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Posts Tagged ‘Camino’

            Hay un himno muy lindo de la liturgia siro-antioquena, que se canta en esta fiesta de la visitación y que inspira el mosaico de Rupnik: 

“María, nube llena de vida, se levantó y fue a apagar la sed de la tierra sedienta [Isabel] y a hacerla fructificar. (…) La joven susurró al oído de la anciana, su palabra se deslizó por él y despertó al predicador de la Verdad. Un salto se apoderó de él, preso de alegría, como David, el hijo de Jesé, que danzó ante el arca.En el sexto mes, cuando las almas de los niños callan todavía, Juan danzó con gran júbilo en el seno de su madre”. 

María se levantó y fue con premura a la montaña, a un pueblo de Judá,entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Apenas esta oyó el saludo de María, exultó el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantó la voz con gran clamor y dijo:

– ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿De dónde a mí (esta gracia): que la madre de mi Señor me venga a visitar? Porque he aquí que, apenas sonó la voz de tu saludo en mis oídos, exultó de alegría el niño en mi seno. Dichosa tú que has creído que se te cumplirían plenamente las cosas que le fueron dichas de parte del Señor (Lc 1, 39-45).

Contemplación

            En breves palabras, Lucas nos narra el encuentro de Isabel con María en clave de escucha. María e Isabel son las mujeres de la escucha. 

En el mosaico de Rupnik, que está en el monasterio de las ursulinas de Verona, contemplamos cómo en el encuentro entre las dos mujeres, María aprieta contra su pecho la Palabra de Dios, que es «lámpara para sus pasos, luz en su sendero» -palabra por la que ha caminado-, e Isabel, en señal de acogida, abre el manto. Ambas tienen la otra mano sobre sus panzas, sintiendo cómo sus niños se reconocen: Juan salta de alegría ante Jesús y su madre lo expresa. El sonido de tu voz…, dice Isabel. Ella nos hace comprender que se trata de una doble escucha: la del saludo de María desde la puerta y la de su hijo que salta de alegría en su interior. Isabel conecta todo e interpreta el sentido de lo que sucede: Dichoso mi niño que salta de alegría, dichosa yo que soy así visitada, dichosa Tú, María, porque se te cumplirán las palabras que te fueron dichas de parte del Señor. Dichosos todos, dichosos nosotros, dichosa Tú…

Makaria! Esta es la Palabra que “escucha” Isabel de varias maneras. Makaria significa bienaventurada, dichosa, bendita. Es una palabra que expresa cómo se “engrandece” (“mak“) la persona sobre la cual se extienden los beneficios de Dios. Indica una experiencia de predilección que es extensiva e inclusiva, propia de la Palabra cuando se derrama sobre una persona, sobre su vida, haciendo que -al caminar en Ella practicándola- se transforme en fuente de gracias para todos los demás a los que visita. Lo que vivimos en un santuario mariano, ese ámbito de paz que sentimos allí, que nos atrae y nos hace sentir ganas de ir a visitar a la Virgen, de ponernos en camino y peregrinar, es lo que vivió Isabel como primicia con la visita de su joven pariente. 

Esta experiencia se convertirá en María en algo habitual, una vez que dice Sí a la propuesta de Dios y la Palabra se hace carne en su seno. Irradiará esta gracia en las bodas de Caná, mantendrá sólidamente unidos a sí a Juan y a las otras María -aguantando- al pie de la cruz, y en el cenáculo, todos recibirán la visita del Espíritu en compañía de María.

Donde vaya, donde esté, María llevará consigo a Jesús y las creaturas lo percibirán, lo sentirán y se le acercarán. María crea cercanía, como dice el Papa. 

Ella fue consciente de esto desde el comienzo: Me llamarán “makaria”, bienventurada, profetizó en el Magnificat. Y esta gracia interior es la que la impulsa a levantarse con prontitud y salir a visitar a Isabel. 

Esto es lo que la hace “caminar y cantar”, como predicó tan lindo el Papa Francisco en la misa de Guadalupe. Hacía ver el Papa cómo María es nuestra Maestra en esta tarea tan linda de hospedar a Jesús y de ir con él a visitar a los que él quiere visitar. Ella “entra en las casas, en las celdas de las cárceles, en las salas de hospital, en los asilos de ancianos, en las escuelas o en las clínicas de rehabilitación. En todas partes transmite el mismo mensaje: “¿No estoy aquí yo, que soy tu madre?”. 

¡Ella más que nadie sabe de cercanías! Es mujer que camina con delicadeza y ternura de Madre, se hace hospedar en la vida familiar, desata uno que otro nudo de los tantos entuertos que logramos generar, y nos enseña a permanecer de pie en medio de las tormentas”. 

“En la escuela de María aprendemos a estar en camino para llegar allí donde tenemos que estar: al pie y de pie ante tantas vidas que han perdido o le han robado la esperanza. En la escuela de María aprendemos a caminar nuestro barrio y la ciudad no con zapatillas de soluciones mágicas, respuestas instantáneas y efectos inmediatos” sino llevando a todos el canto de las maravillas que Dios hace con los humildes.

La oración es ponerse a la Escucha de La que nos trae la Palabra encarnada, para que nos consuele con su alegría el corazón y al sentirnos predilectos por sus Visitas, también nosotros nos pongamos en pie con premura, para salir a servir y a anunciar el evangelio a los demás. 

Diego Fares sj

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Principio del Evangelio de Jesús, Cristo, Hijo de Dios.

Como está escrito en el libro del profeta Isaías:

‘Mira, envío a mi mensajero delante de ti para que prepare tu camino…,

(lo envío como la) voz de uno que grita en el desierto:

‘preparen el camino del Señor, rectifiquen sus senderos’,

(así) se presentó Juan el Bautista en el desierto,

predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados.

Y acudía a él toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén

y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

Juan andaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero,

y se alimentaba con langostas y miel silvestre.

Y predicaba, diciendo:

‘El que es más fuerte que yo viene detrás de mí,

Uno ante quien yo no soy digno ni de desatar, arrodillado,

la correa de sus sandalias.

Yo los he bautizado a ustedes con agua,

pero él los bautizará en Espíritu Santo’ (Mc 1, 1-8). 

Contemplación

La contemplación de “los caminos que hay que preparar y rectificar” nos habla de trabajo. Tiene que ver con esa semilla del “amor-trabajo” de la Contemplación para crecer en el amor que invita a: “Considerar como Dios trabaja y labora por mí en todas las cosas – (…) y reflexionar en mí mismo”. Reflexionar cómo tengo que trabajar y en qué tarea para que mi trabajo edifique y colabore con el del Padre, que “siempre trabaja”.

Juan Bautista, retoman la voz antigua del profeta Isaías y nos anima: Trabajen preparándole caminos al Señor que viene a bautizar en Espíritu Santo.

Estos caminos a preparar y a rectificar no son otros que los del amor.

Jesús camina dejando la huella de las plantas de sus pies cuando el camino es de amor. No importa si es de tierra, si hay barro, si está asentado o asfaltado. Lo que cuenta es que sea un camino-puente, tendido entre dos amores: entre el amor de uno que viene porque tiene hambre y el amor de otro que va porque quiere darle de comer, entre el amor de uno que viene porque desea aprender a rezar y el amor de otro que sale a predicar el Evangelio.

El Señor no transita los caminos en los que sólo el amor propio está al comienzo y al final: el camino del dinero, el camino de la fama y el camino de la soberbia que da el poder. Son caminos circulares, aunque parezca que van derechos y que salen hacia los demás, los pasan de largo: la meta no eran las personas sino los trofeos -productos, aplausos, pleitesías- con los que el que parecía que salía, vuelve cargado a la covacha de su propio ego.

Vamos a compartir seis caminos y puentes que ha creado y que recorre Francisco y que nos invita a transitar junto con él, colaborando para mantenerlos transitables.

 

El camino de los sínodos. Sínodo significa “camino juntos”. Es un camino que circula entre Roma y todos los obispos del mundo con sus diócesis y su porción del pueblo fiel de Dios. El Papa Francisco tendió este puente sinodal a las familias y a los jóvenes. El de la familia, el Papa hizo que los obispos lo caminaran dos veces. La primera con la convocación de una “Asamblea extraordinaria” en el 2014, para escuchar los aportes que venían de todas las familias del mundo. Bruno Forte, secretario especial de la asamblea, trazó una relación entre este sínodo extraordinario y el Concilio Vaticano II, por cuanto el enfoque para abordar los desafíos de la vida familiar en la actualidad sería el mismo que Juan XXIII anotaba en su diario poco antes de la apertura del concilio: «Mirar todo a la luz del ministerio pastoral, es decir: almas que salvar y que reconstruir». La segunda recorrida se hizo en la Asamblea ordinaria del 2015 y allí se dieron las directivas pastorales para hacer crecer “la alegría del amor” en las familias. El Papa reparó un camino que estaba roto y tendió un puente que estaba cortado a las familias que estaban criando a sus hijos desconectadas de la esperanza de la gracia. Bajó el puente levadizo de una Iglesia encerrada dentro de los muros de una autodefensa imaginaria -ya que nadie la ataca hoy discutiendo las verdades abstractas escritas en los códices – y la hizo salir a plantar tiendas de hospitales de campaña, allí donde el enemigo sí ataca a las familias reales, que necesitan el remedio del evangelio de la misericordia. El otro sínodo que el Papa quiere caminar junto con los jóvenes es el que se celebrará en octubre de 2018. Tomando pie en los jóvenes, la reflexión sobre la fe y la vocación común a la alegría del amor, nos hará transitar a todos este camino que se abre al futuro.

 

El camino a las periferias, a todos los tipos de pobreza. Este camino que no partió, sino que llegó a Roma con los pedidos de Obispos de todo el mundo de que la Iglesia “fuera pobre y para los pobres” y que encontró un eco formidable en el corazón de Juan XXIII, es un camino que Francisco no deja de recorrer. Dio el primer paso cuando estableció un puente con la isla de Lampedusa, a donde llegan los refugiados que cruzan el Mediterráneo, dos semanas antes de iniciar su primer viaje, ya programado por Papa Benedicto, a Río. Pero la primera opción por la periferia fue intra-vaticana. A los dos días de ser elegido el Papa visitó el Palacio apostólico, con sus diez habitaciones, cocina, comedores y estudio médico, y al ver que “aquí pueden vivir 300 personas”, hizo el viaje de regreso a Santa Marta, donde se quedó a vivir. Los veintiún viajes que ha realizado Francisco  fuera de Italia y los 17 dentro de ella han estado marcados por este impulso del Espíritu a salir a las periferias geográficas y existenciales. En todas las visitas son lugares claves las cárceles, los hospitales, los hogares… y la calle, donde Francisco goza encontrándose con el pueblo fiel de Dios, ese que en Ecuador le cubrió el auto y la carretera de flores y que en Myanmar viajó desde todos los puntos del país para asistir a una misa con 150.000 personas en un país en el que los católicos superan con poco el medio millón. La puerta de la misericordia abierta en Bangui, en el corazón del África pobre, fue otro hecho emblemático de la prédica con gestos evangélicos que hace el Papa. En Roma, sus lavatorios de pies a los más pobres, enfermos y detenidos, de todas las religiones y condiciones sociales unge cada Jueves Santo con este sello del amor a los más pobres. Los ejemplos son constantes e innumerables. Estos apuntan solamente a motivar la reflexión acerca de este camino directo que el Papa tiende a los más pobres.

El puente tendido a los medios de comunicación. Desde el primer momento, el Papa revolucionó la forma de comunicar y los periodistas fueron los primeros en comprenderlo y en valorarlo. El Papa está siempre comunicando, buscando “que el mensaje llegue”, como dijo hace unos días en el viaje de regreso del Asia. Comunica con palabras sencillas – Buona sera y Buon pranzo-, y con “cuentecitos” que eso eran las narraciones de Jesús, y que nosotros – como dice Martín Descalzo- llamamos “parábolas” para distinguirlas. El Papa comunica con gestos que hacen a sus hábitos personales, como seguir con sus zapatos negros, comer en el comedor común en Santa Marta, elegir un auto sencillo como papamóvil…  Y comunica también con gestos pastorales, como salir a recorrer la plaza, celebrar misa diaria con la gente en Santa Marta, recibir a los que le piden encontrarlo, pero elegir él, después de discernir y no por seguir un protocolo, a quienes visita. El Papa comunica concediendo entrevistas y dialogando con los periodistas sin tener antes las preguntas. Aceptando el riesgo de responder como el Espíritu lo inspira en ese momento, mirando a los ojos al que le pregunta. El Papa comunica con sus sonrisas, sus selfies, sus llamados telefónicos, cartas, mails y hasta WhatsApp personales. Y comunica haciendo dialogar a los obispos libremente, mientras él escucha y toma nota en silencio. Este puente directo a los medios ha sido una “salida al campo” como dicen los italianos, un entrar en la cancha. Antes, el lenguaje oficial iba por un lado, manteniéndose impecable en su lógica eclesiástica, y a la gente le llegaban las cosas en lenguaje periodístico. Hoy esto sigue pasando. Pero sólo para el que no quiere tomarse el trabajo de escuchar al Papa mismo hablando con los periodistas, titulando, pidiendo que se interprete bien lo que dice… Es uno de los grandes puentes de Francisco que ha sacado el Evangelio a los caminos del mundo y lo ha liberado de la prisión del lenguaje abstracto en el que estaba enjaulado el Espíritu.

El puente a todos los cristianos. En esto, lo del camino no es una metáfora. El Papa ha salido a caminar junto con los cristianos de todas las confesiones y tradiciones poniéndose a su lado, como se hace cuando uno camina con otro, sin más pretensiones. Baste citar el encuentro “privado” con los pentecostales de Caserta y la única visita a una casa de familia, la de su amigo el pastor Traetino, y el encuentro en Cuba con el patriarca ortodoxo, haciendo una etapa especial en su viaje a México, para encontrarse con él en un lugar especial, aprovechando una providencial coincidencia de agenda. El pastor Luterano en Roma, que tiene su Iglesia a dos cuadras de La Civiltà Cattolica, siempre que podía decía “nuestro Papa”. Y si sus hermanos de Alemania le objetaban algo decía que era el Obispo de Roma y que su iglesia estaba en Roma. Un amigo musulmán que vivía en el Centro de acogida de nuestra Iglesia de San Saba, decía, luego de un encuentro del Papa con los refugiados, que se notaba que apreciaba de corazón a los musulmanes y quería de veras a los pobres. Con su teología del “martirio de la sangre” que une a todos los cristianos en un testimonio supremo que los enemigos reconocen sin hacer diferencia de confesiones, el Papa transita siempre que puede, este camino ecuménico, al que la teología llega después de que se ha caminado juntos, en la oración, el servicio a los pobres y el testimonio de vida.

El puente al planeta. Este es un puente nuevo, no transitado antes. Más que un puente espacial es un puente temporal: se tiende entre el planeta actual y el planeta futuro. Nos hace tomar conciencia de que, queramos o no, estamos transitando sobre un abismo temporal: corremos el riesgo de que la cabeza de puente del futuro no tenga donde apoyarse y nos dirijamos hacia nuestra perdición, hacia un planeta invivible o vivible solo para pocos. La encíclica Laudato sí nos brinda el mapa de los pasos sociales, ecológicos y personales que podemos dar para que el camino del planeta tenga como destino un planeta mejor y para todos: para que siga siendo la madre tierra de muchos hijos y no un asteroide contaminado y sin vida que sigue girando indefinidamente por el espacio.

El camino de Jesús y a Jesús. Todos estos puentes y caminos son en realidad el camino de Jesús y hacia Jesús. Tomo aquí las palabras proféticas de Benedicto XVI en el aniversario de su ordenación sacerdotal, el 28 de junio de 2016, cuando le dijo a Francisco: “Esperamos que usted pueda seguir adelante con todos nosotros por este camino de la misericordia divina, mostrando el camino de Jesús, hacia Jesús, hacia Dios”. Hay gente que menosprecia los puentes y caminos de Francisco como si fueran meras cuestiones sociales (incluso sesgadas partidariamente), cuestiones meramente diplomáticas y no cuestiones de verdadera fe. Se distingue la valoración de Benedicto XVI, acerca de que estos caminos de la misericordia, en los que Francisco va adelante y nos invita a seguirlo, son los verdaderos caminos de Jesús y que llevan a Jesús, y por Él a Dios.

Trabajar junto con el Papa en tender, reparar y transitar estos caminos es una tarea en la que cada uno tiene algo suyo para aportar. En el camino largo que recorre la historia de salvación, vivimos nosotros nuestra etapa. El Señor viene en este tiempo intermedio. Viene con la potencia del Espíritu Santo que se posa en todos los que le abren el corazón y le dan velas a su soplo. El Espíritu viene a los que lo invocan y lo desean y se trasfunde en afectos de ternura y amistad, en costumbres que crean hábitos buenos y se convierten en instituciones duraderas en las que el amor puede crecer y dar fruto.

Diego Fares sj

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Jesus pasolini 1

Contemplación en el camino

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino los interrogaba preguntándoles:
─ « ¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos le respondieron:
─ «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.»
─ «Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?»
Pedro respondió:
─ «Tú eres el Mesías.»
Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.
Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.
Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo:
─ « ¡Salí, andá detrás de mí, Satanás! Porque no discernís (phroneis) según los criterios de Dios, sino con los criterios de los hombres.»
Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo:
─ «El que quiera venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará» (Mc 8, 27-35).

Contemplación
“En el camino Jesús les preguntó…”
Me entra la curiosidad: ¿Se habrán detenido o toda la escena se desarrolló caminando?
Los cuadros e imágenes de “la confesión de fe de Pedro” fijan la escena como un alto en el camino.
Pero si uno se deja llevar por el diálogo, todo es movimiento.
En vez de “mirar la escena” aquí se trata más bien de “entrar en la acción”.

Nos dejamos llevar por los énfasis:
Jesús salió con sus discípulos…
En el camino los interrogaba, preguntándoles…
Los hizo dirigir la mirada hacia lo que opinaba la gente y luego los hizo entrar en su interior.
Cuando Pedro “se lo llevó aparte”, parece que se han detenido.
Pero el evangelio deja entrever que se habían adelantado, porque Jesús se dio vuelta para que los discípulos escucharan cómo lo reprendía a Pedro por sus criterios humanos.
De golpe el Señor incluye a la gente: “llamando a la multitud”.
Es decir: hace que la gente se acerque. Y con ese recurso, el evangelista nos incluye a los lectores en la escena. La enseñanza de Jesús es para todos y el Señor nos pone en movimiento hacia él desde nuestro tiempo y situaciones diversas.
Y para terminar, cuando dice: “El que quiera venir detrás de mí…”, uno bien puede imaginar al Señor poniéndose de nuevo en camino.
Vamos tomando el ritmo evangélico de este Jesús que enseña caminando y haciéndonos caminar.

Es que el Jesús de Marcos está siempre en camino: se les adelanta a los discípulos que tienen que esforzarse por seguirle el paso.

Juan condensará en una frase lo que Marcos muestra en acción: “Yo soy el Camino verdadero de la vida”, dirá de sí el Señor.

El camino es una imagen primordial, como bien señala Guardini. Una imagen que moviliza todo nuestro ser, no solo lo conciente.
Eso no quita que haya que trabajar bastante hacer un “proceso”) para que nos movilice bien, en todas direcciones.
Porque a veces reducimos el camino con nuestra mentalidad utilitaria. Como si sólo fuera un medio. El camino no se reduce al viaje, a ir a alguna parte, a salir de un lado para ir a otro.
El camino es también imagen del modo como se hacen las cosas (como dice Chango Spasiuk, hablando de esa canción tan linda “el camino”). El camino es imagen de los pasos que se siguen para realizar una tarea.
Y si no es una tarea sino, por ejemplo, una danza, la imagen del camino cobra mayor intensidad: los pasos de la danza no “llevan a ninguna parte”, mientras se baila el caminito ya trazado, se alegra todo nuestro ser y la música “nos transporta”. ¿A dónde? Al ámbito de la alegría donde, caminando en círculos, el tiempo se condensa y se vive con soltura de eternidad.

El camino quiere decir, también, que las cosas llevan tiempo, que hay que recorrerlas, de ida y vuelta, hacia fuera y hacia adentro, de arriba abajo… Nuestro ser es camino, es historia.

En el camino hacia Cesaréa de Filipo Jesús les enseñó a los discípulos muchas cosas interiores.
Prestemos atención al ‘método’ que ejercita el Maestro. El modo de entrar en ellos que tiene Jesús es el de la pregunta. La pregunta es un camino para entrar en contacto con el otro poniéndose al lado, invitando a mirar juntos en una misma dirección. Jesús no se sienta en la cátedra sino que los hace mirar con Él: lo que dice la gente y lo que dicen ellos. Les hace salir afuera, a las opiniones de la gente, y entrar en su corazón: qué piensan ustedes. Las preguntas de Jesús son caminos de cercanía.

El Señor abre y cierra también. Es tajante. Alabar y condena. Les cierra el camino del mesianismo y les abre a todos el camino de la cruz y la resurrección. Las condenas de Jesús cierran los caminos que llevan a la perdición.
A Pedro le muestra cómo su corazón está abierto a recibir los criterios de Dios y los de los hombres. Los criterios son caminos, orientan en una dirección lo que uno mira y piensa. Esto de ver los criterios como caminos, como cintas transportadoras que si uno se sube lo llevan solo para un lado, tiene su importancia. Uno se sube a un camino o se mete a caminarlo y el camino mismo lo lleva a donde va y le contagia su modo. El camino marca el ritmo con sus baches y vueltas, con sus subidas y bajadas. Cuando uno siente que termina siempre en las mismas conclusiones puede conformarse pensando que la cosa es así nomás ─ es lo que hay ─ o también ser más crítico y pensar que quizás es que uno se sube siempre al mismo criterio y por eso no ve otras posibilidades.

Aquí es donde cobra importancia mirar a Jesús como El Camino.

Iba a decir “nos quedamos contemplando a Jesús como Camino” y me frené porque me da la sensación de que no se trata de “quedarse contemplando”. La contemplación es camino. Uno entra en una Palabra, en una escena del evangelio, y se deja llevar, se deja conducir a donde esa Palabra quiera, dialogando con ella.

Ya hemos vislumbrado un poquito del dinamismo de la palabra Camino.
Si lo aplicamos a la imagen que tenemos de Jesús, puede hacernos bien no reducir su “seguimiento” a seguirlo “a algún lado” o a “hacer alguna cosa”.

Jesús Camino lo primero que hace es hacernos tomar conciencia de que ya venimos caminando junto con Jesús. El está caminando con los que lo siguen y llama a todos a su seguimiento. Jesús es Camino que se abra brecha hacia nosotros, Él es el que viene (erjómenos). La Iglesia esposa siempre le está suplicando ¡Ven Señor Jesús!
Esto ya es de por sí consolador:
existe un Camino capaz de llevarnos,
existe un Caminito que pasa cerca de nosotros,
un sendero que nos contagia el paso,
que nos enseña el modo,
que nos dinamiza el corazón
y nos marca el ritmo con su música.
Subidos ya a este Camino, en compañía de Jesús y de sus discípulos, junto con todo el pueblo fiel, escuchamos la pregunta de Jesús como una interiorización del Camino:
“Si querés seguirme” dice Jesús…:
preguntate en dos direcciones y compará: qué dice la gente de mí y qué pensás vos.
La gente no ve a Jesús como Camino. Lo ve como uno que indica caminos: hay que ir por aquí, hay que obrar así… En general, sus consejos le parecen bien a la gente. Pero difíciles de cumplir.
Pedro ve a Jesús como Mesías. Esta imagen en el pueblo de Israel era la de uno que los llevaría por el camino de la liberación de Roma. Por eso Jesús acalla esta palabra “mesías”.

Se produce aquí un punto de inflexión. El camino cambia de rumbo y todo adquiere otro sentido. El Señor comienza a hablar de la Cruz y la Resurrección. No se trata de un camino al éxito sino de un Via Crucis. Jesús camina decididamente hacia la muerte y la resurrección. Y cuando Pedro le discute, lo reprende severamente y llama a toda la gente para dejar bien claro que ese es su camino y el que tiene que caminar todo el que lo quiera seguir. Advierte, además, que es cuestión de vida o muerte.
Aquí Jesús habla con mucha convicción: el que quiera caminar por su propio camino, perderá su vida; el que camine por el Camino que es Jesús, salvará su vida.
“Yo soy el Camino verdadero de tu vida”, necesita que cada uno lo traduzca.
A mí me consuela ir traduciendo así…:

Yo soy el que te viene a buscar cada vez que te perdés. Soy tu Buen Pastor, soy como un camino que busca tus pies y te carga sobre sí para sacarte del precipicio o del bosque de zarzas donde te extraviaste.

Yo soy el que te enseña criterios que te abren la mirada del corazón y te llevan por los senderos del amor. Fijate que mis bienaventuranzas son puentes gozosos que tiendo de tu pobreza a mi Reino de los Cielos,
de tus lágrimas a mis consuelos,
de tu hambre y sed a mi Pan de Vida,
de tu sentirte perseguido a mi compañía y amistad…
Mis bienaventuranzas esconden criterios operantes, que te hacen alcanzar mi paz y mi misericordia y te limpian los ojos para ver a tu Dios.

Yo soy el que te susurra palabras que te animan y te dan coraje para caminar cuando te encontrás cansado y con problemas. Mis palabras, por el Camino, encienden tu corazón y lo hacen arder, como a los de Emaús. Yo soy el que abre los ojos al partirte el pan, el que te saca de la ceguera de esos criterios reductivos y obesivos que no te dejan leer bien tu historia como historia de salvación.

Yo soy el que te enseña qué tenés que llevar para caminar bien, cómo tenés que dejar que te ayude a cargar tu cruz, cómo podemos intercambiar pesos, de modo que yo lleve tu cruz y vos la mía, que es, paradójicamente, más liviana. (La mía no es la mía propia, la que cargué Yo sólo por todos, sino la mía que llevan algunos pequeñitos con los que me identifico y a los que vos podés ayudar porque has recibido más que ellos).

Las cruces de los pequeñitos son más livianas que la tuya!

Yo soy el que te lleva al Padre, Camino estrecho que lleva a lo alto y caminito sencillo que lleva a lo más íntimo de tu interior, a tu cuarto y al secreto donde el Padre siente agrado por tu persona, por tu pequeñez y tu amor de hijo y de hija.

Así, vamos “caminando” la contemplación con Jesús, por Él y en Él.
El es nuestro Camino. Camino portátil, que “se nos hace al andar”, porque nadie como él viene a nosotros, nadie es tan cercano, nadie tan accesible, nadie nos acompaña con tanto cuidado ni nos allana las dificultades como él.

Y para que la grandeza de Jesús quede cercana y nos den ganas de caminar por él y de ser también camino, unas líneas de Menapace.
Cuenta Menapace que “el Cura Brochero terminaba siempre sus cartas al Presidente de la República Juárez Celman, que había sido su compañero de escuela, con esta frase: ¡Caminos, se necesitan, caminos!”. Es que en aquellos tiempos los pobladores de las sierras cordobesas se encontraban aislados por grandes distancias… Pero lo del Cura Brochero no era una simple constatación de las mejoras que necesita todo progreso. Se dice que la situación de un pueblo se puede medir por el estado de sus caminos. Y lo mismo pasa con toda persona. La posibilidad que tiene de salir hacia los demás, o la que tienen los demás de llegar hasta él, nos dan la medida de su grandeza interior”.

Diego Fares sj

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