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Posts Tagged ‘caminar’

 

Cuando nació Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo:

« ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido  a adorarle. »

Al enterarse, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron:

« En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel. »

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: « Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.»

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba  delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y  le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se volvieron a su país por otro camino (Mt 2, 1-12).

Contemplación

Martín Descalzo a fines de los 80 y el Papa Francisco el año pasado toman una frase de San Juan Crisóstomo que dice que los Magos: “No se pusieron en camino porque hubieran visto una estrella, sino que vieron la estrella porque se habían puesto en camino”. “Eran almas ya en camino, ya a la espera -dice José Luis-. Mientras el mundo dormía, el corazón de estos magos ya caminaba… Confiaban en que sus vidas no concluirían sin que algo sucediese”.

Nosotros pedimos al Niño la gracia de ponernos en camino para buscarlo y encontrarlo. ¿Cómo nos ponemos en camino?  Dijo hoy el Papa Francisco: “Seguir a Jesús no es un educado protocolo a respetar, sino un éxodo a vivir”. Sal de ti mismo!, por tanto. Sal! Deja de pensar sólo en ti y haz oración: adora al Padre, pide al Espíritu Santo que te movilice alguna palabra de Jesús en el Evangelio. Sal del círculo de andar siempre buscando tus intereses y mira a tu alrededor. Mira a los demás. Interroga a las personas humildes, como el niño envuelto en pañales en un pesebre, junto a su madre y san José. Sal de ti mismo y presta un servicio a los más pequeños, a tus hijos, a tus ancianos, a los más pobres. “El evangelio se realiza cuando llega al don. Al don gratuito, sin nada cambio”.

Pedimos también la gracia de saber burlar a los malvados, como hicieron los reyes que “volvieron a su país por otro camino”. Pedimos la gracia de saber burlar a los que se creen sabios y poderosos, los que se ríen de los que buscan estrellas que se mueven en el cielo, los que se burlan de los que adoran a los niños pobres que están en un pesebre.

…………

Basten estas peticiones para movernos, para iniciar el año poniéndonos en camino. En camino de oración, leyendo el evangelio o adorando en silencio al Niño, espejito de la gloria del Padre del cielo. En camino de servicio, organizando algo para los niños en la fiesta de los Reyes o saliendo a buscar a algún pobrecito. “Probemos hoy -decía el Papa- a pensar en algún don gratuito, sin nada a cambio, que podamos ofrecer a alguien”

………

Una reflexión partiendo de una palabra que me quedó picando: “burlar”. Burlar a los poderosos, dice Martín Descalzo. Junté burlar, no con hacer muecas o decir frases ingeniosas, sino con lo que hicieron los reyes, que simplemente “volvieron a su tierra por otro camino”.

Para ir a Jesús recibieron la ayuda de la estrella. No fue impedimento para llegar al Niño el hecho de haber pasado por la corte de Herodes con sus juegos de poder y de haber recibido información de la ciencia sin fe de los sumos sacerdotes y escribas. Pero para volver (para aplicar la gracia a la vida), tuvieron que encontrar “otro camino”.

Esto me hace pensar que Dios nos ayuda de una manera a encontrar a su Hijo y de otra a burlarnos del mal espíritu y poner en práctica su Palabra.

El Padre nos atrae a Jesús. Pone signos en el cielo, pone un imán en nuestro corazón para que la suma de todos nuestros pasos -lo sepamos o no- termine orientada a su Hijo amado.

El Espíritu ilumina los momentos, sugiere el pasito adelante que podemos dar para acercarnos a Jesús. En el evangelio, la estrella marca el rumbo a los magos: “Iba delante de ellos hasta que llegó y se detuvo en el lugar donde estaba el Niño”. La ayuda del Señor a los que se ponen en camino es constante y precisa.

Pero después, para burlar a Herodes y regresar a sus cosas, el camino es distinto. El evangelio nos dice que los Reyes, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, regresaron a su casa por otro camino. Este “otro camino” pareciera que no necesita de una guía especial. Será que uno lo tiene que descubri solo?

La inspiración que me viene a la mente es la formula de San Ignacio: el “agere contra” -el hacer lo totalmente contrario a lo que la tentación me sugiere-.

Herodes les había sugerido con sutileza que, luego de investigar bien todo lo referente al Niño, apenas lo encontraran se lo comunicaran. Ellos directamente “se volvieron por otro camino” sin ningún temor ni respeto humano por el poderoso.

La clave es, por tanto, que el camino sea “otro”.

Pero totalmente otro.

No basta con que sea “un poco distinto”.

La tentación de querer burlar a los malvados usando sus mismas técnicas o algo parecidas, es algo en lo que solemos caer por falta de discernimiento. Ignacio nos ayuda con esta fórmula límpida como una estrella en el cielo: “agere contra”. Lo digo en latín para que se nos grabe en el cielo de la memoria. Hacer contra pero no “cualquier contra” sino “lo totalmente contrario”.

Esto no es difícil descubrirlo, pero hace falta tomarse un momento de oración, hacer silencio y pedir ayuda al Espíritu Santo.

Debemos desconfiar de la primera acción en contra que se nos presenta como clara. En general, la primera reacción en contra de otro que nos ataca o nos quiere engañar, es mimética. Nos mimetizamos con el enemigo: si alguien alza la voz, la alzamos, si nos gritan, gritamos, si nos empujan, damos un codazo, si el otro se burla, ironizamos, si nos ningunea, buscamos rebajarlo… La pausa consiste en saber reconocer con buen humor que nuestra respuesta es mimética y que por tanto no es “contraria” sino funcional al enemigo. Por eso, hay que aprender de los Reyes a tomar otro camino. Es propio de un Rey, no rebajarse. Eso es tener señorío.

Algunos ejemplos, por si ayudan, teniendo en cuenta que cuando uno baja la Palabra a la realidad, arriesga a decir algo de más o algo que moleste…

A nivel país, en política, ¿qué sería lo totalmente contrario a la corrupción, por ejemplo, definida como uso sistemático del dinero público para provecho propio? La justicia, dirá alguno. Meterlos a todos en cana hasta que se pudran y que devuelvan todo lo que se robaron… Me pregunto si lo que logra eso, a lo sumo, no es equilibrar la balanza. Y no del todo, porque para los pobres que no recibieron ayuda o para las víctimas de las tragedias por el desvío de dinero, ya es tarde. Tampoco basta, aunque sea bueno y necesario, con ir tomando medidas estructurales para que en seis años mejore la cosa. Estas cosas son contrarias a la corrupción pero no son “lo totalmente contrario”. La corrupción siempre tiene un “ya”, que alguien se goza para él solo. Por eso la contra tiene que incluir -dentro de las medidas a largo plazo- también un “ya”, en el que se ayuda con dinero tan concreto como el de los bolsos de López, al más vulnerado y de un modo comunitario. Dando plata a Manos Abiertas o a El Hogar de San José, por ejemplo.

A nivel de los medios, ¿qué sería lo totalmente contrario a esa degradación de la información que padecemos en todos sus grados: desde la chabacanería más trivial a la difamación más refinada? La verdad está tan relativizada que apenas uno comienza a charlar, el tema se politiza. ¿Qué sería lo totalmente contrario a este “pensar de qué lado estás”? Facilmente se ve que es “pensar de qué lado estamos”. No es tan facil llevarlo a la práctica cuando se habla de política, pero es posible. Reveía en internet el discurso de don Ricardo Balbin ante la muerte del presidente Perón, en el que hablaba de honrar a nuestros grandes muertos (yo agrego: a todos nuestros muertos). No sirvió para detener la violencia que se desató en el país, cuyos ecos siguen resonando en nuestros discursos. Pero hace bien escuchar “al viejo adversario que despide a un amigo” para encontrar vivo el tono “totalmente contrario” al que escuchan nuestros oídos todo el día y que imprimimos a nuestras palabras haciéndonos eco y mimetizándonos con lo que pretendemos criticar.

A nivel religioso cuando siento que alguien critica sin cariño ni respeto al Papa Francisco, mi “agere contra” es repetir sonriendo lo que decía el anciano Padre Fernando Boasso SJ: “No hay que hacerse problema. Nosotros muy contentos con el Papa Francisco y al que no le gusta que se jorobe”. No es algo muy ortodoxo ni que recomiende a todos como un principio universal, pero a mí me cambia el humor, que es en lo que soy tentado (ponerme de mal humor con los que critican).

Como decía, hay que discernir bien dónde apunta la tentación (mi tentación que es distinta a la de los otros) para no salir disparado a hacer contra en cualquier lado y terminar siendo engañado.

Que nadie nos robe la gracia de adorar al niño y de darle nuestros regalos. Sobre todo el mejor regalo, el que más le agrada, el de nuestro corazón que, como el de los Reyes, quiere aprender a caminar por los senderos de Dios y a no perderse por el camino de los malvados.

Diego Fares sj

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“Jesús dijo a sus apóstoles:

El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí.

Y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mi.

El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que encuentra su vida la perderá y el que pierda su vida por mí la encontrará.

El que los recibe a ustedes me recibe a mí y el que me recibe a mí recibe a Aquel que me envió.

El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá recompensa de un profeta,

Y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá recompensa de un justo.

Les aseguro que cualquiera que dé de beber aunque sólo sea un vasito de agua fresca,

a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa” (Mt 10, 37-42).

 

Contemplación

El que pierda su vida por Mí… la encontrará!

Perder la vida por Él. Por Jesús.

Perderla por la gente, por los más pequeñitos, por los demás.

Perder la vida en esas tareas pequeñas en las que se nos puede pasar una manaña, como cuando buscamos cómo dar mejor un vasito de agua fresca a uno de sus pequeños…

El agua fresca de la canilla.

El vastio de agua de un criterio evangelico, que nos hace mirar distinto.

O el agua fresca de las parábolas, esas fuentes de agua viva.

Las parábolas del Señor estan distribuidas a lo largo de nuestra vida como las fuentes de Roma. Lo más hermoso de Roma es que de sus fuentes se pueda beber. La gente lleva en sus mochilas una pequeña botella de plástico para cargarla cuando tenga sed.

Las parábolas… Urge discernir en qué parábola estamos viviendo en el momento presente. Y también a qué parábola nos invita el Señor a ir.

El Papa Francisco nos dice que la parábola del Buen Samaritano es clave en nuestros días. A su luz debemos leer las otras. El hijo pródigo, por ejemplo, no es tanto uno que vuelve por sí mismo suscitando la indignación de su hermano mayor que reclama justicia; hoy es un hijo pródigo que Jesús nos trae porque lo encontró tirado por el camino. Uno que ni siquiera puede llegar por sí mismo a la casa del padre. Uno al que los salteadores modernos lo suben a un gomón y en medio del mar lo tiran al agua o lo dejan a la deriva para que otros lo rescaten.

Desde la parábola del Buen Samaritano hay que leer también la parábola de la invitación a la Fiesta de bodas; ese momento en que –como los invitados con derecho no vienen- el padre manda a buscar a los pobres y enfermos y los sienta a su mesa, vistiéndolos con vestido de fiesta.

Lo que quiero decir es que la parábola del Buen Samaritano da el tono a las otras y hace descubrir en ellas ese momento en el que, por pura misericordia, somos puestos en las manos del Señor, que nos cuida y repara nuestras fuerzas.

Una Iglesia samaritana quiere decir una Iglesia de discípulos que salen a actuar “fuera de su cultura” e incluso “fuera de la ley”.

La imagen potente de la Iglesia hospital de campaña es la que el Papa profetiza para discernir actitudes. Compartimos un mundo con al menos 10 millones de niños en situación de “apatridia”, que no tienen ninguna nacionalidad porque han nacido en campamentos de refugiados. Es decir: los papás de esos niños ni siquiera pueden contar con un lugar legal donde registrar sus nombre para darles documento de identidad. Por eso el Papa responde a las preguntas de los cardenales no con definiciones magisteriales sino con actitudes magisteriales. Es que “la Palabra de Dios no se muestra como una secuencia de tesis abstractas, sino como una compañera de viaje también para las familias que están en crisis” (AL 22).

Perder la vida es salir de la parábola confortable en la que estamos instalados: a veces limitamos nuestra vida cristiana a repetir dos escenas: la del hijo pródigo que se va con su parte de la herencia y –después de un tiempo- la del hijo pródigo que vuelve a confesarse; o nos instalamos en esa escena en la que el hijo mayor “no quiere entrar a la fiesta”, y se nos va la vida en alimentar algún resentimiento que no nos deja vivir.

Perder la vida hoy es buscar alguna manera de entrar en la parábola del Buen Samaritano, buscando algún lugar de apostolado, alguna manera, de ayudar a los que están tirados al borde del camino, de invitar a los que se quedaron sin trabajo aunque sea la última hora, de salir a buscar a los pobres para que entren a la fiesta…

El otro día alguien comentó en la mesa algo de los mendigos de Roma. Fue un comentario “en general”, muy razonable. Y a mí me salió comenzar a nombrar a algunos que conozco con su nombre propio: a Elíe, el discapacitado en sus piernas que anda sentado en un skate y sube y baja nuestra calle Francesco Crispi empujándose con las manos, y a Gabriella, la que tiene el mismo problema que Elíe y pide en la Fontana di Trevi, que resultó ser hermana de Elíe; y a María, la rumena que pedía frente a nuestra puerta, y a María, que es de Moldavia y que pide en el subte, a la que todos los miércoles le llevo una limosna que me dan para ella y un día me dijo que querría que todos los días fueran miércoles, pero no por la plata sino por mi visita; y de Patrizia y Assunta, las dos abuelas que viven al aire libre en Piazza Spagna… y de Constantino, el de Términi, a quien no veo hace tiempo.

Siempre digo a los que hablan de los mendigos truchos y de toda la explotación y el negocio que se esconde detrás de la mendicidad en Roma, que si no fuera por los pobres, Roma sería una disneylandia espiritual, en la que todo sería un sueño de película en el que los turistas cumplimos el deseo de ver al Papa, comer tallarines y hacernos una selfie mientras tiramos la monedita que no le damos a los mendigos en la Fontana di Trevi.

Perder la vida por Él buscando amarlo más.

Más que a un padre y a una madre –dice Jesús-, más que a un hijo o a una hija.

Esto de las comparaciones parece un perdedero de tiempo. Si estamos en la parábola del Buen Samaritano, llevando gente al hospital de campaña, a qué viene esto de Jesús de que “lo amemos más”. Si ya sabemos que “no somos dignos”, que nunca lo seremos…

Este mandamiento de amarlo más hace que resuene en el corazón el tono con que Jesús le preguntó a Simón Pedro: “¿me amas más que estos?”.

Si estamos perdiendo tiempo en la tarea de “apacentar sus corderos” y “salir a buscar a sus ovejas perdidas”, es bueno que Jesús nos pregunte si lo amamos más y nos recuerde esa otra pérdida de tiempo: la que consiste en adorarlo a Él.

“Las comparaciones son odiosas”, dice el dicho. Y es verdad, pero con una excepción: comparar las cosas (todo, también las personas y hasta la propia vida) con Jesús  sopesando a quien o a qué amamos más, no solo no es odioso sino que hace mucho bien.

La comparación tiene su trampita, porque si amamos más a Jesús apacentaremos a sus ovejas. No es que tengamos que dejar de lado a nuestros seres queridos.

Lo que pasa es que se trata de una comparación y de un más especiales: amar más es “centrarse más” en Jesús, enfocar la mirada en Él, ir directo y primero a Él.

Entonces vemos que se trata de un Jesús en movimiento.

No es que estén todos sentados a la mesa, Jesús y nuestros seres queridos, y nosotros tengamos que servirle primero a Él, haciendo esperar a los demás. Para nada! Incluso es al revés, porque en las imágenes de banquetes, el Señor dice que Él está como el que sirve (y así estará en el cielo!!).

Si nos centramos en Jesús veremos que está en salida, que pasa.

Amarlo más es cultivar la actitud de “si viene, dejo todo y lo sigo”.

El otro día una parejita de mexicanos en luna de miel decía que para ellos “Francisco es el mismo Jesús que camina entre nosotros”. Los pequeños lo captan.

El mensaje del Papa, con sus gestos de salir, de caminar, testimonia y profetiza que Jesús camina entre nosotros.

Después cada uno tendrá que sacar las consecuencias y escuchar lo que ese Jesús le dice, pero se trata de un Jesús “en camino”.

Por eso hay que mirar a dónde va y por dónde caminó y anduvo.

Para leer bien sus gestos en el presente hay que hacer memoria de dónde los hizo primero y mirar a dónde irá a hacerlos de nuevo. Yo cuando lo veo lavar los pies en la cárcel de Roma recuerdo cuando se los lavó a los huéspedes de nuestro Hogar de San José, en el 2001, y miro que ahora que irá Colombia, en Medellín, visitará uno de los “Hogares San José”, para niños desplazados por la guerra.

Todas las “críticas” a Francisco nos lo muestran “en una foto”.

Basta mirarlo en camino –de donde venía y a dónde va luego de esa foto de algo que hizo o dijo y que es objeto de comentarios, enojos e interpretaciones- para que nos vuelva la alegría al corazón.Tenemos a un Papa en cuya persona Jesús camina con nosotros.

Nos da testimonio así de que la Palabra de Dios, para entenderla bien, hay que entenderla “en camino”. Hay que dejar todo (también las propias interpretaciones) y seguirla. Como sucede con las personas, que uno no puede seguir sino a uno por vez, también sucede con la Palabra. Hay que seguir de a una por vez, aplicarla y ponerla en práctica lo mejor posible. Y seguirla cada uno como está y como es. Si uno tiene una cruz (los pecados son una cruz, una familia separada a cuestas es una cruz…) tomarla y seguirlo con ella. Los que se dedican a discutir cuestiones abstractas más que malos o equivocados son gente que está sentada: no es que no tengan razón en algunas cosas que dicen de la moral o de la tradición, lo que pasa es que no hay tiempo para quedarse a discutir con ellos. Hay mucha gente que está esperando por un vasito de agua fresca, por esa Verdad que el Espíritu da a sorbos hasta que un día, uno mismo, se bautiza en Ella.

 

 

Diego Fares sj

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cuenta ovejitas-01

El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!” Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: “El Reino de Dios está cerca de ustedes.”Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: “¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca.” Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.»

Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre.»

El les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo.»

Y en aquel momento, exultó de gozo Jesús en el Espíritu Santo (Lc 10, 1-12; 17-21).

Contemplación

“Si somos ovejas venceremos, si nos convertimos en lobos seremos vencidos” (San Juan Crisóstomo).

Quizás sólo viniendo de Asís se pueda sentir que es verdad esto de que es bueno permanecer siendo ovejitas, esto de ir armados sólo con una misión, de dar paz a la gente y anunciar el Reino con alegría.

Quizás nunca haya sido tan consolador como hoy escuchar de labios de Jesús que lo de “estar como ovejas en medio de lobos” no es una situación terrificante o inevitable sino una misión.

Que estamos en medio de lobos no hace falta que lo diga Jesús.

La imagen del lobo solitario que va cargado de explosivos nos atemoriza al entrar en cualquier aeropuerto.

Las medidas económicas de muchos gobiernos se sienten como verdaderos zarpazos que le arrebatan a la gente que vive solo de su sueldo tajadas significativas de su limitado poder adquisitivo.

Cada tanto se vuelve patente el hedor de la corrupción que muestra cómo alguno estuvo rapiñando dinero para sí y escondiéndolo, literalmente, en guaridas y cuevas.

Los voces de muchos periodistas suenan más a aullidos que a comentarios y uno escucha como gruñen sus sarcasmos ideológicos amenazando a la manada rival.

Matar indiscriminadamente, dar zarpazos, rapiñar, aullar… son todas actitudes de lobo contra las que el Señor nos previene: si nos convertimos en lobos, perdemos.

Cuáles son las actitudes de ovejitas en medio de lobos?

Hay una de la que siempre habla el Papa y es caminar. Las ovejitas tienen que caminar. Y no solas sino todas juntas, así las puede proteger el pastor.

Por eso lo de ir ligeros de equipaje, sin dinero ni mochila ni calzado extra: caminar. La imagen “ no detenerse a saludar a nadie por el camino” nos habla de la misión de caminar. Si estamos en medio de lobos, la actitud de ovejitas es caminar…

La otra actitud, que también es central en el estilo de Francisco es la de dar la paz. Los mensajes suyos son de paz. Si la persona no es digna, la paz vuelve a él. Pero él no manda mensajes de guerra. Esto de Jesús de que los suyos dicen siempre y a todos: “que la paz descienda sobre esta casa”, es clave para distinguir a un cristiano. Jesús agrega que si hay allí alguien digno de la paz, esa paz reposará sobre esa persona y si hay alguien que no es digno o la rechaza, la paz volverá a nosotros. Pero a nosotros no nos toca discernir a esta casa sí y esta no. La paz de Jesús se desea a todos y se da a todas “las casas”. Podríamos decir: a todos los pueblos, a todas las culturas, a todos los grupos –sociales, religiosos, políticos, de género, de ideas y modos de accionar- a todos.

Luego de estas dos actitudes de ovejitas, la de andar siempre caminando y caminando como los rebaños con su pastor y la de dar la paz porque un rebañito de ovejas nunca puede dar miedo o generar violencia, sino que de su vista misma y de su modo de moverse emana paz, vienen otras actitudes que el Señor señala.

Una es la de entrar en las casas y permanecer un tiempo en ellas, compartiendo la comida. Es como decir que la actitud de paz no es algo que se da de lejos sino que requiere convivir, visitar, ser recibido, compartir. En ese tiempo el Señor nos hace poner especial atención a “curar a los enfermos”. Uno ve esta dedicación en el Papa Francisco que, en medio de la gente, saludando a todos, se detiene especialmente a acariciar y abrazar a los enfermos.

En este clima de paz y de cuidado por los más débiles, viene la misión de “anunciar el Reino”. El Reino no se anuncia como un estado de cosas sino como una cercanía. El reino no se instala sino que camina con los enviados y genera ese clima de paz y de obras de misericordia. Camina, no se impone: el que lo desea tiene que “entrar” por sí mismo. Y cada día se tiene que entrar y, si uno no desea permanecer puede salir.

No es un reino con papeles, visados, scanners y muros. Es más bien un reino en marcha: no se instala en nuestro territorio sino que nos pone a nosotros en camino. Camina a paso lento, como un rebañito de ovejas. Pero no se detiene a ocupar espacios sino que siempre está en movimiento.

Jesús dice que si alguno no recibe este anuncia ni se deja cautivar por esta cercanía, la actitud más “agresiva” diríamos es “sacudirse hasta el polvo de las sandalias” y seguir camino, remarcando no obstante que “el reino está cerca”.

Esta actitud de darle para adelante, de no detenerse a discutir, es lo que a algunos les desespera, literalmente, del Papa Francisco. Se ve en la exasperación de los comentarios, en las palabras fuertes, en las frases altisonantes, en la satisfacción que manifiestan cuando creen que lo atraparon en un error “in-dis-cu-ti-ble”.

El Papa les regaló la Amoris Laetitia a las familias y las que la gozan y se alimentan de sus palabras mansas y llenas de paz familiar, son bendecidas, y las que no, se la pierden por ahora, pero sepan que “está cerca” –que la “Alegría del amor familiar” está cerca-.

A los que discuten frases y citan definiciones antiguas, el papa los deja hablando solos. Ya se puso en camino a otras periferias y está planeando nuevos anuncios evangélicos para los pequeñitos.

Este seguir para adelante es tan suave que ni siquiera se nota que se sacude el polvo de los zapatos, pero el gesto está, aunque sea tan leve como cuando una ovejita sacude las patitas. Ni siquiera aquí hay la más mínima actitud de lobo. Respecto de esas preguntas impertinentes que algunos dejan picando el aire –al estilo de “cómo puede ser que haga esto”-, alguien dijo: este papa no responde preguntas sino que las plantea. Es ese gesto tan evangélico del Señor ante toda pregunta tramposa, de pegar media vuelta e irse a otra parte, a hablar con la gente que está interesada en recibir un evangelio.

La última actitud “de ovejita” con que el Señor remacha su envío misionero hace a la manera de cantar victoria: no se alegren porque el demonio se les someta sino porque sus nombres están escritos en el cielo.

Por tanto: nada de triunfalismos ni de revanchas de ovejas que festejan como lobos.

Caminar y caminar, dar la paz, quedarse con la gente y cuidar a los enfermos, anunciar la cercanía del reino, seguir adelante sin discutir, festejar sin revanchismos… Cada una de estas actitudes genera un ámbito vital que se expande como un reino por sí mismo. Son actitudes que dilatan el corazón y abren un espacio social distinto.

Lucas corona este envío misionero diciendo una frase misteriosa: “Y en aquel momento, exultó de gozo Jesús en el Espíritu Santo”.

El Señor confirma con el gozo la misión, el enviarnos así, como a ovejitas en medio de lobos. Nada confirma más que ver no solo alegría en los ojos del que nos envió sino ver que “exulta de gozo” cuando regresamos y le contamos lo que hicimos y cómo lo hicimos.

Esa imagen de Jesús exultando de gozo en el Espíritu Santo es la imagen evangélica más poderosa del nuevo testamento. Equivale a la Transfiguración, pero ésta no es solo ante los tres grandes amigos –Pedro, Santiago y Juan- sino ante los 72 discípulos y discípulas, ante la Iglesia que sale.

Dicen algunos que no entienden nada que Jesús nunca sonríe en el evangelio. Podemos imaginar de otra manera que con su mejor sonrisa a este Jesús que exulta de gozo en el Espíritu Santo?

Esta alegría y este gozo es su única arma, la que disuelve todo temor y quita todas las ansiedades, sospechas y escrúpulos.

Y el Señor nos la regala a los discípulos y discípulas que en misión fueron como ovejitas en medio de lobos y no se contagiaron de los lobos: volvieron como ovejas al seno de su Buen Pastor.

Diego Fares sj

 

 

 

 

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