Domingo 30 A 2011

El amor siempre es “excepcional”

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con él, y uno de ellos, que era doctor de la ley le preguntó con ánimo de probarlo:
‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?’
Jesús le respondió:
‘Amarás al Señor, tu Dios, con amor de gratuidad
con todo tu corazón (kardía)
con toda tu alma (psiché)
y con toda tu razón (dianoia).
Este es el más grande y el primer mandamiento.
El segundo es semejante al primero:
Amarás (agapeseis) a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos penden la ley entera y los Profetas’” (Mt 22, 34-40).

Contemplación

Hoy toma su primera comunión Agustina.
Celebraremos misa en la Casa de la Bondad donde está su papi, Mauricio, que nos sigue regalando fiestas.
La primera fiesta fue la exposición de sus cuadros, en julio. Fue fruto de una fiesta interior que transformó su pieza blanca en un taller de pintura lleno de colores.
Hace poco nos regaló dos asados en el patio de la Casa que está hermosísimo con sus arbolitos creciendo y todos sus verdes. Mauricio fue el parrillero y todavía me da pena que el segundo me lo perdí. Justo era el sábado en que estaba escribiendo sobre los invitados a la fiesta de las bodas del Hijo y se me pasó totalmente (¡!). Por eso cuando ayer Celina me propuso adelantar la fiesta de Agustina ahí nomás agarré viaje. “Agustina quiere hacer la primera comunión con su Papá y es un regalito que ambos se quieren dar y nosotros les podemos regalar la fiesta. Ya sé que hay que saltearse algunas cosas que son importantes pero sería lindo…”. Cuando escucho estas “razones para el amor” como diría Descalzo, enseguida agarro viaje. Más que las razones se trata de esa tonadita evangélica que se les pega a nuestros voluntarios y voluntarias y que me imagino que debe venir de Galilea, de la tonada que tendría la Virgen y que los Discípulos debe haber escuchado por primera vez en la fiesta de Caná, cuando le dijo a Jesús “no tienen vino” y luego “hagan todo lo que Él les diga”, esa tonada que tiene la gente del interior y que suena tan simpática; ese acento Galileo que lo deschavó a Pedro en la pasión como compañero de Jesús. Bueno, la cuestión es que cuando suena ese tono de “hagamos una excepción” –porque hay uno con silla de ruedas y ya se que no podemos hacerlos entrar al comedor porque nuestras instalaciones no dan y ya nos pasó una vez que al otro día ya habían venido dos, y yo mismo dije que no hay que hacer estas excepciones, pero hoy hay lugar y…-, cuando se pone en marcha la dinámica imparable de buscar razones para el amor, que es “excepcional” en sí mismo, (aunque haga cosas corrientes y no pueda no ser justo, el amor, para ser, tiene que ser siempre un poquito excepcional, aunque más no sea por algún detalle: por el modo o la sonrisa), siempre que estoy atento me prendo.
La preparación de Agustina tenía que ser, más que rápida, simple. Al llegar ayer a la tarde a la Casa había libritos y fotocopias de un catecismo de apuro por varios lados. Al rato llegó Amalia, que iba a ser la catequista. La cuestión es que cuando ya me iba llegó Agustina. Yo estaba en la Oficina haciendo una encuesta para un trabajo de Jorge sobre emprendimientos productivos de ONGs y Agus, al darme un abracito quedó mirando el pizarrón: “Allí está mi nombre! Es para la Comunión.”
Son los detalles de la Casa que te recibe y te abraza desde todos sus rinconcitos, también desde un rincón del pizarrón.
La cuestión es que le pedí a Amalia si quería que le diera yo la clase de catecismo y ella encantada, porque preparar para la primera comunión en quince minutos es fácil y difícil (como dice Aristóteles de hablar de la verdad). La catequesis en el patiecito de arriba salió linda. Tipo catecismo misionero de san Francisco Javier, que enseñaba la señal de la cruz, el Ave María y el Padrenuestro (más el angelito de mi guarda) y un poquito de los mandamientos. Por supuesto que empezamos por lo que Agus sabía de la primera comunión que, como todos nos imaginamos, iba por el vestidito blanco que sus compañeras de la parroquia vestían para esa ocasión. Me dijo que su papá se lo había prometido. Y juzgué que si tenía unidas estas cosas, cuando dijera amén al recibir el cuerpo de Jesús con el vestidito blanco y la alegría de su papi, la condición de “saber a Quién vamos a recibir” estaba más que suficientemente cumplida.
Bueno todo esto salió gracias al doctor de la ley y a la pregunta del mandamiento más importante.
No sé cómo será la Misa, si será en la capilla como quiere Mauricio o en su pieza, porque Patricia recién me dice que se despertó bastante dolorido. Eso sí, le mandé preguntar y Mauricio me confirmó lo del vestidito, que me tenía preocupado.
Sé que mientras él se prepara con curaciones y gasas en sus heridas y tomando algún rescate extra para poder estar bien, su hija se prepara con el vestidito blanco.
Yo pensaba hace unas semanas, cuando se empezó a hablar de la primera comunión, que era mejor no apurar las cosas para que la alegría de la primera comunión no quedara ligada a una urgencia por la enfermedad. Pero ahora que nos metimos en el baile se ven las cosas totalmente distintas. Y más que entender uno siente que nuestro Padre es el que dispuso las cosas buenas para que las realicemos y cuando las estamos haciendo se nos cambia el corazón y se nos abren los ojos.
Espero que todos los que lean se sientan invitados a la misa que vamos a celebrar y nos acompañen con su imaginación cariñosa, que es una manera linda de rezar con todo el corazón y con toda el alma.

Padre Diego sj