Como un hilo de silencio sonoro resuena la voz del Padre en el desierto (Cuaresma 1 A 2020)

La payunia -Malargüe- Mendoza 

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre.  Y acercándose el tentador, le dijo: « Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. » Pero él respondió: « Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. » 

Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, y le dice: « Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: ‘A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna’. » Jesús le dijo: « También está escrito: ‘No tentarás al Señor tu Dios’. » Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria,  y le dice: «Todo esto te daré si postrándote me adoras. »  Le dice entonces Jesús: « Apártate, Satanás, porque está escrito: ‘Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto’. » Entonces el diablo le dejó. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían (Mt 4, 1-11).

Contemplación

Desierto de La Payunia

            Cada uno tiene su imagen de desierto preferida. A mí más que los desiertos con dunas y camellos me gustan los desiertos como el de la montaña en la que el Señor le habló a Elías en la brisa suave – “un hilo de silencio sonoro” es la traducción que le gusta al Papa-. Prefiero los desiertos con piedras y guanacos, como este de la pampa negra, el desierto volcánico del sur de Mendoza, cuyas imágenes descubro estando lejos.

Escuchar el hilo de silencio sonoro

El desierto es lugar de intimidad. La soledad y la inmensidad del paisaje hacen sentir la propia alma, mantener atento el oído a ese “hilo de silencio sonoro” que es la Voz del Padre. Allí, en el desierto al que el Espíritu lo ha conducido, el Señor nos enseña que la Voz del Padre no la escuchamos como un discurso directo, sino como un silencio en el que se hace presente una palabra de la Escritura con la que el Señor responde a una tentación del maligno. Es decir: a Dios se lo escucha en el reflejo de otras voces.

De hecho, en todo el Evangelio, el Padre habla directamente solo para decir una frase: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. Escúchenlo!”.

Y en las enseñanzas de Jesús resuena, hondo y bajito, la Voz del Padre: “Mi palabra no es mía, sino del Padre que me envió” (Jn 7, 16). 

Una palabra que hay que discernir

Cuál sea esa Palabra del Padre para nosotros en cada momento de nuestra vida, eso es lo que Jesús nos enseña a discernir. Y lo hace en las distintas situaciones que vive, en medio de sus diálogos con la gente, haciendo siempre referencia a las palabras de la Escritura que contienen el diálogo de Dios con su pueblo a lo largo de la historia de salvación. 

Pedro tomado como ejemplo

Una escena paradigmática la encontramos en la confesión de fe de Pedro. Jesús le hizo ver, para ejemplo de todos, cómo en un momento discirnió bien, cuando dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt 16, 16), y cómo unos minutos después discirnió mal, cuando dijo: “No lo permita Dios, Señor. Eso nunca te sucederá”. La primera vez hizo suya la frase que el Padre le revelaba en su interior; la segunda vez, en cambio, hizo suya una frase del mal espíritu. El primer discernimiento, el Señor se lo confirmó con una bienaventuranza; el segundo, se lo rechazó con vehemencia: No piensas las cosas con el criterio de Dios sino con los criterios de los hombres (cfr. Mt 16, 23). 

Pensar como Jesús, usando los criterios del Padre

En las tentaciones en el desierto Jesús se resume toda la enseñanza del Señor acerca de este modo de pensar con los criterios de Dios. Digamos que más que un modo de pensar es un modo de dialogar interiormente. San Ignacio explica que este diálogo interior tiene un presupuesto: “Presupongo que existen tres pensamientos en mí, a saber, uno propio mío, el cual sale de mi mera libertad y querer; y otros dos, que vienen de fuera (de mi libertad y querer): el uno que viene del buen espíritu y el otro del malo” (EE 32).

Confrontar pensamientos

Lo que me quiere decir el Padre lo encontraré no ya formulado sino confrontando estos pensamientos o voces. Esto es lo que se llama “discernir” la voluntad de Dios. Implica dar tres pasos: “reconocer” sin miedo lo que uno siente, “interpretar” con la ayuda del evangelio y de una persona espiritual, lo que es de Dios y lo que no ; y “elegir” lo de Dios, poniéndolo en práctica y resistiendo lo que lo contradice.

 La primera tentación de Jesús

La primera frase del tentador es: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. » Jesús responde con el Deuteronomio (8, 3): «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».

Nos quedamos en esta primera tentación y hacemos algunas reflexiones para sacar provecho de la contemplación, como invita Ignacio.

 Discernir la persona del tentador más que sus frases

Jesús discierne la persona antes que las palabras: discierne que se trata del Tentador y lo discierne de entrada, en la primera frase que el maligno dice sobre el pan. Cómo hace? Es olfato. Un olfato para oler al apestoso que el Padre da a todo el que se lo pide como hijo. Junto con el don de percibir al Espíritu Santo (si no se lo percibe y si no se entiende su enseñanza, qué sentido tendría que nos lo diera como don y que el Espíritu nos enseñara toda la verdad!) viene el don de oler al mal espíritu (cfr Lc, 11, 13). Jesús aquí lo pesca al vuelo en su intento burdo de mezclar su hambre legítima – su fragilidad- con una propuesta de salida fácil e indigna. 

Desconfiar del primer impulso

El Papa Francisco tiene una frase que ayuda en este punto del discernimiento: “Siempre desconfío de mi primera reacción -expresó en la entrevista que le hizo Spadaro-. Suele ser tentada.” Este “ya saber” que la primera reacción es probable que sea tentada es el inicio del amor al discernimiento. Como que uno ya va al desierto preparado para ser tentado, listo para ver cuál será la primera cosa que nos va a proponer el mal espíritu, sabiendo que se apoyará en nuestro parte débil, en nuestra fragilidad y que la envenenará con sus falacias insidiosas.

Al Padre se lo escucha por contraste

La Voz del Padre la escucharemos por contraste con esta primera voz del tentador. Reconoceremos el modo de hablar del mal espíritu en la duda de fondo que mete como haciéndose el tonto –“si eres hijo de Dios…”-, y que nos incita a utilizar nuestro poder en beneficio propio, cambiando la naturaleza de las cosas. Jesús responderá magistralmente mostrando que el pan en su esencia es don, no conquista, y que hay además un pan superior: toda Palabra que sale de la boca de Dios. La frase del tentador le dió pie a Jesús para expresar toda la doctrina. Y no solo con palabras, sino convirtiéndose Él mismo en Pan eucarístico. En una sola frase Jesús nos dice todo y se nos da entero: Él es la Palabra que sale de la boca del Padre que se convierte en Pan para saciar todas nuestras hambres. 

Basta hacer un poquito de desierto…

Bastará en esta cuaresma hacernos un huequito de desierto, para que afloren inmediatamente nuestras necesidades de “pan”(cada sentido y cada pasión desea su pan) y para que el mal espíritu meta su frase, esa que nos tienta a convertir el momento en algo gratificante en vez de pedir como pobres que el don de la gratificación nos venga de manos de nuestro Padre.

En Jesús el Padre habla aconsejando más que mandando

En Jesús Dios no nos habla “prohibiendo” los panes que hambrean nuestros deseos. Las prohibiciones de Dios -sus mandamientos- son el límite último que pone a la exasperación de esos deseos, cuando se transforman en algo que daña a los otros y a nosotros mismos. Pero en Jesús el Padre nos habla más bien “aconsejando”: te aconsejo, le dice a la adúltera, que de ahora en adelante no peques más. Sólo alguien que ha experimentado la adicción, la violencia y la esclavitud a la que su pecado la ha llevado, como es el caso de un adicto o una prostituta, puede sentir en el tono amoroso del consejo algo más potente que una prohibición. Es la voz del Padre que le dice, si pecás de nuevo, te perdonaré setenta veces siete, pero te aconsejo que no peques porque te hace mal, porque vos misma no querés eso. 

El consejo es una voz amiga que se suma a la tuya y no una voz externa que se te impone. Escuchando al Señor resuena su “no solo… sino…” -no solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”. En las cosas más humanas, en lo que hace al pan, a nuestras necesidades y deseos, el lenguaje del Señor es alternativo no impositivo. Lo reconocemos por su tono: allí donde el tentador maltrata nuestra humanidad “imperando” que sigamos nuestras pasiones, que utilicemos nuestro poder para satisfacer nuestras necesidades, el Señor nos habla de otra manera, sin imponer nada, mostrando que no solo somos pasiones, sino que nuestro deseo busca bienes más altos también.

Diego Fares sj

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