Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘exclusión’

 

Trinidad-Misericordia (1)Siendo, pues, tarde aquel día, el primero después del sábado, y estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por miedo a los judíos, vino Jesús y se presentó en medio de ellos, y les dice:

¡La paz esté con ustedes!

Y diciendo esto, les mostró sus manos y su costado.

Se alegraron los discípulos al ver al Señor.

Entonces Jesús les dijo de nuevo:

¡La paz esté con ustedes! Como me ha enviado a mí el Padre, también Yo los envío a ustedes. Y al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:

Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados les quedan perdonados y a quienes se los retengan les quedan retenidos (Jn 20, 19-23).

 

Contemplación

En el año de la Misericordia, retomamos la frase de San Ireneo que dice así: “El Señor encomendó́ al Espíritu Santo al hombre que había caído en manos de ladrones y del que se compadeció́, vendó sus heridas y le dio dos denarios: para que, recibiendo por el Espíritu la imagen y la inscripción del Padre y del Hijo, hagamos fructificar el denario que se nos ha dado, y lo devolvamos multiplicado al Señor” (San Ireneo).

San Ireneo identifica al “hospedero” de la parábola con el Espíritu Santo! Hospedero en griego es el que recibe bien a todos (pandojei). El Espíritu es el dulce Huésped del alma y cuando nosotros lo hospedamos bien a Él, Él se convierte Hospedero nuestro.

San Ireneo agrega un detalle: las dos moneditas que deja el buen samaritano, el Hospedero-Espíritu Santo nos las da a nosotros (que somos ese herido que fue tratado con misericordia y compasión) para que las hagamos fructificar y las devolvamos con intereses al Señor cuando vuelva.

Son las dos moneditas para recibir bien a todos, las monedas de la misericordia.

Esta forma de rezar de Ireneo, uniendo parábolas, es una gracia del Espíritu, que nos va recordando toda la Escritura y todas las cosas de Jesús. Lo que sí hay que tener claro es que todo lo que nos recuerda está puesto en clave de Misericordia. Sin esta Palabra Clave, todo el evangelio se vuelve disonante. Tanto que es imposible de cumplir!

 

La clave de la Misericordia fue el primer mensaje del Papa Francisco, en la misa del 17 de Marzo de 2013:

“Para mi, lo digo humildemente, el mensaje más fuerte de Jesús es la Misericordia”.

Preparando ya en su corazón el Jubileo, que anunciaría al año siguiente, le decía a los sacerdotes de Roma el 6 de marzo del 2014:

“Misericordia significa primero que todo curar las heridas. Cuando uno está herido, tiene necesidad rápido de que le curen las heridas, no de los análisis, del valor del colesterol o de la glucemia… Está la herida, curá la herida, y después vemos los análisis. Después se harán las curas especializadas, pero primero se deben curar las heridas abiertas. Para mí, esto, en ese momento, es lo más importante. Y están también las herida escondidas, porque hay gente que se aleja para no hacer ver las heridas … como los leprosos del tiempo de Jesús, que estaban alejados para no contagiar. Hay gente que se aleja porque tiene vergüenza, por la vergüenza de no hacer ver las heridas. Y se alejan quizás con la cara un poco torcida, contra la Iglesia, pero en el fondo, adentro, tienen una herida. Necesitan una caricia”.

Así hablaba el Papa.

Me impresiona el discernimiento de que “lo primero de todo es curar las heridas abiertas”. Así como es la melodía de fondo, la misericordia es también lo primero a la hora de actuar. Y discernir es darle esta primacía. Discernir no es elegir entre dos cosas buenas en abstracto. Discernir es elegir en el momento presente el bien concreto que el Señor quiere hacer a alguien concreto, que no siempre es “lo más perfecto” en sí mismo. Francisco es contundente: Misericordia significa primero que todo curar las heridas abiertas.

La imagen es toda una parábola. Es la parábola del médico de guardia que con una mirada discierne lo primero que hay que atender y curar: las heridas abiertas…

En esto, muchas veces colamos el mosquito y nos tragamos el camello, vemos la pajita en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro.

Las heridas abiertas de nuestro mundo son tantas! Herida abierta son las guerras, como la de Siria, el hambre de los niños, los refugiados en sus barcones en el mar abierto y en los campos que son “cárceles a cielo abierto”. Las heridas abiertas es la gente durmiendo en la calle, los menores que desparecen, objeto de la trata de personas… Las heridas abiertas de nuestra sociedad es la gente sobrante. Sin que se los digan la categoría de “sobrante” se impone por sí misma: están de más.

En la Iglesia, hay heridas abiertas cuando alguien siente que la Iglesia no es para él porque alguno utiliza las citas del evangelio o de la tradición como si fueran una especie de alambrado de púas invisible que lo mantiene a distancia.

Frente a esto, el Papa nos quita la venda de los ojos y nos exhorta a actuar con misericordia.

He escuchado a algunos que dicen que la misericordia puede crear confusión!!! Si hay algo claro y cierto en esta vida –porque el Espíritu Santo se encarga de confirmarlo con su alegría- es que cuando nos dejamos llevar por la misericordia, como el Buen Samaritano, sabemos y sentimos que hemos actuado bien. Y, por el contrario cuando no nos dejamos conmover y actuamos como el doctor de la ley y el sacerdote de la parábola, sabemos y sentimos que, en conciencia, hemos obrado mal.

Seguramente que el tratar con misericordia a la gente complicará la vida de la Iglesia, pero la complicará “maravillosamente” como dice Francisco.

Puede ser que la misericordia de lugar a excesos, como suele pasar cuando se hacen excepciones. Si esto pasa, tendremos que confesarnos, como el cura que siempre pone como ejemplo el Papa cuando habla de la confesión: el que se confesaba de “haber perdonado mucho”. Le decía al Señor: Señor, tengo escrúpulos porque hoy he perdonado mucho. Pero vos tenés la culpa porque me diste el ejemplo.

Pero la Iglesia no puede ser como un Banco. ¿Alguien ha visto alguna vez a un pobre entrar a un banco a pedir una monedita? Sería algo lógico, ya que ahí hay tanta plata, hay tantas monedas… Sin embargo, la lógica del mercado es tan fuerte, está tan instalada, que a ningún mendigo se le pasa por la cabeza entrar a pedir allí. Sabe que si logra llegar a la caja sin que ningún guardia lo saque de la institución, la cajera ni siquiera sentirá pena por su pedido, ya que maneja plata ajena. La lógica del mercado dice que se caería todo el sistema si una cajera de banco regalara una monedita a un pobre. Por un lado, no cerraría la caja (la cajera debería poner la monedita de su bolsillo) y por otro, se correría la voz, vendrían todos los pobres a pedir y colapsaría el sistema financiero… Esa lógica está impuesta en nuestra cultura actual y todos la obedecemos. Pero cuando se traslada imperceptiblemente a la vida de la Iglesia, es un escándalo.

Pues bien, en los lenguajes que se utilizan en la Iglesia hay frases y tonos que hacen sentir la lógica de la cajera de banco que “maneja plata ajena”. Se nota en que cuando dicen “lo siento mucho pero no podemos hacer nada por usted en su situación”, dejan traslucir hasta un cierto gustito, el del fariseo impecable que cumple toda la ley.

Esta lógica hace sentir miedo, quita la paz, lleva a cerrar puertas. Tanto que algunos, en el momento de enfrentarse a una herida, en vez de mirar a la persona a los ojos, miran el protocolo y cierran el diálogo.

Yo pienso: se encarnó Jesús e inventó sacramentos, signos visibles de la gracia invisible, que “tocan” a la gente, para que luego nosotros inventemos formas de hacerlos intocables? Un extremo (que es paradigmática para lo demás) son los que se ponen guantes para (no) tocar la Eucaristía porque piensan que tocarla con la mano la podría manchar o algo así. Es como si nuestra mamá se pusiera guantes para partirnos el pan.

En este Pentecostés del Año de la Misericordia, pedimos al Espíritu Santo dos gracias grandes: una la de brindarle un rinconcito de nuestro corazón para que Él, como Hospedero de la Misericordia, pueda recibir a todo el que se acerque con una herida abierta, especialmente si adivinamos que está escondida. El es “el que recibe bien a todos” y si a nosotros se nos va la mano en no dejar a nadie afuera, sabrá perdonarnos.

La otra gracia es la de poder discernir con su lógica, que sin excluir los otros pasos, sabe que siempre el primer paso tiene que ser de misericordia. Recordando, como dice el Papa que: «Dos lógicas recorren toda la historia de la Iglesia: marginar y reintegrar. El camino de la Iglesia, desde el concilio de Jerusalén en adelante, es siempre el camino de Jesús, el de la misericordia y de la integración. El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero. Porque la caridad verdadera siempre es inmerecida, incondicional y gratuita» (AL 296).

Diego Fares sj

Read Full Post »

Sin nada para dar o “Sus almas son bellas y preciosas…”

Y bajando con ellos y con una multitud de sus discípulos y una muchedumbre copiosa del pueblo, que había venido de toda Judea y de Jerusalem, y de la región marina de Tiro y de Sidón, para oírlo a El y para que los sanara de sus enfermedades, Jesús se detuvo en un llano.
Y Jesús, alzando los ojos hacia sus discípulos, dijo:
Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios.
Dichosos ustedes que ahora tienen hambre, porque serán saciados.
Dichosos ustedes, que ahora lloran, porque reirán.
Dichosos serán ustedes cuando los hombres los odien, y cuando los excluyan, los injurien y proscriban su nombre como malo por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, que su recompensa será grande en el cielo; porque de esta misma manera trataron a los profetas sus antepasados.
En cambio,
¡Desdichados ustedes, los ricos, porque ya han recibido su consolación!
¡Desdichados ustedes, los que ahora están hartos, porque padecerán hambre!
¡Desdichados los que ríen ahora, porque tendrán aflicción y llorarán!
Ay, cuando hablen bien de ustedes todos los hombres,
porque así fue como sus padres trataron a los falsos profetas! (Lc 6, 17.20-26).

Contemplación

¿Dichosos los pobres?
¿Bienaventurados los que tienen hambre, los que lloran?
¿Felices nosotros cuando nos odian, nos excluyen, nos injurian, nos persiguen por seguir a Jesús?

En estos meses de calor, cuando muchos comedores cierran, la gente que acude al segundo turno de almuerzo en El Hogar de San José excede el número de raciones que podemos brindar (168). Y cuando vemos que la cola supera los 84 queentran en las mesas, salimos a la puerta a hablar con las personas.
Salimos a atender a las personas sin un recurso material para dar,
salimos a explicar nuestros límites,
a pedir disculpas por no poder atender a todos,
a expresarles que necesitamos que nos ayuden con su comprensión,
salimos a agradecer su paciencia…
Y conmueve y emociona sentir en las miradas lo que se produce cuando hablamos desde la propia pobreza.
Cuando nos miramos a los ojos, compartiendo la pobreza de tener hambre de un plato de comida y la pobreza de no tener un plato de comida más para dar, brota una especie de llanto común, mezcla de bronca y de cariño, de impotencia y de comprensión. Brota esa compasión que sale de las entrañas y se ve en los ojos, brota eso que Jesús llama Misericordia –juntar miseria y corazón- y que Él nos ha revelado que es el Nombre propio de su Padre.

A veces no son muchos los que exceden el número y pueden entrar. Siempre aclaramos que es una excepción, porque si no al otro día se dobla el número y ya nos pasó un año que la cola tenía más de una cuadra… Por eso el mensaje tiene que ser claro: hasta acá podemos dar bien y de manera constante. Así, cuando se puede hacer un lugar más, se expande por el Hogar un airecito de alegría evangélica y se siente el aroma de la multiplicación de los panes. Pero cuando no se puede –y esto me lo terminó de iluminar una frase de Madre Teresa-, cuando no hay “cosas” para dar, brota algo también muy profundo: se establece una comunicación entre las almas, se da un contacto personal hondo que sale de la pobreza y el llanto compartido.
La Madre Teresa dice en una de sus cartas: “La india es tan abrasadora como el infierno –pero sus almas son bellas y preciosas porque la Sangre de Cristo las ha rociado”. Eso de “las almas son bellas y preciosas” me iluminó. Ese era el paisaje que ella veía: el cariño de la gente, su agradecimiento infinito al sentirse reconocidos y queridos por ellas. El otro paisaje, abrasador y de desoladora miseria, es real, pero este otro, de ojos vivos y hermosos en su dolor, es más real todavía. A veces en medio de la riqueza y de la “normalidad” de la vida cotidiana, este paisaje está velado y nos lo perdemos. Ella lo veía a raudales.

De esto habla Jesús cuando dice: “dichosos los pobres…”. Esto es lo que él ve en la gente. Jesús ve lo que Él despierta en la gente humilde, en la gente que sufre. Y eso que la fe en Él despierta es tan hermoso que le lleva a bendecir la pobreza y el llanto que lo hace posible.
El nos ve así. Y verlo a Él pobre y doliente, sin nada para dar, necesitado de sus amigos, como en el Huerto, sediento como en la Cruz, con verdadera necesidad de la compañía de su Madre…, verlo perseguido e injuriado, nos pone en contacto con Él a partir de lo más propio nuestro. Tenerlo a Él pobre y excluido entre nosotros es fuente de la dicha de lo propiamente humano, eso que no se sacia con ninguna abundancia de cosas, eso que es pobreza agradecida, dignidad de no ser nada y de saber reconocer el don y obrar en consecuencia.

¿Qué es, entonces, la bienaventuranza? La bienaventuranza es Jesús pobre entre nosotros pobres. La bienaventuranza es Jesús de igual a igual con nosotros en pobreza y llanto, en hambre y exclusión. Desde estas situaciones de despojo de lo exterior nos comunicamos en lo más interior, en lo propiamente humano.

La felicidad que todos deseamos es sinónimo de vida, de paz, de alegría y de consolación; bienaventuranza es descanso, bendición, salud, amor…
Y sólo en Jesús, en torno a Jesús pobre, con Él y en Él, gracias al Don de su Espíritu y a su amistad que nos hace entrar en relación de Familiaridad con el Padre y con todos sus amigos los santos, sólo en Jesús sin nada que dar sino a sí mismo, encontramos la fuente y la plenitud de estas dichas.

Jesús pobre es nuestra Vida, Vida eterna metida en una vida cortita, amada y vivida en plenitud en sus circunstancias más comunes y corrientes. Su amor por nuestra vida común y corriente es la dicha porque metiéndose en nuestra vida común y corriente Él hace que tenga sabor de eternidad cada instante y cada encuentro.

En Jesús sin nada para dar lo encontramos como el que todo lo puede compartir.

Como puede compartir nuestras limitaciones su presencia se vuelve cercanísima, ya que limitaciones las tenemos todas. Si Él solo estuviera más allá, lo sentiríamos cerca sólo en situaciones especiales. Al ser pobre y limitado, está siempre al alcance de la mano. Por eso nos reveló el secreto de que al dar de comer al hambriento le estamos dando de comer a Él. Para que nos avivemos. Para que no nos perdamos el paisaje de las almas bellas y preciosas.

Vuelvo a releer el evangelio y caigo en la cuenta de que lo que conté al comienzo, lo de salir a hablar con los que están en la cola, es la experiencia de Jesús con esa multitud “copiosa” que hacía fila para pasar ante él y que les sanara las enfermedades.
Aunque el Señor se quedaba largamente con la gente y bendecía a muchos y multiplicaba panes, tampoco Él alcanzaba a curar y alimentar a todos.
Es en esta situación de pobreza cuando el Señor “alza la mirada a sus discípulos” y saca de su corazón las bienaventuranzas.
Jesús saca las bienaventuranzas de su pobreza e impotencia.
Allí se para y se sitúa poniéndose de igual a igual, como par en humanidad con todos, y desde allí se comunica como Dios plenamente humano –pobre y limitado- y nos da lo mejor de sí: su corazón, su mirada, su trato de hermano, su amigable compañía.
Bienaventurados nosotros si tenemos la grandeza que tienen los pobres de saber recibir el Don de su Persona que el Señor nos hace al no poder darnos nada más.
Diego Fares sj

Read Full Post »

A %d blogueros les gusta esto: