San Pedro y San Pablo 2014

Tocar a Jesús con el corazón

En aquel tiempo, llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe y preguntaba a sus discípulos: – ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos contestaron: — Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que jeremías o uno de los profetas. El les preguntó: — Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: — Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: —¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo (Mt 16, 13-19).

Contemplación

Pedro es uno de esos pequeños a quienes el Padre les revela el secreto del Reino, quién es Jesús, su Hijo amado, nuestro Mesías Salvador. Y esta revelación, que no es de nadie de carne y hueso sino directamente del Padre que está en el cielo, se da a un hombre de carne y hueso y es una revelación sobre la Carne de Jesús, sobre su Corazón. Ayer, dando misa a las Carmelitas de Mar del Plata, la Capilla estaba llenita con un curso de niños de los Maristas que se preparan para la primera comunión. Yo había preparado alguna cosa para las monjas y había que hablarle a los chicos de primera comunión. Nada más lindo (ni más parecido a las carmelitas). Como el ejemplo salió lindo, lo comparto. Les pregunté a los chicos si tenían celular. Gracias a Dios la mayoría no tenía (todavía no, dijo uno como diciendo mirá lo que pregunta) pero había como cinco que levantaron la mano y uno dijo «pero no lo traigo» (otra vez gracias a Dios). Pero lo saben usar. Aquí el por supuesto con cara de suficiencia fue general. Y saben manejar la play y la compu y el ipad… Siiii. Les pregunté si alguno sabía por qué los chicos saben manejar los dispositivos electrónicos mejor que los grandes y se vino una catarata de manos levantadas y respuestas que nos dejaron medio de cama a los adultos presentes. Y, porque nosotros somos «más jóvenes», «más modernos», porque cuando hay algo que nos gusta lo aprendemos enseguida, porque tenemos la inteligencia más fresca, porque aprendemos cosas nuevas. Estas respuestas que mostraban la conciencia que los chicos tienen de sí mismos, iban mezcladas con las que tienen de nosotros: porque ustedes «son más antiguos», porque cuando ustedes nacieron no existían, porque son más lentos… Uno solo salvó a su papi diciendo que él también sabía. La cuestión es que les competí un poco desarmando los argumentos y me dejaron que les dijera mi idea, a ver si les parecía. Yo creo que es porque los chicos no tienen miedo de tocar todo y los adultos sí, tenemos miedo. Ustedes toquetean los aparatos porque confían que no se van a romper y si se desconfiguran tiene arreglo. Aquí saltamos a que con Jesús es igual: se revela a los pequeños que no le tienen miedo. A Jesús hay que tocarlo, gustarlo en la comunión, comerlo, hincharle, preguntarle, acercarse, tirarle del manto, llamarlo. No hay que tener miedo porque no se rompe ni le molesta. Si preguntamos una tontera igual nos responde con cariño y nos enseña, como hacía con Pedro, su amigo. Si metemos la pata lo repara todo y nos perdona. No se impacienta por nuestra cercanía: para eso vino, para que pudiéramos «tocar a Dios», un Dios de Carne y Hueso, con un Corazón como el nuestro. Los grandes le tenemos miedo a Jesús, un miedo medio «cultual» o de derecho canónico que nos dice «no sé bien cómo tengo que dirigirme y acercarme a Él, no se si puedo comulgar, no sé rezar… Igual que nos pasa con algunos aparatos. La segunda lección de «tocar a Jesús» fue por el lado de que a los aparatos digitales los tocamos con los dedos, pero también hay otra forma de tocar y es «tocar con el corazón». Uno puede tocar con el corazón a los que quiere. Les dije que el corazón es puerta por donde entramos en contacto con Dios y con el prójimo. Que las carmelitas abrían esa puerta hacia el cielo, y tocaban a Dios con su corazón en la oración, con los cantos tan lindos y todos los gestos de la liturgia tan cuidadosamente preparados cada día. Y que también se podía tocar a Jesús con el corazón compadeciéndonos de los que andan más pobrecitos y necesitados. Se puede tocar sin manos, sin jugar a la mancha, tocando con el corazón. Luego hicimos un momento de silencio, como el que podemos hacer ahora, y jugamos a tocar a Jesús con el corazón, haciendo una comunión espiritual. No los ví, pero una monja que los espió dijo que juntaron las manos como angelitos. Se hizo un silencio muy lindo y creo que a muchos el Padre nos reveló que «se puede tocar a su Hijo con nuestro corazón». Nos damos cuenta por los frutos, porque uno queda alegre, se sabe perdonado, siente la presencia. En el día de Pedro y Pablo, dos pequeñitos «grosos» a quienes Jesús se les reveló, pedimos por el Papa Francisco, que es otro de los que nos enseñan a tocar a Jesús, a estar cerca de los más necesitados, y nos revela las cosas de Dios de manera tal que todos entendemos.

Padre Diego

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