Domingo 15 B 2015

Lo llenaron de flores 

Papa Flores

“Entonces Jesús llamó junto a sí a los Doce,

los envió de dos en dos y les dio autoridad sobre los espíritus no puros.

Les mandó

que nada tomaran para el camino

sino sólo un bastón;

no pan, ni mochila, ni monedas en la faja;

sino que se calzaran sandalias

y que no vistieran dos túnicas.

Les decía:

‘En cualquier lugar (que vayan) y entren en una casa,

permanezcan en ella hasta que salgan de esa población.

Y si algún lugar no los recibe

y no los escuchan,

saliendo de allí,

sacudan el polvo de debajo de sus pies

en testimonio contra ellos’.

Y saliendo

predicaron “kerigmáticamente” que la gente se convirtiera;

y expulsaban a muchos demonios

y ungían con óleo a muchos enfermos,

y los curaban” (Mc 6, 7-13).

 

Contemplación

Tomo algunos puntos del evangelio para que contemplemos con ellos el viaje del Papa.

“Si no los reciben…”

Me decían algunos curas de Roma que el viaje del Papa a América Latina no estaba teniendo mucha repercusión en los medios europeos. Uno interpretaba que no les gusta el lenguaje anti-dinero –“el estiércol del diablo”, dijo Francisco. Aquí toda la preocupación es por Grecia y su posible default. Otro decía que el entusiasmo de la gente es pasajero. ..

Yo sigo el viaje del Papa y la verdad es que viendo a la gente del Ecuador tan querido –que lo cubrió de flores-, viendo el cariño más “hacia adentro” de los bolivianos y la alegría del pueblo paraguayo, creo que esta peregrinación a los países pequeños (desde el punto de vista de la economía mundial), ha tenido una repercusión inmensa en el alma de sus pueblos.

Como vemos en Marcos, el Evangelio se predica en medio de un encuentro: si en un lugar no lo reciben, Jesús dice a sus apóstoles que no se detengan allí. El evangelio es de a dos. Y su constatación, también: la miden los que la viven, no se mide de afuera la “repercusión” que tiene la palabra de Jesús en el corazón de la gente. Por eso mi reacción ante los comentarios de la poca acogida en los medios europeos fue decir: “lástima para ellos…, que se lo pierden” y “felices los pueblos humildes, que se ganan su corazón y el papa el de ellos”.

Al leer la frase de Marcos, acerca de cómo entrar a un pueblo, uno extraña la paz de la que habla Lucas.

Marcos no dice nada de la paz, y dedica bastante a “sacudirse hasta el polvo de las sandalias”. Pero si uno lee con atención queda resaltado lo de la casa en la que entran. Jesús les dice que “se queden en esa casa”, que permanezcan allí, hasta que salgan del pueblo. En contraste con el ambiente público que por ahí no los escucha, están estas casitas donde inmediatamente son acogidos. El evangelio fue contagiándose así: en cada ciudad hubo “casas”, personas concretas, familias, que acogieron a los enviados. Lo público siempre fue variable, por decirlo así. Pienso en los Hechos de los Apóstoles, en “Lidia, de la ciudad de Tiatira, vendedora de telas de púrpura, que adoraba a Dios; y el Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía” (Hc 16, 14). El evangelio arraiga en corazones “que adoran a Dios”. ¿Quién puede medir estos arraigos? No los medios, ciertamente.

Hay algunas señales, sin embargo, que pueden pasar desapercibidas, pero si se las sabe ver son “clamorosas”. Hay que leer el lenguaje de nuestros pueblos que reciben al papa con mucha paz, con espíritu de oración, con deseo de acogerlo y de recibir su bendición.

Una señal son las flores.

La acogida del pueblo ecuatoriano fue con flores. Estaba mirando el papamóvil, cómo se acercaba por las callecitas al Santuario de la Virgen del Quinche, y de golpe las flores que arrojaba la gente se volvieron como una nevada que se acumulaba sobre el techo y el capot…

El lenguaje silencioso y colorido de las flores es algo muy propio de las antiguas culturas andinas.

Y a Francisco lo ungieron con flores. En el camino al Quinche lo inundaron de pétalos de flores.

Cada manojito de pétalos, fue cuidadosamente deshojado y envuelto en pañuelos en la intimidad de los hogares. El hecho de arrojarlo en un instante, con alguna frase de cariño, al paso del papamóvil, revela más de lo que siente un pueblo que lo que mil páginas de los periódicos puedan decir y opinar. Esas flores, que llenaban el templo y el altar de la Virgen en ramos macizos, esparcidas en millares de pétalos por la calle y cubriendo el papamóvil, daban continuidad a la oración, establecían puente con la vida cotidiana. La misma flor perfuma el santuario, el altarcito hogareño y la calle…

Si alguien no “escucha” el mensaje clamoroso que dio la gente más humilde de un pueblo cuando cubrió de flores el auto y la calle por donde pasó, por unos segundos, el papa Francisco por su vida, hay que dejarlo. Quizás uno no se pueda sacudir el polvo de las sandalias, porque hoy mucha gente vive sobre asfalto, pero hay que irse a los lugares donde la gente “camina sobre flores”. Aquí en Italia hay una costumbre muy linda que se llama “infiorata” –enflorada, diríamos-. Me tocó en Corpus pasar llevando al Santísimo por un cuadro pintado con pétalos de flores que representaba a Jesús Buen Pastor. Solo camina sobre la infiorata el que lleva al Santísimo y luego los chicos de catecismo la “destruyen”. Al caminar sobre las flores uno toma conciencia de lo que pisa y de a Quién lleva en la Custodia y siente el mensaje de las flores: que la Gloria es sólo del Señor y nosotros podemos “recibir” la que nos de cómo regalo, pero nunca pretender poseerla. Allí está el secreto de la belleza efímera de las flores, que se dan enteras en perfume y color, sin guardarse nada para el otro día. Así recibió el pueblo ecuatoriano al Papa, dándole su corazón en flores.

El deseo de la bendición es otra señal.

La gente quiere recibir la bendición del Papa. Así cantaban los niños afuera del Hogar de ancianos de las misionera de la Caridad, en Quito: “queremos bendición, queremos bendición”. El Papa dijo que le impresionaba cómo pedía la bendición el pueblo ecuatoriano “Si hasta las guaguas juntan las manitos…!”. Y la respuesta a esas bendiciones fueron los abrazos, especialmente los de los chicos.

A Francisco, en Bolivia, lo ungieron con los abracitos de los niños.

En la cárcel-pueblo de Palmasola (una de las más violentas de América Latina) los testimonios de tres reclusos –dos hombres y una mujer- fueron desgarradores.

La sensación, cuando terminaron de hablar fue extraña. Cómo quien dice “y ahora qué hacemos”. Hubo un momento de silencio antes de que hablara el Papa, que estaba conmovido, y en eso, una de las dos nenas que estaban sentaditas a sus pies, se levantó sin motivo aparente, movida desde adentro por su angelito de la guarda, y le fue a dar un abrazo. El papa respondió al abracito con unas palmadas, pero ella se le quedó un rato, ostensiblemente, y de golpe, así como fue se volvió. Lo consoló, claramente.

Siempre me acuerdo de una vez que charlábamos en Buenos Aires: habían salido varias cosas tristes –un cura que había dejado…- y al final de la charla él me dijo: cuando vienen estas malas noticias “hay que consolarse con la gente buena”. Eso sentí con la nena: que ante algunos males el Señor no tiene respuesta, pero te manda un angelito que te consuela con su bondad. Estos intercambios entre el papa y los pueblos son “evangelios vivientes”, porque la gente “lee” estos signos y sabe que Jesús les está hablando “para que se conviertan” como dice Marcos.

Este “incluirlo” al Papa, con flores y abrazos, es el gesto noble y agradecido del que se siente incluido.

Los espíritus no limpios (akataros), son otra señal

Otra señal impresionante, si se quiere ver, es cómo “limpia” Francisco las situaciones más ambiguas y contrastantes. Digo esto para que uno mire e interprete con sus propios ojos lo que el Espíritu obra cuando el Papa se pone en medio de gente y de situaciones complejas. La gente que se guía por lo que “escriben” los medios me da mucha pena. Sobre todo porque uno puede “ver” en directo las cosas y no la interpretación que le dan.

Pongo como ejemplo una situación única, para mí, que se crea por un momento ( y que tiene algo de juicio final), cuando uno de los presos cuenta su vida, cómo era apegado a su mamá, cómo comenzó a trabajar a los once añitos para ayudar a su familia y a ahorrar guardando algo de su platita enterrándola en el patio de su casa. Cómo este ahorro digno se le volvió exagerado y de alguna manera tuvo que ver con que fuera cómplice de un delito que lo llevó a la cárcel. Una cárcel donde se había convertido en delegado querido por todos. El preso contaba, reconocía, pedía perdón, denunciaba la corrupción y pedía trato más digno. Y lo escuchaba en silencio el Papa, sus carceleros, las autoridades, los otros presos… Por ahí se entusiasmó un poco con su relato y le dijeron al oído que abreviara. Y abrevió sin problemas.

¿No es para destacar que alguien como el Papa vaya a ese pueblo-cárcel perdido y su presencia logre que se escuchen los más enfrentados?

El Papa después “contuvo” todo al decir: “Uds. se preguntarán quién es el que está ante ustedes. Y les digo que el que está ante ustedes es un hombre perdonado”.

Francisco se mete allí donde el mal espíritu alborota, confunde, divide y embarra todo y lo limpia con su presencia. Esto no es algo “humano”. El se mete y el Señor “contiene” a la gente. Es notable cómo han cambiado los que antes tenían el encargo de cuidarlo y lo querían blindar y alejar de la gente. El evangelio “contiene” los espíritus desbordados, limpia las intenciones torcidas, purifica los deseos desordenados, encamina las buenas intenciones. Esto también es clamoroso.

Termino aportando dos poemas que iluminan el corazón del que inspiró esa cruz “escandalosa” que Evo le regaló al Papa. Son del jesuita Luis Espinal, asesinado en Bolivia en el 80. El había hecho el boceto de ese Cristo sobre una hoz y un martillo y era expresión de un deseo de dialogar con todos los que defendían a los más pobres.

Más allá de las ideas políticas de cada uno, hace bien saber que los que ordenaron su muerte, el dictador Meza Tejada y su ministro Arce Gómez, no solo defendían ideas políticas sino que tenían vínculos con el narcotráfico. Arce Gómez está todavía preso en Bolivia, y Meza Tejada fue juzgado y condenado por violación de los derechos humanos en 1993.

Quién fue Espinal puede verse por cómo dio la vida.

También se puede entrever algo de su corazón por sus filmes a favor de los humildes (era director de cine) y por poemas como estos… (Pero esto es solo para los que eligen juzgar por sí mismos acerca de la calidad de las personas y no por lo que le dicen aquellos medios que viralizan sin investigar ni un poco la imagen de una “cruz comunista”).

Señor Jesucristo,
nos da miedo gastar la vida.
Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla; no se la puede economizar en estéril egoísmo.

Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen,
hacer un favor al que no va a devolverlo; gastar la vida es lanzarse aun al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias;

es quemar las naves en bien del prójimo. (…)

Gastar la vida
no se hace con gestos ampulosos,
y falsa teatralidad.
La vida se da sencillamente,
sin publicidad, como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho a su wawa, como el sudor humilde del sembrador. (…)

……………..

El futuro es un enigma,
nuestro camino se interna en la niebla; pero queremos seguir dándonos, porque Tú estás esperando

Con nuestros cuerpos aún en la brecha, y con el alma rota,
te gritamos un primer «hurra»,
hasta que se desencadene la eternidad.

Tu dolor ya pasó;
tus enemigos han fracasado antes de nacer. Tú eres el Rey de la sonrisa definitiva. (…)

Marchamos detrás de Ti,
por una calzada de eternidad. Tú estás con nosotros
y eres nuestra inmortalidad.

Señor triunfador de los siglos,
quita todo rictus de tristeza
de nuestros rostros.
No estamos embarcados en un azar; la ultima palabra ya es tuya.

Más allá́ del crujir de nuestros huesos,
ya ha empezado el «Aleluya» eterno. Que las mil gargantas de nuestras heridas se sumen ya a tu salmodia triunfal.

Diego Fares sj

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