, es nuestro ADN, que combina los números de nuestros padres y ancestros de manera única. El otro, es el nombre que nos da Dios nuestro Creador y viene junto con la Vida misma, con nuestro ser “tal persona”. El Apocalipsis nos habla de un “nombre nuevo” escrito en una piedrita blanca que el Espíritu da (Ap 2, 17).

Quizás esto me venga de que aquí, en Italia, tengo que renovar mis documentos una vez al año y eso me hace ver la importancia de ser “reconocido para siempre en mi país de nacimiento”. Me imaginaba la pesadilla de tener que renovar mi nombre propio cada año y esperar a que mi familia me diera el: Ok Diego. Podés seguir usando nuestro apellido por este año”.

Toda esta “preocupación” de todos -madre, padre, estados- por dar a cada uno un nombre y apellido y un número únicos, proviene de la imperiosa necesidad de ser justos reconociendo nuestra dignidad de seres únicos: cada ser humano es único de una manera absoluta. No somos dos personas ni media persona. Recuerdo la angustia de una persona del Hogar de San José a la que le habíamos ayudado a sacar su DNI para cobrar una pensión cuando se le bloqueó todo porque había otro con el mismo DNI en otra provincia. También me viene el ejemplo de los refugiados que tienen solo papeles provisorios de los que “requieren asilo humanitario” y sin un documento más firme no pueden trabajar: no se sienten “a medias” sino que sienten que “no son nadie”. Así de absoluto es no tener DNI.

Un misterio muy grande que contiene todo nombre puede verse en estos dos hechos: por un lado hasta los gemelos que tienen todo igual son distintos. No se puede clonar la personalidad de nadie. Por otro, cada órgano humano es trasplantable y puede servir a otros, podemos trasfundir nuestra sangre y comunicar nuestros sentimientos y pensamientos más hondos y secretos con todos los demás. Todo lo humano es único y común. La persona y la comunidad se constituyen al mismo tiempo. En cada paso de la gestación y de la historia la madre se va haciendo madre y el hijo hijo y en la historia de cada familia, la sociedad se va haciendo sociedad.

ADN y DNI

Estas imágenes y reflexiones que bucean en el misterio común de nuestro nombre y nuestro número apuntan a no separar así nomás nuestro ADN (natural), nuestro Nombre propio (familiar) y nuestro DNI (social).

Se nos dan en tiempos distintos, siguiendo ritmos distintos. Pero cada uno está presente desde el comienzo hasta el final y hay que mantenerlos unidos sin confundirlos ni dividirlos.

Algunos ejemplos: a los hijos de los así llamados subversivos, sus apropiadores ilegítimos les dieron un DNI y un nombre nuevos con el que pretendieron borrar su identidad biológica y familiar. Con el tiempo, las abuelas, gracias al número que traemos por naturaleza, nuestro ADN, van pudiendo reconstruir la historia y ofrecer la posibilidad a esos nietos de restablecer su relación con su familia de origen. Por eso digo que es peligroso separar el ADN del DNI. El hecho de que se nos de un DNI en un momento posterior a nuestro nacimiento, no significa que comience a valer desde ahí. Si fuera así, el DNI que se nos da a pedido, por ejemplo, de un apropiador ilegítimo, pasaría a tener valor absoluto. Vemos que esto es ridículo. El DNI vale en referencia al ADN, que es un número más de fábrica, digamos.

Pongamos otro caso, esta vez de ciencia ficción. Si uno hubiera sido abortado y, por esas cosas de la ciencia, hubiera sobrevivido, con algunos daños físicos, por supuesto. Podría reclamar luego la herencia a su madre biológica rica que, por ir a una clínica de alta sofisticación, ocurrió que su feto en vez de terminar ahí hubiera seguido adelante? Estos problemas legales están surgiendo ahora a raíz de los embriones congelados.

Esto último es para contrastar con proyectos de ley que quieren solucionar las cosas con tres frases: aborto seguro, legal e irrestricto hasta la semana 14. Fundamentos: el derecho absoluto de la madre a decidir sobre su cuerpo y la obligación del Estado a brindarle asistencia para su salud, no solo física sino psicológica y social. (Aquí hay que agregar: salud trascendental, ya que si uno va contra la belleza, la verdad o el bien, el alma se enferma “trascendentalmente” y uno no sabe qué le pasa, porque los síntomas parecen raros, pero si uno les pone nombre son clarísimos: hiciste algo feo y te sentís horrible; hiciste algo falso, y te sentís inauténtico; hiciste algo malo y te sentís mal. Una sociedad que legisla de manera superficial o defendiendo intereses espúreos, se degrada a sí misma y vive en un malestar social, en un clima feo. Uno no se enferma solo de cáncer o de depresión, también se enferma de fealdad, de mentira, de maldad y, más grave aún, de verdades a medias, de bienes menores y bellezas pasajeras).

No se puede tratar de manera simplista algo que, siendo simple es bien complejo,  como cada uno de nosotros.

Para cada uno es importante todo: su identidad genética, su identidad cultural, su historia, sus decisiones, sus cambios y opciones. No se puede decir ni que estamos totalmente “hechos” ni que “nos hacemos completamente”. El lenguaje lo muestra: usamos palabras y lenguas que nos enseñan otros y que tienen palabras que inventaron otros, y nos expresamos de manera totalmente personal.

Otro ejemplo sobre el DNI. Cuándo nos lo tiene que dar un Estado? Cuándo hay que “registrar” una nueva vida?  A los tantos días de nacido, dice la ley. De hecho queda registrada en la memoria y en el corazón de cada madre. Algunas dicen que si abortaron una vez, al tener otro hijo, el registro del que no tuvieron, se vuelve más neto. Es que las cosas valiosas se registran. Nuestra mente y nuestro corazón son máquinas de discernir lo que es valioso y de descartar lo que no lo es. Hoy en día, todo se registra. Entrás en internet y de una huella tuya, se puede reconstruir casi tu vida entera. Pronto los celulares que te reconocen facialmente y sienten tu pulso, podrán registrar si una mujer está embarazada al fotografiar su ojo o al sentir el latido de otro corazón (un estudio reciente dice que el primer latido puede darse a los 16 días).

Habría que darle un DNI provisorio a este nuevo corazón? Desde un punto de vista , podría ser una intromisión en la privacidad (cosa que por otra parte ya se realiza de manera exhaustiva para vendernos cosas). Desde el punto de vista de la salud preventiva podría ser un indicador para ofrecer todo tipo de ayuda y asistencia a esa madre. Pienso en las madres pobres que desean con toda el alma tener su bebé y que si recibieran ayuda económica para nutrirse bien y cuidados para que su bebé se desarrollara sanito serían las mujeres más felices del mundo. Protección integral del niño desde el momento 0! Madres protegidas, futuros ciudadanos sanos! Son slogans que suenan un poco extraños porque las palabras se usan para otras cosas. Pero si hay slogans que dicen “Aborto seguro” por qué no también “Embarazo seguro”. Si se defiende el derecho a recibir gratuitamente toda la atención hospitalaria para interrumpir un embarazo, con lo que cuesta, por qué no defender también el derecho de las madres pobres a recibir gratuitamente toda la atención que requiere gestar y criar a un hijo de modo digno y seguro. Seguramente esto último cuesta más. Pero dado que no hay presupuesto para todo, como dicen los funcionarios públicos, se podría distribuir más equitativamente el dinero que se usa y dar más ayuda económica a la madre cuya salud está en riesgo y quiere tener un hijo que a la que no quiere tenerlo. No es mi lógica, pero sí la de los empresarios que siguen el ojo por ojo y podrían decir: madre con hijo por madre con hijo. Y aquí hay que luchar por una legislación positiva  que promueva al vida en todos sus estadios y no solo contra una legislación que facilite el aborto.

Por supuesto que esto requiere una legislación detallada que contemple, pese y mida, tantos casos e implemente todo un mundo de organizaciones intermedias que puedan intervenir y ayudar especialmente a las madres más frágiles y pobres. Dejarlas solas en medio de un mundo hostil, que no te dará nada gratis para criar a un hijo y, en medio de esa oscuridad y de esa selva, poner una sola puerta gratis que diga “aborto seguro”, no es un tipo de coacción social?

Resumiendo, lo que me gustaría que quede para reflexionar es:

Que la cuestión de que uno es persona entera, desde el primer momento y a lo largo de toda su vida, no es solo una cuestión “teológica”, “filosófica” o de “creencia religiosa”.

Si uno parte de la práctica, del ADN, del nombre de familia y del DNI , surge la misma verdad: somos personas “haciéndonos cargo de todos nuestros nombres y números”.

Y la sociedad, de hecho, nos reconoce este derecho fundamental. Cuando uno reclama, lo reconoce. Por tanto hay que legislar cuidando que la actuación con respecto a cada uno de estos nombres y números, que se van manifestando en distintos momentos, no lesione a los otros.

Que por salvarnos el ADN nos cambien el DNI, como hicieron los jueces que permitieron una apropiación ilegítima.

Que porque una madre no pueda o no desee darnos un nombre propio, el estado trate nuestro número de ADN como material descartable o congelable, sin profundizar en todos los problemas que trae no legislar o legislar parcialmente.

Que por no poder darnos un DNI hasta que hayamos nacido, el Estado se desentienda de nosotros, reduciendo el problema a “que decida otra” y poniendo recursos económicos a disposición de alguien que elimina a un posible ciudadano a la vez que no invierte en otras personas que también están en riesgo y que quieren contribuir a la vida común haciéndose cargo de esos “futuros ciudadanos” sin ayuda social.

Dejo aquí por hoy. Espero que las reflexiones hayan salido con buen espíritu. Sin herir a nadie. Con la convicción de que ampliar el tema -centrándolo en el punto de lo que es una persona- no es para mal de nadie sino para el bien de todos. Porque lo que se hace con cada uno de los más pequeños y frágiles -madres e hijos- se hace con el Cuerpo del Señor, que es un Templo en cuyo sagrario estamos todos, ya que hemos sido creados a imagen suya y más profundo aún que nuestro ADN, cada persona lleva escrito en su ser el Nombre de Jesús (somos “made in Jesús, como se había tatuado uno). Él adopta todos nuestros nombres y le da su nombre a todos, especialmente a los que otros no se lo quieren dar, a los más pobres de los pobres.

Diego Fares sj

 

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No piensen que vine para disolver la Ley o los Profetas: yo no he venido a disolver sino a plenificar. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe (estos pequeños mandamientos), será considerado grande en el Reino de los Cielos. Yo les aseguro que, si la justicia de ustedes no supera la justicia de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos (Mt 5, 17-37).

Contemplación

Un pueblo que ama sus costumbres y cumple la ley interiormente, no por miedo a la policía, es un pueblo sabio y maduro.

Solo el Espíritu Santo es capaz de dar esta gracia: la ley interior de la caridad, que la gente cumpla de corazón las leyes, con gusto de buen ciudadano, por amor al bien.

Sin el Espíritu Santo de Jesús, las costumbres más buenas se vuelven secas y duras o se corrompen y se pudren. Si no se enseñan y se practican con amor las costumbres, los jóvenes se preguntan ¿por qué tengo que hacer esto si no me gusta?

Por eso se compara a las leyes con las frutas. Para enseñarlas a los niños hay que hacer como las madres que nos hacen gustar la dulzura interior de las leyes de la casa.

Dice el proverbio: “Deja que el carácter sea formado por la poesía, fijado por las leyes del buen comportamiento, y perfeccionado por la música”. O como decía un amigo: Dulce, salado, dulce. Así tiene que ser el proceso de una enseñanza. Dulce, salado, dulce.

El Espíritu es el que origina primero y luego perfecciona la ley.

Un buen árbol frutal da fruto en todas sus ramas. Puede ser que algún grano de uva no madure bien o se vuelva agrio, pero el racimo si es bueno, tiene buen gusto en cada grano pequeño. En esos últimos y pequeños frutos se ve la bondad de la planta.

Por eso el Señor habla de los “pequeños mandamientos”. No sólo “no matar”, sino tratar con dulzura y respeto al prójimo: no enojarse ni gritar a nadie, no llamar estúpido ni loco a ninguno. El modo de hablar es importante: es el fruto del corazón, porque de la abundancia del corazón habla la boca. Y si uno está lleno del Amor del Espíritu Santo sus palabras son buenas y dichas en buen tono.

Lo mismo con el adulterio. No basta con un “no adulterar” vivido como cáscara. El Señor nos invita a no dar mucho tiempo a pensamientos que –en un momento nos damos cuenta- están haciendo de otra persona un objeto en función de nuestro placer. El Señor nos invita a cultivar en cambio pensamientos que se dirijan a desear el bien a la otra persona.

Si un cristiano quiere dar estos frutos sin estar muy unido a Jesús (por la oración y la comunión que son el espacio donde actúa su Espíritu) será como una rama cortada: no sirve para nada, se secará pronto y su fruto se marchitará. El cristianismo no consiste en pensar lo que Jesús dice. En primer lugar, es buscar modos de encontrarnos con Él y de permanecer en el ámbito de su amistad. Y estos modos no son “costumbres” o “ritos” sino que son la relación con una Persona –el Espíritu-. El cristianismo es buscar al Espíritu Santo: dejarnos encontrar por Él, que viene, que sopla, que actúa… y canta!

El canto del Espíritu es una suave melodía que uno puede inventar y tararear cuando tiene pocas ganas de rezar.

Es el Espíritu Santo el que vuelve disfrutable la cercanía con Jesús. Y unidos a Jesús, el Espíritu en persona circula por nuestra vida –se mueve, suscita mociones, despierta ideas, hace gustar…-. Así va haciendo madurar nuestras costumbres, nuestros sentimientos y nuestro modo de pensar, de modo que todo se convierte en alimento dulce para los que nos rodean y nuestra vida da fruto.

Más que enseñarnos verdades como “cosas”, el Espíritu toma a su cargo el ritmo de nuestros días y hace que se sucedan las consolaciones del Padre, eligiendo sus momentos oportunos (kairós), dentro del tiempo de Dios, que todo lo ha planeado para bien de los que ama.

Pidamos al Espíritu Santo que cante en nuestros corazones las notas de la ley interior de la caridad, ese canto que hace que se vuelva dulce y fácil de cumplir toda otra ley y nos permite cumplir con gusto –cantando- los “pequeños mandamientos del Señor”.

……………

Como se habrán dado cuenta, la contemplación de hoy es la que mando a la comunidad china. Más corta, ya que los chinos trabajan todo el día y no tienen tiempo para leer largas teologías (ya sé que los argentinos tampoco (je)). La imagen para hablar de la ley es “alusiva”. Es que la pintura china, si quiere pintar un templo, no lo pinta, sino que pinta a un monje cortando leña o llevando un cubo de agua por el camino, de modo que se sienta que “hay un templo en la cercanía”.

El asunto es que hoy me puse a escribir primero la contemplación que le mando a Shu Qin, una amiga monja de la Compañía de María que me las traduce. Siempre rezo con lo más sentido de la semana y como ayer, un grupo de amigas de mi comunidad China de Regina, que andaban de paseo por Mendoza, me inundaron de WhatsApp y de fotos de la visita que le fueron a hacer a mi madre, el tiempo se me fue con esta contemplación “china”. Extendiendo un poco la confidencia personal, comparto que es muy lindo como cura que la gente me exprese su cariño “saludando a mi madre”. No solo los chinos, también los refugiados de San Saba siempre preguntan “cómo está tu mamá” (Ely –el pintor- hasta le mandó uno de sus cuadros).

Cuando le contaba, mi madre reflexionaba que “se ve que el cariño a la madre está muy metido en esas culturas”. Yo le decía que también en la nuestra y que hasta el Papa, ayer, en la audiencia que tuvo con La Civiltà Cattolica por nuestro número 4000, cuando me tocó saludarlo –como siempre- me dijo: “dale un saludo a tu madre”. Su modo formarnos a los jesuitas siempre estuvo unido a su cariño por nuestras madres.

Pienso que esto es así y que por algo el Señor confió la enseñanza de la ley de la caridad al Espíritu, que nos habla “en lengua materna” (y que actúa en la Iglesia, y de modo particular a través de nuestra Madre la Virgen).

Como nuestras madres, el Espíritu nos inculca los pequeños mandamientos que hacen que la ley sea cumplible y vivible, que se convierta en cultura, es decir: en el corazón de cada pueblo.

Diego Fares

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cana

La viveza cristiana

Andaban en el camino, subiendo a Jerusalén.
Jesús se les adelantaba y ellos se asombraban. Le seguían pero tenían miedo.
Y tomando consigo de nuevo a los Doce … (les anunció por tercera vez la pasión).
……………….
Se le acercan entonces Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen:
─ Maestro, queremos que lo que te vamos a pedir lo hagas con nosotros.
El les dijo:
─ ¿Y qué quieren que haga Yo con ustedes?
Ellos le dijeron:
─ Concédenos que nos sentemos, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Gloria.
Jesús les dijo:
─ No saben lo que están pidiendo. ¿Pueden beber el cáliz que yo he de beber o ser bautizados con el bautismo con que Yo voy a ser bautizado?
─ Podemos ─ le respondieron ellos.
Pero Jesús dijo:
─ El cáliz que yo bebo, ustedes lo beberán y con el bautismo con que voy a ser bautizado, serán bautizados también ustedes, pero hacer que alguien se siente a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quienes está preparado.
Los otros diez, como escucharon esto, comenzaron a indignarse con Santiago y Juan.
Jesús, llamándolos junto a sí les dice:
─ Ustedes saben que los que figuran o pasan como jefes de las naciones
los tratan despóticamente como si fueran sus dueños absolutos y los grandes (de las naciones) las oprimen, abusando de su poder y autoridad contra ellos. No es así entre ustedes:
Sino que el que quiera convertirse en el más grande entre ustedes,
será su servidor (diakono)
y el que quiera ser el primero entre ustedes,
será esclavo (doulos) de todos.
Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido
sino para dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10, 35-45).

Contemplación
“Jesús se les adelantaba” (proagon).
Marcos utiliza de nuevo este verbo al final de su evangelio y lo pone en boca de los ángeles de la Resurrección que les dicen a las mujeres: “Vayan, digan a sus discípulos, y a Pedro: ‘Él va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán’, como les dijo” (Mc 16, 7). Así, “adelantarse” queda como algo propio de Jesús.
El Señor se adelanta para subir primero a Jerusalen; se adelanta a padecer por nosotros.
El Señor se adelanta para llegar primero a Galilea, al lugar del primer amor; se adelanta a consolar a los suyos.
El Señor se adelanta en el camino del servicio. Nos primerea no para sacar ventaja y ganar los mejores puestos, como querían Santiago y Juan, sino para que nadie le quite el último lugar, el puesto del servicio.
Ante la actitud de sus dos amigos, que ventajean a los otros y le piden sentarse uno a su derecha y el otro a su izquierda en el Reino, para indignación de los otros diez (que se ve que deseaban lo mismo pero no se avivaron antes), Jesús responde con este otro adelantamiento: adelantarse a dar, adelantarse para poder ayudar, adelantarse para evitar que los otros sufran, adelantarse para preparar la fiesta, adelantarse para consolar.
Esta es la viveza cristiana, tan contraria a la viveza criolla.
La viveza de los “campeonatos de cariño” que iluminaron de felicidad la infancia de Martín Descalzo:
“En nuestra casa jugábamos un permanente campeonato de cariño, en el que ganábamos todos al pasarnos la vida obsesionados por cómo haríamos felices a los demás.
Había ocasiones en las que este campeonato subía a primera división. Sobre todo cuando faltaba Engracia, la chica -la criada, decíamos entonces- que vivía con nosotros desde siempre. En casa las tareas diarias eran de todos, pero lo eran más especialmente en el mes de vacaciones de Engracia. Entonces estallaba la competición de mis hermanas, que luchaban como descosidas para ver quién trabajaba más (he dicho más, no crea, señor linotipista, que es un error). Si bajaba Angelines a hacer la compra, Crucita aprovechaba su ausencia para hacer todas las camas. Luego había que oír las quejas de Angelines porque le había quitado lo que era obligación suya. Y, para vengarse, aprovechaba la ausencia de Crucita para limpiar ella todos los dorados.
Era gracioso verlas a las dos agarradas a la escoba, pegándose porque las dos querían barrer. «Hijas -decía mi madre-, lo único por lo que siento la ausencia de Engracia son estos jaleos. Callaos, me volveréis loca.» Pero yo sé que a mi madre le gustaba tener que enfadarse por eso.
Pero lo mejor era lo del fregoteo nocturno. Si alguna vez se prolongaba la conversación después de la cena, mi madre decía: «Ahora dejamos los cacharros en el fregadero y ya se fregará mañana.» Todas estaban de acuerdo y nos acostábamos. Pero, a los veinte minutos, cuando las tres pensaban que las otras dos estaban ya dormidas, se levantaban todas sigilosamente, mi madre y mis hermanas, y, en camisón y de puntillas, como si fueran a cometer un delito, se dirigían a la cocina para fregar los platos. ¡Y allí coincidían las tres, sorprendidas y felices! 0 se sentían muy avergonzadas las dos que comprobaban que otra se les había adelantado.”

Cuando el Señor adoctrina a los discípulos acerca del servicio y les dice: “el que quiera hacerse grande entre ustedes será su servidor, creo que la traducción correcta debe explicitar “se adelantará a ser su servidor”. Porque para servir hay que adelantarse. Si no, se llega tarde y sucede que otro ya tomó el puesto o que la necesidad dejó de estar al alcance de nuestra mano. Así como el grado de humildad de una persona se ve en cómo reacciona ante alguna humillación concreta, así la servicialidad se ve en la capacidad de adelantarse. Cuando uno quiere servir de verdad, se adelanta. Y si uno se adelanta, siempre encuentra en qué servir.
Pero para experimentar la alegría del servicio hay que interpretar bien a fondo lo que dice el Señor. Muchas veces se malinterpreta esta enseñanza sobre el servicio tomándola sólo como mandato moral. Más que de un mandamiento se trata de una bienaventuranza: “si hacen esto serán dichosos”, como les dice Jesús a los discípulos luego de haberles lavado los pies.
Es que el bien mueve de distintas maneras.
“Tenés que ayudar, movete, mirá que otro ya se levantó…”. Como mandamiento, el bien empuja desde la conciencia del deber. Esto es importante a la hora de marcar límites y de consensuar una ética de mínimos (tan de moda en nuestros tiempos).
“¡Qué lindo sería poder dar una mano en tal lado…! Como bienaventuranza el bien mueve atrayendo con su promesa de dicha. Es mejor pedagogía, ya que no empuja (cosa que siempre suscita resistencia) sino que atrae y ensancha así el deseo desde una plenitud, haciendo que nuestro corazón se purifique en la gratuidad.

Estas dos tendencias del bien miran al futuro, al servicio como algo que debo hacer o que sería lindo poder hacer. Pero hay otro aspecto del bien que es más fuerte todavía y que brota en el momento presente. Es la alegría inmensa que da sentir que en este momento el Señor está sirviendo y que me invita a participar en su servicio. Es como esa alegría que da caer justo en medio de una fiesta en la que nuestros amigos están sirviendo y que uno sienta que sintoniza en el acto y se suma a dar una mano que viene justo. “Qué bueno que viniste, caiste justo para dar una mano”. El Señor ya se nos ha adelantado y está entre nosotros siempre como “el que nos ama primero”: “Yo estoy entre ustedes como el que sirve”. Y tiene la delicadeza de permitir que nos sumemos a su empresa, de invitarnos a servir con Él.
Así como la imagen de la misericordia es la de un Pastor que sale a buscar a la ovejita perdida antes que está desee ser encontrada, así también la imagen de la Caridad del Señor es la del que se adelanta a nuestras dificultades y nos enseña y nos ayuda antes de que se lo pidamos. Esto es propio de la amistad, el adelantarse a los amigos sabiendo lo que necesitan y lo que les agrada.
Y si uno se fija bien, es lo más propio del amor de madre, que no sabe vivir de otra manera que “adelantándose” a lo que su familia necesita. Es algo que está tan delante de nuestros ojos que muchas veces no nos damos cuenta. Las madres “adelantan”. De niños lo gozamos sin darnos cuenta, dando por supuesto que nuestra madre tendrá todo listo para cuando tengamos hambre o necesitemos algo. En la adolescencia nos quejamos, porque nuestro tiempo se vuelve más centrado en nosotros mismos y vivimos como exigencia el hecho de que nuestra madre “adelante” y prevea “que nos podemos resfriar” si no nos abrigamos…
Así es el amor de Dios: adelanta, como el amor de nuestra madre, como el de nuestra Señora, que le hace adelantar su hora al Hijo en Caná, cuando se da cuenta antes que nadie de que estaba por faltar el vino.
Así son las cosas en el Reino de Jesús. Cuando el Señor dice que su Reino está cerca no lo dice en sentido espacial sino temporal. El Reino está un poquito adelantado, a veces unos segundos nomás. Y si uno se aviva y se adelanta a servir, se encuentra no solo con Jesús sino con una inmensa multitud de gente alegre, plena y radiante, que vive y trabaja en este reino, que acontece unos segundos adelante de la vida corriente.
Diego Fares sj

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