Sembrar Reino, cosechar Reino (11 B 2021)

En aquel tiempo decía también Jesús a la gente…
Sucede con el reino de Dios como con un labrador que hecha semilla en la tierra; duerma o se
levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto
automáticamente: primero los tallitos de hierba, luego la espiga, después el trigo pleno en la espiga y
cuando el fruto está a punto se mete la hoz porque ha llegado la siega.
Decía también: ¿a qué compararemos el reino de Dios o con qué parábola lo expresaremos? Con el
reino sucede como con un grano de mostazas que cuando se siembra en la tierra es más pequeño que
cualquier semilla que se siembra en la tierra, pero una vez sembrado crece y se hace mayor que todas
las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo pueden anidar a su sombra.
Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, acomodándose a su capacidad de
entender y no les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo
cuando estaban entre ellos (Mc 4, 26-33).

Contemplación

Sucede con el Reino de Dios como sucede con un hombre que siembra y que, cuando llega el momento, cosecha. El Reino, como la semilla, crece por sí solo. Pero se necesita uno que siembre y que coseche.

Es decir: se nos ha regalado algo valioso, una semilla que da fruto. Nos toca discernir cuándo y en qué terreno sembrarla y estar atentos al tiempo de la cosecha.

A qué se opone esta imagen del labrador que interactúa con la semilla y hace alianza con la tierra? Diría que este labrador es lo contrario de un mero consumidor. Es una persona que trabaja y que hace su parte. Sus expectativas son humildes y reales: conoce qué semilla ha sembrado y cuál será el fruto que cosechará. Si lo que ha sembrado es un granito de mostaza, se sorprenderá al ver cómo crece tanto la planta y cómo los pajaritos hacen en ella nido, pero sabe que cosechará mostaza.

Para nosotros, el fruto del trabajo, es el dinero. El dinero que nos permite comprar cualquier otro “fruto” que deseemos. Pero esta relación no sirve para comprender cómo funciona el Reino. En el Reino el Señor multiplica los frutos de la semilla concreta que sembramos, no hay ninguna “moneda” abstracta que se meta en medio. Es importante comprender bien este mecanismo, esta dinámica que Jesús pone como analogía de lo que sucede con su Reino. Sembramos misericordia, cosechamos misericordia (centuplicada). Pero se trata siempre y solo de misericordia. No es que cosechemos alguna “moneda” que se pueda intercambiar con cualquier cosa. No es que si sembrás misericordia cosecharás riquezas, como quieren las teologías de la prosperidad. O tendrás un seguro contra las desgracias y las enfermedades. El que es misericordioso obtendrá misericordia. Al que perdona los pecados y repara lo que otros dañan, se le perdonarán sus pecados y el Señor reparará lo que él no logre hacer del todo bien.

Si sembrás oración, cosecharás oración. Una oración más sólida y perseverante, más inclusiva y sincera, pero siempre oración. No es que si rezás Dios te dará otros “productos”. La oración no es una moneda. Es en primer lugar gratuita adoración y generosa intercesión por los demás, que te pone necesariamente en la fila de los que necesitan, como uno más. No te da privilegios, salvo el de ir rezando más de corazón cada día y de ir haciendo más íntima y comprometida tu relación con el Señor, que te permite colaborar más conscientemente con Él en su plan de salvación.

Si sembrás la Palabra de Dios, enseñando el catecismo, predicando el evangelio y dando testimonio de los frutos de esa Palabra cuando la encarnás en tu vida, cosecharás que Jesús mismo te “explique todo” personalmente y te haga crecer en tu capacidad de interpretar la vida a la luz de las parábolas y no a la luz de las ideologías de moda.

Si sembrás tu semilla -la del carisma que el Espíritu te da de manera especial a vos- cosecharás el poder apreciar las semillas-carismas que el Espíritu le da a los demás y te convertirás cada día más en una persona colaborativa con los demás, todo lo contrario del individualista multitasking que cree poder ser autosuficiente.

Bueno, el fruto de las parábolas de hoy, ha ido por este lado: el de caer en la cuenta de cómo el paradigma individualista, consumista y monetarizado en el que pensamos y nos movemos no nos ayuda a comprender la dinámica de la comparación que hace Jesús. Quizás es esto lo que no nos permite “ver” las semillas del Reino que el Espíritu nos regala abundantemente para que sembremos y a no gustar los frutos de esa cosecha abundante que nos rodea en la Iglesia gracias a lo que sembraron y siembran tantos hermanos y hermanas nuestras que tienen una imagen más sencilla de sí mismos, como los que vemos en las imágenes que compartimos en esta contemplación.

Si nos miramos como simples sembradores y cosechadores de las semillas y frutos concretos del Reino se nos aclararán muchas cosas de Jesús que ahora no vemos ni gustamos al vivir y actuar como consumidores dispersos de todos esos bienes, muchos tan insustanciales, con que nos distrae el mundo de hoy.

Diego Fares sj

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