Santa María Madre de Dios B 2015

 Noticias

Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre.

Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.

Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.

Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.

Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción (Lc 2, 16-21).

 

Contemplación

Un año termina y el otro comienza y es significativo que el 31 esté lleno con el resumen de las grandes noticias que ya pasaron y que el 1 no haya diarios. Aprovecho le hueco y lo cubro con la noticia del pesebrito, maravilla para los pastores e imagen imborrable que María y José guardan en su corazón (el más tierno pesebre viviente sobre la tierra y el cielo). La Noticia Buena del Niño Dios en el pesebre es La Noticia escondida en todas las noticias: la Noticia increíble de que Dios se ha enamorado de nuestra pequeñez.

Y la gracia del comienzo de año es la de saber encontrar las pequeñas buenas noticias, los evangelios, digamos, en todas las grandes noticias. Como no sabemos cuáles serán las noticias del 2015, nos ejercitamos poniendo el zoom del corazón en las noticias del 2014, que ya se fue. Les comparto algunas, por orden de compasión y no de mundanidad.

 Las Tragedias del año

Un tipo de «grandes noticias» son las de las tragedias del año.

En nuestra patria, los diez años de Cromagnon nos siguen – nos tienen que seguir- haciendo llorar, al igual que las sagradas víctimas de la tragedia evitable de Once, en la que no hay ninguna bengala ni complicidad posible que pueda ser usada políticamente para dividir culpas.

El acompañamiento a las víctimas es tiempo santo. Hace unos días lo expresó el Papa Francisco y me pareció que es la frase para poner grande en nuestro Casa de la Bondad y hacer extensiva a todas nuestras obras de misericordia en las que tantos colaboradores «dan su tiempo»: «el tiempo pasado junto al lecho del enfermo es tiempo santo». Y cuando dedicamos tiempo a acompañar con ternura al que está en la Cruz los diálogos siempre tienen algo de pesebrito. Como que la ternura de la vida que nace y de la vida que sufre se guarda en el mismo lugar del corazón.

El pasado 22, en el andén de Once, saludé a Ricardo. Estaba a un costadito y me dijo, como disculpándose, que él era de los que se habían salvado. Que solo se golpeó en la cabeza y que estaba bien. Lo único es que se le dormía el brazo cuando trabajaba y como era carpintero eso lo disminuía mucho, pero que él se las había arreglado solo, sin molestar a nadie, y aunque tenía su abogado, lo suyo no era mucho… Yo lo escuchaba cada vez mas conmovido porque su historia me abría los ojos a los más de 700 heridos y heridas, con grandes o pequeñísimas lesiones –esas llaguitas que el Señor conserva en su cuerpo por toda la eternidad-, que solo conoce cada uno, en la intimidad de su familia o de su soledad. Y me daba tanta pena. Como si tuviéramos que salir corriendo a preguntar a cada lastimado como estás, a usted que le pasó, en qué le podemos ayudar… La maquinaria del estado es ese tren que no para a tiempo, que se lleva todo por delante y que, después, se moderniza y borra las huellas de las tragedias (a veces ni siquiera: solo las pinta un poco). Y la dinámica del pesebre va para el otro lado, para el lado de no llevarse puesto a nadie, de no pasar siquiera, mirando para otro lado sino de ir a buscar al que necesita para ponerlo en el centro de nuestra vida y dedicarle tiempo con todo el cariño que podamos.

 Las fiestas del año

Otro tipo de «grandes noticias» son las de cómo festeja el fin año la parte más privilegiada de la humanidad. Las fotos de la gente que brinda en todo el mundo bajo el estruendo de hermosísimos fuegos artificiales, con música, lindos vestidos, en lugares lujosos y con manjares exquisitos, suelen tener lugar central en los medios. En nuestro humilde Hogar, el 30, tuvimos rica comida. Nuestra coordinadora me contó, conmovida, que al anunciar por los comedores que lamentábamos mucho no poder brindar nuestro servicio el 31, por el feriado y por no contar con personal suficiente, en vez de quejas, en el primer comedor, estalló un lindo aplauso. Que la mayoría de nuestros comensales -no son todos, por supuesto- nos crea cuando les decimos que lamentamos no poder atenderlos mejor y que aplauda nuestro año de trabajo cuando les mostramos lo que no les podemos brindar, es un mimo para el alma. Quizás en la época de Jesús no se aplaudía, como ahora, que aplaudimos hasta en los entierros, como forma de expresar admiración y cariño sin palabras, no sólo en las buenas sino también en las dolorosas y tristes, pero al compartir el aplauso de nuestros comensales, me imaginaba a los pastores aplaudiendo a María y a José al ver cómo lo habían traído al mundo a Jesusito, como diciéndoles: «bravo, no estén tristes por el pesebre y la pobreza, nosotros sabemos todo lo que hicieron y al Niño se lo ve de lo más cuidado, hicieron lo mejor que podían y, es más, los ángeles nos dijeron que la señal iba a ser esta, el pesebrito. No crean que lo suyo es poca cosa. No lo es para nosotros ni para Dios. Los que trabajamos en este oficio duro y pobre, sabemos apreciar las cosas y les decimos que estuvieron bárbaros. María, sos lo más… José ¡genio! el pesebre lo tienen que patentar».

La verdad es que hablando así me emociono y me imagino reporteando a los pastores y compartiendo sus opiniones sobre el acontecimiento y doy fe de que es lindo hacer estas «contemplaciones» en las que uno se mete en la escena, haciéndose un esclavito indigno como dice Ignacio, y conversando con los personajes del evangelio, que es «interactivo», como dice Spadaro.

 Los personajes del año y un premio nobel

Otras noticias grandes son las de los personajes que se destacaron. Aquí coinciden los medios y el evangelio en que el Papa Francisco sigue siendo noticia,  buena noticia. Un famoso periodista decía que los gestos de Francisco, no sólo no se han gastado luego del primer año, como suele pasar, sino que se han diversificado y ampliado a muchos ámbitos: ámbitos grandes, como lo de EE.UU. y Cuba, y ámbitos pequeños, como el saludo que le hizo por teléfono a Edwin, el esposo de Tatiana que murió en el tren con su bebita no nacida Uma. Francisco lo llamó luego de tres meses desde que Edwin le escribiera (se le había traspapelado el mail en el que le escaneé la carta) y Edwin que estaba en la plaza con sus hijitas y su madre, no quería creer que era el Papa. «Yo le decía ‘esto es una cargada’ (pensaba que era un amigo mío) pero cuando me empezó a dar detalles de cuando habíamos conversado en la Catedral de Buenos Aires y se acordaba del nombre de mi hijo, ahí me emocioné y me di cuenta de que era él. Me puse a llorar y mi mamá también y las nenas le mandaban saludos y besitos y estábamos todos alborotados. Cómo puede ser que este hombre que es el más importante del mundo se acuerde de mí y de todo lo que charlamos hace tres años».

Si hubiera un premio Nobel a la vacuna contra el pecado, diría que lo tiene que ganar Francisco por la garra que le puso a una misericordia que alcanza a todas las situaciones -porque Dios no se cansa de perdonar-, junto con el discernimiento de que el gran pecado es la mundanidad espiritual.

Y aquí me detengo un momento. Esto de la mundanidad espiritual hay que entenderlo bien. Porque solemos poner el acento en la primera palabra, mundanidad, y nos parece que ya sabemos de lo que se trata («ya sé que no hay que amar al mundo, pero es tan lindo, o está tan metido…»).

Y la cuestión es más compleja, porque de lo que se trata es de desarmar una falacia, de desenmascarar un engaño del maligno. No es que «no se debe» amar lo mundano», es que, en realidad, «no se puede». La tentación es darle tributo espiritual a lo que sólo es carnal.

 No amen al mundo

La mundanidad espiritual consiste en amar al mundo, amar los deseos de la carne, la codicia de los ojos y la ostentación de las riquezas.

Ayuda una sencilla (pero muy profunda) distinción: en lo que llamamos amor o querer, una cosa es “necesitar” y otra “desear”. Una mamá que acaba de tener a su bebé “necesita” descansar, pero “desea»  tener en brazos a su bebé y no se cansa de mirarlo todo el tiempo. La necesidad del descanso puede ser imperiosa en algún momento, pero apenas se sacia, desaparece y da rienda suelta al deseo de estar con su bebé. El amor de deseo no se sacia. Por el contrario, se incrementa con la presencia de la persona amada.

Las cosas en cambio, aunque las forcemos, a lo sumo dan una ilusión momentánea de colmar nuestro deseo. Uno puede ponerle todas las fichas a su auto, a su celular o a su casa, pero con muchísimo trabajo para que estén diez puntos y nos satisfagan, no alcanzan a darnos lo que los ojos de un bebé nos dan -íntegra y plenamente- en una sonrisita.

Mundanidad espiritual es desear lo que sólo necesitamos. Ponerle fichas de más a cosas que dan hasta ahí.

Es verdad que los deseos de la carne, la avidez de los ojos y la búsqueda de riquezas son pulsiones fuertes que pueden tenernos «atados» casi toda la vida. Se trata de bienes que necesitamos y que el mundo organiza de manera tal que creen  adicción. Puede que seamos «adictos» a la mundanidad, cada uno en algún  grado… pero eso no significa que le tengamos que dar el corazón.

Nuestro amor es para el Padre, para Jesús y el Espíritu, para la Virgen  San José, para el prójimo. Las cosas, tanto cuanto ayuden, como dice Ignacio.

Esa es la  buena noticia del Niño Dios en el pesebre: que podemos amar a Dios y al prójimo siendo pecadores. Podemos desear de corazón los bienes personales más altos aunque tengamos alguna adicción a bienes mundanos más bajos. Jesús nos solo nos permite sino que nos manda: carga tu cruz -lo mundano que necesitas de algún modo no libre y que te esclaviza- y sígueme.

Te habías enterado que es verdad que sos pecador pero que no tenés que amar tu pecado? Puede que el mundo te tenga de cliente cautivo para algunas cosas, pero aunque no te deje que des por terminada tu suscripción y te sigan llegando las cuentas, no estás obligado a darle tu corazón. Y no tenés que justificar nada. Ya lo hizo el Niño por vos.

Diego Fares sj