Las dos moneditas (Domingo 32 B 2015)

 

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Jesús enseñaba a la multitud:

«Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad.»

 

Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre.

Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir» (Mc 12, 38-44).

 

Contemplación

Me llamó la atención la observación “muchos ricos daban en abundancia”. Jesús no juzga la abundancia sino que contrapone la actitud de dar de lo que a uno le sobra con la de dar todo lo que uno tiene para vivir. Por el contexto se ve que Jesús buscó un ejemplo en esta mujer sencilla del pueblo de Dios para corroborar la enseñanza que les estaba dando a sus discípulos acerca de cuidarse de los escribas. Iba a traducir “intelectuales” en el sentido de los que conocían las escrituras, pero me llamó la atención lo de que “devoran los bienes de las viudas”. Los que sabían escribir eran personajes muy importantes ya que desempeñaban todo tipo de funciones: una de ellas era ser “escribanos” ya que se ocupaban de firmar las cuestiones de herencias de bienes (por eso la mala fama de hacer negocios con las pobres mujeres que quedaban viudas, engañándolas con las herencias. Eran también “notarios públicos” y daban sentencias de divorcio… Eran también los copistas de los textos sagrados, tarea de gran importancia que hacía que la gente los llamara “maestros”. Los había al servicio de los saduceos y de los fariseos, lo cual quiere decir que su oficio y su técnica les permitía tener poder en todo tipo de trabajos y servir a distintas ideologías. En el mundo de hoy, que está mucho más diversificado, existen también estos “expertos” en, por ejemplo, la “escritura informática”, que luego se aplica a todo. Pero no tienen poder “judicial” diríamos, como los escribas. Eso sí, te pueden “robar” documentos. Como dice hoy el escriba que se dedica a publicar documentos robados del vaticano que transforma en éxitos editoriales. La periodista le pregunta si no teme represalias legales por usar material robado o sustraído en forma ilícita y él responde: “¡No son materiales robados! Robar significa ir a su casa y robarle un anillo. Pero si a mí me dieron estos papeles personas que tenían su plena disponibilidad, no fue robado nada. Estas personas que me dieron estos papeles, los tenían ellos para su trabajo. Si un ministro argentino la llama y le muestra unos documentos, se los hace leer y son interesantes, los publica en su diario, ¿no?”. Bueno, esto para ejemplificar nomás un tipo de poder que tienen “los escribas” modernos, los que manejan los papeles, la información, y la usan para ganar dinero.

 

Este tipo de actitud que en oficios variados termina en “devorar plata”, el Señor la contrapone a la de “dar lo que uno tiene para comer”. Eso significan las dos moneditas de la viuda que tenía que salir a trabajar para ganarse la vida. Me gusta pensar que trabajaría limpiando casas y, entre una y otra, pasó por el templo y dio las dos moneditas que le habían pagado y que serían para comprarse un sangüichito antes de ira a la otra casa (para no dramatizar con que: “si uno da todo, qué! se tiene que morir de hambre?). También me gusta pensar que las soltó de a una (no como los que vaciaban la bolsa haciendo ruido) y que las moneditas de cobre “tintinearon en el corazón de Jesús”, sin hacer ruido entre las otras monedas de oro y plata. Al soltar una habrá sentido ganas de quedarse con la otra…. Pero cuando uno tiene tan poquito, mejor darlo todo. Qué iba a hacer con solo una monedita. Y se fue a seguir trabajando.

Esta es la actitud que alaba Jesús. Y nos la alaba a nosotros. A ella no es que fue y la felicitó ni le sacaron una foto para que salieran en los diarios (aunque algo así pasó, y en realidad mucho más grande, porque Jesús la hizo famosa sin que ella ni se enterara y más que en los medios, su imagen quedó entre las “buenas noticias” del evangelio, que no son un “medio” más sino “el medio de comunicación para toda la historia”).

 

La cuestión de las manos de la mujer que suelta las moneditas es la cuestión de tomarle el gusto a dar. Hay un gusto en las manos y es el que siente la palma al recibir y los dedos al apretar suavemente, una por una, las cosas que uno recibe. Y también hay un gusto en dar, en soltar y ver como una cosa amada vuela para que la reciba otro. En la familia este gusto es tan básico como el del niño pequeñito al que la mamá le da un juguete y el niño lo toca, lo aprieta un poquito, y se lo devuelve a su mamá mirándola y sonriendo y más aún, cuando le da un caramelo, se lo mete en la boca y luego se lo saca y se lo da a la mamá! Es el gusto que se experimenta al entrar en el dinamismo de dar lo que se recibe, inmediatamente, en una atmósfera que envuelve las cosas entre dos miradas y las hace ir y venir como expresión del cariño y del regocijo del juego. No hay que olvidar que esta experiencia es más básica que la que viene luego, en la que el bebé agarra las cosas y no las quiere soltar y hay que enseñarle a compartir. Se puede enseñar porque está la otra experiencia, que es la del amor que todo lo tiene en común. En ese amor vinimos a la vida y tenemos que hacernos como niños muy pequeñitos para volver a experimentarlo. Es esencial que cada uno se conecta con estas experiencias que son suyas, como sea que las haya tenido (que si no estaría vivo ahora), porque nos han convencido que somos “seres consumistas” y no es verdad. A al menos es sólo media verdad. Materialmente diría que somos “mitad y mitad”. Todo organismo viviente consume energía para gastarla en vivir y se multiplica en otros. En la naturaleza nada vive para sí. Y no es que tenga mérito ni espera aplauso un granito de trigo que muere para dar fruto. Sólo a un ser autoconsciente y libre se le puede ocurrir en un momento dado la peregrina idea de no devolverle el dulce a su mamá y de agarrar la pelota porque es suya y terminar el juego ante la cara asombrada de sus compañeritos. Y si no hay quien te enseñe con paciencia y amor que no te podés quedar en esa “etapa” –necesaria para valorar que podés dar en libertad, no porque estés obligado ni porque “sos así” como las plantitas- y tenés la desgracia de llegar a ser, digamos, cardenal, podés terminar refaccionando un departamento en el que podría entrar una barcaza de refugiados, para vivir vos solo, y decir que “es lo que hacen todos”. La tendencia a “devorar bienes” es espiritual, no material, y es intermedia, entre un haber experimentado que en el amor de familia todo es común y la decisión de compartir libremente con los demás. Pongo el ejemplo del cardenal porque es lo que está de moda, pero el Señor nos dice que en esto, cada uno se mire a sí mismo y mire más cerca. Porque no es cuestión sólo de quien devora haciendas sino también del pequeño parásito que devora pequeños trocitos de vida y no da nada a los demás.

Jesús, con el ejemplo de la mujer que, sin tener nada asegurado para sí, porque eso era ser viuda en Israel, lo dio todo aquel día, lo que quiere es devolvernos el gusto de dar. La libertad que nos hace levantar la mirada de las cosas, en las que nos autoexperimentamos, y experimentar la mirada de los demás.

 

Termino con las dos moneditas. Por un lado son “todo”, pero también son “lo pequeño”, lo fugaz, lo que en dos horitas de trabajo la mujer podía recuperar.

Y esto va a que a veces somos capaces de dar la vida pero no las dos moneditas.

Las dos moneditas del subte –obvio- porque es incómodo rebuscar en el bolsillo o en la cartera.

Pero también…

Las dos monedas de jugar un ratito con tus hijos aunque estés muerto de cansancio.

Las dos moneditas de tu saludo y de tu sonrisa al que no te cae tan simpático en el trabajo.

Las dos moneditas de la palabra de consideración que el otro está esperando y que no te cuestan nada.

Las dos moneditas de detenerte un momento al ritmo del otro que trabaja más lento o requiere de tu tiempo.

Las dos moneditas del peaje que el que tiene a cargo un sector te solicita aunque vos seas amigo del jefe.

Las dos moneditas –la del orgullo –que tiene grabada tu cara de superioridad- y la del resentimiento – que tiene grabada tu cara de inferioridad- que en realidad son una sola –las dos caras de la misma moneda- en la que el referente cambiario sos vos y cuanto antes la sueltes mejor: qué libertad en soltar esta monedita que suele estar pegada en el fondo de la olla del corazón y en las pequeñas ocasiones “tintinea” como si fuera un mexicano de oro y no es nada más que nuestra pequeña vanidad.

También están –pero no para intercambiar, sino para fundir- las dos moneditas que tienen grabados los insultos a nuestros hermanos: una dice “racca” que significa “tonto” y es equivalente a nuestro “bolu…”; la otra tiene grabado “moros”, que significa “idiota” y sería equivalente a nuestro “pelot…”. Es decir: las palabras en sí mismas no varían mucho (aunque la segunda tenga un ligero matiz que califica la intención del otro como que lo hace a propósito y por eso es más grave); lo que Jesús condena es toda calificación del otro que brote de la ira y es mejor no intentar pasar el detector de metales del reino con estas moneditas porque, aunque ponga cara de “ni sabía que las tenía en el bolsillo”, con esas no pasás. Y ni hablemos si te ponés a defender que tenés todo el derecho… porque el otro “realmente” es así…

….

Una imagen que es digna de estar en el evangelio ahora que Luis Martín es santo, siempre será para mí la imagen de Teresita que baja las escaleras como una princesa, enjugando con un poquito de rabia las lágrimas que se le saltaron cuando escuchó que su papá (cansado de dar las dos moneditas del rito repetido de aplaudir cuando sus hijas desenvolvían los regalos de Navidad) decía por lo bajo “menos mal que es el último año”. Teresita cuenta que: para agradar a Jesús le gustaba realizar “muchos pequeños servicios, pero si Celina –su hermana querida- tenía la desgracia de no parecer feliz y sorprendida por mis pequeños servicios, yo no estaba contenta y se lo hacía saber con mis lágrimas…” Y agrega: “Debido a mi extremada sensibilidad, era verdaderamente insoportable”. Esta Teresita, en vez de resentirse con su papá (cuya santidad, como vemos, tenía también esas desatenciones que cotidianamente tenemos en familia), nos cuenta cómo: “reprimiendo las lágrimas, bajé rápidamente la escalera, y conteniendo los latidos del corazón, tomé los zapatos y, poniéndolos delante de papá, fui sacando alegremente todos los regalos, con el aire feliz de una reina. Papá reía, recobrado ya su buen humor, y Celina creía estar soñando … Felizmente, era un hermosa realidad! Sentí, en una palabra, que entraba en mi corazón la caridad, sentí la necesidad de olvidarme de mí misma para dar gusto a los demás, ¡y desde entonces fui feliz…!

Siempre vuelvo a esta escena porque no es una viuda sino una niña el ejemplo de dos moneditas muy especiales que podemos dar: la monedita que no tiene ninguna imagen nuestra, porque es la monedita del olvido de uno mismo, y la monedita que tiene la imagen sonriente de nuestra felicidad (aunque haya lágrimas escondidas, en las monedas es mejor poner nuestra sonrisa más linda y no es ninguna falsedad “lavarse la cara aunque uno esté ayunando y pariéndolas). Son las dos caras de una misma moneda –la del olvido y la de la sonrisa- que se llama caridad. Es poquita cosa. Se gasta y se recobra muchas veces por día. Con una sola basta para comprar la entrada al reino de Jesús. Se puede intercambiar llevando algún producto no perecedero (en el sentido del reino, se entiende) como vasitos de agua evangélicos, saludito al que no te saluda, otras mejillas, mantos, cuadras de más caminadas por acompañar… oraciones por los enemigos…

 

Diego Fares sj

 

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