Ascensión B 2015

Sí que hay respuestas al sufrimiento

Papa en Filipinas

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Vayan por todo el mundo,

anuncien la Buena Noticia a toda la creación.

El que crea y se bautice, se salvará.

El que no crea, se condenará.

 

Y estos prodigios acompañarán a los que crean:

arrojarán a los demonios en mi Nombre

y hablarán nuevas lenguas;

podrán tomar a las serpientes con sus manos,

y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño;

impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán.»

 

Después de decirles esto,

el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.

Ellos partiendo de allí predicaron por todas partes,

cooperando el Señor y confirmando la Palabra

con los signos que la acompañaban (Mc 16, 15-20).

 

Contemplación

Lo más fuerte de esta semana lo viví el miércoles en la Asamblea de Caritas Internationalis. Se juntaron en la Domus Maríae de la Acción Católica representantes de más de 130 países donde trabaja Caritas. En el mundo hay 194 países reconocidos y Caritas trabaja en 164. Hay más de 30 países en los que los cristianos somos perseguidos, en algunos de manera terrible, como en Corea del Norte, Somalía, Siria, Irak, Afganistán, Arabia Saudita, Maldivas, Argelia, Sudán, Irán, Pakistán, Eritrea… De todas maneras, cuando hay desastres, Caritas igual llega.

 

Me quedé un rato tomando conciencia del mapa de la persecución: el mandato del Señor de ir a todos los pueblos del mundo ha ido adquiriendo, en los últimos años, nuevamente, un carácter dramático. La persecución no es solo de una ideología política, como en los países comunistas, sino que también hay persecución activa de otras religiones. Y se agrega una más solapada que es “social”: en muchísimos países no se persigue directamente a los cristianos pero se votan cada vez más leyes contra los valores cristianos, en lo que hace a la vida, a la familia, a la educación de los chicos, al cuidado de los moribundos.

 

El sufrimiento en el mundo no son sólo los desastres naturales, que son verdaderas tragedias, ni sólo el hambre y las enfermedades, con sus causas estructurales, sino que se le agrega esto de hacer sufrir a otro por su convicción más íntima: por su creencia en Dios. El sufrimiento de los inocentes es un misterio y el sufrimiento en la “parte” –si se puede decir así- más inocente, en la manera como uno percibe el amor de Dios y lo expresa sirviendo al prójimo- lo es más todavía. Jesús crucificado por sentirse Hijo amado del Padre misericordioso y expresarlo públicamente, con palabras y con gestos de amor que iban más allá de la religión establecida como ley, es la imagen Mayor de este sufrimiento del Inocente.

 

Y aquí llego a lo que me conmovió hoy, leyendo el librito del Cardenal Kasper, a quien tanto aprecia el Papa por su “teología serena”, “El desafío de la Misericordia”. Venía escuchando que “para el sufrimiento no hay respuesta”. Lo dijo el Papa a aquella Niña, Glyzelle Palomar, recogida de la calle por la obra del jesuita Jean Francois Thomas sj en Filipinas, que se quebró al preguntar por qué les pasaban esas cosas a los niños, recordando sus sufrimientos. Pues bien, Kasper dice que: “Cuando llegamos a los problemas más profundos de la teología (que son los de la vida): Dios y el mal, Dios y el sufrimiento de los inocentes, Dios y la injusticia…, la respuesta no puede ser teórica sino que debe ser práctica. Son desafíos a nuestra misericordia. Tenemos que llevar al menos un débil rayo de la misericordia divina a la oscuridad del mundo”.

La verdad es que me consoló esta “formulación teológica”. Es muy simple, pero no obvia. Porque cuando decimos que “no hay respuesta” este no suscita todo tipo de imágenes: de mudez de Dios, de sin sentido, de angustia. Y no es así: nuestras obras de misericordia “responden” con una Palabra que pronunciamos entre muchos, muchísimos, con nuestro servicio y acompañamiento de las situaciones de pobreza e injusticia y de sufrimiento. La respuesta “práctica” de la Caritas no sólo no es una respuesta de “segunda” sino que es “la” respuesta de Jesús, que vino a compartir nuestra vida y nuestros sufrimientos con todo su amor.

Cuando el Señor dice: “anuncien la buena noticia a toda la creación” claramente no se trata sólo de palabras que uno pronuncia y otro capta, analiza, juzga y asiente o no. La reflexión es un aspecto de la Palabra. No siempre uno tiene capacidad teórica de reflexionar y expresar sistemáticamente todo lo que una palabra le comunica. Hay un tipo de reflexión que no se expresa en más palabras sino que se expresa inmediatamente en decisiones y actitudes. Cuando uno elige integrarse a una obra de Misericordia y Caridad, esta elección de vida supone una reflexión profundísima, un juicio personal que tiene más claridad y más lógica que un tratado de teología dogmática. Al elegir iluminamos ciertas cosas como lo más valioso para la vida y dejamos de lado o rechazamos otras cosas como menos valiosas o directamente malas.

En la Asamblea de Caritas, a la que asistí porque nuestro Director no podía ir, me encontré con gran alegría (porque no conocía a nadie) con nuestro Obispo Oscar Ojea. Fue un gusto sentarnos juntos toda la mañana en el último puestito que quedaba libre, atrás de todo, y compartir luego unos tallarines en una cantina muy simpática cerca de la casa. Entre otras cosas me contó algo que me iluminó esta contemplación. Fue un encuentro que tuvo él con Jean Vanier, fundador del Arca. Vanier, conmovido y entusiasmado absolutamente con el Papa Francisco, al que cada vez que lo ve no puede sino decirle “Ud. es Jesucristo en la tierra”, le decía que Evangelii Gaudium era una exhortación muy especial. Que estábamos acostumbrados a un tipo de lenguaje en los documentos papales que llevaba a leerlos y a subdividirlos para entender y explicar a la gente. Y con la exhortación sucedía algo muy especial: sus palabras llevan directamente a la práctica. Es un lenguaje afectivo (el afecto integra inteligencia, pasiones y sensibilidad) que impulsa a “hacer”, no a teorizar más. Y en este hacer se va iluminando más lo que quiere decir. Oscar contaba que Vanier se emocionaba con este nuevo lenguaje.

Claro, a algunos teólogos (de escritorio) los deja sin trabajo. Porque la gente entiende directamente y no necesita que le expliquen mucho más. Sin embargo yo creo que es más linda la cosa, porque abre puestos de trabajo a otra teología, a una reflexión nueva que surge de los lugares donde se practica la misericordia.

Hay que estar atentos porque eso significa “hablarán nuevas lenguas” –harán nuevas teologías-. No en el sentido de superficial de “modas teológicas” que siempre hay, sino en la verdadera teología de moda, la que logra que la gente “se vista” a gusto, lindo, cómodo y para bien. No es superficial la belleza de la moda. Como pasa con los hábitos. El problema no es usar o no usar hábitos sino no usar “hábitos viejos”, como dice el evangelio. Porque lo nuevo se convierte en parche que rompe la tela vieja. De lo que se trata, tanto en la teología, como en los hábitos, en la liturgia y en las costumbres, es que las “formas” dinamicen la vida, permitan expresarla e institucionalizarla para bien de muchos.

Cuando uno se bautiza –se tira de cabeza y se sumerge- en la misericordia del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, experimenta que no tiene cómo agradecer tanta misericordia y amistad sino “bautizando a otros”. Bautizar con gestos de ternura y de acogida, de servicio y cordialidad, con agua, con espíritu y con la propia sangre.

Cuando estamos en estas tareas, de sumergir en obras de misericordia a todos los descartados y maltratados, entonces nos acompañan los prodigios de los que habla el Señor: hacemos una teología que todos entienden, no hay demonio que, si entra, se quede, sino que, con paciencia como cuando invitamos a irse a los violentos que entran al Hogar, los expulsamos; no hay serpiente que pueda morder y entristecer con sus comentarios la vida de la comunidad, ni contaminación que nos envenene el alma, porque “estamos imponiendo las manos de la misericordia a los enfermos para curarlos”.

 

Y la imagen del Señor también se nos aclara: es un Dios práctico, metido en la vida, está sentado, no como espectador sino resolviendo, intercediendo, cooperando y confirmando con signos nuestras palabras encarnadas en obras de misericordia.

 

La fundación del Padre Thomas, en Filipinas, se llama “Tulay ng Kabataan”, que significa “Un puente para los niños” (www.anak-tnk.org) y fue la que visitó el Papa sorpresivamente. Por este lado van “las respuestas” al sufrimiento: respuestas con las manos, respuestas con casas, respuestas con visitas y compañía…

Diego Fares sj