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Posts Tagged ‘don Tonino Bello’

Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas. El que es asalariado, en cambio, y no pastor, como no son suyas las ovejas, cuando ve venir al lobo, las abandona las abandona y se escapa -y el lobo las arrebata y las dispersa- porque es mercenario y no le importan nada las ovejas. Yo soy el Pastor hermoso; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque Yo entrego mi vida, para tomarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy por mí mismo. Tengo poder para darla y poder para tomarla de nuevo; esa es el mandamiento que he recibido de mi Padre» (Jn 10, 11-18).

Contemplación

No sé si será tan así como lo voy a decir, pero para mí que a la imagen del mercenario no hay que oponerle la de un buen pastor individual sino la de una cooperativa de pastores. Porque, como decía un cura amigo, Jesús eligió pescadores, no pastores. En los pescadores se ve mejor esta imagen de cooperativa, ya que ni siquiera es posible imaginar un pescador que se lance al mar a pescar solo. Los pescadores solos pescan con caña y lo hacen más bien por hobby. El Señor eligió pescadores que sabían trabajar en cooperativa: compartir barcas, redes, costos y ganancias. Con los pastores imagino que sería también algo así. Por algo guardaban varios rebaños juntos y cada uno llamaba a las suyas por su nombre. Más se confirma esta idea cuando sentimos que Jesús nos habla de que habrá un solo rebaño. Cooperativa de ovejas, digamos, requiere cooperativa de pastores. El único Pastor patrón, si aún queremos usar esta imagen, es Él: el Pastor bueno y hermoso. Y aunque era el dueño se cooperativizó con los apóstoles y el modelo va por ahí. El asunto es que al mercenario no se le opone el dueño como patrón sino la cooperativa.

La imagen de la cooperativa es de Don Tonino Bello, obispo de Molfetta, donde fue ayer el Papa ya que se cumplían 25 años de la muerte de este siervo de Dios. Le preguntaban sobre la oración, la suya y la de su diócesis, y que le aconsejaría a uno (de sus curas) que dijera que le costaba encontrar tiempo para rezar. Don Tonino decía que las exhortaciones verbales no servían mucho, ya que en el seminario estas cosas se dicen hasta el cansancio, pero que quizás sirviera hablar desde la experiencia. Y testimoniaba que: “quizás un poco tarde, me dí cuenta que habría podido invertir mejor mis recursos asociándome en cooperativa con el Señor. Cosa que hice apenas me di cuenta. Es verdad que esta nueva forma de empresa me obliga a perder un tiempo considerable con mi  Socio para la planificación consensuada del trabajo, para la elaboración bilateral de los proyectos, para la verificación de las actividades y la revisión contable: sin embargo, a parte del placer de gozar de la amistad y de la confianza de este Socio de verdad excepcional, tengo que decir que el peso del trabajo y el cansancio se reparten y que las cuentas dan. Palabra de hombre”.

Me gustó mucho esta imagen de la cooperativa: cooperativa con el Señor en la oración y en el trabajo… cooperativa entre pastores, cooperativa entre pastores y ovejas… Un solo rebaño es una imagen conclusiva. Nuestro único dueño se cooperativizó libremente. Esto como para terminarla de una vez con el papa rey, los obispos príncipes, los curas patrones de estancia y los laicos que se las tiran de ovejas para no asumir sus responsabilidades (como no soy príncipe ni patrón que se arreglen los curas, no vaya a ser que me pidan responsabilidades). Este mutuo negocio se llama “clericalismo” y está mal consentido por muchos pastores y muchas ovejas. Es un negocio de peluquería, como decía Bergoglio en sus años jóvenes, en el que los pastores son peinadores de ovejas y a las ovejas les gusta juntarse en rebañitos selectos y no mezclarse con los otros rebaños.

La imagen de la cooperativa de Don Tonino me pegó fuerte por todos los años que dedicamos a la cooperativa padre Hurtado en el Hogar, que anda caída ahora pero yo confío que resucitará, ya que si hay un proyecto válido y profético para todos, va por ese lado. La cooperativa nació de una idea un poco loca, siguiendo lo que decía Juan Pablo II sobre el trabajo. Que todo el mundo tenía que trabajar y tener trabajo y que si para los más pobres o con alguna discapacidad no había estructuras adecuadas había que “crearlas”. Así de simple: crearlas. A como diera lugar. Y eso hicimos.

Con todos los errores humanos y todas las fragilidades del mundo y todo el desgaste, en primer lugar del laico que la presidió por muchos años y de todos los socios que, como iluminadamente dijo uno un día (y me hizo caer la ficha), compartían los gastos. Porque compartir ganancias puede resultar fácil, especialmente si son abundantes. Cuando son pocas, vienen los problemas. Pero animarse a compartir los gastos de otros, eso sí que es asociarse. Digo que me cayó la ficha porque comprendí dos cosas: una que eso era lo que había hecho Jesús: venir a compartir los gastos nuestros, hacerse cargo de las deudas de la humanidad. La otra, que los pobres que se habían hecho socios de la cooperativa, habían crecido en conciencia no solo más que los otros huéspedes y comensales del Hogar sino también más que yo como director y más que los otros colaboradores -voluntarios y pagos- que muchas veces seguíamos con nuestras pequeñeces de hacer cada uno la suya actuando cada uno como principito o princesita de su metro cuadrado de ciencia y de poder.

Cooperativizarte te humaniza. Ser socio -compañero de Jesús, como decimos nosotros los jesuitas- te hace crecer. Por supuesto que los modelos cooperativistas, dirá alguno, no siempre funcionan en el mundo salvaje de hoy y tienen sus contras. Un taxista que se quejaba de que ese día había trabajado ya ocho horas y todavía no había juntado la parte que era para el dueño, me decía que prefería esa esclavitud a juntarse en cooperativa con otros taxistas, porque eran tan individualistas que, además de los problemas del trabajo, tenían que lidiar con las discusiones infinitas entre ellos. Me pareció una imagen muy gráfica del mundo actual, en que preferimos ser esclavos de un patrón que nos asegura un sueldo, aunque sea poco, a juntarnos creativamente entre pares. Los movimientos populares, sin embargo, muestran otra tendencia, y con todos sus defectos, tienen esta virtud de fondo que es la de hacer de la cooperación el centro de toda empresa y actividad humana.

Pero el asunto no era tanto reflexionar sobre la coopertiva padre Hurtado o los  movimientos populares, que ya tienen quiénes los bendigan, sino sobre cómo hacer para no ser un mercenario.

Ser mercenario es una de las “mundanidades espirituales” de las que habla el Papa. Ser mercenario es separar el tiempo personal del tiempo de la misión, lo que a larga lleva a tener dividido el corazón, porque el amor se alimenta de tiempo, fundamentalmente. Y sobre todo de tiempos libres, que es lo que en una cooperativa se usa para las reuniones de planificación, de verificación y de balance, o sea, en nuestro caso, para la oración entre socios, diríamos. Aquí, dado que siempre estoy en rojo en mi balance, me ayuda otra imagen de Don Tonino, que dice que la oración es como los vasos comunicantes y la de algunos que rezan mucho llena la de todos y tapa muchos huecos. Es así que en esta cooperativa de la oración, a la que estas contemplaciones desean estimular a que muchos participen pensando en el bien propio, la oración de algunos de ustedes llena los baches que tenemos otros. En el fondo, mandar estas contemplaciones cada sábado, para mí, siempre ha tenido (aunque yo no lo supiera desde el comienzo) la intención de cooperativizar mi oración para recibir la ayuda de la de muchos otros que al rezar ellos también rezan por mí. Como decía Camargo, en una expresión cooperativa: cuando uno reza por todos, todos rezan por él. Así que rezamos todos por todos y -concluía, con una expresión de esas que se imprimen en la memoria, al estilo Brochero- “el que no reza es un chancho”.

Y para terminar, ya que las cooperativas mezclan bien el trabajo y la contemplación, un cambio de nombre para estas contemplaciones inspirado en la genialidad de Don Tonino que ayer destacó el Papa y que nos viene al dedillo a los jesuitas. Don Tonino decía que todos tenemos que ser “contempl-activos”. Síntesis verbal luminosa de la expresión ignaciana de ser “contemplativos en la acción”. Así que a partir de ahora estas serán -desean ser- “Contemplacciones del Evangelio”.

Pd. Les dejo una película casera sobre el Taller de Artesanías San Roque González que hizo Guillermina Lenz y en el que incluyó al final el único “corto” que filmé en mi vida, al quedar encantado una mañana contemplando cómo trabajaban en silencio con sus manos nuestros artesanos y al que le puse la música de Mercedes Sosa y se convirtió para mí en una maravilla

https://www.youtube.com/watch?v=o2Fa71_WRDE

 

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