Domingo 3 C 2013

El espíritu está sobre mí
El Relato

Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y luego servidores de la Palabra. Por eso, después de informarme diligentemente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.

Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.

Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este relato de la Escritura que acaban de oír» (Lc 1, 1-4; 4, 14-21).

Contemplación
Comienzo del Evangelio de Lucas, comienzo del ministerio de Jesús…
Lucas le escribe a Teófilo (a todo el que quiere ser “amigo de Dios”) y acredita su relato en la fe de los que fueron testigos oculares y luego servidores de la Palabra. Eso está bien entre los seres humanos. Lo que llama la atención es que el Señor también utiliza al profeta Isaías para acreditar su ministerio. Jesús se presenta como Aquel en quien se cumple lo anunciado en la Escritura.

¿Qué nos dice esto a nosotros, los cristianos? Me gusta pensarnos como gente que nos fiamos en relato de otros y que confiamos en que otros se fiarán de nuestro relato. Somos gente que acepta el testimonio de otros y que quiere dar testimonio de su fe con su propia vida. Sí. Somos gente que cree. Pescadores de fe; sembradores de fe.
Creemos en el evangelio de Lucas. Creemos que el médico Lucas nos presenta a un Jesús verdadero, no mítico ni legendario. El suyo es “un relato ordenado, a fin de que conozcamos bien la solidez de las enseñanzas que hemos recibido”.

Hoy cuando alguien habla del relato oficial, o simplemente “del Relato”, lo que se quiere decir es que se trata de un relato parcial que se instala como relato único. La característica principal del “Relato” consiste en “desautorizar siempre a otro como primer paso” para luego “justificar lo propio como lo único que se puede hacer teniendo en cuenta la falsedad a la que se enfrenta”. Más allá de que en la política actual, dentro de un mundo en permanente conflicto de intereses, este tipo de discurso se muestre redituable y en cierta manera “desenmascare” a ese otro discurso de los medios que se dice interesados en el bien común aunque en realidad defiendan también intereses parciales, a la hora de construir amistad social o de bucear en el misterio de Dios y del sentido de la vida humana, este tipo de relato no sirve.

El excurso político sirve para contrastar dos tipos de relato que reflejan dos tipos de corazones. El que no tiene fe en que existe un relato trascendente y común, tendrá que “crear relatos propios” que lo defiendan de “los relatos ajenos”.

En cambio, el que tiene fe será un humilde buscador de relatos verdaderos. Será un testigo esperanzado en encontrar a otros testigos.

Nosotros creemos en el Jesús que nos relatan los testigos porque Él mismo se presentó como Alguien que creía en los profetas. Profetas que no lo conocieron en persona pero que soñaron cómo sería. Testigos y profetas son un mismo tipo de personas: personas de fe.
Jesús se nos iguala en esto de ser un hombre que se fía de la palabra de los profetas y confía su Palabra a los testigos.
Por eso destaca tanto la formulación de fe del Centurión que le pide que cure a su servidor “de palabra”. Recordemos el pasaje:
“El centurión le mandó decir por unos amigos: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque yo –que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes– cuando digo a uno: «Ve», él va; y a otro: «Ven», él viene; y cuando digo a mi sirviente: «¡Tienes que hacer esto!», él lo hace». Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguí, dijo: «Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe»” (Lc 7, 6 ss)
Esta frase feliz: Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sanar(me), quedó ubicada en el centro de nuestra fe. La hacemos nuestra cada vez que comulgamos con Jesús. La dijo un hombre simple y el Señor la adoptó porque expresa el tipo de personas que somos por el valor que damos a la Palabra.

Suena bien esto de “dar valor a la palabra” y de ser gente que se fía de los testigos y cree en los profetas. Pero hay que ponerlo bien blanco sobre negro para que no se diluya.
Yo diría así: si no creemos en el relato de Lucas que nos cuenta lo que dijo aquel buen centurión, si no creemos que eso pasó de verdad y que Jesús se admiró de esa fe y le curó al servidor, si no creemos que este relato es verdadero y que eso sucedió tal cual (que se cumplió y se cumple ahora, como dice Jesús luego de leer a Isaías, porque Él vino a liberar a los oprimidos), entonces no nos queda otra que elegir entre el relato de Boudou o el relato de Clarín. O, como dice el gobierno, crear un partido político que logre imponer nuestro relato. O soñar con otros relatos de impecable oratoria, como el de Obama, quizás sin caer en la cuenta de que la serena firmeza y las palabras cuidadas (aunque a algunos republicanos les sonaron “agresivas”) de los que tienen tanto poder que no necesitan hacer ostentación y aparecen como simples ciudadanos, tienen detrás sistemas tan sofisticados de seguridad y de agresión que son invisibles pero altamente eficaces.

Mencioné a nuestro Vicepresidente Amado, Boudou, porque creo que la frase más clarividente a este respecto la pronunció él, cuando refiriéndose al “relato” de la conferencia Episcopal dijo: “a quién le importa”. Formuló claramente que en el estado actual de cosas, en el que cada uno siente que se puede reservar el derecho de dudar de todos los testigos (desacreditados sistemáticamente), si la gente “escucha el relato de la Iglesia como un relato más dentro de los que están en pugna” y no se juega, el relato oficial “tiene más fuerza”. Por eso “a quién le importa” quiere decir: como a ustedes no les importa mucho (encontrar testigos veraces que dan la vida por lo que dicen) al gobierno tampoco le importa, porque el discurso oficial tiene más fuerza. Digo que fue clarividente porque en el fondo nos está diciendo: si a ustedes como ciudadanos realmente “les importara” lo que dice la Iglesia, a nosotros, gobierno interesado en sus votos, también nos importaría.
Ojalá nos pique sentir la burla de los que desprecian nuestra fe cuando nos dicen que, si no nos jugamos por lo que creemos, somos iguales que ellos: defendemos nuestros propios intereses. Si no buscamos “el relato trascendente y común” es que tenemos nuestro propio relato, no con tantas pretensiones hegemónicas quizás, pero igual un relato propio que no lucha por el bien común de los más necesitados ni por la búsqueda de una Verdad trascendente.

Volviendo al relato evangélico, pedimos la gracia de creer de corazón y de entusiasmarnos con lo que nos relata Lucas acerca de Jesús y de saber comunicar la alegría y la fuerza liberadora de este relato. Nuestro mundo tiene sed del relato de Aquel que nos dio la vida y vino a dar la vida por nosotros. En el relato de Jesús tienen cabida los relatos personales y comunitarios de todos los hombres y de todos los pueblos. Su evangelio está narrado incorporando todos los relatos de la gente. Jesús hace que se cumpla lo que relataron los profetas como Isaías y que cobre valor una frase de cien caracteres como la que dijo el Centurión y la millones de seguidores a lo largo de la historia sin necesitad de Twitter.

Para Jesús, todo hombre y mujer es un tú, con quien tiene interés de conversar, de escuchar su relato y de contarle el Suyo, para establecer una relación de amistad, de interés verdadero, de confianza y de sólida alianza para bien de todos.

…….
Comentaba ayer en una reunión con el equipo de Servicio Social del Hogar, que una cosa linda que todos sentíamos y que yo como director experimentaba de manera especial cuando tenía que explicarle a la gente el por qué de algún límite (a veces muy duro como el de no dar viandas en la calle cuando ya no hay más lugar en el comedor), es que sentía que me creían. Gracias al estudio, a la investigación, a la escucha, al diálogo acerca de los casos, a las encuestas, a la creación de espacios para que la gente se exprese, participe y colabore, hemos ido conformando un relato verdadero que expresa lo que El Hogar es, lo que puede dar y cómo y lo que no y a la gente (por supuesto que no a todos ni siempre) le suena convincente. Aunque a veces no les guste lo que decimos pero escuchan y pescan el tono de cariño y de respeto, el deseo de ser justos y la compartida pena cuando algo no se puede dar o permitir.
Y esto marca una diferencia porque muchas veces a las personas en situación de calle se les dice cualquier cosa (para sacárselos de encima) y ellos dicen cualquier cosa (para hacernos fácil la limosna), como aquel cuya frase siempre me hace sonreír con el que casi me choqué literalmente al dar la vuelta en la esquina de Corrientes y Ayacucho, yendo muy de mañana a tomar el subte para ir a dar clase, y al reconocernos y saludarnos me dijo: una monedita padre Diego y yo para qué y él para ir a…. González Catán! Me hizo reír la salida no se si porque me pareció un bolazo total lo de González Catán que quizás para él tenía sentido por tener allí a sus conocidos, la cuestión es que le retruqué ¿a González Catán? y el me dijo y que quiere padre, que le cuente todo. Se la hago fácil.
Lo mismo hacen los que construyen relatos interesados: nos la hacen fácil.
Jesús no la hace fácil ni difícil. Su relato es verdadero y el que es de la Verdad, escucha su voz.
Diego Fares sj

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