Dichoso el que no se escandalice de mí (Adviento 3 A 2019)

En aquel tiempo, Juan, que en la cárcel había tenido noticia de las obras de Cristo, envió a preguntarle por mediación de sus discípulos: ¿Eres tú el que va a venir, o esperamos a otro?

Y Jesús les respondió: Id y anunciadle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Y dichoso el que no se escandalice de mí.

Cuando ellos se fueron, Jesús se puso a hablar de Juan a la multitud: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre vestido con finos ropajes? Daos cuenta de que los que llevan finos ropajes se encuentran en los palacios reales. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os lo aseguro, y más que un profeta. Este es de quien está escrito: “Mira que yo envío a mi mensajero delante de ti, para que vaya preparándote el camino”. En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.

Contemplación

“Alégrense!” Así dice el Introito al tercer Domingo de Adviento -el domingo de “gaudete”, el domingo de la alegría. Se trata de una alegría en medio de la lucha de la vida, no de esas “alegrías-en-burbuja” que nos vende el mundo de hoy, en el que para divertirse hay que encerrarse de modo de no ver a la gente que sufre. La alegría de Jesús -porque Èl es la fuente de nuestra alegría- es una alegría evangelizadora, la alegría de compartir la Buena Noticia con los pobres. Ante la pregunta de Juan el Bautista, que está en la cárcel, la respuesta de Jesús, haciendo ver a los que envió su primo que los pobres son evangelizados, bien podría sintetizarte en lo que el Papa Francisco nos dice a todos en Evangelii gaudium: “¡No nos dejemos (no te dejes, Juan) robar la alegría evangelizadora!” (EG 83). 

La frase del Señor es “dichoso el que no se escandaliza de mí”. En nuestro mundo tejido por la publicidad la fábrica de escándalos está siempre activa y descorazona a la gente sencilla con noticias permanentemente escandalosas. Más allá de que contengan verdades, el mecanismo es perverso. Decía la Madre Teresa: “No permitan que ninguna cosa los llene de tristeza”. Una vez charlando con el Papa Francisco acerca de una serie de noticias malas y de gente que daba y sembraba escándalos, le pregunté cómo hacía para no perder esa paz tan linda que tiene y transmite. “Hay que consolarse con los buenos”, me dijo. No es trata de negar lo malo sino de combatir el mal con el bien, y siempre hay ejemplos de gente buena, especialmente la más pequeña, que si uno fija en ellos la mirada, hacen que el corazón se llene de alegría. Con esa alegría dentro, con el corazón rebosante del bien que hace alguna persona buena, uno enfrenta las noticias escandalosas con otro espíritu.

Hay que saber discernir. El mal espíritu te dice cosas como: “no te podés alegrar si pasa esto (en la iglesia, en el país, a tu alrededor…)”. Sí que me puedo alegrar! Puedo beber de las tres fuentes de la Alegría: la fuente que es Jesús, que me alegra porque siempre “está cerca”; la segunda fuente, en la que se derrama Jesús, y que es la fuente de la esperanza: el Señor me alegra haciéndome “esperarlo”; y la tercer fuente, que es pequeñita, la fuente que son los pobres, las personas más humildes que me encuentro durante el día. Ellos son la fuente – la única fuente- de la que puede beber un sorbo de alegría, un hálito del Espíritu de Alegría. Las otras dos fuentes son las que proveen el agua viva, son la vertiente y el manantial. Pero la botellita con mi alegría para el momento, solo la distribuyen los pobres, los pequeños. Debo recibirla gratuitamente, como limosna de alegría. No es la Alegría de Dios una alegría que pueda comprar para almacenar. Esto es importante: mi ración de alegría para hoy no la tengo yo sino que la tienen otros: la tiene esa persona a la que me será dado acercarme en nombre de Jesús. Para recibir de ella, como discípulo, el sorbo bendito de alguna verdad con que el Maestro me quiere evangelizar o para brindarle mi caricia y ayuda como buen samaritano socorriéndola con misericordia en alguna necesidad que tenga. La alegría de Jesús para  mí está en las manos y en los ojos de los otros y es para que a través de mis manos y de mi mirada llegue a otros.

No hay mucho más que decir, sino exhortarnos mutuamente a salir a buscar y a dar la ración de alegría que el Señor quiere darnos y que repartamos, entre la gente, en medio de nuestra vida.

Solo una ayuda, una clave para ayudar a despertar el sentido del discernimiento espiritual. Hemos dicho que la frase central es “Dichoso el que no se escandaliza de mí”. Para mostrar lo que quiero decir tengo que usar varias frases.

1. La alegría evangelizadora tiene como enemigo principal al escándalo.

2. Un dato del lenguaje:  cuando los medios hablan de escándalos suelen usar expresiones como “un escándalo de proporciones”. Esta es la palabra “proporciones”. Luego agregan “grandes”, mayores, y hasta “siderales”. 

3. Lo que queda “sugerido” es que “hay mucho más de lo que se ve”. De hecho esto es propiamente lo dañino del escándalo: se trata de un mal cuya dinámica es expansiva, no queda encerrado en un hecho o en un responsable, sino que lo “cualitativamente corrupto» que contiene corrompe todo lo que toca y va más allá.  

4. El Señor opone a la fuerza del escándalo la fuerza de la alegría evangelizadora. Ella tiene esa dinámica que el escándalo trata de imitar: la alegría evangelizadora es cualitativamente inmaculada, incorruptible y contagiosa. Y a partir de los pequeños a los que llega con su misericordia y su alegre anuncio que da esperanza, se expande a toda la gente y a toda la creación. Jesús dice a los enviados de Juan:  “los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio”. Se trata de personas concretas a las que el Señor sanó y predicó el Evangelio. Y al ver lo que Dios es capaz de realizar en una persona, todos recibimos la gracia de creer que Dios puede hacer maravillas en nuestra vida. La dinámica expansiva parece la misma, solo que la dinámica del escándalo es “parásita” y por eso “un escándalo reemplaza a otro”. En cambio la dinámica de la alegría se sustenta por sí misma y no se pierde ni es reemplazada sino que se suma positivamente y crece de verdad en cada uno que la recibe. Es una alegría que nadie nos puede quitar ni robar (salvo que por falta de discernimiento dejemos que nos la escamoteen en el momento presente). 

5. El Señor muestra este “realidad” de la alegría que él trae con un juego en el que invierte las proporciones: dice que Juan es el más grande de los profetas y luego dice que el más pequeño en el Reino es más grande que él. Cómo es esto? Es que todo se centra en la Persona de Jesús: Él es el que da las verdaderas proporciones a todo! Juan es el más grande de los profetas porque lo tuvo más cerca a Él. Y el más pequeño en el reino es más grande que Juan porque recibirá más beneficios de la cercanía de Cristo muerto y resucitado. La dinámica que hace crecer es la de la Alegría que da Cristo, en sí misma plena y desbordante, Alegría que hace grande al pequeñito que se deja evangelizar por ella.

Diego Fares sj