Pascua 4 A 2014

Las hace salir…

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En aquel tiempo, Jesús dijo:

«Les aseguro que el que no entra por la puerta

en el corral de las ovejas, sino que sube por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El portero le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a cada una por su nombre y las hace salir.

Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocerán quién es el que les habla.»

 

Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. Entonces Jesús prosiguió:

 

«Les aseguro que Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.  Yo soy el Pastor bueno y hermoso. El Pastor hermoso y bueno expone su vida por las ovejas. El mercenario, el que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y dispersa, porque es asalariado y no le importan las ovejas (Jn 10, 1-13).

 

Contemplación

Una de las tareas del Buen Pastor consiste en “hacer salir a las ovejas…”. Y eso es lo que está haciendo el papa  Francisco con nosotros: nos está haciendo salir. Salir a las periferias. A todas las periferias: a las geográficas, a las periferias existenciales (allí donde los límites de la cultura actual se vuelven difusos y amenazantes) y, me parece a mí, a la más desafiante de todas, que es la periferia temporal del presente.

 

¿No es verdad que el presente es el eterno excluido de las cosas de Dios? Tendría que rezar, pero ahora no tengo tiempo… Me gustaría ayudar a este prójimo, pero en este momento, no puedo detenerme, tengo obligaciones que cumplir…

 

Aunque todos pensemos que es verdad que la característica del mundo actual es “gozar del presente”, no hay que dejar de preguntarnos si ese “presente” sin mucha memoria y con esperanzas bastante cortas, es verdaderamente un “presente”. Porque un presente sin memoria y al que se lo come implacablemente el momento que viene, más que un presente es una nada: vivencias que se nos escurren como viento entre los dedos.

 

Las personas en situación de pobreza, en cambio, son más ricas en presente. Presente de sufrimiento, es verdad, porque si estás en situación de no tener un sueldo tenés que perder el día entero para ganar ese magro sustento que te permite seguir trabajando; tenés que pasarte horas haciendo cola para tener un turno en el hospital…

La otra noche, luego de un retiro abierto en el Socorro, venía caminando por Avenida de Julio, ya de noche, y me conmovió, como siempre pero esta vez más, una mujer que tiraba de su carro repleto hasta más allá de lo razonable de cartones y papeles. La sentí tan cansada mientras avanzaba con sus pasitos cortos y firmes hacia no sé dónde que concluí que el cansancio lo tenía en el alma, no en las pierna. Nos cruzamos y al darle la espalda, me estremeció pensar que iba atada al carro, que tenía que caminar o caminar, y que su casilla o casa, sea que estuviera en la villa o en el gran Buenos Aires, quedaba muy lejos como imagen del deseo de sentarse a comer algo caliente y tirarse a descansar. Cuando vuelvo a casa a cierta hora de la noche, lo único que pienso es en llegar. Por eso el carro tan grande, aunque no pesadísimo por estar lleno de cartones, se me volvió desolador. Tan enorme y con un valor de tan pocos pesos. Después investigué un poco y no es mal trabajo, este año te dan entre $ 1,70 y $ 2,20 por kilo. Cada carrito cargado puede juntar material que pesa entre 120 y 140 kilos y podés sacar entre 5000 y 7000 pesos por mes, pero tenés que trabajar 25 días y 10 hs. diarias. Y las cooperativas contienen a la gente que sabe dónde llegar, cómo organizarse…

Igual no deja de conmoverme ver a una mujer a esa hora de la noche empujando ese carro pasito a pasito. Me conmueve la atadura al presente. La suma de kilos y pesos engaña, porque todo depende si trabajás, incansablemente, esas diez horas para juntar lo del día. La cuestión es que le di una buena ayuda (a los que manguean les doy limosna pero a los que trabajan de cartoneros les suelo dar medio salario del día, con dinero que la gente nos da para distribuir entre personas en situación de pobreza, porque me parece que les “salva el día”, como me dijo uno, y que lo toman como algo caído de regalo pero justo, porque el día lo han trabajado) y me robé la expresión de su rostro –parte no entiendo, parte ¡gracias!, parte qué bueno, parte con esto le llevo algo rico a los chicos, parte… no sé cuántas partes se pueden ver enteras en un rostro que apenas se ilumina un poquito en medio de la noche.

Como me la traje conmigo a esa mujer que, después que nos separamos unos 30 metros se paró de nuevo a mirar la plata y a guardarla cuidadosamente en el bolsillo, revivo ahora la historia y siento que puedo entrar en ese presente y revivir tantos detalles que capté y que quedaron guardados –intactos- en mi memoria. Ese presente de las personas en situación de pobreza es el presente del que hablo como una periferia de las que dice el papa que son a la que hay que salir (para dar, y luego entrar para rezar).

Se habrán fijado que no digo “pobres” sino “personas en situación de pobreza”. Cambiar el lenguaje es una manera de “salir”. Hay un lenguaje que encierra. Decir “los pobres” es encerrar a muchísima gente muy distinta, tan digna como cualquiera y con todas sus cualidades únicas y personales, sustantivando algo que es accidental.

Si lo utilizamos a nivel existencial, el definirnos como pobres nos cabe a todos, porque el ser humano es pobre en cuanto que no posee su vida, pero si lo usamos a nivel social es denigrante. Una persona no “es” un pobre, está en situación de pobreza. Decir que alguien “es” rico tiene sentido, porque las riquezas se te pegan y pasan a formar parte de tu cuerpo como alimentos, vestidos, operaciones y hasta inyecciones de sangre fresca! (leamos lo que dice la Dra. Sánchez Reyes: “En la Medicina Estética utilizamos el llamado Plasma Rico en Plaquetas o Plasma Rico en Factores de Crecimiento para producir un rejuvenecimiento, al estimular a los fibroblastos de la piel para que produzcan colágeno y elastina, de manera similar a cuando teníamos 20 años”. Sustantivar la riqueza tiene su sentido porque verdaderamente pasa a formar parte de nuestro cuerpo y de nuestra vida. Pero sustantivar la pobreza es, si se lo piensa bien, algo espantoso, porque es sustantivar lo que falta y no porque “así es la vida” como cuando uno dice que alguien es un enfermo, sino por una cuestión social, totalmente revertible y en grandísima medida fruto de la injusticia.

 

Por eso, aunque parezca un poco rebuscado y muchos usemos la expresión “los pobres” con buenísima intención, hablar de “situación” nos pone en un presente interpelante. Si es una situación puede (debe) cambiar, puede mejorar. Esto, antes de comenzar a decirlo, hay que comenzar a vivirlo. ¿Cómo? Saliendo de nuestras actitudes de “superioridad”. Son tantas! El Padre Cullen decía que “Dios anestesia a los pobres para que no sientan cuánto los despreciamos, aún mientras les estamos ayudando”.

Yo comento algunas mías. Una actitud de superioridad se muestra en el trato. Para muestra baste un solo ejemplo: De primer impulso, suelo hacer esperar más a los pobres que a los ricos. Esto implica sustantivar, porque si pensara en su situación, como cuando vienen dos enfermos a una guardia, espontáneamente uno hace esperar menos al que está en situación más vulnerable o de riesgo.

Bueno, toda la reflexión viene al caso porque el Señor habla de que “El buen Pastor, llama a sus ovejas por su nombre y las hace salir”. Para ayudar a salir a la gente tenemos que aprender a llamar a cada uno por su nombre. Y distinguir nombres propios de situaciones es fundamental. Por eso la gente escucha al papa, porque siente que trata a cada uno como persona, por su nombre, y no como los que te tratan mirando un libro de derecho canónico, juzgando tu situación y condición como si estuvieran identificadas con tu persona: sos un pobre, sos un divorciado, sos un preso…

Diego Fares sj