Domingo 28 B 2012

En los 30 años de vida de El Hogar de San José

Y cuando salía Jesús al camino, uno lo corrió y arrodillándose ante él le rogaba: Maestro bueno, dime: ¿qué he de hacer para tener derecho a heredar la Vida eterna?
Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Conoces los mandamientos: No mates, no adulteres, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre.
El, respondiendo dijo: Maestro, todas estas cosas las he practicado y guardado desde chico.
Jesús mirándolo a los ojos, lo amó, y le dijo: Te falta una cosa, ve, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, así poseerás un tesoro en el cielo. Luego vuelve acá y sígueme.
El se quedó frunciendo el ceño a estas palabras y se marchó malhumorado, porque era una persona que tenía muchas posesiones.
Jesús, mirando a su alrededor, dijo a sus discípulos:
¡Cuán difícilmente los que posean riquezas entrarán en el Reino de Dios!
Los discípulos se asombraban al oírle decir estas palabras.
Pero Jesús, tomando de nuevo la palabra, insistió:
¡Hijos, cuán difícil es que los que tienen puesta su confianza en las riquezas entren en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.
Los discípulos se pasmaban más y más y se decían unos a otros: Entonces ¿quién podrá salvarse?
Jesús, mirándolos a los ojos, les dijo:
Para los hombres, es imposible; pero no para Dios, pues todas las cosas son posibles para Dios.
Pedro se puso a decirle: Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.
Jesús dijo: Yo les aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.
Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros (Mc 10, 17-31).

Contemplación
Como siempre: primero la Palabra de Dios. Con el libro de la Sabiduría “invocamos al Señor y le pedimos que nos de Espíritu de sabiduría” para saborear estos 30 años de vida del Hogar de San José. Les quiero contar y compartir que hemos venido saboreando esta fiesta al prepararla en medio de la vida del Hogar. Y creo que todos concordamos –veo los rostros cansados y contentos- en que el peso de la belleza de la fiesta –exigente en su organización como un casamiento- ha sido y es mayor que el peso del trabajo cotidiano del Hogar. Paradójicamente, como sucede en las cosas del Reino- el peso de la fiesta ha sido yugo suave que nos ha hecho más llevadera la cruz de cada día.
El Hogar tiene esas cosas: de golpe uno cae en la cuenta de que hay una puerta abierta al Reino y de que está viviendo una parábola, en este momento la de la Fiesta (como en esa propaganda en la que en medio de una fiesta un amigo se fija en la gente y le dice a su amigo: no digás nada pero estamos en una propaganda de Quilmes. Mirá: todos los vasos tienen la misma cantidad de espuma y miran con el logo para adelante…) . Pues bien, si alguno no se dio cuenta “estamos en una Misa del Hogar” –las ofrendas, San José, los colaboradores… Mis compañeros me cargan con cariño diciendo que yo todo lo uso como excusa –prédicas, clases y charlas- para comentar algo del Hogar (en el Hogar, por ejemplo…). Y es verdad. Es que siento que no hay peligro de exagerar, porque la puerta del Hogar está abierta al Reino – a que entren y salgan los pobres, Jesús y todo el que quiera colaborar-. Entrar por la puerta del Hogar no es entrar a un club exclusivo, es entrar a la realidad, la de esta tierra y la del cielo, con toda su crudeza y su esperanza de redención. Nuestras obras de caridad social son como parábolas vivientes del Reino y uno siempre que entra allí sale mejorado.

Primero la Palabra de Jesús, que como dice Pablo, es viva y eficaz. Así como hemos visto que se trata de una Palabra hermosa, que nos abre el corazón a la belleza de vivir en el reino y uno siente que es verdad que Jesús nos da Vida eterna y que tenemos el ciento por uno de hermanos y hermanas, madres e hijos, y que en días como hoy el Hogar se transfigura y, como veremos en la exposición interactiva, cada uno siente que su trabajo es una fiesta y en el Hogar hay música, dibujo y pintura, artesanías, trabajo en cooperativa, diálogo en torno al sentido de la vida y a aquello que cada uno recibió como un don y que el trabajo social le ayuda a redescubrir y hasta comidas de cumpleaños con torta de verdad…, también la Palabra es espada de dos filos y en el Hogar se muestran las intenciones más hondas de nuestro corazón.
Porque el “tuve hambre y me dista de comer” no es una palabra retórica sino hambre del pan nuestro de cada día que muchos conciudadanos nuestros sienten de verdad, y el “vendé todos tus bienes y dáselos a los pobres” no es tarea para mañana sino trabajo de servicio cansador de cada día, que nos deja molidos y contentos, y también gasto de toda la plata que nos donan, que no se nota porque San José inspira a que muchos nos renueven todo cada dos meses (ahora con la inflación, el milagro de la multiplicación de los cinco pancitos se está acelerando a todo cada mes…).
Y como privilegiamos la Palabra última de Dios –que es Fiesta y Fiesta gloriosa- privilegiamos también (y quizás por eso el Hogar es fecundo desde hace 30 años) la Palabra primera que es Bondad (“vio Dios que todas las cosas eran buenas”): la bondad del pan nuestro de cada día y del líbranos del mal.
El Hogar nos permite, como sociedad, no sólo como individuos (si es que existe algo así como el individuo postmoderno, puro disfrute y consumo egoísta), decir –clara y explícitamente, con las manos y las obras, con pequeños gestos de gran amor, como decía madre Teresa- esa primera Palabra de Dios que es Bondad que se dona sin reservas y que, por la desastrosa situación de calle en la que nos ha dejado el pecado, desde aquel día en que nuestros primeros padres Adán y Eva se perdieron el paraíso, se tiene que traducir inmediatamente casi en toda vida por la Palabra Misericordia. Sí, porque aunque la primera Palabra de Dios es Bondad, enseguida nos pasa lo que al joven rico, que los bienes se nos convierten en “nuestras posesiones” y le fruncimos el ceño al Maestro Bueno que nos parece demasiado exigente porque nos quiere hacer que dejemos nuestros bienes en manos de los pobres y lo sigamos. Misericordia entonces, para los que nos apoderamos de los bienes y para aquellos a los que despojamos.
Pero la gracia inmensa del Hogar, que nunca terminaremos de agradecer, es que cuando llegamos a ese punto en la vida en el que uno deja sus cosas y sale corriendo al sentir que pasa Jesús (y tira el manto pulguiento, como Bartimeo, o se sube a un sicómoro, como Zaqueo o como este joven que lo corre a Jesús y se le arrodilla…) para preguntarle qué tengo que hacer para tener una vida (cada uno tiene sed de vivir a pleno y no se conforma con que le regalen un rato de vida por TV), cuando cada uno, al escuchar a Jesús que lo quiere conformar diciendo: “Estás cumpliendo bien”, le pide más y el Señor le dice el famoso “sólo una cosa te falta” y nos manda a darle todo a los pobres, la gracia, decía, del Hogar, es que los pobres ya los tenemos con nosotros y nosotros ya estamos con ellos. En el Hogar uno se puede gastar todo sirviendo cada día y luego, ir a Jesús –seguirlo- en la Eucaristía, que tiene otro sabor, el del ciento por uno. Y si un día no fue a trabajar en la Viña, como el hijo que dijo sí y después no fue, siempre puede arrepentirse y volver. Y si se le pasó el llamado de la hora del desayuno puede ir al mediodía o al turno tarde, porque el Padre siempre está saliendo a buscar trabajadores para la cosecha. El Hogar siempre tiene la puerta abierta para el que quiere decir –con sus labios, sus manos y su corazón- esa palabra mágica “misericordia” que restaura nuestra naturaleza caída a su dignidad original y lo vuelve a uno sujeto de su propia historia. Esa palabra mágica que te saca de la calle y mientras te brinda un plato caliente y una cama limpia y te va escuchando tu historia, te orienta para la cooperativa.

Primero la Palabra, seguimos manteniéndolo y con renovado fervor en este año de la fe. Porque la fe viene por la Palabra predicada y testimoniada con obras. Dios no da el Espíritu sino cuando dos o más se ponen en esta situación dialogal de uno que predica el Evangelio de Jesús y otro que escucha y se adhiere con su Fe. Allí el Señor envía su Espíritu que consolida la Palabra y la hace crecer y dar fruto. La Palabra no es un hecho natural ni una construcción humana solamente sino que es Palabra de Dios. Y tenemos que decir que no es fácil tener fe en la Palabra del Señor y ponerla primero.

No es fácil vivir creyendo que la Palabra Bondad es la primera, porque la miseria crece y la bondad se tiene que traducir en misericordia, que es bondad que se anima a pasar por la Cruz. Para hacer un bien que lo ponga al otro de pie y lo haga sentir protagonista de su propia historia hace falta toda la organización del Hogar y su programa integral. Programa que es una denuncia profética a esta sociedad que quiere controlar la pobreza con subsidios y prebendas. El trabajo institucional del Hogar es un llamado a crear instituciones que den vida en todos los niveles de la sociedad. Menos que eso, es un engaño y una bofetada a la justicia.

No es fácil vivir creyendo que la palabra última de Dios es “Fiesta”, porque la Fiesta hay que prepararla y luego ponerse el traje de fiesta –hay que ponerse la camiseta- y disfrutarla. Y nuestra sociedad separa el trabajo y la fiesta porque nos educa para consumir, no para ser contemplativos en la acción, no para gozar trabajando.
Para hacer una Fiesta “al estilo de Jesús” en el Hogar tuvimos que organizar cuatro (y una doble, la de los comensales del primero y segundo turno). La segunda fue con los huéspedes. Esta es la tercera, con todos ustedes nuestros familiares, amigos y bienhechores y la última será en intimidad, entre todos los colaboradores (y ya la estamos vislumbrando como un día de descanso en el Señor).
Espero que cuando pasen al patio de Regina, que ha quedado hermoso, y participen de nuestra exposición interactiva, sientan que es un regalo que les hacemos a ustedes y a nosotros mismos, un regalo que hacemos en la fe, porque creemos de todo corazón que nuestro trabajo en el Hogar es una fiesta –una fiesta que nos deja molidos físicamente, con una linda paz saboreada en el corazón y necesitadísimos de que Jesús nos resucite y nos pague el ciento por uno para volver a trabajar el lunes y un día nos de esa vida eterna que tan lindo suena en su boca fiel.
Diego Fares sj

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.