Los cinco pasos… (II) (Pascua 2 c 2022)

Aquel mismo domingo, por la tarde, estaban reunidos los discípulos en una casa con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: – (1)La paz esté con ustedes. (2)Y les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús les dijo de nuevo: –La paz esté con ustedes.

Y añadió: (3)–Como el Padre me envió a mí, así los envío yo a ustedes. Sopló sobre ellos y les dijo: –Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengan, Dios se los retendrá.

Tomás, uno del grupo de los doce, a quien llamaban «El Mellizo», no estaba con ellos cuando se les apareció Jesús. Le dijeron, pues, los demás discípulos: –Hemos visto al Señor. Tomás les contestó: –Si no veo las señales dejadas en sus manos por los clavos y meto mi dedo en ellas, si no meto mi mano en la herida abierta en su costado, no lo creeré. Ocho días después, se hallaban de nuevo reunidos en casa todos los discípulos de Jesús. Estaba también Tomás. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: –La paz esté con ustedes. Después dijo a Tomás: –(4)Acerca tu dedo y comprueba mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente.Tomás contestó: –¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: (5)–¿Crees porque me has visto? Dichosos los que creen sin haber visto. 

Jesús hizo en presencia de sus discípulos muchos más signos de los que han sido recogidos en este libro. Estos han sido escritos para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios; y para que, creyendo tengan en él vida eterna (Jn 20,19-31).

INTRODUCCIÓN

Profundizamos espiritualmente en los cinco pasos de cercanía con Jesús resucitado.

Corazone simples

Todos los y las testigos a los que el Señor elige salir al encuentro tienen una cualidad simple: son capaces de anunciar con corazón entero, sin temor, sin consideraciones teológicas, sin respeto humano, que “¡Jesús ha resucitado!” . Son capaces de dar testimonio claro y contundente: Nosotras/os “hemos visto al Señor!”. Para alguien que no tiene un lugar especial de autoridad en un grupo de pertenencia, dar este testimonio es algo fuerte, que provoca a los demás y los compromete a ellos/as.

Corazones pequeños

El Señor resucitado elige a los más pequeños dentro de la misma comunidad -las mujeres, los de Emaús, Tomás…- para ponerse en contacto con ellos, confrontarse y entrar en un diálogo inédito con estos discípulos, con los afectos, las emociones, las preguntas y alabanzas que nacen de lo más hondo del corazón de los que convivieron con Él sin tener un rol especial en la comunidad. 

¿Por qué no va directamente a Simón Pedro o a Santiago? – nos podemos preguntar.  Creo que, si nuestra respuesta la buscamos por el lado del corazón nos encaminamos bien. Las personas más simples -las que acompañaban a Jesús y lo servían, por ej.- se ve que tienen el corazón más íntegro. No tienen dividido lo que sienten de lo que piensan y deciden hacer. Por eso anuncian bien y el primer anuncio les tocó a ellas, a las discípulas.

Quedarse a adorar/salir a evangelizar

Un detalle. Mientras Jesús resucitado va realizando su tarea de evangelizar a todo su rebaño, comenzando por los más pequeños, que son tan testigos como los demás, se van armando una gran comunidad (3.000 personas luego de la primera salida de Pedro a predicar; luego 5.000). 

Y se notan como dos puntos fuertes en la organización de la vida: 

uno es el deseo de adorar al resucitado (irresistible) centrando todo el AT (especialmente los Salmos) en torno a Jesús resucitado. Este trabajo se ve en las oraciones que van estructurando la vida de una comunidad que se volvió grande de repente. 

El otro punto fuerte es el de salir evangelizar. Adorar, sí, pero caminando, saliendo a anunciar. El papa Francisco nos insiste en que, sin dejar la adoración, es clave que la Iglesia salga. Nos invita a encontrar, a ver el rastro de Jesús en la gente, nos impulsa a salir a las otras culturas y a los otros pueblos para allí hacer experiencia de encontrarnos con el resucitado. Para el Papa, la experiencia de Jesús resucitado se da de manera privilegiada cuando leemos contemplativamente el Evangelio, dándole tiempo a la narración. ¿Un paso de cercanía con Jesús? Sentir y gustar su evangelio, dejando que alguna frase nos toque el corazón, para de ahí “conversar con el Señor” (rezar, rezar…. el quinto punto).

Cuando trabajamos por mejorar el culto de adoración y estudiamos el evangelio haciendo “teología” es como si estuviéramos más protegidos que cuando salimos. Sin embargo, cuando salimos a anunciar a Cristo resucitado el Espíritu nos cuida y nos dice lo que tenemos que decir; por tanto, podemos estar abiertos atodas las sorpresas, que seguramente vendrán, sin temor alguno.

El Jesús que se nos acerca por el camino o se presenta en nuestras reuniones (sinodales) nos hace arder el corazón. Este Señor invita al encuentro en medio de la misión, a hacer experiencia de lo que es Él, resucitadoe interactuando con su pueblo, en esa mezcla rara y linda que produce la Escritura cuando iluminamos con ella nuestra vida y la vida de la gente. El Espíritu que el Señor “efundió” ya está actuando en todos los pueblos; obra en ellos, en sus cultos y modos de expresar la fe, en la solidaridad de la gente buena.

PASOS

I. Dejarnos alegrar por su alegría (gesto lindo de amistad con Él)

El gesto más lindo para con el Señor resucitado es dejarnos alegrar por Él. Podemos decir al Padre en su Nombre: 

Padre, danos la gracia de alegrarnos de tanta alegría y gozo de Jesús resucitado. 

Le podemos pedir de corazón

“Padre, danos tener los mismos sentimientos de Jesús: los que son propios de su “oficio de consolar” a sus amigos (EE )”.

Consolar a sus amigos, como dice Ignacio en los EE, es importante para entrar de lleno en el terreno de la amistad con Jesús y poder centrarnos en su Palabra con estos sentimientos de consolación y gozo porque Él -Jesús- está consolado y lleno del gozo de la resurrección y de la Gloria del Padre. Alegrarnos por la alegría de un amigo y vivirla como propia es algo que se da en el amor de amistad. 

También puede ser algo lindo alegrarnos por la alegría de la gente, del pueblo de Dios. Contarle al Señor alguna alegría que hayamos visto en los ojos de su gente, esto es algo que le alegra a Jesús, porque forma parte de su oficio y le hace sentir que lo compartimos.

El primer paso de cercanía al Señor, como vemos debe ser narrativo no abstracto (reflexión teológica) o meramente cultual. Hay que contarle alguna cosa, al Señor (me gusta esta frase, tento esta duda…), hay que escuchar al Señor o a los testigos que dialogan en el evangelio o en el libro de los Hechos. Esto permite que en medio de la narración se haga presente el Señor resucitado a quien primero no habíamos notado. Suele hacerlo humildemente, con alguna lucecita que ilumina una situación o una frase que conmueve y nos lleva a realizar alguna obra de misericordia.

II. Ver las llagas (¡pero verlas!) (lo esencial)

Ir a lo esencial. En este evangelio de hoy, lo esencial son las llagas que el Señor se quiso llevar consigo para siempre. Mostrar las llagas va junto con el gesto de dar la paz. Es esencial a un discípulo misionero ser una persona pacificada. Uno consolado que sale a consolar y a pacificar. Donde no nos reciben, sacudimos el polvo de la sandalia y nos vamos a otro lado donde sí nos reciban. No andamos buscando conflictos porque sí. 

A los discípulos los pacifica ver las llagas porque confirman que el que tienen delante es el mismo Jesús que convivió con ellos y que fue crucificado. Es un misterio desde e punto de vista de la ciencia cómo es la realidad del cuerpo del Señor resucitado. Pero sí estamos cieros de sus llagas: por ellas fuimos curados, en ellas se expresa que nos amó hasta el extremo, en ellas está la indicación a ir a busca a los otros llagados.

III. Salir a perdonar

El tercer paso aquí es el envío. El Señor quiere que salgamos, que vayamos a perdonar guiados por el Espíritu Santo. El Señor lo centra todo en “perdonar/retener los pecados. No es que sea “lo único que hace el Espíritu”, sino que ese perdón abre la fuente del amor en el corazón y así, sintiéndose perdonada, la persona se convierte en perdonadora.

Buscar las llagas del Señor en sus pueblos, esa es la tarea a la que nos envía el resucitado. 

IV.  Discernir la ideología de Tomás (el enemigo principal)

El “saduce”, el enemigo y la tentación principal tienen aquí, en Tomás, al protagonista (otras veces el tentado será Pedro o alguno de los otros discípulos). Su tentación está en no creer en el anuncio de la resurrección tal como se lo testimonia la comunidad. El tiene su paradigma mental y solo dentro de esas ideas puede “ver” a Jesús. Si no no sabe lo que ve o o que siente. La tentación de protagonizar él (demasiado) sin embargo, no lo aleja de Jesús que le acepta la condición ya que precisamente a eso ha venido él: a mostrar sus llagas. Todo el esquema mental de Tomás se disuelve con la sola presencia del Señor que lo mira a los ojos. 

V. Rezar sin ver, desde la síntesis del corazón

Rezar, rezar, rezar. En la oración se hace efectiva la bienaventuranza: Dichosos los que creen sin haber visto. Esta bienaventuranza es una clave para rezar. Tenemos que rezar sin pretender “verlo” al Señor. Esto nos lleva a nuestro corazón como lugar de síntesis, capaz de poner en comunicación de amor a dos personas sin necesidad de pruebas o experimentos. Solo el corazón es capaz de “hacer un acto de confianza sin haber visto”. Nuestra mente y nuestros sentidos están atados a su objeto y “necesitan” ver, tocar… Pero al resucitado no se lo “capta” así, sino con esa síntesis perceptiva de la que solo es capaz el corazón. 

Recordemos que nuestro corazón “no está del todo hecho”, no es como la vista, que tiene su objeto -formas y colores- desde el primer momento. Nuestro corazón se va haciendo en la medida en que “elige” amar su objeto (que siempre es personal). Se va dilatando o achicando según elijamos bien o mal, hasta alcanzar su medida. En Jesús nuestro corazón encuentra “su objeto propio”. Decimos objeto, pero se trata de una Persona, que viene a habitar en nuestro corazón y lo hace consolidarse, unificando carisma y personalidad. Con ese corazón “de carne nueva, espiritual” podemos escuchar a Jesús, como nos manda el Padre, y seguirlo, guiados por el Espíritu.

Diego Fares sj