Engordar las raíces (Bautismo del Señor C 2016)

 

 ARBOL_RAICES

Estando el pueblo expectante

todos se preguntaban en su corazón acerca de Juan,

si no sería el Mesías -el Cristo-,

respondió Juan diciendo a todos:

«Yo los bautizo a ustedes en agua;

pero viene el que es más fuerte que yo,

al cual yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias;

Él los bautizará en Espíritu Santo y en fuego.»

Y aconteció que,

cuando el pueblo se hacía bautizar,

habiendo sido bautizado también Jesús,

y estando en oración,

se abrió el cielo

y el Espíritu Santo descendió

en figura corporal, a manera de paloma,

sobre Él.

Y una voz vino del cielo:

«Tú eres el Hijo mío, el predilecto,

en Ti me he complacido»   (Lc 3, 15-16. 21-22).

 

Contemplación

Siempre me impresiona ver a Jesús en la fila, entre la gente, como uno más de los que se van a hacer bautizar por Juan, cumpliendo con los gestos de devoción y de culto que el pueblo fiel de Dios practica en todas las culturas. Es el Hijo de Dios encarnado e inculturado. Esta última palabra es importante porque la Encarnación no es un hecho solamente físico, de la naturaleza, algo que hace referencia a tener huesos, carne y sangre. Nuestra carne humana es una maravilla muy especial. Hay una fragilidad en nuestros huesos que hace que no caminemos como un potrillito apenas lo pare su madre sino que necesitemos aprender a caminar de la mano de nuestros papás y hermanitos. Hay una sutileza en nuestras cuerdas vocales que nos permite aprender a modular sonidos que en otras especies quedan muy limitados. Nuestras manos son capaces de movimientos de precisión que generan obras de arte e interactúan delicadamente con el mundo… Estos ejemplos por no hablar de la plasticidad de nuestras neuronas, capaces de relacionar entre sí de conexiones que hacen de cada uno de nuestros cerebros un Universo entero y único.

Nuestra carne es carne espiritual y lo espiritual no es individual sino familiar y cultural. Encarnarse es tomar la carne inculturada de un pueblo, con su modo de juntar las manos para orar, de lavarse y de vestirse, de trabajar y de cantar. Este Jesús inculturado es el que vemos en la fila de los que van a hacerse bautizar por Juan.

Estando este Jesús en oración, desciende sobre Él el Espíritu –también inculturado, en forma de palomita, para que pueda “registrarlo el evangelio”- y pronuncia el Padre su bendición –también inculturada, con las palabras del Salmo 2, 7 para que la puedan entender los que escuchan: “Este es mi Hijo el predilecto, en ti me he complacido”.

Quería detenerme hoy en la oración de Jesús. Es un tema grato a Lucas, que nos muestra a Jesús rezando en siete oportunidades: aquí en el agua del Jordán, varias veces en el Monte –de manera especial en la Transfiguración-, de madrugada y la noche entera, junto a sus discípulos, cuando les enseña el Padrenuestro, y en el huerto de los Olivos.

Lo que quiero compartir es que se trata de una oración inculturada, una oración en la que Jesús se mete en el corazón de su pueblo, en las raices de su cultura. El que reza es Jesús con los pies en el barro del Jordán, metido en el agua marrón por el limo y, simbólicamente, llevándose en la corriente los pecados de su pueblo bautizado y purificado. El Jesús que reza de madrugada tiene los ojos llenos de amaneceres y los oídos con el canto de los pajaritos. El Jesús que reza de noche tiene el alma inundada de estrellas y de la luz de la luna. El Jesús que reza en el Tabor está charlando con Moisés y Elías, en una oración que tiene sus raíces en estas columnas de la fe de su pueblo. El Jesús que reza en el Huerto tiene las rodillas con hojas y palitos y deja su huella en la tierra.

Lo imaginamos rezando de la mano de San José y mirando los labios de su Madre que le enseña a repetir los salmos: Tú-e-res-mi-hi-jo-pre-di-lec-to (Qué lindo debía sonar en los labios de María!).

Oración cristiana, oración inculturada. Oración con paisajes nuestros, con nuestras músicas, nuestros gestos, nuestros proverbios… Oración con raíces, con rostros, con tierra, cielo y piedras nuestros.

En esto no hay “dinámicas neutrales”, que sirvan a todos los pueblos. Cada uno debe encontrar los caminitos y movimientos (los dinamismos) que le permiten bajar a –engordar sus raíces- como dice mi amigo Jacques, de manera que absorban poderosamente la vida de los jugos de la tierra, y subir a sus hojas, sus flores y sus frutos, para alegrar y dar vida a los demás. Hay dinámicas que se agotan en el oasis que producen y otras que nos zambullen en el río de la vida del pueblo de Dios.

“Engordar las raices” fue la expresión más novedosa de estos últimos tiempos. Jacques me decía así en un mail:

Querido Diego

Cuando llegue hoy a la CB (Casa de la Bondad) me enteré que estuviste un ratito temprano y lamente un montón no haber estado allí para darte un abrazo… Justo este domingo que completa un fin de semana largo, quede solo para atender a los patroncitos y el viernes Marcela me mandó un mail diciéndome que Alejandra les daba el desayuno y que yo fuera a las 10 hs., para no agotarme*, cosa que acepté encantado, y, consecuentemente, me perdí el poder verte y charlar un ratito… La holganza tiene su precio…

Por suerte.  contigo me pasa que siempre te comento virtualmente y en silencio, sucesos, sensaciones y opiniones, que por lo general me contestás con párrafos que redactas en tus contemplaciones… de manera tal que siento como si el diálogo nunca se interrumpió y lo tomo como otro de los tantos «milagritos» que me ocurren cotidianamente…

Hoy falto Clarita porque empezó en Diciembre a trabajar en  Metrogas y por supuesto este verano no tiene vacaciones y le dije que aprovechara este finde largo para visitar a su amigota que vive en Lincoln… De todo modos la extraño mucho porque es terriblemente eficaz y ordenada y me alivia mucho el trabajo… gracias a eso  puedo recostarme un rato entre el desayuno y el almuerzo (Tal como hacía Horacio en el sillón de la recepción)…

Imagino la panzada de «familia» que te habrás dado en tu Mendoza, pues, aunque cortita,  siempre es muy estimulante por aquello de » engordar las raíces »  … Si hay algo gratificante es eso de ver cómo engordan nuestras raíces cada vez que compartimos la vida en familia, en esos lapsos vamos descubriendo raíces que no conocíamos pero que siempre funcionaron y  esos descubrimientos terminan haciendo crecer un montón de otras nuevas… Vas a ver, cuando llegues a viejo, que las raíces son tan frondosas como la copa y recién empiezas a verlas cuando se acerca el tiempo de compartir con ellas la vida subterránea…

Te mando un fuerte abrazo

Jacques

* Marcela me cuida porque tiene pocos candidatos domingueros para la cocina, pero creo firmemente que el Tata la va a sorprender…

Quién es Jacques? El que escribe así de las raíces. Quise que se presentara por estas palabras y ahora sí puedo agregar que tiene sus “cuatro veintes” bien llevados, como dicen los franceses, que es el que enseñó a hacer las sillitas artesanales a los integrantes del Taller de Artesanías del Hogar (además de llevarles sangüichitos de miga y máquinas e instrumentos de precisión para el trabajo); Jacques es el que cocina y sirve los “almuerzos de Babbette” los domingos, para los patroncitos que están enfermos, en la Casa de la Bondad… Y tanto más… Pero en esta contemplación participa como el que nos enseña un tipo de oración que consiste en “engordar raíces”, en arraigarse, en buscar vida en “esas raíces que no conocíamos pero que siempre funcionaron”, en cada familia y en cada pueblo.

Por ese lado va el “estar en oración” de Jesús. Enraizado así, atrae la mirada del Padre y le hace brotar del corazón esa frase que tanto bien nos hace escuchar: vos sos mi hijito muy querido, el predilecto de mi corazón”. Enraizado así atrae como un árbol plantado al borde de la acequia al Espíritu, que cuando se posa en nuestra alma nos pacifica y nos dinamiza con su vida.

Diego Fares sj

 

 

 

 

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