Domingo 25 A 2014

Qué porquería es la envidia

 

Lo que sucede en el reino de los cielos es semejante a lo que sucede con

un Empresario que salió a primera hora del amanecer a contratar obreros para su viña.

Habiendo concertado (synfonesas) con los obreros en un denario por día,

Los misionó a su viña.

Salió hacia la hora tercia (a las 9) y vio a otros que estaban en la plaza desocupados y les dijo:

– ‘Vayan a mi viña y les pagaré lo que sea justo’.

Ellos fueron.

De nuevo salió cerca de la hora sexta y nona (a las 12 y a las 15) e hizo lo mismo.

Saliendo cerca de la hora undécima (a eso de las 17) encontró a otros desocupados y les dijo:

– ‘¿Qué hacen aquí, todo el día sin trabajar?’

Le respondieron:

– ‘Es que nadie nos ha contratado’.

Y les dice:

‘Vayan ustedes también a mi viña’.

 

Cuando atardeció, el Dueño de la viña dijo a su mayordomo:

‘Llama a los obreros y dales el jornal comenzando por los últimos hasta llegar a los primeros’.

Y viniendo los de la hora undécima recibieron cada uno un denario.

 

Al llegar los primeros, habían calculado que recibirían más,

pero recibieron ellos también cada uno un denario.

Recibiéndolo murmuraban contra el Empresario diciendo:

-‘Estos últimos trabajaron sólo una hora y los igualaste a nosotros, los que hemos soportado el peso del día y el calor’.

El, respondiendo a uno de ellos, le dijo:

– ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia a ti. ¿No te concertaste conmigo en un denario? Toma lo tuyo y vete. Si yo quiero darle a este último lo mismo que a ti ¿no puedo hacer con lo que es mío lo que quiero? ¿O es que tu ojo es envidioso por culpa de que yo soy bueno?’.

Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos (Mt 20 1-16).

 

Contemplación

Sería tiempo de Vendimia (a los mendocinos esta sola palabra nos trae aires de comienzos de otoño, tiempo de uvas y de cosecha, fiesta con carrozas y reinas de la vendimia, hallazgos de vinos buenos…) y Jesús quiso acercarle a toda la gente humilde –los jornaleros-  que iban a la plaza del pueblo a esperar que los contrataran, una imagen de cómo es la gente que él quiere para su reino. Es una imagen muy especial y  llena de dinamismo, la de este empresario del reino que imagina Jesús. El tipo  contrata a todos los que puede, sale una y otra vez a darle trabajo a la gente, dialoga personalmente con todos…

Como todos los empresarios, anda apurado. Lo apura la preocupación por su viña, tanto que él en persona contrata a la gente, aunque tiene mayordomo. A este le encomendará la paga del salario, pero no la contratación (este es un pequeño detalle).

 

Esta imagen del Empresario que sale a todas horas, es potente. Después viene la imagen final (esa que acapara la atención de los comentaristas): la del Empresario que se ocupa de pagar de una manera tan particular que suscita reacciones adversas, porque les paga primero a los últimos, les da a todos el salario entero y, por si esto fuera poco, está como esperando que le salte alguno para retrucarle con mucho énfasis que la concertación fue libre y justa, remarcando que él es el Dueño y que, si hay envidiosos es porque tienen el ojo torcido y no porque él sea demasiado bueno.

 

La picardía del Empresario, de hacer pagar a cada uno un denario, comenzando por los últimos, no tiene que opacar la primera imagen, la de la madrugada, cuando sale a contratar personalmente a todos los que están en la plaza, ni tampoco las imágenes de las otras tres salidas: a las nueve, a las doce y a eso de las cinco de la tarde… (la verdad es que esto de contratar a las cinco de la tarde obliga a hacer algún comentario, no?. Especialmente si uno estuvo trabajando desde las seis de la mañana).

 

Este Empresario (puse empresario porque es una de las traducciones posibles y creo que da la imagen de un hombre emprendedor, que sale a buscar, que concierta con la gente, que da trabajo y que está atento a lo que paga), este Empresario, digo, es alguien muy especial: se ve que tiene mentalidad de hombre de negocios.

 

Confieso que me encanta, cuando encuentro alguno, charlar con hombres de negocios, con gente que tiene una empresa, que manejan empleados y proyectan cosas. Hace poco un empresario amigo me decía: “a vos con la Fundación te pasa como a mí, cuando has estado veinte años en una empresa, terminás siendo bombero. La gente recurre a último momento porque sabe que le vas a apagar el incendio y uno está un poco en todo. Ahora que te vas, tenés que dejar un equipo que ponga el fuego… a doscientos metros, digamos (y empujaba el horizonte con las manos mientras hablaba convencido). Quiero decir, que sepa que los problemas van a llevar más tiempo…”. Yo lo escuchaba con atención y me encantaba esta especie de parábola al revés: que él se comparara conmigo como empresario, que le entusiasmara, quiero decir, que las cosas del reino fueran iguales a las suyas, personalmente hablando.

 

En general las imágenes top del evangelio suelen ser la de los pobres y pequeños, las de los heridos al costado del camino, las de las mujeres de la calle, los leprosos y los ciegos… Pero estos personajes que Jesús saca a la luz, no son los únicos de los que se sirve para revelarnos lo que es la Misericordia del Padre. También están los personajes de las parábolas de la promoción, como yo les llamo: este empresario de hoy, dueño de una viña con su bodega, el mayordomo que le rebajó la deuda a los que le debían a su amo, el que se fue a un país lejano y le confió sus talentos de oro a sus empleados, el que organizó un fiestón para las bodas de su hijo. El evangelio está lleno también de estas imágenes en las que la Misericordia de los que tienen más se muestra creando puestos de trabajo, negociando bien con el dinero (perdonando deudas y confiando dinero a otros), haciendo fiestas convocantes…

Muchos de los discípulos del Señor vienen de estas filas de emprendedores. No diría que Simón Pedro era un gran empresario, pero tenía su grupo de botes, con su padre, su hermano y sus amigos, Juan y Santiago  (y quizás hasta soñaban con una pescadería…). Mateo cobraba impuestos y seguro que tenía su agencia de cambios en blue. Hay muchas imágenes lindas de gente generosa con sus bienes, que tiene gestos de derroche como la de este Empresario que le paga a todos un denario. Está también Zaqueo, que no llegó a apóstol pero le pegó en el poste y si María de Betania rompió un frasco de una libra de perfume de nardo, se ve que su familia era de buena posición.

Así como en los que están en situación de pobreza o de enfermedad veo a Jesús crucificado y me despiertan compasión, en la gente emprendedora veo a Jesús que sale a la vida pública, que convoca gente, que usa su poder para alegrar fiestas de Caná, regalar pescas milagrosas y multiplicar panes para compartir. Esta imagen de Jesús “saliendo a contratar gente”, este Jesús que camina por la orilla del lago y le echa el ojo a los cuatro compañeros pescadores, que se fija en el comportamiento de Mateo y llama a Natanael…, es un Jesús con mentalidad de empresario.

 

Ambas imágenes, la del Señor compasivo y la del Señor creativo y emprendedor, se plenifican en la Resurrección. El Resucitado muestra sus llagas curadas y sopla su Espíritu evangelizador. Manda a perdonar los pecados y a construir un Reino con los valores que él enseñó y practicó.

 

En Francisco, vemos estas dos imágenes del Señor, activamente representadas. Por un lado, mucha misericordia para con los más frágiles y desvalidos. Por otra, mucha creatividad para convocar iniciativas de paz, de trabajo, de reformas estructurales. Francisco hace real esta imagen de alguien que “sale a todas horas” al encuentro con la gente. No es un Papa de papeles sino de palabras vivas, dichas en medio de la plaza, entre la gente que sale a buscar acudiendo a todas las periferias (¿se han fijado que siempre elige periferias: la de Lampedusa, las de las parroquias alejadas, las de la dividida Corea, las de la favela de Brasil, las de la mamá soltera, las de la cárcel donde lavó los pies a los presos y presas…).

Detrás de este salir está la invitación de Jesús, sugerida en las parábolas: “Salió el Sembrador a sembrar…. Salió el Empresario a contratar…”.

 

Hace poco el Cardenal Kasper citaba a Juan XXXIII que al convocar el Concilio decía que “«Hoy, la Iglesia debe usar no las armas de la severidad, sino la medicina de la misericordia». La misericordia es, agrega Kasper, el tema central de la época conciliar y post-conciliar de la Iglesia católica”.

Él lo decía por la inédita acción de estos Cardenales de sacar un libro con los “no se puede” justo antes de que comience el Sínodo sobre la Familia. Y así como hay gente que se especializa en ser sumamente imaginativa para que la Misericordia no llegue a muchos para sanar y perdonar, también hay especialistas en que la Misericordia no sea creativa a la hora de contratar, confiar, repartir y festejar.

Los primeros, los Fariseos, son más conocidos y públicamente repudiados. Los segundos, los envidiosos que critican a los emprendedores, cuentan con gente que les presta el oído. Seguramente el que alzó la voz para protestar porque le pagaban a los vagos igual que a ellos, los trabajadores, habrá contado con muchas miradas de aprobación y muchos asentimientos en secreto.

Este tipo de mentalidad envidiosa no está lejos de nuestra actualidad. Hace unos días me contaba la Hna. Juliana que al bajar de la camioneta que trae la comida al Hogar, se le acercó una vecina a saludarla y, viendo que bajaban las ollas llenitas de cuartos de pollo al horno, exclamó, con tonito de parábola: “¡Les dan pollo!”. “A los más necesitados hay que darles lo mejor”, le respondió Juliana y ahí dejó la cosa. Yo me quedé dando vueltas al asunto y ahora, con esta parábola, me vuelve la imagen. Pienso que la vecina no necesitó agregar nada a su comentario. Está como instalado que a los pobres habría que darles polenta o que, si son adictos no tienen derecho a comer algo rico… No sé. Tantas cosas hay en esa exclamación: “les dan pollo”. Me dan ganas de responderle ahora, aunque no la vea a ella (pero sí a toda esta mentalidad): nosotros con la limosna que nos regalan hacemos lo que queremos. Y si usted envidia el pollo, es una porquería, como la suegra del cuento del mendocino: peor que el chorro. (El cuento se puede encontrar en youtube y es un paisano mío que llama a la radio para hablar de la inseguridad y cuenta cómo estaba haciendo un pollito a la parrilla cuando no viene que entra un chorro por la medianera y, pistola en mano, le dice: “Dame el poyio”. Él le responde: “el poyio no te lo doy ni m…” Y comienzan con un tira y afloje. Al final lo convence de que se siente a la mesa con su familia, como si fuera un conocido y coma con ellos. Todo parece encaminado pero no va que el chorro le pide “dame la pata muslo”, justo después que él le cortó una para su señora y tiene a la suegra esperando la otra. La suegra lo amenaza con que “Ud. sabe a nombre de quién está esta casa y lo que le  puede pasar si no me da la pata-muslo”. Entonces el tipo, acorralado, se pone a  “yorar y yorar..” tanto que el chorro se compadece y le dice: “dale la pata-muslo a la vieja y yo me como un choripan”. Con lo cual, concluye nuestro personaje que la inseguridad es real, que está y es un peligro, “pero peor es la porquería de la suegra”).

Hay que escuchar el rrelato en mendocino, pero lo cuento para concluir que “la falta de compasión es mala, pero ser envidiosos y criticar a los emprendedores, es peor: una porquería”. Porque con la misericordia compasiva se llega a cada uno en su ser más único y personal: no hay dos sufrimientos iguales, pero con la misericordia creativa se llega a muchos y los que saben contratar a otros para trabajar en la viña del Señor y saben hacer que todos se sientan incluidos y bien pagados como pares, realizan una misericordia expansiva que ayuda a la comunidad entera. Por eso el reino de Jesús es de los que son como este Empresario, que siempre está pensando en su viña, preocupado por contratar gente, por la cosecha y por que todos sean bien pagados. Y es también de la gente que se deja contratar, que trabaja contenta y sabe recibir su denario sin considerar menos a los demás ni criticar el estilo del Empresario.

 

Diego Fares sj

 

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