Estar “pre-venidos” o “con las cosas rezadas” (1 B Adviento 2020)

En aquél tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:

«Tengan cuidado y estén despiertos, prevenidos,

porque no saben cuándo llegará el momento oportuno.

Será como un hombre que se va de viaje,

deja su casa al cuidado de sus servidores,

asigna a cada uno su tarea,

y recomienda al portero que permanezca en vela.

Estén prevenidos, entonces,

porque no saben cuándo llegará el dueño de casa,

si al atardecer,

a medianoche,

al canto del gallo

o por la mañana.

No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos.

Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén despiertos, prevenidos!» (Mc 13, 33-37).

Contemplación

Comenzamos el adviento con esta exhortación de Jesús a a velar a estar despiertos y me gusta la traducción que dice: “estar prevenidos”. Prevenidos o “pre-idos”, en el sentido de estar no solo con la valija lista, disponibles para lo que el Señor pida, sino en el sentido de “haber ido y vuelto ya en la oración”.

En este tiempo de enfermedad me ha tocado estar atento y con todo preparado para cuando me llaman del hospital. Acá en la salud pública italiana, cuando uno pregunta por alguna fecha para una operación o un tratamiento te dicen simplemente: Nosotros lo llamaremos.

Al comienzo cuesta, porque parece que no te van a llamar nunca. Pero después de varias veces en que uno constata que sí te llaman, aprendés a confiar.

Hoy por ejemplo, tuve cita con la oncóloga y con todo el equipo que me trata y  me dijeron que el tratamiento monoclonal (o algo así) podía esperar un poco y que preferían primero fijar con un clavo el brazo. Yo ya estaba preparado para esto desde hace tiempo y cuando pregunté por la fecha me dijeron que en una semana o 10 días. Le pedí al doctor si podía adelantar algo la operación y me dijo que tenía varios pacientes antes… Así que le dije: “Estoy en sus manos”.

Al volver a casa me fui a rezar a la capilla y le dije muy cortito a San José: “Ayúdame. Estoy cansado”. Por un lado estaba contento de que vamos dando pasos, pero por otro sentía que el cansancio me estaba llevando a bloquearme en vez de hablar con el Señor como al comienzo, en que cada paso, lo llevaba a un rato tranquilo de oración.

En la pieza le recé a Bernardita, la Sierva de Dios de las Pobres Bonaerenses a la que le he encomendado el brazo. Y enderecé la estampita que había quedado medio caiducha en la mesa. Comencé a llamar a mis superiores diciendo lo que me habían dicho y no alcancé a hacer dos llamadas que ya vino Paolo a decirme que había llamado el doctor preguntando por mi disponibilidad. Que si podía hacer el hisopado en casa e internarme mañana sábado me operaría el lunes. Por supuesto que ahí mismo dijimos que sí y preparamos todo.

Lo que quería testimoniar es que esto de que estar preparados y prevenidos es rezar. Rezar, como decía, en el sentido de haber ya ido y vuelto en la oración y charlado con el Señor acerca de las cosas en las que estamos embarcados.

Como yo sentía que en esta última semana me había cansado y más que rezar trataba de distraerme un poco, le dije al Señor con mucha sinceridad:  “ayudame porque no me da ni para rezar”.

No se trata de que Dios haga milagros o de que todo salga bien, como decimos hoy en día, sino de crecer en la confianza mutua con Jesús y sus santas y santos, tanto en las cosas que salen bien como en las que no salen tan bien por el momento.

Se ve que esta oración, que fue bien sincera, le gustó, porque me respondió ahí mismo mostrando su gran poder. Ha sido una constante en este tiempo la experiencia de que cuando llego a mi límite y lo charlo simplemente con el Señor, Él me hace sentir todo su poder y lo “toca” a alguno para que se despierte y me de una mano. Y esta mezcla de mi límite – de mi medida potencia, como dice Ignacio en la “Contemplación para cosechar amor” -, y de su omnipotencia, me hace crecer en la fe, que en definitiva es lo que me importa.

A mí lo que me da confianza es sentir que el Señor es el que conduce mi historia, tanto interior como exteriormente, y que Él prepara todas las cosas para bien: mi bien último y más grande que es ganar la amistad de Jesus, dejarme salvar por Él y dar un testimonio que ayude a la fe y al bien de los demás.

Diego Fares sj

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