Cuaresma 1 B 2015

Cercanía en el momento justo

Duchas                                                                   El papa saluda a la gente al inaugurar las duchas

 

Apenas fue bautizado por Juan,

el Espíritu condujo a Jesús al desierto.

 Y estuvo en el desierto cuarenta días siendo tentado por Satanás;

y vivía entre las fieras y los ángeles lo servían.

 Después que Juan fue entregado, vino Jesús a Galilea

y allí predicaba el Evangelio de Dios, y decía:

«Se ha cumplido el tiempo propicio y se ha vuelto cercano el Reino de Dios.

Conviértanse y crean en la Buena Nueva» (Mc 1, 12-15).

 

Contemplación

La Iglesia nos regala cuarenta días (ya pasaron cuatro y este primer Domingo de Cuaresma es el quinto) de Ejercicios Espirituales en la vida cotidiana. San Ignacio dice que los Ejercicios son para mejorar nuestro cariño a las cosas del Espíritu. Ciertamente amamos al Señor y a nuestros hermanos, pero el afecto se nos desordena y nos dispersamos en muchas cosas que no terminan de saciar nuestra sed de verdadera amistad y de amor. La Cuaresma son estos 35 días de retiro para ordenar nuestros afectos y darnos el gusto de expresar nuestro amor a Jesús, a nuestro Padre, a la Virgen y a San José, a los pobres, a nuestros seres queridos…, de expresar nuestro afecto, digo, de manera auténtica, de modo tal que brote la alegría y se nos ensanche lleno de esperanza el corazón.

De manera auténtica quiere decir dos cosas: una, sin fingir, ya que somos pecadores y no es que de golpe nos vamos a convertir en un San Alberto Hurtado o en una Beata Teresa de Calcuta y vamos a andar todo el día “contentos” y “devolviendo a los pobres el amor que el Señor nos brinda gratuitamente en la adoración”, y la otra, autenticidad quiere decir “con nuestro sello propio”: la conversión tiene que ser desde las máscaras a nuestro verdadero rostro, de la imitación a lo original, de lo estándar a lo creativo.

 

Del evangelio de hoy me llaman la atención dos cosas, si es que se puede llamar cosas al tiempo oportuno y a la cercanía. Jesús nos dice: “Llegó el tiempo propicio y se ha vuelto cercano el Reino de Dios”. Por tanto: “conviértanse y crean en esta Buena Noticia”.

Cómo lo traducimos para que no suene a prédica cuaresmal?

Ayer en el correo, Emanuella, la cajera mientras me tenía esperando el vuelto porque le pagué el impuesto para la estadía, que eran 160 Euros (mejor no pensar en pesos!), con un billete de 500, me decía que más de siete horas no se podía estar atendiendo al público porque no te dejaban respiro. Yo me animé a decirle que era como el confesionario, y le pregunté si estaba de acuerdo en que el secreto era atender a cada uno como si fuera el único y no mirar la fila, y ella asintió con interés (enganchamos la charla!). Ellos tampoco miran la fila (y bien que del otro lado uno lo nota y le da bronca, porque pretende que el que atiende note que estamos esperando, y el que confiesa siente “por qué no dejás de mirar, que ya te voy a atender a vos, dejá que atienda bien a tu hermano…, vieja metida!”). Pero a lo que voy es a la mentalidad para con las cosas de la Iglesia. Me dijo: en Argentina se confiesa la gente? Tan pecadores son? No es que aquí en Italia no lo seamos, pero casi nadie se confiesa… Yo le dije: mire que la confesión es un alivio, no es una cámara de torturas, como dijo el Papa… Y se ve que algo le hizo un click. Convertirse va por este lado, de cambiar una mentalidad que nos hace ver como feas las cosas lindas de Dios, como tétricas las cosas que son en realidad fuente de mucha alegría, como imposición las cosas que son un regalo.

 

Con el Reino de Dios –con ese ámbito donde el Espíritu hace de las suyas y Dios “reina, conduce, gobierna”- hay que estar atentos, nos enseña el Maestro, al momento justo y a la distancia justa. Lo contrario, como bien dijo una mamá que conozco, es esa capacidad que tienen los papás para despertar al bebe, entrando en la pieza “con la mejoor intención en el peooor momento” (anoté la frase porque me pareció genial). En las cosas de Dios, el momento justo es más importante que una intención perfecta. Por qué? Por que el tiempo es de Dios y la intención, en cambio, es muy de cada uno. Cuando es el momento justo, el Señor puede meterse “en medio de nuestra acción” y escribir derecho con renglones torcidos, como se dice.

 

Por tanto, con Jesús es necesario estar atentos a sus tiempos y a su modo de cercanía.

 

Cuando Jesús nos encomienda algo, es lindo hacerlo enseguida, cuando sentimos que se nos acerca es bueno hacerle lugar y darle tiempo. Es nuestra manera de mostrar nuestro amor, no tanto por el cumplimiento sino por el cariño que mostramos en la prontitud.

 

Esto que puse del modo de estar cerca del Señor hay que entenderlo bien. Al escribirlo caigo en la cuenta de que Él es un Dios cercano –Dios con nosotros, es su nombre-, la cuestión es darnos cuenta del modo como nos está cerca, que no siempre es el que esperamos. El Señor siempre está cerca, pero no de la misma manera. Saber habitar en su cercanía, saber encontrarlo “cuando queramos” como dice San Ignacio que él podía hacerlo en su adultez, tiene que ver con cómo nos acercamos a los demás. El Señor está cerca de todos y no puede hacernos sentir su projimidad cuando pasamos de largo ante los demás. Sí en cambio se deja sentir apenas nos acercamos al pobre, al que nos necesita.

 

En estos días en Roma, me voy acercando por primera vez a todos los que encuentro, y aprovecho la gracia que tiene siempre todo primer encuentro.

Con la gente en situación de calle de aquí no es fácil. Tienen otros códigos.

La primera abuela que me enterneció –gorda, sentada y envuelta en ropa oscura, de Europa del Este seguramente- fue por su sonrisa. Le di cinco euros y me bendijo profusamente… Después, mientras bajaba por Via di Porta Pinciana y me metía en Via del Tritone, hacia la Fontana di Trevi, vi que la misma abuela se replicaba: cada dos o tres cuadras hay una mujer así y sonríe de la misma manera irresistible. Comencé a dar de a un euro (que para nosotros son diez mangos)…

Aquí los curas están acostumbrados a los mendigos y te dicen que la gente es profesional, que tienen la ayuda de Caritas y que no hace falta andar dando limosna por la calle.

 

Igual me mata la sonrisa! Sonríen aunque no les des. Quizás sea un rictus pero sonríen y eso te lleva a elegir: o establecés contacto o mirás para otro lado. Pero no se puede ser indiferente a una sonrisa. La sonrisa de Aliche, al entrar y salir de Santa María de los Ángeles y los Mártires, fue hermosa y lo sigue siendo en el recuerdo

 

Otra distinta, aunque similar, me la hicieron los africanos (a la segunda aprendí). Una jovencita me preguntó la hora (noté algo raro porque acaba de escuchar que le había preguntado la hora al que iba adelante mío). Después me llamó “africano blanco” (porque los africanos viejos tienen barba blanca también); y a continuación me regaló un elefantito y una tortuga pequeños sin pedir nada. Después que le acepté hizo como que se iba en mi misma dirección y volvió al ataque, pidiendo unas moneditas para su niño que tenía que comer… Y ya no me soltó. El elefante y la tortuguita comenzaron a pesar en el bolsillo…

Cuando Saba, un negro altísimo y simpático me verseó con el mismo discurso, me hizo agarrar la segunda tortuga y caminó conmigo a lo largo del Tiber, charlando del papa, de la religión, y de la paz… , caí en la cuenta de la táctica. Saba quedó un poco desilusionado con la monedita de un euro y yo me deshice del elefantito y la tortuga en una pared de un negocio, por si a alguno le gustaban.

Otro encuentro más simple fue con Babba, un “barbone” de la estación “Termini”, al que no logré entenderle más que su nombre. Al menos quedó contento con la monedita y conversó un rato en su media lengua. Babba ya está “quemado” como decimos y no tiene nada de “profesional”. En uno de los reportajes que les hacen a los que viven en la Estación Termini, un abuelo en silla de ruedas decía que la gente es idiota, que no sabe reconocer al que tiene verdadera necesidad. Cada uno anda en lo suyo. Pasan y ni siquiera te miran –decía-.

 

Esto que decía el abuelo es lo que trato de “ver” aquí: quién tiene verdadera necesidad y cual es. No es fácil, como digo, por los códigos. Voy cayendo en la cuenta de que los pobres saben que en Roma los turistas tenemos plata y andamos al cuete, dando vueltas por Piazza Navona, con el mapa y sin apuro. Por eso las tácticas de mangueo son implacables: no te sueltan, saben que no sos un empleado que va a la oficina. Algún Euro tiene que salir de ese bolsillo. Saben también que es bueno sonreír, establecer contacto visual, y regalarte algo antes de pedir (por eso los elefantitos).

 

Los pobres son maestros en esto de la cercanía. Saben que la cercanía es vital, que si no lográs llamar la atención y establecer contacto visual y físico, estás perdido. A mi me enseñan a ser pedigüeño con Dios, a acercarme y no soltarlo. El es rico en misericordia y no deja que se vaya sin nada todo aquel que se le acerca.

 

En esto de “la verdadera necesidad”, las duchas de la Columnata de San Pedro, que no son como las había imaginado, me parecieron una pegada genial, fruto de alguien como Francisco que mira la dignidad de las personas cuando se trata de “dar”. No es la “monedita que tirás”.

 

Valentino, uno de los que se turnan para cuidar las duchas (un pasillo con cinco baños y lavatorios de un lado y cinco duchas del otro, impecables con sus azulejos y espejos) me mostraba lo que les dan –una bolsa de plástico con toallas, maquinita, jabón y peines y otras cositas) y utilizó la palabra “dignas”. Que en San Pedro, donde a veces uno necesita un baño y tiene esos químicos, los que manguean o viven en la calle tengan una ducha que no un baño no químico sino que forma parte de la estructura edilicia de los edificios vaticanos, es algo digno. Su baño es mejor que el de los turistas! No es algo monumental. Bastan esas cinco duchas para los que vienen, especialmente a la mañana.

 

Y ya que mencioné a Francisco, el primer baño vaticano que usé fue el suyo, ya que cuando terminaba nuestro encuentro del martes, me dijo que tenía que ir un momento al baño y me ofreció si necesitaba el de su escritorio. “La luz está afuera” me avisó mientras él entraba en su cuarto, y el aviso vino en el momento justo porque yo, al no verla, ya me había desorientado como le pasa a todo el que entra en baño ajeno. Me causó gracia esto de usar el baño del papa y pensé que también los pobres de la calle deben sentir como que están en casa cada vez que los utilizan “dignamente”, en el momento justo en que los necesitan.

Las cosas del reino son cuestión de cercanía y en esto, con Francisco, más que avanzar, nos hemos acercado. Aquí la gente lo ama –amor a primera vista, me dijo una abuela en el colectivo después de haberme hecho notar que “los argentinos jugamos de locales ahora”.

El dice que en el poco tiempo que tiene, espera que el Señor de la gracia de que las reformas que pueda iniciar sean irreversibles. Esta de los baños en la Columnata ya lo es. Y ojalá todos creamos en esta Buena Noticia, ya que al fin y al cabo, el bautismo no es otra cosa que una buena ducha, de esas que uno se da cuando, como el hijo pródigo vuelve a la casa del Padre.

Diego Fares sj

 

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.