A nuestras queridas y sagradas 52 víctimas de la evitable tragedia de Once

A nuestras queridas y sagradas 52 víctimas de la evitable tragedia de Once

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El día de hoy, en memoria de nuestras 52 queridas víctimas de la tragedia de Once, tiene varios momentos. Este es de intimidad y de fuerte comunión, entre ustedes y sus seres queridos y entre todos nosotros. Estas palabras son para abrazar y contener, para hacer memoria y unir: en el Amor todos estamos vivos.  La sirena hace que por un minuto compartamos la pasión de nuestros seres queridos y nos sintamos en comunión con ellos que habrán pensado en nosotros en el momento de morir. Le pido permiso para entrar en su corazón y decir nosotros. Cuando cerramos los ojos y sentimos la angustia en el corazón y brotan las lágrimas, tenemos una certeza. Cada uno puede decir: si hubiera muerto yo, vos estarías hoy aquí. Estarías por mí igual que yo estoy por vos.

Esta certeza del amor es digna de fe: si hubiéramos muerto nosotros, ellos estarían aquí. Que los familiares y amigos estemos aquí, luego de dos años de llanto y de lucha por la justicia, habla bien de ellos. Yo no los conocí antes, pero si han generado esta unión de familia grande, con todo lo que tiene una familia grande, debieron ser familieros, si han generado esta pasión por la justicia, debieron ser gente solidaria.  Decir esto, rezar esta verdad hace llorar con un llanto que consuela y fortalece para la lucha. Es la bienaventuranza de Jesús: benditos ustedes que lloran, porque serán consolados. El consuelo del amor es más fuerte que la muerte. Felices ustedes que pueden llorar sabiendo que ellos están aquí, porque no somos islas, los seres humanos  no somos de a uno, salvo por elección egoísta. Somos muchos, somos familia y pueblo, compartimos  sueños, penas y risas. Ustedes les pueden decir a sus seres queridos: aquí estoy cuidando a tu hija, cuidando a la familia, cuidando a los viejos.  Y tengo tanto de vos, te llevo adentro más que si me hubieran trasplantado tu corazón. Felices los que lloran así, con este amor.

Felices también los que –llorando- tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados y los que son perseguidos por luchar por la justicia, porque de ellos es esa patria deseada que Jesús llama el reino de los cielos.

Hay personas que no están acá, que no pueden estar, porque no quisieron estar cuando debían. Son los responsables irresponsables, como sentenció Francisco. Es bueno que sea la justicia las que los obligue a estar ante un tribunal.  Si somos un mismo pueblo argentino, el que no está por solidaridad tiene que estar por justicia. Y estar en la cárcel es obligar a alguien a que esté con sus víctimas todos los días y todas las noches que dure su castigo. Al menos eso. Para que no caiga en una injusticia peor.

Al comienzo dije “nuestras 52 queridas víctimas”. Nombrarlos  sólo como víctimas les queda chico y me parece mezquino. Ellos no son los que les pasó por culpa de la corrupción. Lo que ellos son es lo que muestran ustedes y que nos permiten compartirlo: por eso son “nuestras queridas víctimas” y si es verdad que “cada historia, la de cualquier persona, es una historia sagrada” la de ellos con más razón,  porque gracias a la lucha de ustedes, sus familiares y amigos queridos, se ha convertido en historia sagrada nuestra, como personas, como ciudadanos y como pueblo argentino.  Por nuestras 52 queridas y sagradas víctimas de tragedia evitable de Once, para que se las honre con la justicia y descansen en paz, animándonos desde el cielo a seguir caminando unidos, una oración a Dios nuestro Padre. Que Dios los bendiga.

Padre Diego Fares

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