Domingo 4 B 2015

El pueblo fiel se alegra con la autoridad de Jesús

bergoglio ente la gente

(Jesús con sus cuatro primeros discípulos…) Entraron en Cafarnaún,

y cuando llegó el sábado fue a la Sinagoga y comenzó a enseñar.

Todos estaban asombrados de su doctrina,

porque les enseñaba como quien tiene autoridad

y no como los escribas.

Y de pronto, había en la sinagoga un hombre poseído

de un espíritu inmundo que se puso a gritar diciendo:

« ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno?

¿Viniste a acabar con nosotros?

Te conozco, sé quién eres: el Santo de Dios.»

Pero Jesús lo increpó, diciendo:

« Cállate y sal de este hombre.»

Y sacudiéndolo violentamente el espíritu inmundo,

gritando con un gran alarido, salió del hombre.

Y quedaron todos pasmados de manera tal que se preguntaban unos a otros:

« ¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva… y con autoridad…!

Ordena a los espíritus impuros y estos lo escuchan y le obedecen».

Y su fama se extendió rápidamente por todas partes,

en toda la región de Galilea (Marcos 1, 21-28).

 

Contemplación

El evangelio de Marcos conecta dos cosas que hacen a la autoridad: a quiénes  admira y mueve al seguimiento y a quién hace callar, y mueve a la persecución.

El pueblo fiel de Dios se alegra con la doctrina nueva del Señor. Y el mal espíritu se manda a mudar (y se enrosca a la espera de su hora); Jesús lo hace callar y lo echa, no deja que atormente a este pobre hombre (ni a nadie que no quiera).

 

Desde entonces, el Nombre de Jesús hace que se aleje cualquier tentación y convoca a los humildes.

Los pobres son evangelizados, esa es la buena noticia.

 

Acabamos de tener un encuentro de jesuitas y un compañero hizo una síntesis tan linda de la consolación que nos trae el Papa Francisco, que la quiero compartir. Estábamos hablando de la gracia que significa tener un Papa que haya salido de nuestra tierra, que haya dado clase en el mismo salón en que estábamos reunidos y habitado nuestra casa del Colegio Máximo de San José, y Pablo dijo que lo que más le alegraba era sentir que esa alegría de palabras y gestos sencillos, que él había mamado en su casa y trabajando en el barrio, ahora estaba instalada en las estructuras más altas de la Iglesia. Que antes parecía como que no estaba y ahora sí. Y es verdad, a uno le alegra escuchar de labios del Papa, desde la Cátedra de Pedro, las mismas palabras y ejemplos, que en nuestras épocas de estudiantes nos hicieron descubrir la riqueza de gracia que habita en el corazón del pueblo fiel de Dios, al que Jorge nos envió a servir.

 

Los pobres son evangelizados. Esa fue la reivindicación que hizo Jesús de la autenticidad de su misión y sigue siendo la piedra de toque.

 

La palabra “pobre”, unida a pequeños, sencillos de corazón, gente simple, gente pueblo, gente común, tiene muchas connotaciones: alude a situaciones sociales de inequidad, por ejemplo, como cuando uno dice que en una sociedad pobres son los que quedan excluidos del sistema al que todos aportamos y que nos sostiene a todos. Tiene también una connotación más honda, existencial y teológica, como cuando hablamos de “pobres de espíritu”, de humildad de creaturas que reconocen que Dios es su única riqueza y por eso lo adoran y lo obedecen filialmente.

 

Quizás lo importante es que se trata de una categoría salvadora e inclusiva: todos podemos ser pobres. Basta dar un poco, para que disminuya nuestra riqueza, y ponerse en actitud de recibir, para experimentar nuestra necesidad.

Llegar a ser ricos o sabios o mejores, a veces un siente que no está a su alcance en una medida digna de ser mencionada. Pero llegar a ser más pobrecito, bajar un escalón poniéndonos a nivel de otro que está más abajo, siempre se puede.

Y esto en todo nivel. A nivel doctrinal, basta ponerse en contacto con la propia  ignorancia en tantas cosas (es tan poquito lo que uno llega a conocer y a saber!) para que brote como una fuente de luz y de sabiduría ante nuestros ojos cualquier palabra del Evangelio de Jesús. Sólo alguien que está enceguecido con su propia opinión (por defender algún interés, por supuesto) puede no abrirse a la maravilla del Evangelio. Entre tanto palabrería es tan refrescante escuchar las palabras de Jesús. Por eso el Papa recomienda llevar siempre con uno un pequeño evangelio (o tener alguna aplicación en el celular) para poder leer algún versículo del evangelio en cualquier momento y dejar que esa semilla buena vaya creciendo en nuestro corazón.

 

Aquí está la clave contemplativa para el día de hoy: hacete pobre para poder admirarte de la autoridad de Jesús, para que su palabra te evangelice hoy y acalle tus malos espíritus, de cualquier tipo que sean.

 

San Ignacio tiene una expresión muy linda en la contemplación del Nacimiento. Dice: “ver a nuestra Señora y a Joseph y a la empleada (porque él imagina una empleada que le ayuda a la Virgen), y al niño Jesús, después de ser nacido, haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, mirándolos, contemplándolos y sirviéndolos en sus necesidades, como si presente me hallase, con todo acatamiento y reverencia posible; y después reflexionar en mí mismo para sacar algún provecho” (EE 114). Así rezaba Ignacio. Y así trataba luego a la gente: haciéndose como un pobrecito y esclavito indigno de todos y para todo.

 

Hacete hoy un pobrecito indigno en alguna situación que te toque vivir y verás cómo se enciende la lucecita del evangelio y Jesús te comienza a hablar interiormente y a confirmar tus pasos haciéndote sentir su gracia en tu corazón.

 

Diego Fares sj