Domingo 2 B Cuaresma 2012

El monte de los amontonados

Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan,
y los condujo a ellos solos a un monte elevado.
Allí se transfiguró en presencia de ellos.
Sus vestiduras se volvieron esplendentes, blanquísimas,
como ningún batanero en el mundo sería capaz de blanquearlas.
Y aparecieron a su vista Elías y Moisés,
y estaban conversando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús:
– «Maestro, ¡es lindísimo para nosotros estar aquí!
Hagamos tres carpas, para ti una, para Moisés una y para Elías una.»
Pedro no sabía qué responder (al acontecimiento),
porque estaban fuera de sí por el terror.
Y se formó una nube ensombreciéndolos,
y vino una voz de la nube:
– «Este es mi Hijo dilecto, escúchenlo a Él.»
Súbitamente, mirando a su alrededor, ya no vieron a nadie,
sino a Jesús solo con ellos.
Mientras bajaban del monte,
Jesús les previno de no contar lo que habían visto,
hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.
Ellos guardaron la cosa para sí,
y se preguntaban qué significaría
«resucitar de entre los muertos» (Mc 9, 2-10).

Contemplación
¡Que se nos transfigure Jesús! ¡Cuánto lo necesitamos! Nuestra cultura, herida en la imaginación religiosa, sufre el empobrecimiento de las imágenes de Dios. El mundo ha cambiado y las imágenes de Dios se han vuelto antiguas, no tienen esa fuerza poderosa para dinamizar la historia que tenían para los antiguos. Y, como decía el cardenal Newman, “al corazón se llega, no por la razón sino por la imaginación”. Al estar erosionada la imaginación sufre heridas también el deseo: toda la creatividad de la cultura actual está al servicio de hacernos soñar –con imágenes y productos hermosísimos- con… cerveza! Todo el despliegue de la sicología, que estudia lo que moviliza cada uno de nuestros sentidos, está al servicio de crear… pantallas táctiles, auriculares estereos, lentes de 3D, sabores exóticos, perfumes sugestivos. Pero el contenido que nos ofrecen en estos medios increíbles, cuesta más que sea verdaderamente interesante. Las imágenes y los mensajes que vemos en las pantallas, son los de la realidad cotidiana, con la chatura de la política, que no resuelve lo que hace al bien común, con la chabacanería de los shows y realities, y la crudeza de las catástrofes y de la miseria.
Necesitamos que la realidad se nos transfigure, pero desde adentro! Porque lo que hace la tecnología es transfigurarla desde afuera, por así decirlo.
Y eso es precisamente lo que sólo Jesús puede hacer y ofrecer.
Si nos fijamos bien, la transfiguración, como dice el Papa en su libro Jesús de Nazaret, “es un acontecimiento de oración; se ve claramente lo que sucede en la conversación de Jesús con el Padre: la íntima compenetración de su ser con Dios, que se convierte en luz pura. En su ser uno con el Padre, Jesús mismo es Luz de Luz. En ese momento se percibe también por los sentidos lo que es Jesús en lo más íntimo de sí”(y lo que somos nosotros, en lo que su Bautismo nos ha convertido, en lo que su amor nos hace participar).
Desde aquel día bendito, en que Pedro, Santiago y Juan experimentaron, con todos sus sentidos espirituales, cómo era en realidad Jesús, en cada época estamos invitados a entrar en comunión con esa experiencia. Y esto es lo que hace la oración cristiana: nos transfigura la realidad. La realidad de Dios, la nuestra y la de la historia que estamos viviendo y protagonizando. Juan lo expresa en su primera carta:
“lo que hemos oído,
lo que hemos visto con nuestros ojos,
lo que contemplamos y tocaron nuestras manos
acerca de la Palabra de vida,
– pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto
y damos testimonio y les anunciamos la Vida eterna,
que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó –
lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos,
para que también ustedes estén en comunión con nosotros,
así como nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo”
(1 Jn 1-3).
Necesitamos que se nos transfigure Jesús. Que se nos transfigure y se nos vuelva hermoso, atractivo, deseable. Sabemos que Él es el Bien y la Verdad, tenemos hambre y sed de su Palabra viva. Pero el envase en el que nos lo presentan –el dios de las estampitas- no nos deslumbra y los valores que inciden en la vida cotidiana, con su envoltura moralística despiertan tibios imperativos –hay que ayudar a los pobres- pero no fascinación.
Necesitamos un Jesús que se nos ilumine desde adentro y se vuelva más radiante que el sol y más blanco que la nieve y que nos abra el diálogo con el cielo y poder escuchar la voz del Padre que nos dice: “este es mi hijo dilecto ¡escúchenlo”.

Pero, ¿se transfigura el Señor en la actualidad, o tenemos que vivir en la fe de aquella única transfiguración?
Diría que las dos cosas.
¿Y los requisitos?
Jesús se transfigura en la oración. Como dice Lucas: “Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante” (Lc 9, 29).
Ahora bien, ¿cuál es el monte en el que Jesús está rezando y se transfigura hoy?
Cuándo es el tiempo de la Fiesta de las Carpas que Jesús elige hoy para transfigurarse?
¿Dónde está ese monte como “lugar se subida interior, lugar de liberación del peso de la vida cotidiana, donde se respira el aire puro de la creación y que con su belleza me da altura interior y me hace intuir al creador”? (Jesús de Nazaret, pág. 360).
Aquí está una clave, porque aunque encontramos a Dios en la naturaleza, la naturaleza está invadida por la ciencia, que no cesa de manipularla y transformarla. Ya no encontramos montes en los que no haya un plástico y una lata de coca cola.
No se lo puede encontrar al Creador en la naturaleza pura porque está contaminada.

Pero el monte de la transfiguración de Jesús es también el monte de la pasión. El Señor mismo se encargó de hacerles notar a los suyos que no se trataba de hacer tres carpas en la belleza serena del monte sino que tenían que bajar a la realidad cotidiana y luego subir al monte del calvario antes de llegar a la resurrección. La cruz es la clave de lectura que nos hace releer una y otra vez todas las experiencias de luz y de belleza que el Señor nos regala para consolarnos y fortalecernos (Benedicto).

Por eso diría que el monte de la transfiguración está situado hoy en “la montaña de dolor” que viven los más pobres y excluidos de nuestro mundo, en este momento de la historia. Y las carpas no son carpas de fiesta sino las carpas de los campamentos de refugiados, las carpas de cartones de la gente en situación de calle, las carpas de las villas que crecen en medio de los edificios de las grandes ciudades.

Para experimentar la transfiguración del Señor hay que meterse en el mundo de los pobres, que viven y mueren amontonados, y abrir todos los sentidos del corazón y de la mente y de la piel, los que uno tiene, con o sin aparatos, y… rezar.

Se trata de un Monte Social, el de los que viven cuesta arriba y apenas flaquean caen cuesta abajo, vertiginosamente.

Es ese monte que amontona a la gente como ganado y la convierte en una montaña humana que da vergüenza sólo mirar, (llegado a este punto me vino como una bofetada el recuerdo de la foto de la gente amontonada en la tragedia de Once. Y la busqué y encontré el testimonio del bombero Poidomani, que tomó la foto para aprender y luego tuvo que bajarla de internet. Al leerlo de pasada me había impactado pero lo dejé por demasiado doloroso. Hoy, desde el monte de la transfiguración, me animo a volver a mirar esa foto y a leer lo que él escribió. Al fin y al cabo, el Señor se transfiguró para que luego nos animáramos a verlo desfigurado en la pasión.)

“Se trata de Angel Poidomani, quien tomó la imagen donde se ve a la gente apilada y atrapada en uno de los vagones de la formación del tren Sarmiento. Poidomani escribió en su perfil de Facebook: “Perdón a mis amigos: Debido a que un par de idiotas usan mis publicaciones, con malas intenciones ya sean fines politicos, ideológicos o para molestar a personas de buena fe, que no entienden que somos BOMBEROS, mi viejo fue Jefe Bomberos Voluntarios yo lo fui tambien y en la actualidad me encuentro al frente de la administración del Cuartel de BVA, como tambien en la Superintendencia y que mi perfil esta para ver, aprender y poder salvar errores (como los videos) y como medio de comunicación entre los BOMBEROS de todo el mundo y no para hacer politica, criticas maliciosas y persecuciones de amigos, me veo obligado a retirar algunas publicaciones para que las mismas y sus comentarios sean usadas por IDIOTAS que buscan en todo esto molestarme a mi, a uds . y a muchos otros que se que son buenas personas, desde ya muchas gracias y disculpas”.
Este Angel bombero tuvo que bajar la foto de internet. Yo me animé a enviarla a los que les envío la conemplación por email, pero no la quiero subir aquí, porque luego sale sin la oración. Creo que en el blog basta la carta del bombero, para rezar. Para no olvidar esas más de dos horas que esa gente tardó en ser bajada del vagón. Da vergüenza recordar y mirar si uno no reza. Como debería dar vergüenza mirar a Jesús en la Cruz y no rezar. Es pecado publicarla si no es en un ámbito de oración. Pero si uno quiere rezar, si uno se anima a contemplar las hermosas personas que luego quedaron en esa situación tan desgarradora, si uno se anima a mirar con los ojos bien abiertos y a escuchar con el corazón, que estos hijos amados pasaron también por la cruz, entonces el amontonamiento de dolor se transfigura, y uno baja a su vida cotidiana de la mano de Jesús, deseando vivir de otra manera, más hermano, más humilde, con ganas de cambiar la historia. Desde el evangelio de la transfiguración, que nos fortalece para la cruz, esta imagen no es noticia sensacionalista sino evangelio. Evangelio de cruz y resurrección. Con todo su dramatismo y toda su gloria. Los mártires de esta sociedad en la que el poder se ha vuelto anónimo merecen nuestro respeto y que no olvidemos sus rostros.