Domingo 31 A 2011

Un servicio pleno

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: «Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar «mi maestro» por la gente.
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar «maestro», porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen «padre», porque no tienen sino un Padre, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco «doctores»,
porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado» (Mt 23, 1-12).

Contemplación

Estaba escribiendo sobre “hacerse servidor”, sobre lo que implica llegar a ser “mesaret”,“diakono”,“ministro”: el que obedece la voluntad de otro y está atento para ayudarlo en lo que necesita y para cumplir sus encargos ayudando a los demás… y me llamaron de la Casa de la Bondad para decirme que hoy a las 6 de la mañana, de la mano de su papá, falleció Mauricio.
Después de la primera comunión de su hijita, que estuvo hermosísima, resistió una semana más, los últimos días ya muy dormido y hoy ya descansa en paz después de haber luchado mucho.
Se fue en la paz y la gracia que tiene la casa, en la que mucha gente, no solo la familia, no solo los médicos, fuimos testigos de una lucha librada minuto a minuto junto con otros.
Eso hace que la muerte en la Casa no sea “brusca” ni sorpresiva sino en paz.
Creo que solo los papas y los reyes mueren con tantos testigos.
Con el agregado de que en la casa no hay curiosos ni encargados de oficio sino voluntarios. Hasta las enfermeras que no les toca el turno acuden con cariño o se hacen presentes de alguna manera. Y nos turnamos junto con la familia para dar, entre todos, un cariño compacto y sólido como una sola mano siempre teniendo la del que está enfermo.
Hoy hay muchos ministerios lindos que se van “valorizando” en la Iglesia.
Los ministerios ordenados siempre tienen que “hacerse” servicio real, despojándose de títulos y funcionalismos. Y los otros ministerios, los pequeños servicios de cada día, van cobrando valor como verdaderas respuestas concretas al encargo del Señor de amar al prójimo en todos los detalles. Con el cuidado de Mauricio las 24 horas del día, con la atención a todas sus necesidades: la de que le curaran sus llagas varias veces cada día (por falta de ese cuidado se le hicieron tan profundas) y la de que le consiguieran papeles, telas y pinturas para pintar sus cuadros; las de charlar espiritualmente con poquísimas frases (¿y cómo es eso de tomar la comunión?) hasta las de compartir un asado hecho por él; las de ir trayendo a toda su familia cerca, atrayendo a los lejanos y plenificando la vida de los más cercanos, como sucedió en la comunión de Agustina…, estos servicios a sus necesidades y deseos, como digo, hechos por una cantidad grande de voluntarios y voluntarias, de profesionales y familiares, tiene hoy en mi corazón, al ver a Mauricio en paz, el peso consistente de un servicio de amor completo, sin resquicios.
Un amor que suplió los límites de cada uno llenándolos con prontitud, cada vez que otro voluntario te reemplaza y llega cuando ya no podías más o te tenías que ir. La impresión confortadora que queda es la un servicio brindado física y espiritualmente por todos y del que todos somos testigos, cada uno desde su poquito de ayuda es testigo de lo mucho que hizo el otro.
Lo que quiero decir es que en la Casa se juntan lo físico y lo espiritual. El cuidado intensivo de una terapia y la presencia cálida de una familia grande. Esto no se da en ningún otro lado del mundo sino en estas Casas de la bondad.
Y esto hay que “ponerlo como una luz encendida en el candelero para que alumbre toda la casa”. Porque es un testimonio de cómo puede ser el resto de la vida.
Si de verdad se quiere unir en el servicio la calidad y la asistencia material hasta en los últimos detalles y de manera continua, con el cariño de hacer las cosas con un mismo espíritu y un solo corazón, se requiere la unión de todos en un solo cuerpo, como dice Pablo. El Espíritu da los carismas y reparte los ministerios para el bien común.

Mauricio nos permitió “vivir” estos meses formando un solo cuerpo y estando al servicio de una Vida Plena como la suya, con cuadros y fiesta de comunión incluidos (En la Primera Comunión de Agustina lo más lindo fue lo de los regalitos. En el sermón, que fue cortito, se me ocurrió decirle que trajera los regalitos que le habían hecho. Augs se fue a la pieza del papá y vino con un montón de regalos de todo tipo tamaño y los que estábamos comenzamos a sacar los nuestros: todos habíamos traído algo y , como muchos me escribieron después de leer la anterior contemplación, estuvieron como regalo muchas oraciones de mucha genta amiga que “imaginó con cariño la misa”).
Hoy imaginamos a los suyos –especialmente a los más pequeñitos de sus hijos- en su inmenso dolor, y los acompañamos en silencio con otra oración a la Virgen.

Diego Fares sj

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