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Posts Tagged ‘cruz’

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino los interrogaba preguntándoles:

« ¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos le respondieron:

«Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.»

«Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?»

Pedro respondió:

«Tú eres el Mesías.»

Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.

Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.

Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo:

« ¡Sal! ve detrás de mí, Satanás! Porque no disciernes según los criterios de Dios, sino con los criterios de los hombres.»

Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo:

«El que quiera venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará» (Mc 8, 27-35).

 

Contemplación

Cuando se arma confusión en el corazón de Simón, escandalizado porque Jesús les enseñaba que sería rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, el Señor llama a todos, al pueblo junto con los discípulos, y aclara bien que su lógica es la lógica de la Cruz.

El Papa Francisco nos lo recuerda cuando afirma que la lógica del discernimiento es la lógica de la Cruz. Como dice San Buenaventura refiriéndose a la Cruz: “Esta es nuestra lógica” (GE 174)”.

La aclaración del Señor a todos viene justo para este momento en el que muchos se sienten confundidos al ver las descalificaciones que sufre el Papa de parte de gente “seria” -de “ancianos, sumos sacerdotes y escribas” que es como decir de obispos, cardenales, teólogos y vaticanistas. No hay que equivocarse, la fidelidad a Jesús se la juega cada uno personalmente en la opción entre cargar la propia cruz o cargársela a otros, buscando chivos emisarios. Más que a las palabras que dicen los distintos grupos ideológicos y personajes, a lo que hay que estar atentos es a la cruz, a la lógica de la Cruz.

Qué significa esta frase? Qué quiere decir el Papa con esta expresión “lógica de la cruz”?

Lógica quiere decir una sucesión coherente de pasos, en los que una cosa lleva a otra. Las cosas tienen su lógica, decimos. Si no fuera así, no solo no discutiríamos sino que ni siquiera pensaríamos.

Hoy en día es común decir que hay que aceptar que haya distintas lógicas. Pero si le pensamos a fondo, lo que queremos decir con esto es que hay que respetar a las personas más allá de la lógica que sigan sus razonamientos. Es decir: hay muchas lógicas de ideas, pero una sola lógica profunda: la de las personas. La realidad de cada persona concreta es superior a las ideas.

La lógica de la Cruz de la que habla Jesús es una lógica que mira a su Persona: “el que quiera seguirme, dice Jesús, que se niegue a sí mismo, cargue su cruz y me siga”. Es la lógica de ponerlo a Él como Persona por encima de todo, incluso de nuestras cruces. Por eso dice que la cruz hay que cargarla, no hay que quedarse aplastado por ella (ni mucho menos encajársela a otro), sino que hay que cargarla -abrazarla- y seguirlo a Él. Esto es lo importante. Esto es lo lógico ya que Él es el que más nos ama, el que nos viene a buscar si andamos perdidos, el que nos carga sobre sus hombros si estamos cansados, el que nos lava los pies y nos venda las heridas, el que nos perdona los pecados y nos enseña la voluntad del Padre. El es, en definitiva, nuestro Salvador. Cómo no va a ser lógico seguirlo, dejarlo todo por andar en su compañía!

La lógica de la cruz es la lógica del que sabe perder: del que saber perder lo menos importante para ganar lo más valioso. Es la lógica del comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, vende todo lo que tiene y la compra.

La lógica de la cruz es la lógica del que da los pasos que hacen falta para hacerse cargo de las cosas. Es la lógica del padre y la madre que cargan con el peso que no pueden cargar los hijos porque pesa en ellos más el amor que las cosas.

La lógica de la cruz es la lógica del que da siempre un pasito más: no del más cuantitativo sino del más de la entrega más bella: con sonrisa más linda, con el ánimo más limpio, con la armonía y la paz en cada gesto. No hay que dejar de soñar con una entrega de sí más bella, dice el Papa Francisco.

La lógica de la cruz es la lógica del que encuentra siempre el paso justo  para permanecer -clavado- en su lugar misión. Del que se deja contener por el encargo que le fue encomendado y lo lleva adelante con fidelidad, sin mirar a los demás.

La lógica de la cruz es la lógica del que da los pasos necesarios para repartir y compartir. De la persona generosa y solidaria que sabe que cuando reparte el Señor lo multiplica.

Hoy en día, en que los discursos lógicos parten de supuestos distintos y te terminan llevando a donde no querrías, no basta con mirar a las personas (y no solo a las ideas abstractas). No basta con mirar la película y no quedarse con la foto. No basta mirar! Para pensar bien cada uno tiene que armarse cargando su cruz. El peso de la propia cruz será el que le de la clave para ver bien la realidad. No hay otra. Si uno se sienta como espectador terminará confundido, por más que recabe toda la información y escudriñe los ojos de los demás y trate de estar bien atento a su tono de voz. Solo el peso de la propia cruz activa el sentido del discernimiento.

La lógica de la cruz, el primer paso que nos invita a dar, es el de cargar la propia cruz. Y si por ahí uno no tiene clara cuál sea, se puede muy bien comenzar por darle la mano a alguien más pequeñito que tengamos al lado y ayudarlo a llevar su cruz. Estos dos pasos se equilibran mutuamente y a ellos se suma sin pensarlo dos veces el mismo Jesús, que a todo el que empieza a caminar cargando su cruz y ayudando a otro, le pone el hombro. Con estos paso, se aclara el panorama y uno empieza a distinguir -existencialmente- quiénes son los demás que llevan su propia cruz y quiénes los que disimulan, quiénes son los que están abocados a “sacarle provecho a esta vida” y quiénes los que intentan aprender cómo pueden cumplir mejor la misión que se les ha confiado en el bautismo, como dice el Papa.

Diego Fares sj

 

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El presupuesto es que todo el Evangelio, cada escena, cada frase, cada parábola y bienaventuranza, es fruto de un discernimiento del Señor y la Pasión lo es en grado sumo. En qué sentido decimos que son “discernimiento”? En el sentido de que son “Palabras vivas”. Las palabras del Señor no son abstracciones, no son conceptos que toman rasgos generales de la vida dejando de lado lo que hace de cada situación algo único. Por el contrario, las palabras del Señor, como Él es el Único, el Predilecto, el Ungido, expresan el torrente de Vida que se abrió paso con su entrada en nuestra historia -entrada mansa y humilde como la del que viene montado sobre un burrito-. Las suyas son palabras discernidas en el sentido de que cada acción y cada gesto de Jesús, el Señor, significa una elección de la vida y un rechazo de la muerte. Todo en Él -sus miradas, su paso, los gestos de sus manos, su cercanía, su predicación, sus milagros… todo- es afirmar y abrazar la vida y combatir el mal, despojándolo de todo poder sobre el corazón humano. La Pasión es “el discernimiento” definitivo que el Señor hace con su vida misma y que dice así:

Quiero y elijo ofrecer mi vida;

resisto interiormente todo mal

pero no rechazo la cruz, sino que la abrazo,

y en el mayor abandono,

con toda confianza,

me pongo en las manos de mi Padre.

La contemplación de la Pasión del Señor ayuda a asimilar este discernimiento de fondo, gustándolo en cada paso del Vía Crucis, en cada personaje, en cada situación límite que vive el Señor. 

Jesús entra en nuestra vida con medios humildes: sobre un manso burrito

Jesús les dijo: “Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un burrito atado, sobre el cual ningún hombre se ha sentado hasta ahora. Desántenlo y traiganmelo. Entonces le llevaron el burrito a Jesús,  le echaron encima sus mantos y Jesús se sentó en él” (Mc 11, 1-10).

Jesús entra en la Pasión perfumado por los que lo aman

Mientras Jesús estaba en Betania, comiendo en casa de Simón el leproso, llegó una mujer con un frasco lleno de un valioso perfume de nardo puro, y rompiendo el frasco, derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús”.

Jesús prepara la Eucaristía en medio de la vida cotidiana: sigan al hombre que va con un cántaro de agua

«Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: “¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?” El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario.»

Jesús es traicionado por uno de sus amigos antes que puedan hacerle daño sus enemigos: por uno que se sirve de la misma fuente que yo

Uno de ustedes me va a entregar. Ellos se entristecieron y comenzaron a preguntarle, uno tras otro: «¿Seré yo?»  El les respondió: «Es uno de los Doce, uno que se sirve de la misma fuente que yo”.

Jesús se nos ofrece en cuerpo y sangre “antes de la Pasión”, indicando su elección libre de dar la vida

Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen, esto es mi Cuerpo.» Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo: «Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos”

Discirnamos que no es bueno “sentirse muy seguro de sí mismo”, como le pasó a Pedro

Pedro le dijo: «Aunque todos se escandalicen, yo no me escandalizaré.» Jesús le respondió:  «Te aseguro que hoy, esta misma noche, antes que cante el gallo por segunda vez, me habrás negado tres veces.»

Los amigos se duermen cuando Jesús necesita que recen con Él ante el Padre

Jesús dijo a sus discípulos: «Quédense aquí, mientras yo voy a orar.»

Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse. Entonces les dijo:  «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí velando

Y decía: «Abba -Padre- todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.» Después volvió y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús dijo a Pedro:  «Simón, ¿duermes? ¿No has podido quedarte despierto ni siquiera una hora?

Hay quienes consideran que Jesús (y los cristianos y nuestros valores) deben ser eliminados  

El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie ante la asamblea, interrogó a Jesús: «¿No respondes nada a lo que estos atestiguan contra ti?» El permanecía en silencio y no respondía nada. El Sumo Sacerdote lo interrogó nuevamente: «¿Eres el Mesías, el Hijo del Dios bendito?» Jesús respondió: «Yo soy: y ustedes verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo.» El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo: “Ha blasfemado”.

En el Señor “que lo sabe todo” de nuestras agachadas podemos encontrar la mirada que nos hace llorar amargamente y recibir perdón

Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, llegó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote y, al ver a Pedro junto al fuego, lo miró fijamente y le dijo: «Tú también estabas con Jesús, el Nazareno.» El lo negó, (Y volvió a negarlo dos veces más) En seguida cantó el gallo por segunda vez. Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho: «Antes que cante el gallo por segunda vez, tú me habrás negado tres veces.» Y se puso a llorar.

Hay quienes, como Pilato, saben la verdad pero se lavan las manos

Pilato sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir la libertad de Barrabás. Pilato continuó diciendo: «¿Qué debo hacer, entonces, con el que ustedes llaman rey de los judíos?» Ellos gritaron de nuevo: «Crucifícalo

Los poderosos no se ensucian las manos, dejan que sus sirvientes se ensañen cobardemente con Jesús

Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia. Lo vistieron con un manto de púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron. Y comenzaron a saludarlo: «Salud, rey de los judíos!» Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo.

Hay gente humilde que, como el Cirineo, se ve obligada a llevar la cruz de Jesús y le es imputado a su favor: la Cruz siempre es “a favor”, si uno la carga, sea como sea que la lleve

Como pasaba por allí Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que regresaba del campo, lo obligaron a llevar la cruz de Jesús. Y condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota, que significa: «lugar del Cráneo.»

También los dos ladrones tuvieron que discernir: uno pedirá salvación a Jesús, el otro eligió morir burlándose

Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó. Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno. Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron. La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: «El rey de los judíos.» Con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Jesús siente el abando del Padre y precisamente allí se pone en sus manos

Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: «Eloi, Eloi, lamá sabactani.» Que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Entonces Jesús, dando un gran grito, expiró.

Hay gente fiel, como las discípulas, que contemplan, con la cercanía que da el amor, la Pasión de su Señor

         Había también allí algunas mujeres que contemplaban a distancia. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé, que seguían a Jesús y lo habían servido cuando estaba en Galilea; y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.

Hay gente como José de Arimatea, el discípulo oculto, que al fin se anima a pedir el cuerpo de Cristo

Era día de Preparación, es decir, vísperas de sábado. Por eso, al atardecer, José de Arimatea -miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios- tuvo la audacia de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.

Están las discípulas que custodian el sepulcro y esperan la resurrección

María Magdalena y María, la madre de José, miraban dónde lo habían puesto” (Marcos 14, 1 – 15, 47).

La invitación a contemplar la Pasión es invitación a ir recorriendo las escenas, las situaciones y personajes y a poner nuestros propios títulos, dejando que la Pasión del Señor nos discierna el corazón, nos lo abra y nos lo atraviece, como la lanza que atravezó el Corazón de Jesús, y haga salir lo mejor que tenemos, lo más fiel, lo más compasivo, y nos saque toda malicia, toda cobardía, toda dureza que no permiten que nos dejemos amar por Él, que vino a dar con tanto amor y nobleza su vida por nosotros.

Diego Fares sj

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5 B Cuaresma 2018

             Entre los que habían subido para adorar durante la fiesta,

había unos griegos que se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le dijeron: «Señor, queremos ver a Jesús.»

Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús.

El les respondió:

(1) «Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado.

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere,

queda solo; pero si muere, da mucho fruto.

El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.

El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.

(2) Mi alma está ahora turbada.

(3) ¿Y qué diré: “Padre, líbrame de esta hora”? ¡Si para eso he llegado a esta hora!

(4) ¡Padre, glorifica tu Nombre!»

Entonces se oyó una voz del cielo:

(5) «Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar.»

La multitud que estaba presente y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. Otros decían:  «Le ha hablado un ángel.»

Jesús respondió:

(6) «Esta voz no se oyó por mí, sino por ustedes.

(7) Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera; y cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12, 20-33).

Contemplación

En el evangelio de hoy podemos encontrar una de las fuentes de lo que en Ejercicios se llama un “proceso de discernimiento”. El Señor nos enseña a estar atentos a los acontecimientos, a dejarnos tocar por ellos, sintiendo también los movimientos de la tentación. Jesús nos enseña a razonar con criterios evangélicos, a “elegir de corazón lo que amamos”, a estar atentos a la confirmación del Padre, a su consolación. Y a hacernos cargo de que amar de veras implica resistir al maligno, lo cual siempre nos pone en alguna Cruz.

Podemos aprender de Jesús, Maestro de oración: cómo “discernía” la voluntad del Padre en su corazón.

Lo que me conmueve es que Jesús “discierne”. No es que “la tenía clara, como superficialmente tendemos a dar por supuesto. El discernimiento no consiste en “tener ideas claras”. Como dice el Papa: las ideas se discuten, lo que se discierne es la situación”; el momento en que me encuentro y los sentimientos que van y vienen… y tengo que optar en un momento que si  no, se pasa.

Jesús discernía. Sus parábola, por ejemplo, son fruto de un discernimiento, son la respuesta a un problema humano en un momento preciso en el que los personajes tienen que optar: arrancar la cizaña o esperar, cuidando el trigo?; retar al hijo pródigo o correr a abrazarlo? salir a dialogar con el mayor o dejar que se desenoje solo? Salir a buscar la ovejita perdida o quedarse con las 99? Acercarse al herido o pasar de largo? Cada gesto del Señor, cada momento de su vida, es un discernimiento que une -en ese preciso momento- lo que le agrada al Padre y lo mejor para alguna persona concreta. Discernir y ser protagonista de mi vida o vivir una vida “en general”, una vida estándar, haciendo y pensando “lo que piensan todos” -o al menos, los de mi partido. Esa es la opción: discernir o ser espectador.

Los mini-discernimientos introducen “cortes dramáticos” en la trama de mi vida haciendo que me adueñe de lo que me pasa, que decida y abrace y lleve adelante algo mío, que deje mi huella y no cargue simplemente con lo que me ponen encima y me obligan a hacer.

Pasos del discernimiento de Jesús

El primer paso: “Ha llegado la hora”, dice Jesús, y responde al aviso de que “lo quieren ver” con una serie de reflexiones que se ve que venía haciendo en su corazón. Lo importante es que el discernimiento es estar atentos a la hora, al momento que se vive. Esto es normal allí donde uno tiene una misión. La misión de llevar adelante una familia hace que los padres estén siempre “atentos a la hora”. Es hora de ir al colegio, es hora de ir a trabajar, hay que salir corriendo al médico porque uno se enfermó, hay que decidir el colegio al que irá un hijo el año próximo…

El Señor tiene la misión de salvar a la humanidad y se ve que el hecho de que unos paganos quisieran verlo fue para Él la señal de que su mensaje, puesto en palabras, había alcanzado su meta. Ahora comenzaba otra etapa: la de dar testimonio con su vida. Por eso las reflexiones del grano de trigo, de perder la vida y seguirlo a la cruz.

Así sucede en nuestra vida. La vida está tejida con dos hilos, uno de textura ordinaria, que corre unido a todos los demás  hilos y se reconstituye cada vez que se anuda o se corta ─ la vida sigue ─; el otro  hilo es totalmente personal y único: es el hilo primordial, que tensiona todo el tejido de la vida común, y cuyos “tironcitos” provienen de las manos bondadosas de nuestro Padre. (Lo del Hilo primordial es del cuento de Menapace que el que no se acuerde puede buscar en internet ya que ayuda a ver que para discernir “las cosas comunes de la vida” cada uno tiene que conectarse con ese hilo primordial que lo une con Dios y con la misión y el carisma único para el que nos creó).

Pues bien, en este hecho que para Felipe tal vez fuera una cosa más -tantas personas le decían que “querían una entrada para poder saludar personalmente al Maestro-, para Jesús fue un hecho especial. Sintió el tironcito hacia lo Alto de su Hilo primordial, el que le marcaba la hora del Padre, la hora de la salvación.

Segundo paso: “Mi alma esta ahora turbada”. El anuncio de que se acaba el tiempo normal, de que se viene la pasión, le causa turbación al Señor. Se conmueve. Como decíamos, puede ser que el Señor tuviera más claras las cosas que el común de la gente. Las tenía claras porque rezaba. Pero con claridad y todo, las tuvo que vivir, las tuvo que “pasar”.

En el lenguaje de los ejercicios esta agitación interior o turbación se llama “movimiento de espíritus”. Es algo bueno. Buenísimo! Al punto de que si no se da, si uno no siente ese vaivén de alegrías y miedos, de esperanzas y negatividad…, es que no está  “rezando realmente”, no está haciendo bien sus ejercicios, dice San Ignacio.

La turbación, la ansiedad y el ponerse en movimiento las ideas, las previsiones, los afectos, surge cuando uno tiene que tomar -sí o sí- una decisión. Tener que decidir genera lucha espiritual. Animarse a sentir, darle tiempo a cada sentimiento contrario, ponerle nombre y confrontarlo…, son parte esencial de un proceso de discernimiento.

Jesús expresa su aguda agitación espiritual: “Mi alma ahora está turbada”.

Viene entonces un tercer paso que consiste en juzgar (deliberando) esos sentimientos y mociones contrarias.

Gandhi decía que “cuando uno se encuentra en el dilema de elegir, la cobardía dice ¿será esto seguro?.

La política dice: ¿será rentable?.

La vanidad dice: ¿quedará bien mi imagen?

Y la conciencia moral dice: ¿es lo correcto?”.

Cristianamente podemos agregar otra pregunta, muy personal: le agrada a mi Padre?

Jesús expresa este proceso del juicio mediante un diálogo interior, preguntándose a sí mismo: ─ “¿Y qué diré: “Padre, líbrame de esta hora”?”

A lo cual se responde con claridad de juicio: ─ “¡Si para eso he llegado a esta hora!

“Padre glorifica tu nombre”. Es el cuarto paso del discernimiento. Hay que verlo bien porque es muy inmediato al anterior pero es distinto. “Para esto he venido” es una conclusión lógica, un juicio que se realiza en la mente; “Glorifica tu nombre” es una decisión, un deseo y un pedido que brotan del corazón.

Una cosa es pensar con lógica, otra es elegir llevar adelante el deseo que nace de una verdad clara.

Glorifica tu Nombre quiere decir “hágase tu voluntad (y no la mía que en este momento siente temor a la cruz).

Glorifica tu Nombre es lo que uno dice cuando manifiesta pública y expresamente la decisión tomada como compromiso – consentimiento matrimonial, votos religiosos-.

Viene entonces el quinto paso del discernimiento, que es la confirmación. El Padre suele confirmar inmediatamente a sus hijos cada vez que formulan un deseo de que se haga su voluntad como el que expresó Jesús. Aquí se oye la voz del cielo que dice: ─ “Lo he glorificado y lo volveré a glorificar”. No siempre habla el Padre con estos “truenos”, pero siempre “habla en el corazón” del que se siente atraído por Jesús y decide seguirlo. “Mi Padre ama a los que me aman”. Y los honra! -agrega Jesús.

El sexto paso es la confirmación en medio del pueblo de Dios, de los pequeños que ven que el Padre ama a Jesús. El Padre revela las cosas de Jesús a los pequeños que se alegran de él, lo escuchan y lo siguen. Por eso Jesús aclara que la voz del Padre confirmándolo a Él como predilecto es “para nosotros”.

Un séptimo paso consiste en “derrocar” al maligno, resistirlo y echarlo de nuestra vida. Rechazar el mal es la otra cara de elegir el bien.

Lo que trae paz a la hora de elegir es esta adhesión íntegra como la de Jesús a querer lo que Dios más quiera, del modo que quiera y en el momento en que quiera y sea cuales fueren las consecuencias que tenga.

Terminamos recordando lo que cuenta Ribadeneyra acerca del modo de rezar de Ignacio cuando tenía que discernir para tomar alguna decisión importante.

“Siempre la consultaba primero en la oración con nuestro Señor,

y la manera de consultarla era esta:

Se despojaba (se desnudaba, dice Ribadeneyra) primero de cualquier pasión y afecto, de esas cosas que suelen ofuscar el juicio y oscurecerlo, de manera que no pueda tan fácilmente descubrir el rayo y luz de la verdad.

Para despojarse, Ignacio se ponía como una materia prima en las manos de Dios nuestro Señor, como algo que no tiene ni inclinación ni forma alguna.

Después, con gran vehemencia, le pedía gracia para conocer y para abrazar lo mejor.

Luego (de este ejercicio afectivo, que puede ser de “deseo de deseo”, de desear ser como una materia prima y de desear desear lo que sea mejor) Ignacio consideraba muy atentamente, y pesaba las razones que se le ofrecían por una parte y por otra; y la fuerza de cada una de ellas, y las cotejaba entre sí.

Al cabo volvía a Nuestro Señor con lo que había pensado y hallado

y lo ponía todo delante de su divino acatamiento,

suplicándole que le diese luz para escoger lo que le había de resultar más agradable a El”.

Muchas veces esta oración de discernimiento la hacía Ignacio junto con la misa (digo esto porque a veces alguno dice “que se aburre en misa”, para que vea que no tiene por qué ir como espectador. Puede llevar sus decisiones a la Eucaristía y allí rezar con estas ayudas, que no son pocas ni fáciles, pero que uno puede “desear tener deseos de seguirlas”).

Diego Fares sj

 

 

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La columna del haber

Caminaban con Jesús grandes muchedumbres acompañándolo, y él, dándose vuelta, les dijo: «Si alguna persona viene a mí y no aborrece a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y se viene en mi seguimiento, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, y mira si tiene para terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda terminar y todos los que lo vean se burlen de él y digan: “Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar.” ¿Y qué rey, si marcha para entrar en guerra contra otro rey, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, todo aquel de entre ustedes que no renuncia a todos sus haberes, no puede ser mi discípulo» (Lc 14, 25-33).

Contemplación
Caminaba con Jesús mucha gente, esperanzada con el Maestro, con sus milagros y enseñanzas. Y Jesús, deteniéndose, aprovecha el momento de consolación para hacernos reflexionar.
La palabra clave de este pasaje, creo que está al final: “los haberes”.
“El que no renuncia a todos sus haberes no puede ser mi discípulo”.
Hay que leer el pasaje hasta el final, porque si uno se queda con la frase de Jesús “el que no odia a su padre y a su madre…”, la cosa no cierra. Y me parece que cierra menos todavía si se trata de suavizar la traducción poniendo “amar menos” a la familia o “amar más a Jesús”… Al evangelio no hay que edulcorarlo ya que en su radicalidad y exigencia tiene su dulzura y su suavidad.

No se trata de ninguna manera de “odiar” a las personas. ¡Cómo podemos pensar que Jesús va a hablar de odiar si nos manda que amemos hasta a nuestros enemigos!
Y tampoco se trata de amar más o menos, como decíamos.
Me parece que si leemos la última frase se aclara lo que el Señor está diciendo. La renuncia es a lo que ponemos en la columna del haber.

A las personas hay que amarlas, no tenerlas como posesiones en nuestra columna del haber. En la columna del haber sólo tiene que estar Jesucristo. Él es nuestro único tesoro, y lo podemos “tener” porque se nos da gratuitamente. Él es nuestra Vida: el que nos la regaló, el que nos la cuida, el que nos la sana, el que nos la alimenta y el que nos la resucitará con una vida eterna. Tener otras cosas en la columna del haber es ilusión y vanidad. Nada trajimos a este mundo y nada nos llevaremos.

El Señor no nos está pidiendo que lo amemos más a él y menos a nuestros seres queridos. Nada de eso. Nos manda amarlo a Él por sobre todas las cosas y al prójimo, nos manda sacarlo de la columna de nuestras posesiones para poder amarlo como a nosotros mismos.

Lo que está diciendo el Señor es que, cuando una creatura –sean los más amados o nuestra propia vida terrena- se nos mete en la columna del haber como si fuera una posesión, nos esclaviza. Cuando algo hace que nuestro corazón se aficione a ello como a un ídolo, debemos “odiarlo”, aborrecerlo, no en sí mismo, como persona o cosa, sino aborrecer el rol que juega, el lugar que ocupa, la energía que nos roba. No se trata de odiar a nada ni a nadie, ya que todas las cosas son buenas. Se trata de aborrecer que alguna realidad pase a ocupar el lugar de Dios en nuestro corazón.

Cuando uno desea demás “a otro” o sufre demás “por otro”, en realidad está proyectando deseos y angustias propios. Ha puesto al otro entre sus haberes y entonces uno siente que “no puede vivir sin el otro” o que “morirá si algo le pasa al otro”. Al renunciar a mirar al otro como un haber mío como que se caen las ilusiones que me hacen desear demás o sufrir demás. Cuando ponemos al Señor en el centro de nuestros haberes, las otras realidades se ordenan y las vemos en su justo valor.

San Ignacio nos hace llamar “las otras cosas” a todas las realidades creadas –personas, cosas, situaciones, tiempo, bienes, capacidades…- y nos dicen que “son para nosotros y para que nos ayuden a “alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor”.
Decir que son “ayudas” o “medios” no significa desvalorizarlas en sí mismas. Todo lo contrario: es renunciar a usarlas como “haberes” y posesiones nuestras. Entonces podemos amarlas bien, valorándolas como personas y cosas que son “de Dios”. Debo servirme de las creaturas tanto cuanto me ayuden para que Jesús –la Vida verdadera- habite en el centro de mi corazón. Y debo servir a los demás tanto cuanto necesiten para que Jesús reine en sus corazones.

Desde esta perspectiva de “contabilidad evangélica” se aclara también lo de la Cruz. No se trata de “amar la cruz” como padecimiento. Se trata de no ponerla en la columna del debe, sintiendo que es tanto lo que pesa (un pecado, un sufrimiento, una persecución…) que nuestra economía se vuelve insostenible. El Señor nos manda “cargar la cruz y seguirlo”, nos da permiso para ser discípulos suyos con esta deuda, con este problema inevitable, con esto que sufro y no puedo solucionar.

Los dos ejemplos de “cálculos humanos” que propone el Señor, uno económico y otro político, sirven para clarificar más todavía estas lecciones de economía divina. Jesús grafica dos situaciones en las que uno calcula y negocia bien. Si no querés que se te burlen, no te metés en negocios de construcción que no vas a poder terminar ¿no es verdad? Y si no te gusta perder la guerra negociás con tu enemigo ¿no es así? Toda persona sensata juzga sensatamente de estas cosas. Todos entendemos este lenguaje, o por las buenas o por las malas.
Pero Jesús da vuelta las cosas: en el reino de los cielos, esta sensatez es necedad y la locura de Dios es más sabia que la viveza criolla.
En el reino de Jesús como sólo Él está en la columna del haber se puede emprender cualquier obra buena confiados en su providencia.
Y como él salda todas las deudas y nos defiende contra todos los enemigos, no hay que negociar con nadie.
No teman. Ese es el fruto de tener sólo a Jesús como tesoro y a todo lo demás como tarea.
Tarea linda para crear, confiados en que Él nos dará los medios necesarios y terminará la obra comenzada; y tarea dura para cargar con Él, que la vuelve suave y llevadera.
Las cosas y las personas son “ayuda” y “trabajo”, no “posesiones” ni “bienes” nuestros. Renunciar a considerarlas como posesiones nos libra de las preocupaciones que angustian y nos limpia la mirada para “en todo amar y servir”.
La oración de San Ignacio nos ayuda a expresarle al Señor el deseo de ser sus discípulos como Él quiere:

Tomad Señor y recibid
Toda mi libertad
Mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad
Todo mi haber y mi poseer
Vos me lo diste
A Vos Señor lo torno
Todo es vuestro
Disponed a toda vuestra voluntad
Dadme vuestro amor y gracia
Que esta me basta.
Diego Fares sj

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