Los co-servidores: los testigos de la Misericordia que no dejan pasar una injusticia a los más pequeños (24 A 2020)

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“Pedro se acercó entonces y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?» 

Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.» 

“Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: «Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.» Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: «Paga lo que debes.» Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: «Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.» Pero él no quiso, sino que fue y le metió en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. 

Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. 

Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: «Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?». Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. 

Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.» (Mt 18, 21-35).

Contemplación

En las parábolas hay que estar atentos a los detalles especiales. En esta, me llama a la atención el papel que Jesús le da a los «compañeros» o «co-servidores». La palabra que usa -syndoulos- nombra a los que sirven al mismo Rey o Señor y esto los hace pares entre sí. Son co-servidores con los otros dos, con el que fue perdonado tan generosamente y con aquel a quien éste no perdonó su pequeña deuda. 

Simón Pedro pregunta por el perdón a un hermano -adelfos- y al final de la parábola Jesús retoma la expresión y dice que nuestro Padre del cielo hará con nosotros como hizo el rey con el servidor qué no tuvo compasión: si no perdonamos de corazón a nuestros hermanos nos hará pagar todo lo que debemos. Este es el corazón de la enseñanza, lo esencial. Es lo que Jesús nos enseña en el Padre nuestro. Pero en el medio Jesús crea esta parábola, lo cual significa que quiere decirnos algo más y que ese plus requiere que nos metamos en la narración, como hay que hacer con las parábolas. Es como si Jesús no quisiera responder a la cuestión numérica, al «caso» que le plantea Simon, sino hacernos juzgar las cosas por nosotros mismos. 

Salta a la vista que los co-servidores o compañeros juegan un rol protagónico: son los testigos y los que denuncian. Nos identificamos, pues, con ellos, a ver qué pasa. 

Ellos ven las dos situaciones: asisten al perdón del rey a su co-servidor que debía 10.000 talentos -una suma impagable ya que estamos hablando de 343.000 kg de oro) y asisten luego, inmediatamente, a la falta de compasión de este agraciado-desgraciado para con otro co-servidor que le debe 100 denarios (unos tres meses de sueldo). 

Son estos co-servidores fieles y justos los que van a decirle al Rey lo que ha sucedido. Denuncian al que no tuvo compasión. No dejan pasar esta injusticia. No dicen «es cosa de ellos», «andá a saber cómo será la cosa», «si ya pasado otras veces…». Todas esas cosas que uno se dice cuando pasa de largo ante uno que acogota a otro o lo manda a la cárcel. Cosas que necesitamos decirnos para no meternos. 

Y aquí cobra valor la primera parte de la parábola. Porque estos co-servidores han asistido al perdón que su Rey otorgó tan compasivamente al siervo que le suplicó. Por eso, porque han sido testigos de una compasión tan grande, es que no pueden hacerse los distraídos ante una injusticia, por pequeña que parezca.

Si nos centramos en la figura de estos testigos, tanto de la misericordia como de la injusticia, encontramos nuestro lugar: el lugar justo para discernir y juzgar lo que Pedro le preguntó al Señor. Y qué es lo que le había preguntado? Desde la perspectiva que hemos adoptado las palabras de Pedro adquieren un significado particular. Pedro usa el verbo «afiemi», que significa perdonar y que tiene el matiz de «dejar pasar». Nosotros usamos a veces esta expresión de «dejar pasar algo» para decir que perdonamos algo. Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces debo » dejar ir a mi hermano sin intervenir, sin cobrarle». 

Esto de aprovechar las palabras que uno usa para decir algo más hondo es muy de Jesús. Es como si Jesús pescara algo que no le gustó en la expresión que Pedro usa para perdonar. Se trata de algo en lo que el Papa insiste mucho, eso que llama la globalización de la indiferencia, el «mirar para otro lado». 

Lo que yo saco es que, por mi parte debo perdonar de corazón, 70 veces siete, las ofensas que me hace mi hermano; pero por otra parte no debo dejar pasar las injusticias que un co-servidor más grande le hace a otro co-servidor más pequeño. 

Así ilumina Jesús las relaciones fundamentales de nuestra vida: nuestra relación con Dios nuestro Padre, que es la de suplicar y recibir su Misericordia infinita; la relación con nuestros hermanos -para nosotros todos los hombres son nuestros hermanos-, con quienes nuestro perdón tiene que ser de corazón; y nuestra relación con todos los co-servidores, palabra fundamental para sentirnos pares en humanidad con todos los hombres de cualquier edad, raza, religión y condición social. Aquí las relación básica es la de la justicia: la de no dejar pasar las injusticias que se cometen a los más pequeños y las de denunciarlas. Denunciarla ante Dios con nuestra intercesión, y denunciarlas a los que pueden poner remedio humanamente mediante la política, la ley y la justicia.

Diego Fares sj