Domingo 4 B 2015

El pueblo fiel se alegra con la autoridad de Jesús

bergoglio ente la gente

(Jesús con sus cuatro primeros discípulos…) Entraron en Cafarnaún,

y cuando llegó el sábado fue a la Sinagoga y comenzó a enseñar.

Todos estaban asombrados de su doctrina,

porque les enseñaba como quien tiene autoridad

y no como los escribas.

Y de pronto, había en la sinagoga un hombre poseído

de un espíritu inmundo que se puso a gritar diciendo:

« ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno?

¿Viniste a acabar con nosotros?

Te conozco, sé quién eres: el Santo de Dios.»

Pero Jesús lo increpó, diciendo:

« Cállate y sal de este hombre.»

Y sacudiéndolo violentamente el espíritu inmundo,

gritando con un gran alarido, salió del hombre.

Y quedaron todos pasmados de manera tal que se preguntaban unos a otros:

« ¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva… y con autoridad…!

Ordena a los espíritus impuros y estos lo escuchan y le obedecen».

Y su fama se extendió rápidamente por todas partes,

en toda la región de Galilea (Marcos 1, 21-28).

 

Contemplación

El evangelio de Marcos conecta dos cosas que hacen a la autoridad: a quiénes  admira y mueve al seguimiento y a quién hace callar, y mueve a la persecución.

El pueblo fiel de Dios se alegra con la doctrina nueva del Señor. Y el mal espíritu se manda a mudar (y se enrosca a la espera de su hora); Jesús lo hace callar y lo echa, no deja que atormente a este pobre hombre (ni a nadie que no quiera).

 

Desde entonces, el Nombre de Jesús hace que se aleje cualquier tentación y convoca a los humildes.

Los pobres son evangelizados, esa es la buena noticia.

 

Acabamos de tener un encuentro de jesuitas y un compañero hizo una síntesis tan linda de la consolación que nos trae el Papa Francisco, que la quiero compartir. Estábamos hablando de la gracia que significa tener un Papa que haya salido de nuestra tierra, que haya dado clase en el mismo salón en que estábamos reunidos y habitado nuestra casa del Colegio Máximo de San José, y Pablo dijo que lo que más le alegraba era sentir que esa alegría de palabras y gestos sencillos, que él había mamado en su casa y trabajando en el barrio, ahora estaba instalada en las estructuras más altas de la Iglesia. Que antes parecía como que no estaba y ahora sí. Y es verdad, a uno le alegra escuchar de labios del Papa, desde la Cátedra de Pedro, las mismas palabras y ejemplos, que en nuestras épocas de estudiantes nos hicieron descubrir la riqueza de gracia que habita en el corazón del pueblo fiel de Dios, al que Jorge nos envió a servir.

 

Los pobres son evangelizados. Esa fue la reivindicación que hizo Jesús de la autenticidad de su misión y sigue siendo la piedra de toque.

 

La palabra “pobre”, unida a pequeños, sencillos de corazón, gente simple, gente pueblo, gente común, tiene muchas connotaciones: alude a situaciones sociales de inequidad, por ejemplo, como cuando uno dice que en una sociedad pobres son los que quedan excluidos del sistema al que todos aportamos y que nos sostiene a todos. Tiene también una connotación más honda, existencial y teológica, como cuando hablamos de “pobres de espíritu”, de humildad de creaturas que reconocen que Dios es su única riqueza y por eso lo adoran y lo obedecen filialmente.

 

Quizás lo importante es que se trata de una categoría salvadora e inclusiva: todos podemos ser pobres. Basta dar un poco, para que disminuya nuestra riqueza, y ponerse en actitud de recibir, para experimentar nuestra necesidad.

Llegar a ser ricos o sabios o mejores, a veces un siente que no está a su alcance en una medida digna de ser mencionada. Pero llegar a ser más pobrecito, bajar un escalón poniéndonos a nivel de otro que está más abajo, siempre se puede.

Y esto en todo nivel. A nivel doctrinal, basta ponerse en contacto con la propia  ignorancia en tantas cosas (es tan poquito lo que uno llega a conocer y a saber!) para que brote como una fuente de luz y de sabiduría ante nuestros ojos cualquier palabra del Evangelio de Jesús. Sólo alguien que está enceguecido con su propia opinión (por defender algún interés, por supuesto) puede no abrirse a la maravilla del Evangelio. Entre tanto palabrería es tan refrescante escuchar las palabras de Jesús. Por eso el Papa recomienda llevar siempre con uno un pequeño evangelio (o tener alguna aplicación en el celular) para poder leer algún versículo del evangelio en cualquier momento y dejar que esa semilla buena vaya creciendo en nuestro corazón.

 

Aquí está la clave contemplativa para el día de hoy: hacete pobre para poder admirarte de la autoridad de Jesús, para que su palabra te evangelice hoy y acalle tus malos espíritus, de cualquier tipo que sean.

 

San Ignacio tiene una expresión muy linda en la contemplación del Nacimiento. Dice: “ver a nuestra Señora y a Joseph y a la empleada (porque él imagina una empleada que le ayuda a la Virgen), y al niño Jesús, después de ser nacido, haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, mirándolos, contemplándolos y sirviéndolos en sus necesidades, como si presente me hallase, con todo acatamiento y reverencia posible; y después reflexionar en mí mismo para sacar algún provecho” (EE 114). Así rezaba Ignacio. Y así trataba luego a la gente: haciéndose como un pobrecito y esclavito indigno de todos y para todo.

 

Hacete hoy un pobrecito indigno en alguna situación que te toque vivir y verás cómo se enciende la lucecita del evangelio y Jesús te comienza a hablar interiormente y a confirmar tus pasos haciéndote sentir su gracia en tu corazón.

 

Diego Fares sj

Domingo 3 A 2015 – La conversión de San Pablo

 

Jesús se apareció a los Once y les dijo:
«Vayan por todo el mundo, anuncien 
la Buena Noticia a toda la creación (Mc 16, 15).

Evangelizadores hoy


Saulo, que todavía respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres o mujeres.
Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»
El preguntó: «¿Quién eres tú, Señor?»
«Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer».
Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. Allí estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber.
Vivía entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en una visión: «¡Ananías!»
El respondió: «Aquí estoy, Señor».
El Señor le dijo: «Ve a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. El está orando y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista».
Ananías respondió: «Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en Jerusalén. Y ahora está aquí con plenos poderes de los jefes de los sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre».
El Señor le respondió: «Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre».
Ananías fue a la casa, le impuso las manos y le dijo: «Saulo, hermano mío, el Señor Jesús -el mismo que se te apareció en el camino- me envió a ti para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo.»
En ese momento, cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Después comió algo y recobró sus fuerzas.
Saulo permaneció algunos días con los discípulos que vivían en Damasco, y luego comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.
Todos los que oían quedaban sorprendidos y decían: «¿No es este aquel mismo que perseguía en Jerusalén a los que invocan este Nombre, y que vino aquí para llevarlos presos ante los jefes de los sacerdotes?» Pero Saulo, cada vez con más vigor, confundía a los judíos que vivían en Damasco, demostrándoles que Jesús es realmente el Mesías (Hc 9, 1-22).

 

Contemplación

En el avión de regreso de Manila, el P. Lombardi inició la conferencia de prensa pidiendo al Papa Francisco que se explayara un poco acerca de las personas que está canonizando de acuerdo a la metodología que se llama “equivalente”. El Papa explicó que esta metodología, según el Derecho Canónico:

“Se aplica cuando un hombre o una mujer es beato, beata, desde hace mucho tiempo y tiene la veneración del pueblo de Dios, que de hecho lo venera como santo, y no se hace el proceso. Hay algunos casos así desde hace siglos. El proceso de Ángela de Foligno fue así; ella fue la primera. Después decidí hacer lo mismo con personas que han sido grandes evangelizadores y evangelizadoras. En primer lugar, Pedro Fabro, que fue un gran evangelizador de Europa: murió –podríamos decir– en el camino, cuando, con cuarenta años, viajaba para evangelizar. Y después vinieron los demás: los evangelizadores de Canadá, Francisco de Laval y María de la Encarnación, que, por el gran apostolado que hicieron, fueron prácticamente los fundadores de la Iglesia en Canadá, siendo él Obispo y ella religiosa. El siguiente fue José de Anchieta, de Brasil, fundador de São Paulo, que hacía tiempo que era beato, y ahora es santo José Vaz, aquí, como evangelizador de Sri Lanka. Y en septiembre próximo, Deo mediante, haré la canonización de Junípero Serra, en los Estados Unidos, porque fue el evangelizador del oeste de los Estados Unidos. Son figuras de grandes evangelizadores, que están en sintonía con la espiritualidad y la teología de la Evangelii gaudium. Y por eso he elegido esas figuras. Era esto”.

 

Es decir: el Papa está canonizando a grandes predicadores del Evangelio del Reino de Dios, como hacía Jesús nuestro Señor. Hombres y mujeres que salieron a evangelizar y fueron a las periferias, haciendo que la alegría del Evangelio llegara a muchos, especialmente a los más alejados y necesitados.

 

La liturgia de la fiesta de la Conversión de San Pablo nos pone al Apóstol como evangelizador: el mismo Jesús define a Pablo como “un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones”.

 

¿Qué es evangelizar?

Evangelizar es “llevar el Nombre de Jesús” a toda la gente, a todas las situaciones.  La Buena Noticia se puede resumir en el Nombre bendito de Jesús, que protege a todo el que lo invoca con fe y transfigura hasta las más pequeñas acciones que realizamos en su Nombre. Es notable, por ejemplo, cómo aleja cualquier tentación decir: que el Nombre de Jesús me proteja de esto.

 

¿Cómo reza un evangelizador?

En Evangelii Gaudium, Francisco nos habla de la oración de Pablo.

“Miremos por un momento el interior de un gran evangelizador como san Pablo, para percibir cómo era su oración. Esa oración estaba llena de seres humanos: «En todas mis oraciones siempre pido con alegría por todos ustedes […] porque los llevo dentro de mi corazón» (Flp 1,4.7)2” (EG 281).

La oración del que evangeliza está llena de rostros. Pensar en la gente, interceder por sus necesidades no nos aparta de la contemplación.

 

¿De qué se tiene que convertir el que quiere evangelizar?

Pablo fue una persona que se convirtió de perseguidor en “evangelizador”. Jesús lo convierte en el camino, le hace ver que es Él, Jesús, al que persigue, cuando maltrata a los cristianos. Este Rostro del Señor, que lo deja ciego, se le graba de tal manera, que lo verá de ahí en más en todo. En vez de criticar y de quejarse por las situaciones de cruz, Pablo pasó a encontrar lo bueno en todo y en  todos: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”. “Me hago todo a todos… con tal de ganar a alguno para Cristo”.

 

¿Cuándo y dónde se puede evangelizar?

El Anuncio del Evangelio será la vida de Pablo y lo llevará a todas las periferias. “Hay de mi si no evangelizare” (1 Cor 9, 16). El evangelio será “su dulce y confortadora alegría”. Porque el bien crece cuando se comunica (EG 9) y el Evangelio es nuestro mayor bien.

Este es el Espíritu que impulsa al Papa Francisco a ir a las fronteras, a animarnos a todos a que salgamos a evangelizar. Es que junto con el Evangelio vienen todos los dones:

“Porque el Evangelio que les hemos anunciado llegó hasta ustedes, no solamente con palabras, sino acompañado de poder, de la acción del Espíritu Santo y de toda clase de dones…Y ustedes, a su vez, imitaron nuestro ejemplo y el del Señor, recibiendo la Palabra en medio de muchas dificultades, con la alegría que da el Espíritu Santo” (1 Tes 1, 4-6).

Qué lindo esto de “recibir la Palabra con alegría en medio de muchas dificultades”. En eso consiste nuestra vida Cristiana, nuestra alegría radica en la Palabra,  en recibir la Palabra, en poder “sentirla y saborearla en la contemplación” y en poder salir a anunciarla a otros con obras de misericordia, para consolar y ganar corazones.

 

Evangelizar a la gente y a todas las culturas e inculturar el evangelio es tarea sacerdotal: de todos los bautizados, como pueblo sacerdotal de Dios.

Hay dos defectos muy actuales que nos dan la anti –imagen de lo que significa esta misión sacerdotal de evangelizar. Hoy en día, a nivel grande se habla de “tráfico de influencias”. Es lo que en pequeño se llama “llevar y traer”, chusmear.

La tarea sacerdotal es “influenciar bien”. Influenciar a la gente para que se acerque con confianza a la Misericordia del Padre y hablarle bien al Padre y a los demás de sus hijitos, interceder por ellos. Es lo que hace Jesús, cuando nos anima con sus parábolas a confiar en que el Padre nos ama. Es lo que hace cuando habla bien de las dos moneditas de la viuda o de la fe grande del Centurión.

El Señor evangeliza hablando bien, comunicando la Buena Noticia, ejerciendo su influencia para salvar y para incluir a todos.

Por este lado va la hermosa tarea de Evangelizar que nos encomendó.

…………

 

De la Buena Noticia bajamos a nuestra realidad, secuestrada por las malas noticias, o, lo que es mucho peor, por las noticias falaces, con las que somos bombardeados los que estamos metidos en medio de una guerra de interpretaciones. Utilizo la palabra “falaz” porque es la que usa Ignacio en sus reglas de discernimiento para tipificar el modo de proceder del mal espíritu.

 

Leamos un momento la regla de Ignacio:

“Es propio de Dios y de sus ángeles en sus mociones dar verdadera alegría y gozo espiritual, quitando toda tristeza y confusión que el enemigo induce. Porque es propio del mal espíritu militar contra la tal alegría y consolación espiritual trayendo razones aparentes, sutilezas y asiduas falacias” (EE 329).

La Palabra de Jesús siempre nos alegra el corazón, nos envuelve con su alegría y nos va iluminando luego, poco a poco, las cosas. No ilumina ni aclara todo, pero da entusiasmo para caminar y para seguir buscando cada día.

Las falacias del demonio, en cambio, nos entristecen y nos empantanan. Suelen tener algo adictivo, fascinante –como la curiosidad con que seguimos los detalles escabrosos de una muerte como la del Fiscal Alberto Nisman-, pero de última nos dejan mal sabor. Uno termina afirmando esa falacia que ya está como instalada en nuestra sociedad: “En este país nunca se llegará a conocer la verdad”.

Discierno que es una falacia, en primer lugar, intuitivamente, por el desánimo y la tristeza que suscita. La rechazo de plano diciendo que: Es una mentira –total y diabólica- eso de que “en este país nunca se llega a saber nada”. En ningún ámbito humano se puede llegar a “saber todo”. Y, evangélicamente, Jesús nos ha prometido que un día “todo lo oculto quedará manifiesto” y Él juzgará a cada uno según sus obras. Con esto, en un cristiano, no puede reinar esa desesperanza.

Salvaguardada la justicia final, que es de Dios, puedo –podemos- cultivar la justicia a pequeña escala, en nuestro ámbito de acción y hacer frente a las noticias falaces con la Buena Noticia del Reino de Dios. Podemos comenzar por valorar y reivindicar el sentimiento de los más humildes que “se entristecen por el mal”: la gente que llama a la radio diciendo, simplemente: “hoy estoy muy triste”. Si somos capaces de entristecernos al escuchar a los falaces cerniéndose como buitres sobre un cadáver, es que sabemos una verdad muy importante. Este pequeño sentimiento puede parecer poca cosa para enfrentar al terrorismo, a la corrupción,  a la burla, a la lucha mezquina. Quizás sea poca cosa-esto de alegrarse con la verdad y entristecerse con la mentira-, pero hace a la altura y a la profundidad de nuestro corazón. Y a la capacidad de unirnos socialmente con los que cultivan la misma honradez. No alegrarse con la mentira ni con la burla ni siquiera cuando el que la sufre es nuestro adversario es tener grandeza de ánimo, lealtad, capacidad de juego limpio. El que milita contra la alegría, el demonio y sus secuaces, no mira si usa verdad o mentira. El que predica la Buena Noticia cuida el ser buena persona siempre, por sí misma y por los demás, sin importar si tiene delante a gente sin escrúpulos.

Entre la minoría poderosa de los corruptos y la más o menos extendida clase media de una pretendida neutralidad, podemos integrarnos a esa inmensa mayoría del pueblo fiel de Dios que evangeliza en su conjunto, cultivando la alegría de la Buena Noticia en su corazón y en cada ámbito de su pequeña vida. Y esto es posible siendo protagonistas, en Nombre de Jesús, del bien y la verdad en nuestras vidas y no espectadores neutralizados de la pelea de los demás. Como siempre nos dice el Papa Francisco: no nos dejemos robar la alegría de evangelizar.

Y para discernir y rechazar esa tentación de quedar “paralizados” por la magnitud de la corrupción y de la lucha a la que asistimos y que nos deja afuera, puede hacernos bien recordar la historia de os ángeles neutrales. Dice así:

Cuando el en aquel entonces hermoso Luzbel y sus ángeles se rebelaron contra Dios, el Arcángel Miguel («quién como Dios!») capitaneó ahí nomás a los ángeles buenos y salió a luchar contra los malos. Sin embargo -como suele suceder- la división de bandos no fue en dos sino en tres. Hubo un grupo -dice la historia- que se declaró neutral: los ángeles neutrales se sentaron en las aceras del Cielo y con cara de espectadores esperaron a ver quién ganaba. Cuando terminó la batalla con la derrota de los ángeles soberbios, dicen que Dios -que no castiga sino que da a cada uno lo suyo con misericordia-, les dió a los malos lo que querían -que era estar lo más lejos posible de El- y creó para ellos el infierno. A los que quisieron ser neutrales no sabía qué darles y como en la eternidad todo ocurre en un instante y uno queda convertido en lo que eligió, los tuvo que enviar a la tierra, entre los mortales, que somos los únicos que pueden mantener la neutralidad durante un  tiempo.

Es así que desde entonces los ángeles neutrales viven mezclados entre nosotros (no se sabe qué harán después). Estos «mitad-ángel-mitad-demonio», estos «esperemos-a-ver-quién-gana», que se creen más vivos que Dios y que el diablo, por su ser de «ángeles» (ángel significa «mensajero», «anunciador», «comunicador» diríamos hoy) se  mezclan en todos los ámbitos donde es clave la comunicación.

Se mezclan también con cada uno de nosotros cada vez que buscamos o pasamos información. Y nos quieren hacer creer que puede haber «ángeles (comunicadores) neutrales».

Sin embargo no es así. Cada vez que paso una noticia -como en el juego del teléfono- va en ella un pedazo de mi corazón…, y puedo jugarme la vida denunciando la corrupción y alentando la bondad en el pequeño espacio en que me toca actuar a mí. Y allí donde no hay nada que hacer, puedo dolerme y llorar en la oración. Eso también es ser “evangelizadores”.

Como dijo Francisco a los jóvenes en Manila: “Sean valientes, no tengan miedo a llorar”.

Francisco improvisó un discurso para que los jóvenes aprendan a llorar, a conmoverse con el sufrimiento ajeno. El Pontífice se inspiró del testimonio de Glyzelle Palomar, de 12 años, que con lágrimas en los ojos le preguntó: ¿Por qué deja Dios que pasen esas cosas, incluso si no es culpa de los niños?

Francisco respondió: 
“Existe una compasión mundana que no nos sirve para nada.
 Vos hablaste algo de eso. Una compasión que a lo más nos lleva a meter la mano al bolsillo y dar una moneda. Si Cristo hubiera tenido esa compasión, hubiera pasado, curado a tres o cuatro y se hubiera vuelto al Padre. Solamente cuando Cristo lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestros dramas”.

El Papa invitó a los jóvenes a aprender del dolor. “Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados; pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades, no sabemos llorar. Ciertas realidades de la vida solamente se ven con los ojos limpios por las lágrimas”.

Mafalda (1)

Diego Fares sj

Domingo 2 B 2015

Como los pobres que se acuestan entre diarios y cartones… así es la oración de los que siguen al Señor

 San José de Francisco

 

Estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos

y, mirando a Jesús que pasaba, dijo:

«Este es el Cordero de Dios.»

Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.

El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó:

«¿Qué quieren?»

Ellos le respondieron:

«Rabí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?»

«Vengan y lo verán», les dijo.

Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día.

Era la hora décima (las cuatro de la tarde).

Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo:

«Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo.

Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo:

«Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro” (Jn 1, 35-42).

 

Contemplación

La palabra del Evangelio de hoy es “seguimiento”: “los dos discípulos siguieron a Jesús”, dice Juan. Y la imagen que se me cruzó y no pude apartar es la del San José dormido del Papa Francisco”. Vamos a juntar la palabra y la imagen y a dejarnos llevar…

 

Ayer en Filipinas, el Papa dijo que él ama mucho a San José y que tiene esa imagencita de San José durmiente (la tenía en su cuarto aquí, frente a Plaza de Mayo) y le pone un papelito cuando tiene alguna intención “para que San José la sueñe”, y le conceda la gracia.

Nunca le había escuchado esa frase: “para que San José la sueñe”. Y me encantó porque sentí que nos hermana con San José: hacer una petición es un poco soñar si se hará realidad, y ponerla para que San José también la sueñe, antes de concederla, es hermanarse en esa espera confiada que deja todo en manos del Padre.

Saber que San José sueña mi petición me llena de paz.

Él la está soñando conmigo.

El Padre verá estos sueños y nos dará lo mejor, cuando y como quiera.

Mientras, lo soñamos.

Y con José, que tenía sueños moviditos, con deseos y angustias y el no temas del ángel.

“… Para que San José lo sueñe”.

 

Aquí viene lo del seguimiento: “Al despertarse, José hizo como el ángel le había dicho y tomó a María su esposa…”.

El seguimiento de Jesús no es obediencia militar. El Señor pone pausas, para que “soñemos” sus cosas antes de llevarlas a cabo. Pausas que ayudan a nuestra libertad, a elegir seguirlo por amor y no por obediencia automática.

 

De eso trata el evangelio de hoy.

 

Juan señala a sus discípulos que el que pasa es Jesús, el Cordero de Dios, y ellos lo siguen inmediatamente. Jesús se da vuelta, y al ver que lo siguen, les pregunta qué buscan.

Esta palabra “qué buscan”, resuena en el corazón de los discípulos con los ecos de los Salmos y de Isaías: “Busquen al Señor, busquen siempre su rostro” (Sal 105, 4), “Busquen al Señor mientras puede ser hallado, llámenlo mientras está cercano” (Is 55, 6).

Buscar una palabra clave que nos hace bucear en nuestros deseos profundos.

 

Con ese fin último que mueve el corazón a latir se quiere conectar Jesús: Busquen el Reino y su justicia y lo demás se dará por añadidura. El que busca encuentra… Yo sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí: ha resucitado

 

Ellos repreguntan: “Maestro, donde habitas”. Algún exegeta dice que no sabían qué decir, pero puede ser también que lo tenían bien planeado: no querían una respuesta rápida sino ir a quedarse con el Rabbí, que es lo que de hecho sucede, porque Jesús los invita: “Vengan y vean”.

Juan recuerda que eran las cuatro de la tarde y que se quedaron –permanecieron- con él todo aquel día. Digo que quizás lo tenían planeado porque la pregunta es “donde permaneces” y luego dice que “permanecieron” con aquel día. Permanecer en Juan es signo de la fe y del amor: “Permanezcan en mi amor”. Quedarse… Estar.

Y no hay manera mejor de permanecer que quedarse a dormir y soñar.

Por eso digo que el seguimiento de Jesús no es sólo ir a cumplir misiones de aquí para allá y hacer esto y aquello, como cuando la gente se admira de toda la actividad del Papa. El seguimiento tiene esta cara de actividad prodigiosa y tiene también la otra cara, la del despatarrarse a dormir y a soñar en Jesús y descansar en él en una oración que consiste en llegar a dormirse en paz en los brazos de Dios.

La oración no es “seguir maquinando”. En Dios la actividad y la fatiga apostólica es fatiga y el descanso es absoluto descanso, vacación, sueño y soñar.

 

Y así como las angustias y preocupaciones del día se nos meten en el sueño y nos desvelan, también es bueno que los sueños lindos y la palabra de Dios “contemplada” –soñada- se nos meta en medio del trabajo del día y nos alegre y pacifique.

Ser contemplativos en la acción y activos en la contemplación, como dice Francisco.

 

En la Biblia, sueños y visiones son lo mismo. Es Dios que extasía nuestros sentidos y nos hace estar sintiendo y gustando sus imágenes y alimentándonos con la Palabra viva.

Eso buscan estas contemplaciones, y las ponemos como un papelito bajo la cabeza de San José, para que se recueste en ellas y las sueñe (como los pobres que se acuestan sobre diarios y cartones así es la oración de los que siguen al Señor).

De soñar un rato y dejarnos llevar por la vitalidad secreta de la Palabra y de rezar imaginando lo que nos gusta, sale luego la misión y se mejora el seguimiento.

 

Contemplar tiene algo de vuelo –de sobrevolar el evangelio abarcando todo y mirando aquí y allá- y también de pozo –de poner el zoom en una escena, en un detalle y ampliar y profundizar quedándose allí.

 

Así es el seguimiento de Jesús, de golpe es dejarlo todo e ir más allá y de golpe quedarse durante años en un sitio y echar raíces.

Por eso la imagen de José yaciente, de sus pies descalzos y quietos, es imagen de seguimiento: porque su afectividad está activa en el sueño y la Palabra que se le revela es la que lo pondrá en movimiento, de aquí para allá, llevando consigo a la Madre y al Niño.

Le pedimos a San José que sea patrono de nuestra oración y que nos enseñe a contemplar soñando como él para poder seguir a Jesús también en la acción.

 

Ayer el Papa hizo este gesto, cuando contaba de su devoción a San José y es una linda imagen de cómo poner las manos al ir a rezar, no solo juntas sino como almohada de nuestra mente que necesita descansar y soñar las cosas de Dios para poder seguirlo descansadamente en medio de las fatigas.

Francisco y San José

Diego Fares sj

Bautismo del Señor B 2015

Lo lindo de Dios es para todos

ChristRessuscit-copie-1

Juan predicaba, diciendo:

«Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo,

y yo ni siquiera soy digno

de ponerme a sus pies

para desatar la correa de sus sandalias.

Yo los he bautizado a ustedes con agua,

pero él los bautizará con el Espíritu Santo.»

En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea

y fue bautizado por Juan en el Jordán.

Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían

y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma;

y una voz desde el cielo dijo:

«Tú eres mi Hijo predilecto,

en ti tengo puesto todo mi agrado» (Mc 1, 7-11).

 

Contemplación

 

Tres imágenes de Epifanía, esa entrada total y para siempre de Dios en nuestra historia humana: los reyes paganos que vienen a adorar,

Jesús haciendo fila con los pecadores

y el Señor con su Madre y su equipo de discípulos en las bodas del amor humano,

en la cocina de la casa de los novios de Caná de Galilea.

 

Tres imágenes de cómo Jesús llega a las periferias o viene de ellas o habita en ellas.

 

Este es el Jesús que le “agrada” al Padre.

Le agrada mucho, muchísimo, tanto que está “chocho con su predilecto”.

Ahora bien, esta felicidad que se da en la relación entre ellos, más aún, esta Alegría que es Dios mismo (Amor del Padre y del Hijo que se requieren, como dicen los chicos), es algo totalmente expansivo, más que el Big Bang (ese Amor es el famoso Big Bang, que dicen que se puede medir pero “no se sabe por qué se expandió algo tan armoniosamente hermoso como este universo”; ¡cómo no van a saber que eso tiene nombre y se llama Amor del Padre que se derrocha para nosotros en su Hijo predilecto y nos hace lugar en la existencia!).

O sea: el Amor es lo único expansivo, lo único que puede hacer big bangs verdaderos y para siempre. Lo demás son cuetes y fuegos artificiales.

Y como este amor es salida de sí para los demás, por eso el Padre está feliz de que su Predilecto llegue con este mensaje a los pequeñitos, aunque le cueste la vida, que llegue a esos que no saben para qué los trajeron a sufrir tanto en este mundo,  y no se le pierda ni se le escandalice ninguno (viste vos que sos padre o mamá cómo cuando pasa algo bueno con uno de tus hijos enseguida mirás que lo tomen bien los otros y encontrás la manera para que no haya celos). Que no se le pierda ni el más pecador, ni el más sufriente, ni el más caprichoso, ni el menos tenido en cuenta, ni el que vive poquito tiempo –unos instantes desde su concepción, unos días en la cunita de terapia, unos meses en brazos de su mamá- ni el que vive mucho – largos años de andar de aquí para allá sin encontrarse con su amor, buscándolo en las creaturas a tientas, dando manotazos sin encontrarlo-. El Padre quiere que todos sintamos lo mismo que sintió Jesús: vos sos mi hijo predilecto, en vos tengo puesto todo mi agrado.

Esta es la Alegría del Evangelio y Jesús la trae para todos. No es una frase para que solo la escuchen los exegetas en idiomas extraños, es para que resuene en los oídos de toda la gente como la melodía de la última canción de moda o como la canción que siempre tarareamos.

Jesús nos anuncia esta verdad –que a Dios le podemos decir Padre (como cada uno lo diga: papi, viejo, father, papá, o papuchi como dice una amiguita mía) y hacerlo sanamente como lo hace Él, sin proyectar en la divinidad los miedos, los fantasmas, las ilusiones o las ambiciones que tenemos (Hanna Wolf).

Nadie puede evitar pensar a Dios proyectando lo más íntimo que vive: divinizamos lo más fuerte –bueno y malo- que vivimos, somos seres que trascienden conscientemente porque la vida es eso, no quedarse encerrado en la propia célula sino salir a comunicarse con las demás y juntas llevar adelante la vida. Pero Jesús sanea ese impulso vital, nos revela el modo correcto de charlar con Dios y de hacer lo que le agrada (que no es que le hagamos monumentos religiosos y liturgias raras, profecías tremendistas y dinámicas de autoayuda, sino que primero salgamos en ayuda de los más frágiles y después sí, recemos lo más lindo que podamos).

 

Bueno, la cuestión es que la Epifanía nos dice en tres íconos que esta Alegría es para derrochar, no para administrar en dosis homeopáticas. Cada uno se llevará su botellita de agua bendita y la tomará en los sorbos que corresponda, pero tenemos que anunciar que la fuente de Agua Viva está para que se sumerjan de cabeza todos los que quieran. Te podés conectar desde cualquier lugar del planeta y el evangelio te actualiza la App en diez segundos y te da las instrucciones para encontrar tu pozo de agua viva en el lugar que estés. Eso es Espíritu: sopla donde quiere (y donde lo quieren). No tenés que pagar nada pero, eso sí, vas a tener que cavar en tu interior, limpiar la pieza, hacer lugar a otros… Pero el Bautismo está: te podés tirar a la pileta ya y el Señor te va a limpiar y vivificar.

 

Vamos a los tres íconos epifánicos (que iluminan para todos lados):

 

Los que adoran

Me gusta pensar que los reyes representan lo más inteligente de la humanidad. Son esos tipos que estudian, que investigan, apasionados por descifrar el universo, por encontrar las claves que nos permiten entender dónde habitamos, cómo vinimos a la vida, cómo funciona el cosmos… Pero no son del tipo funcionalista, que quiere inventar cosas para ganar plata. Son los que tienen un ojo en la materia y el otro en lo trascendente. Miran la estrella pero para que los lleve al Niño. Y van equipados con regalos, porque quieren adorar (como el buen Samaritano, que iba equipado con primeros auxilios porque quería ayudar).

Esta es la palabra –adorar-. Son gente inteligente que sabe que lo más inteligente es adorar. Cuando tocan el límite adoran.

 

Una reflexión sobre el límite y la adoración. Hay algunos que, cuando tocan el límite se enojan, se vuelven violentos y empujan o resentidos y se encierran,o escépticos y se burlan.

Los Magos, en cambio, salen a buscar y cuando encuentran el misterio se postran, adoran y regalan. Recién después siguen su camino, esquivando a los Herodes y a sus cortes mundanas.

Dios está en la periferia de nuestro yo y lo encuentra el que sale de sí en la adoración y el regalo.

 

En estos días hemos sufrido la violencia extrema desatada entre los que maltratan los límites en nombre de lo que consideran sagrado e innegociable. Para Charlie Ebdo, el derecho al humor es sagrado: el humor es signo de la más alta intelectualidad. No tienen el principio cristiano de que, si algo escandaliza a mi hermano, eso es para mí un límite para lo que considero un derecho y puedo renunciar a hacerlo con tal de no escandalizar. Para los terroristas, su culto a Dios es sagrado y con eso no se bromea. No tienen el valor cristiano de perdonar el que traspasa un límite y nos ofende y de estar dispuestos a dar la vida por Dios en vez de quitarla a otros.

 

Los que son parte del pueblo fiel

Los que acuden a Juan para que los bautice son la gente del pueblo fiel de Dios. Jesús va de incógnito entre ellos, como uno más. No está allí para ser adorado sino para mezclarse –como el agua con el vino antes de la consagración (se mezcló con nuestra vida humana)-, para acompañar, simplemente.

Esta gente en medio de la cual camina Jesús, es la inmensa mayoría de la humanidad: los que trabajan, los que sostienen el mundo con su cariño, su paciencia y su laboriosidad. Los que viven la vida, crían a sus hijos, sirven cada uno en su humilde puesto de trabajo y pasan anónimos por la vida sin hacer aspavientos ni dar demasiado que hablar. Como ellos era el padre de Jesús, San José. Si los reyes representan lo más brillante del ser humano, la intelectualidad, la gente que acude a Juan representa lo común (pensaba decir la masa, lo carnal, lo popular, el tejido material de la vida humana…, y veo que son todas palabras con algo de despectivo). Lo común, lo social, lo que nos hace familia, pueblo que camina en conjunto, sin distinguirse, mezclándose con los demás, codo a codo, no es menos que lo intelectual, que la chispa del genio, que lo especial… No existen lo uno sin lo otro. Y Jesús es tan Dios allí, como uno más del pueblo fiel de Dios, como cuando se destaca como Cabeza y como Señor.

Dios está en la periferia de nuestro yo y lo encuentran los que caminan con los demás y se sienten como uno más del pueblo fiel de Dios, aunque sean el mismo Hijo único y predilecto del Padre.

 

Los que forman familia

Caná es la imagen del corazón, del amor humano, del amor de los novios que se casan y forman familia. Allí la presencia del Señor es también social, está como un invitado más, dentro de lo especial que tienen los invitados para una familia que celebra un casamiento: no son anónimos sino elegidos, amigos, parientes. Allí el Señor está participando de la fiesta y, en ese ámbito familiar tan especial, mediador diría, entre el Dios adorable y el Dios compañero, hace su primer milagro.

Caná, el agua convertida en vino de Caná, es el lugar favorable, y la boda es el tiempo de gracia para que comience a actuar el Dios encarnado.

Los otros dos ámbitos son más pasivos: el Niño adorado y el que se hace bautizar por Juan. En Caná Jesús comienza a actuar. Y la materia de su trabajo será el amor.

Sobre el amor trabaja Jesús, ese amor que se basa en la mutua confianza, en la fe, y en la alegría de esperar todo del amor del otro.

Dios habita en la periferia del yo y lo encuentran los que forman familia, los que apuestan a que la relación sagrada es la del amor, por encima de todo lo demás.

 

La buena noticia de la Epifanía, la que el Papa Francisco está haciendo llegar a todos los confines, es la que hace sentir a la gente que es “coheredera” de la misericordia infinita del Padre y del amor de Jesús. Esto contra los que se han apropiado de la gracia y no la derraman sino a cuentagotas como si el Reino fuera una obra de arte minimalista. No es así. La gracia brota a raudales del corazón del Padre y se derrocha sin medida ni temor sobre todos los que quieran participar. Sobre los no creyentes que buscan, sobre la gente común que camina como pueblo, sobre los que se aman y forman familia.

 

La buena noticia es que nuestro Dios es Padre y Padre del Cielo, porque no lo alcanza ninguna “materialidad” (sea energía cósmica, actividad neuronal  o creación tecnológica), y Jesús es Dios de la Tierra, porque no lo desencarna de estar ligado a todo prójimo ninguna espiritualidad que no incluya a todos (ni las ideas cósmicas de la new age, ni las dinámicas de autoexperiencia, ni las de militancia política).  El Amor entre el Padre del Cielo y su Hijo Predilecto hecho carne es Espíritu que se dona a todo hombre y mujer que lo quiera recibir. La misión es anunciar, con palabras y gestos y obras de amor, que esto lindo de Dios, es para todos.

Diego Fares sj

Domingo 2 B Navidad 2015

Dios es Jesus

 Al principio existía la Palabra,

y  la Palabra estaba junto a Dios,

y la Palabra era Dios.

Al principio estaba junto a Dios.

 Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra

y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.

En ella estaba la vida, 

y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la acogieron.

 La Palabra era la luz verdadera 

que ilumina a todo hombre 

viniendo a este mundo.

Ella estaba en el mundo, 

y el mundo fue hecho por medio de ella,

y el mundo no la conoció. 

Vino a los suyos y los suyos no la recibieron.

 Pero a todos los que la recibieron,

a los que creen en su Nombre,

les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.

Ellos no nacieron de la sangre,

ni por obra de la carne,

ni de la voluntad del hombre,

sino que fueron engendrados por Dios.

 Y la Palabra se hizo carne

y habitó entre nosotros.

Y nosotros hemos visto su gloria,

la gloria que recibe del Padre como Hijo único,

lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él al declarar:

‘Este es Aquel del que yo dije: 

El que viene después de mí me ha precedido,

porque existía antes que yo’.

 De su plenitud todos nosotros hemos participado

y hemos recibido gracia sobre gracia:

porque la ley fue dada por medio de Moisés,

pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.

 Nadie ha visto jamás a Dios;

el que lo ha revelado es el Dios Hijo único, que está en el seno   

del Padre (Juan 1, 1-5. 9-18).

 

Contemplación

 

El 2 de Enero es la fiesta de los Santos Basilio y Gregorio, que vivieron en el siglo IV en la actual Turquía y, junto con el cuidado de los pobres, que es la nota permanente y distintiva en el Catolicismo en medio de las luchas de ideas que se van dando a lo largo de la historia, defendieron la fe contra el Arrianismo. 

Arrio fue muy popular durante siglos y su idea de que Jesús no era de «naturaleza» divina, sino que era una creatura, aunque muy especial, sirvió de humus para el islamismo que vino después y que también respeta a Jesús, pero no como Dios. Me llamaba poderosamente la atención cómo esa zona en la que los judios perseguidos se llamaron por primera vez cristianos, esa zona tan querida para Pablo y que fuera centro del cristianismo, nos resulte hoy tan lejana culturalmente. Cómo  puede cambiar la fe a un pueblo, cómo la fe puede hacernos cercanos a argentinos y chinos, por ejemplo, como compruebo con mis chinitos, y tan lejanos a otros, al punto de sentir que un mormón  pareciera que se aleja de la cultura argentina…

 

Esto viene a cuento por el Evangelio de hoy -el prólogo de Juan- que nos revela a Jesús como el Verbo del Padre, igual a Él, Palabra divina que nos precede y en la que todos estamos hechos. 

 

Esto se baja diciendo que somos «made in Jesús», que ese Nombre bendito es el núcleo de la Vida, el código genético de todos, la estructura básica de lo creado, la clave que nos conecta -gracias al Wi Fi santo del Espíritu- con el Padre Creador, el tipo del ser humano en solidaridad social inclusiva y no excluyente.

 

Arrio también suscribiría esto pero diciendo que Jesús no es igual al Padre, es decir, poniendo al Padre en un un lugar de trascendencia divina tan total, que terminó  por alejarlo de nosotros y de la vida cotidiana. E hizo que se perdiera, imperceptiblemente, todo lo bueno de Jesús. Cosa que puede volver a pasar… Y que dentro de quinientos años, el cariño a la Virgen, por ejemplo, haya emigrado a algún país asiático (ahora que china se quiere abrir a las religiones)  y nuestra patria esté en manos de algún nuevo fundamentalismo, que suele ser el reemplazo bajo apariencia de bien de los pueblos que se dejan robar la divinidad de Jesús.  

 

Hoy en día, creo, estamos dispuestos a aceptar a Jesús hombre (aunque sea como «invento cultural humano»). Umberto Eco dice que Jesús es el producto más puro de la humanidad y que si vinieran extraterrestres tendríamos que presentárselo como el ideal de lo que puede llegar a ser un ser humano. Y si no hubiera existido, agrega, habría que inventarlo, a Jesús. 

 

Vivimos una etapa de la historia en la que estamos dispuestos a aceptar a Jesús como «parte» de esta atmósfera humana que por ser virtual no deja de ser bien real y muy humana. La palabra «Jesús» aparece muchísimo en la Web, sus ideas y parábolas, cuando las ponen en práctica los santos, siempre tocan el corazón e influyen en la vida de la gente. 

Al estar los paises separados y algunos hasta aislados (como China) los personajes como Jesús parecían parte de una cultura solamente. Pero al universalizarse la cultura, vemos cómo emerge lentamente la figura de Jesús como más universal (católica) que la de otros personajes, que quedaron más ligados a su tiempo. 

Las ideas religiosas que son «invento» del cerebro humano, van mostrando, por un lado, su necesidad (el hombre no puede dejar de inventar dioses), y por otro su límite cultural. En la antigüedad se tallaban estatuas que atraían a los fieles y centraban el culto a lo trascendente. Hoy, cada uno erige su «ídolo» privado, su fantasía o su proyecto de trascendencia y le rinde culto personal, de modo individual o grupal, cambiándolo cuando le apetece. 

Jesús sigue estando, en este sentido, un pasito más adelante: en su evangelio Jesús critica todo dios «autorreferencial» (como dice siempre Francisco) y nos interpela a dialogar con él desde nuestro corazón: «crees esto», «qué quieres que te haga», «seguime», «que les parece»… El evangelio hace pensar, libera de leyes e ídolos, abre al misterio y sitúa al hombre frente a un Dios que ha atado su destino al prójimo más pobre y humilde, a todos.

Y aquí viene el punto. Las ideas de Dios que lo «alejan» de la vida cotidiana tienen dos vertientes. 

Una es la de condensarlo como alguien absolutamente único y distinto a todo. La otra es diluyéndolo en una especie de energía cósmica indescifrable. Ambas tienen en común que lo vuelven «inalcanzable», imposible de imaginar y de llegar a saber lo que siente. Esto que puede parecer muy filosófico, desemboca en actitudes de vida bien concretas. Si Dios es inalcanzable y no se puede «mezclar» con nosotros, la política y la cultura queda totalmente en manos de la técnica (y la técnica, ya sabemos, la manejan los que tienen plata). 

 

Afirmar que Jesús es Dios -igual de naturaleza y distinto como Persona al Padre-, equivale a afirmar que Dios es cercano, que se puede charlar con él, que nos puede ir acompañando en la vida y revelándose en la historia según su plan, a la medida en que lo podemos ir entendiendo, como personas y como humanidad. 

 

Afirmar que Jesús es Dios equivale a destruir todos los ídolos manejados por los hombres: los que manipulan la lejanía o la incorporeidad de Dios, interpretando como se les ocurre las cosas sin que los sencillos puedan opinar. Jesús hace participar a los humildes, dice que su Padre se les revela a los pequeños y no a los sabios, da protagonismo a la gente con sus imágenes sencillas pero misteriosamente verdaderas acerca de cómo es el corazón de ese Padre tan misterioso, por un lado y tan familiar por otro. 

 

Jesús nos salva de la autorreferencialidad a la hora de imaginar al Padre, dándonos su verdadera imágen (que es Jesús mismo, encarnado, crucificado y resucitado).

 

Jesús nos salva de alejar tanto el misterio del Padre que nuestra sed de trascendencia quede a mano de los chantas y de los manipuladores.

 

Jesús nos salva de los gurúes y de los magos y falsos profetas al revelarnos un Dios del que se puede charlar en familia, entre todos, valorando la opinión de todos, mientras estamos ocupados en las obras concretas que ese Padre nos prepara, revelándose así como Padre de todos sus hijos y haciéndonos hermanos.

 

Lo que quiero es llamar la atención: cuando decimos que Jesús es Dios, no estamos diciendo que es un Ser Aislado en el Infinito ni una Energía Anónima, ni ninguna idea que cada uno se haya hecho de lo que es un Dios (ideas que solemos descartar porque nos damos cuenta de que algo así no puede ser real).

Cuando confesamos, humildemente y en actitud de respeto y de adoración, atentos a sus Palabras, que Jesús es Dios, estamos diciendo que «Dios es Jesús o no existe». Estamos sometiendo nuestras ideas de Dios a lo que diga Jesús, un Jesus vivido en la Iglesia, que nos lo da y nos lo interpreta. Nos estamos poniendo a la escucha atenta de su evangelio, para ver qué nos dice de su Padre, de lo que siente por nosotros, de cómo actúa con infinita misericordia…

 

Afirmar que Jesús es verdadero hombre y verdadero Dios es decir algo sobre nosotros mismos como personas abiertas al Misterio que se revela en los más pobres y humildes de los hombres, concretado en el Niño Jesús en el Pesebre y en Jesús, nuestro Señor y hermano, clavado en la Cruz y caminando, resucitado, por el camino de Emaús que recorren todos los hombres desilusionados de su idea de Dios pero abiertos a ese forastero que dialoga de estas cosas y dispuestos a compartir con él el pan.

Diego Fares sj