Domingo 33 B 2012

Wi Fe

(Después de salir del templo, fueron al monte de los Olivos y habiendo llegado, Jesús, se sentó mirando a lo lejos, hacia el templo. Pedro especialmente, pero también Santiago, Juan y Andrés, le preguntaban: Dinos ¿cuándo será el fin, y cuál la señal de que todas estas cosas están por cumplirse?) Y Jesús comenzó a decirles….:
-En aquellos días, después de la tribulación el sol se entenebrecerá
y la luna no dará su esplendor, las estrellas irán cayendo del cielo y las fuerzas que están en los cielos se conmoverán.
Entonces verán al Hijo del Hombre
viniendo sobre las nubes, con gran poder y gloria. El enviará a los ángeles y congregará a sus elegidos desde los cuatro vientos
desde el extremo de la tierra asta el extremo del cielo.
Aprendan esta parábola, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.
Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas,
dense cuenta que está cerca, a la puerta (el reino de los cielos).
Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
En cuanto a ese día y a la hora, nadie las conoce,
ni los ángeles del cielo ni el Hijo, nadie sino el Padre
(Mc 13, 24-32).

Contemplación
Miramos a Jesús, que se ha sentado en el monte de los Olivos y contempla el Templo de Jerusalén. Los discípulos más amigos aprovechan el momento para preguntarle acerca del fin. Y el Señor apela a su sentido del tiempo: el sentido del clima y de las estaciones, que nos hace “sentir” cuando “se viene una tormenta” o “que ya se anuncia la primavera”, y el sentido de la vida: cómo “se nos pasa”. Sentado allí, poco antes de su pasión y de su partida al Padre, el Señor le abre el corazón a sus tres amigos y les revela (apokalipsis) que hay algo que “no pasa”, algo que está escondido en lo íntimo del Cosmos y de toda vida humana. ¿Qué es eso que no pasa? Sus palabras. El evangelio. Por eso está tan lindo el dibujo de Fano, que nos invita a estar “conectados a la Palabra”. En vez de Wi Fi se trata de Wi Fe. Una Fe viva –conectada en la cercanía- que le permite al Señor actualizar nuestra mentalidad cada semana y hacernos participar de todos los tesoros de su gracia.
…….
Hoy, nuestra concepción de la “palabra” requiere una actualización. Es sencilla y uno se actualiza rápido, pero no es opcional. Si uno no se actualiza puede tener problemas para “conectarse a la Fe”.
El primer paso consiste en “sintonizar” con la mentalidad apocalíptica. Era propia del tiempo de Jesús, desapareció del mapa en cierta época, con todos los progresos de la ciencia y hoy vuelve a influir en nuestra vida con mucha fuerza. Hay épocas en las que la humanidad mira más para adentro: se fascinó con sus avances científicos y con el progreso. Y hay otras épocas en las que miramos más hacia fuera: al planeta – con sus terremotos y tsunamis – y al cielo – silencioso, inabarcable para la imaginación, magnífico y terrible-. Desde hace unas décadas, la preocupación por el planeta –la ecología-, resuena con más fuerza entre las cosas que nos ocupan todos los días. Y lo apocalíptico – lo que se refiere a las cosas últimas- se hace presente en la vida cotidiana. Uno lo puede notar en el lenguaje de los chicos, a los que les preocupa el planeta que les dejamos. En este sentido no estamos lejos del lenguaje del evangelio de hoy.
El segundo paso de la actualización consiste en notar las diferencias. Para decirlo de manera simple, en la antigüedad, la mentalidad general era mítica. El sentido profundo de la realidad se expresaba en gran medida mediante relatos míticos y el Señor utiliza imágenes míticas: “el sol se entenebrecerá y la luna no dará su esplendor, las estrellas irán cayendo del cielo y las fuerzas que están en los cielos se conmoverán”.

En la actualidad el lenguaje es científico. Pretende ser “estrictamente científico” aunque también utilice mucho lo mítico. Por un lado, es verdad que todo se “cuantifica”: el grado de radiaciones que emite el sol, la velocidad de la luz a la que una galaxia se aleja de otras…; pero, por otro lado, incluso la ciencia termina hablando con imágenes “metafóricas”: la hipótesis de una explosión inicial se llama el Big Bang, el universo se describe como la superficie de un globo que se infla…, se habla de “rebaños de galaxias” y de “nidos de estrellas”.

El tercer paso de la actualización es una breve reflexión sobre los efectos del lenguaje científico, que es un lenguaje “matemático” (números estadísticos, medición de procesos…). Simplemente nos fijamos en que los números que le ponemos a la realidad nos inquietan más que las palabras. Basta pensar en los números de nuestros análisis médicos, cómo necesitan de la palabra humana del médico.
Esta inquietud es algo propio de los números: ellos “no se detienen”. Por eso ¿qué nos dan?: nos dan una imagen de la realidad constituida por millones de fotos que se suceden una a otra a cada instante y que producen vértigo. Los números se nos escapan de las manos. Por eso nuestro gobierno “se apodera políticamente” del Indec y no deja que ese instrumento de poder esté en manos de sus adversarios, que reclaman “objetividad científica”. Al menos no hay que ser ingenuos, hay que saber que todo manejo de los números es político y que no existe un Ente Objetivador Neutral que constate los números “reales” sin interés ni pasión sectorial. Pero no nos vayamos de nuestra actualización de hoy. “Los números inquietan” y quizás por eso el Señor se sale del lenguaje de los números y dice que nadie, ni siquiera Él, sabe el día ni la hora del fin del universo. Sólo el Padre. Esta revelación del Señor, su ponerle freno a la sed de números, es un gesto más poderoso que el que hizo cuando detuvo la tormenta en el lago extendiendo su brazo. Hacerle caso, relativizar nuestras preocupaciones estadísticas, nuestros cálculos y proyecciones, más que una actualización es una conversión, implica un salto a la Fe y un abandono total en las manos de la Providencia.
Seamos conscientes de que es más difícil que en otros tiempos. Cuando no se disponía de muchos datos, parecía sensato fiarse de Personas como Jesús. Hoy, con tantos datos a nuestro alcance y teniendo que utilizarlos en nuestro trabajo, pareciera más difícil esto de la Fe. Aquí es donde necesitamos “actualizarnos” y saber que no se trata de ignorar los números sino de profundizar más todavía.

El cuarto paso, de profundización, consiste en revalorizar las palabras en general y las de Jesús de manera especialísima.
Las palabras, al revés que los números, tienden a fijar la realidad, por eso nos sitúan en una escala más humana: son fotos más panorámicas. La ciencia con su millón de fotos instantáneas y sin fin, se burla un poco de los mitos, que muestran en una sola foto, el sentido profundo de la realidad. Sin embargo, los que por un lado sonríen ante el relato de la manzana de Eva, por otro, la elevan al rango de “Logo” para captar a su público con una sola imagen.
Las palabras de los relatos míticos son como una propaganda: breve y cargada de sentido. La ciencia, en cambio, se parece más a una sucesión de películas paralelas que no tienen principio ni fin: asombra en cada episodio, luego desilusiona y comienza con otro nuevo, como pasaba con la serie Lost. Pero volvamos al punto: cuando necesitamos comunicarnos a nivel profundo, para expresar nuestra amistad y nuestro deseo de compartir una misión en la vida, usamos palabras y no números. Te amo cien por cien, no va. Te quiero hasta el cielo, sí. (Notemos que cuando el Señor utiliza números es para hacerlos “explotar”: valor de 1 oveja vs 99, rinde del 100 x 1…).

Reivindicadas las palabras contra la invasión de los números pasemos al núcleo de la actualización de hoy: valorar de tal manera la Palabra de Jesús que estar conectados a ella nos implique reorganizar todas nuestras actividades en torno a este nuevo “programa” de vida.
Las palabras son importantes pero ¿qué tienen de especial las palabras de Jesús?
Que no pasan.
¿Que quiere decir?
Quiere decir que son un punto de referencia Absoluto que nos permite entrar en contacto con todos los hombres. ¡Nada menos!
Con la clave “Jesús” podemos entrar en el corazón y en la mente de un Agustín, de Ignacio, de Teresita…
Con la clave “Jesús” podemos “recuperar” los dos mil años de historia de la Iglesia, aprovechar lo bueno, corregir lo malo, sabernos en comunión, retomar el diálogo con la iglesia de Oriente y con nuestros hermanos evangélicos.
Con la clave “Jesús” podemos “religarnos” con las otras religiones.

Tomemos como ejemplo el evangelio de hoy. No pareciera ser el ejemplo más adecuado de una palabra que todos puedan entender. Cuando uno le da una primera leída a este pasaje, da la impresión de muchas frases sueltas a las que resulta difícil seguir el hilo. Von Balthasar dice que ahí está la clave: hay que “escucharlas dejando que estén todas juntas, sin tratar de controlarlas”.
Una indicación pertinente, tipo “siga los pasos”, diría:
Seguirle la corriente al evangelio es mejor que seguirle la corriente al discurso de los medios.
Jesús va diciendo muchas cosas que el evangelista deja fluir y pone juntas hasta que, de repente, una frase se ilumina: “dense cuenta de que el reino de los cielos está a la puerta”.
Otra indicación sería:
Dese cuenta de que las palabras de Jesús siempre acercan.

Aquí viene un “reinicio”.
Leamos de nuevo el evangelio
En aquellos días, después de la tribulación
el sol se entenebrecerá
y la luna no dará su esplendor,
las estrellas irán cayendo del cielo
y las fuerzas que están en los cielos se conmoverán.
Entonces verán al Hijo del Hombre
viniendo sobre las nubes, con gran poder y gloria.
El enviará a los ángeles y congregará a sus elegidos desde los cuatro vientos
desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
Aprendan esta parábola, tomada de la higuera:
cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas,
ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.
Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas,
dense cuenta que está cerca, a la puerta (el reino de los cielos).
Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
En cuanto a ese día y a la hora, nadie las conoce,
ni los ángeles del cielo ni el Hijo, nadie sino el Padre.

Sin dejar que se dispersen los temas, notemos los énfasis del discurso del Señor; aprendan, dense cuenta, ustedes se dan cuenta, confíen (les aseguro).
El Señor habla tomando apoyo en nuestra fe y confirmándola.
Despejando el tema del día y de la hora nos centra en el presente: date cuenta, vos, de lo que no pasa, tomá conciencia de que mis Palabras son únicas y de que te dan vida.
¿Cómo es que nos dan vida?
No sólo por lo que dicen de cada realidad por separado sino por cómo su discurso nos centra en lo esencial.
¿Y qué es lo esencial?
Su Palabra. Él mismo. Jesús.
Un Jesús que está, que vino y que vendrá.
Un Jesús que no sabe “científicamente” el día ni la hora, pero sí sabe “prepararse” para que el día y la hora lo encuentren atento, disponible, íntegro, para realizar su misión.
Un Jesús tan parecido a vos y a mí, que podemos entrar con diálogo con él, a través del evangelio.
La gente, todos, tenemos imperiosa necesidad de entrar en diálogo. Por eso llaman tantos a la radio y expresan sus opiniones. O hablamos entre nosotros de las noticias y necesitamos “expresar” nuestra opinión personal ante tanto que se nos dice.
Pues bien, con Jesús se puede dialogar. Y bien.
El Señor, al entrar en diálogo familiar y profundo con cada uno, nos abre un presente rico de sentido y en el que podemos ser protagonistas.
Nos invita a “actuar”, no a ser espectadores.
Nos da un papel, secundario si se quiere, a la mayoría, pero real e imprescindible en un Drama lleno de sentido.
El final es abierto y uno siente que no importa tanto dejarlo en sus manos ya que, como buen director, él saca en cada escena, lo mejor de cada uno y eso le da sal a la vida de cada día.
Estas palabras “que no pasan” porque se hospedan en nosotros y están disponibles para dialogar en cualquier momento, son las Palabras de Aquel en quien creemos. Palabras que dan vida. Palabras con las que queremos estar conectados para que nos actualicen.
Diego Fares sj

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