Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘libre’

Pentecostés: cómo tratar con Alguien totalmente libre

Siendo, pues, tarde aquel día, el primero después del sábado,
y estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos,
por miedo a los judíos,
vino Jesús y se presentó en medio de ellos, y les dice:
¡La paz esté con ustedes!
Y diciendo esto, les mostró sus manos y su costado.
Se alegraron los discípulos al ver al Señor.
Entonces Jesús les dijo de nuevo:
¡La paz esté con ustedes!
Como me ha enviado a mí el Padre, también Yo los envío a ustedes.
Y al decirles esto, sopló sobre ellos y añade:
Reciban el Espíritu Santo.
A quienes les perdonen los pecados les quedan perdonados
y a quienes se los retengan les quedan retenidos (Jn 20, 19-23).

Contemplación
El Espíritu es libre. Por eso, para tratar con Él, lo primero es invocarlo.
En voz baja, suavemente, con insistencia de Salmo, pedirle que quiera venir:
¡Ven Espíritu Santo!
Y para ello nada mejor que el Veni Creator.
Lo rezamos en una versión remendada, traducción propia del latín, aprovechando a Francisco Luis Bernardez en algunas rimas, poniendo la traducción más fuerte y cambiando algunas peticiones en afirmaciones de gracias presentes:

¡Ven, Creador Espíritu!, visita el alma de los tuyos,
y llena con la gracia de lo alto
el corazón de los que Tú creaste.
Tú, que con el nombre de “El que nos consuela”
eres el altísimo Don del Dios Altísimo,
y la Fuente viva y el Fuego,
y la Caridad y la Unción espiritual.
Tú, que te nos das en siete Dones,
Y eres Índice de la Mano Paterna,
Tú, prometido del Padre,
pones en nuestros labios los tesoros de la Palabra…
…Y enciendes con tu luz nuestros sentidos,
e infundes tu amor en nuestro pecho,
y fortaleces con tu fuerza inquebrantable
la flaqueza carnal de nuestro cuerpo.
Repeles al enemigo muy muy lejos,
y nos das tu paz y tus dones sin demora,
conducidos por Ti siempre podemos
evitar los peligros que nos rondan
Es gracias a Ti que conocemos
al Padre y a su Hijo Jesucristo,
y que creemos, hoy y en todo tiempo,
En Ti que eres de ambos el Espírítu
Gloria sin fin al Padre y, con el Padre,
al Hijo, resucitado de la muerte,
y al Espíritu Santo que los une
desde siempre, por siempre y para siempre.

Luego de invocarlo, o mejor mientras lo seguimos invocando y rogandole que venga a nosotros, que se haga presente, que sintamos su acción bienhechora, su paz, su alegría, su consuelo, meditamos en su Persona: hacemos teología.

El Espíritu Santo unifica en nosotros sabiduría y fortaleza, sentimientos y claridad mental. Sin su ayuda hay algo en nuestro interior que tiende a dividirnos: si pensamos, nos vamos por las ramas y la teología del Espíritu se vuelve abstracta, complicada –tres personas distintas, un solo Dios verdadero…-. Se van aclarando los conceptos pero el alma queda seca.
Y por otro lado, si lo sentimos, si experimentamos la paz del Espíritu, el gusto por la oración y por las obras de caridad, por ahí no tomamos suficiente conciencia de su Persona. Nos queda la experiencia como algo que nos pasó, que fue lindo pero que luego desaparece.

Es propio del Espíritu unir emociones y reflexiones:
el Espíritu nos quita el temor y nos enseña a ver a Jesús,
nos da sentimientos de paz y nos ayuda a discernir las cosas,
nos anima y fortalece para la misión y nos ilumina en la oración con la Palabra.

Jesús nos enseña que al Espíritu nadie lo puede controlar. Es libre como el Viento, sopla adonde quiere, no sabemos de donde viene ni adonde va. Esta libertad soberana del Espíritu es clave a la hora de establecer alianza con Él, a la hora de reflexionar sobre su Persona. El Espíritu es Alguien totalmente libre. Si queremos acercarnos a Él o más bien pedirle que se nos acerque, tenemos que volver una y otra vez sobre esta verdad: Él es libre. Vendrá cuándo Él mismo lo disponga y de la manera que Él quiera. Se nos comunicará en la medida y con la intensidad que Él establece, siempre para el Bien Común, como dice Pablo y nosotros, con toda humildad y agradecimiento, con espíritu de adoración y alabanza y con docilidad plena, nos iremos ajustando a su ritmo y a su estilo.
No se trata para nada de desconcertarnos o decir “no entiendo” o “por qué así” ni “por qué a mí sí o a mí no”, sino que se trata de estar atentos a Él, con renovada admiración de que Alguien así tenga a bien venir a nosotros.

Causa desconcierto que algo (o mejor Alguien) hermosísimo, claro y potente se nos regale y no podamos manejarlo. Nosotros nos movemos en el ámbito de lo que podemos controlar y lo distinguimos claramente de aquello que nos supera. El Espíritu escapa a esta disyuntiva (¡gracias a Dios!): es nuestro y nos hace ser suyos, nos ha sido dado y hace que nos demos a Él.
El Padre lo ha derramado en nuestros corazones, está a nuestro servicio, es nuestro Abogado, el que defiende nuestra vinculación con Dios contra toda acusación del enemigo y a la vez nosotros debemos estar atentísimos a sus sugerencias para dejarnos cuidar líbremente.
Es nuestro Amigo Fiel, el que nos consuela en toda tristeza, y como todo buen amigo, no se nos impone, sino que su consuelo depende también de la medida en que nos dejemos consolar por él.
Es nuestro Maestro particular e interior, el que nos clarifica todas las dudas pero no nos clarifica cosas que no le planteemos con verdadero interés.
Es Maestro de oración, el que nos enseña a rezar exclamando Jesús es el Señor y nos hace invocar a Dios como Padre, pero espera a que sea nuestra sed de Dios la que lo haga brotar como Agua Viva.
El Espíritu es nuestro Defensor, nuestro justificador, el que nos perdona los pecados y nos muestra el camino a seguir… pero espera a que humildemente sintamos la necesidad del perdón y del discernimiento.
Y así, cada uno puede ir descubriendo maravillado lo que significa tener un amigo así: poderoso pero que espera a que lo llamen.
En el Hogar siempre nos reimos cuando alguien nos soluciona algún problema hablando de “nuestros amigos superpoderosos”. La frase vino de una empleada del banco que no encontraba la manera de resolvernos un problema y me pedía que le diera tiempo para hacerlo ella. Me decía, espere un poco y no llame a sus amigos superpoderosos (cercanos a los dueños del banco), porque en otra ocasión uno de ellos había intervenido directamente y se ve que a ella le había valido un reto de su superiora, a la que habían puesto en órbita. Bueno, siempre en el Hogar hay algún amigo superpoderoso que ayuda a resolver cosas que se traban –en lo económico, en lo jurídico, en lo técnico….- porque ve que la obra es para bien y necesita ser liberada de impedimentos. Detrás o más arriba de estos amigos terrenales que se sienten “movidos a ayudar” está, por supuesto, San José, que es el que dispone todo para que cada uno reciba su ración a su tiempo. Y San José es el hombre del Espíritu. El dócil y fiel al Espíritu. La libertad que José le deja al Espíritu es total, sin un pero. Por eso es tan eficaz su ayuda y su protección: porque el Espíritu pasa directo y actúa a través suyo, en su tarea de “tomar consigo al Niño y a su Madre”, de cuidar a Jesús y a María en nuestro corazón así como lo hizo en su vida terrena.
Nos quedamos pues, con esta idea de la “libertad” del Espíritu, pidiendo la gracia de ponernos a la altura de Alguien que nos quiere ayudar, cuidar y conducir en libertad. Alguien que se “retrae” pedagógicamente si queremos condicionarlo o controlar lo que nos da y nos hace y a dónde nos lleva.
Le pedimos a San José que, de su mano, nos animemos a confiar en lo que el Angel del Señor nos dice: no temas al Espíritu.
Le pedimos a nuestra Señora que, de su mano, nos animemos a recibir en nuestro interior al Espíritu y digamos con ella: hágase en mí según tu Palabra.
Le pedimos a Jesús, a quien amamos sin haber visto, que el hambre que tenemos de su Carne, se vea colmado por su Espíritu.
Le pedimos al Padre que nos envíe su Espíritu y nos haga sentir sus hijos muy queridos.
Le suplicamos al Espíritu mismo que venga a nuestros corazones y encienda en ellos el Fuego de su Amor.
¡Ven Espíritu Santo!
Diego Fares sj

Read Full Post »

A %d blogueros les gusta esto: