Domingo 31 A 2011

Un servicio pleno

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: «Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar «mi maestro» por la gente.
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar «maestro», porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen «padre», porque no tienen sino un Padre, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco «doctores»,
porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado» (Mt 23, 1-12).

Contemplación

Estaba escribiendo sobre “hacerse servidor”, sobre lo que implica llegar a ser “mesaret”,“diakono”,“ministro”: el que obedece la voluntad de otro y está atento para ayudarlo en lo que necesita y para cumplir sus encargos ayudando a los demás… y me llamaron de la Casa de la Bondad para decirme que hoy a las 6 de la mañana, de la mano de su papá, falleció Mauricio.
Después de la primera comunión de su hijita, que estuvo hermosísima, resistió una semana más, los últimos días ya muy dormido y hoy ya descansa en paz después de haber luchado mucho.
Se fue en la paz y la gracia que tiene la casa, en la que mucha gente, no solo la familia, no solo los médicos, fuimos testigos de una lucha librada minuto a minuto junto con otros.
Eso hace que la muerte en la Casa no sea “brusca” ni sorpresiva sino en paz.
Creo que solo los papas y los reyes mueren con tantos testigos.
Con el agregado de que en la casa no hay curiosos ni encargados de oficio sino voluntarios. Hasta las enfermeras que no les toca el turno acuden con cariño o se hacen presentes de alguna manera. Y nos turnamos junto con la familia para dar, entre todos, un cariño compacto y sólido como una sola mano siempre teniendo la del que está enfermo.
Hoy hay muchos ministerios lindos que se van “valorizando” en la Iglesia.
Los ministerios ordenados siempre tienen que “hacerse” servicio real, despojándose de títulos y funcionalismos. Y los otros ministerios, los pequeños servicios de cada día, van cobrando valor como verdaderas respuestas concretas al encargo del Señor de amar al prójimo en todos los detalles. Con el cuidado de Mauricio las 24 horas del día, con la atención a todas sus necesidades: la de que le curaran sus llagas varias veces cada día (por falta de ese cuidado se le hicieron tan profundas) y la de que le consiguieran papeles, telas y pinturas para pintar sus cuadros; las de charlar espiritualmente con poquísimas frases (¿y cómo es eso de tomar la comunión?) hasta las de compartir un asado hecho por él; las de ir trayendo a toda su familia cerca, atrayendo a los lejanos y plenificando la vida de los más cercanos, como sucedió en la comunión de Agustina…, estos servicios a sus necesidades y deseos, como digo, hechos por una cantidad grande de voluntarios y voluntarias, de profesionales y familiares, tiene hoy en mi corazón, al ver a Mauricio en paz, el peso consistente de un servicio de amor completo, sin resquicios.
Un amor que suplió los límites de cada uno llenándolos con prontitud, cada vez que otro voluntario te reemplaza y llega cuando ya no podías más o te tenías que ir. La impresión confortadora que queda es la un servicio brindado física y espiritualmente por todos y del que todos somos testigos, cada uno desde su poquito de ayuda es testigo de lo mucho que hizo el otro.
Lo que quiero decir es que en la Casa se juntan lo físico y lo espiritual. El cuidado intensivo de una terapia y la presencia cálida de una familia grande. Esto no se da en ningún otro lado del mundo sino en estas Casas de la bondad.
Y esto hay que “ponerlo como una luz encendida en el candelero para que alumbre toda la casa”. Porque es un testimonio de cómo puede ser el resto de la vida.
Si de verdad se quiere unir en el servicio la calidad y la asistencia material hasta en los últimos detalles y de manera continua, con el cariño de hacer las cosas con un mismo espíritu y un solo corazón, se requiere la unión de todos en un solo cuerpo, como dice Pablo. El Espíritu da los carismas y reparte los ministerios para el bien común.

Mauricio nos permitió “vivir” estos meses formando un solo cuerpo y estando al servicio de una Vida Plena como la suya, con cuadros y fiesta de comunión incluidos (En la Primera Comunión de Agustina lo más lindo fue lo de los regalitos. En el sermón, que fue cortito, se me ocurrió decirle que trajera los regalitos que le habían hecho. Augs se fue a la pieza del papá y vino con un montón de regalos de todo tipo tamaño y los que estábamos comenzamos a sacar los nuestros: todos habíamos traído algo y , como muchos me escribieron después de leer la anterior contemplación, estuvieron como regalo muchas oraciones de mucha genta amiga que “imaginó con cariño la misa”).
Hoy imaginamos a los suyos –especialmente a los más pequeñitos de sus hijos- en su inmenso dolor, y los acompañamos en silencio con otra oración a la Virgen.

Diego Fares sj

Domingo 30 A 2011

El amor siempre es “excepcional”

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con él, y uno de ellos, que era doctor de la ley le preguntó con ánimo de probarlo:
‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?’
Jesús le respondió:
‘Amarás al Señor, tu Dios, con amor de gratuidad
con todo tu corazón (kardía)
con toda tu alma (psiché)
y con toda tu razón (dianoia).
Este es el más grande y el primer mandamiento.
El segundo es semejante al primero:
Amarás (agapeseis) a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos penden la ley entera y los Profetas’” (Mt 22, 34-40).

Contemplación

Hoy toma su primera comunión Agustina.
Celebraremos misa en la Casa de la Bondad donde está su papi, Mauricio, que nos sigue regalando fiestas.
La primera fiesta fue la exposición de sus cuadros, en julio. Fue fruto de una fiesta interior que transformó su pieza blanca en un taller de pintura lleno de colores.
Hace poco nos regaló dos asados en el patio de la Casa que está hermosísimo con sus arbolitos creciendo y todos sus verdes. Mauricio fue el parrillero y todavía me da pena que el segundo me lo perdí. Justo era el sábado en que estaba escribiendo sobre los invitados a la fiesta de las bodas del Hijo y se me pasó totalmente (¡!). Por eso cuando ayer Celina me propuso adelantar la fiesta de Agustina ahí nomás agarré viaje. “Agustina quiere hacer la primera comunión con su Papá y es un regalito que ambos se quieren dar y nosotros les podemos regalar la fiesta. Ya sé que hay que saltearse algunas cosas que son importantes pero sería lindo…”. Cuando escucho estas “razones para el amor” como diría Descalzo, enseguida agarro viaje. Más que las razones se trata de esa tonadita evangélica que se les pega a nuestros voluntarios y voluntarias y que me imagino que debe venir de Galilea, de la tonada que tendría la Virgen y que los Discípulos debe haber escuchado por primera vez en la fiesta de Caná, cuando le dijo a Jesús “no tienen vino” y luego “hagan todo lo que Él les diga”, esa tonada que tiene la gente del interior y que suena tan simpática; ese acento Galileo que lo deschavó a Pedro en la pasión como compañero de Jesús. Bueno, la cuestión es que cuando suena ese tono de “hagamos una excepción” –porque hay uno con silla de ruedas y ya se que no podemos hacerlos entrar al comedor porque nuestras instalaciones no dan y ya nos pasó una vez que al otro día ya habían venido dos, y yo mismo dije que no hay que hacer estas excepciones, pero hoy hay lugar y…-, cuando se pone en marcha la dinámica imparable de buscar razones para el amor, que es “excepcional” en sí mismo, (aunque haga cosas corrientes y no pueda no ser justo, el amor, para ser, tiene que ser siempre un poquito excepcional, aunque más no sea por algún detalle: por el modo o la sonrisa), siempre que estoy atento me prendo.
La preparación de Agustina tenía que ser, más que rápida, simple. Al llegar ayer a la tarde a la Casa había libritos y fotocopias de un catecismo de apuro por varios lados. Al rato llegó Amalia, que iba a ser la catequista. La cuestión es que cuando ya me iba llegó Agustina. Yo estaba en la Oficina haciendo una encuesta para un trabajo de Jorge sobre emprendimientos productivos de ONGs y Agus, al darme un abracito quedó mirando el pizarrón: “Allí está mi nombre! Es para la Comunión.”
Son los detalles de la Casa que te recibe y te abraza desde todos sus rinconcitos, también desde un rincón del pizarrón.
La cuestión es que le pedí a Amalia si quería que le diera yo la clase de catecismo y ella encantada, porque preparar para la primera comunión en quince minutos es fácil y difícil (como dice Aristóteles de hablar de la verdad). La catequesis en el patiecito de arriba salió linda. Tipo catecismo misionero de san Francisco Javier, que enseñaba la señal de la cruz, el Ave María y el Padrenuestro (más el angelito de mi guarda) y un poquito de los mandamientos. Por supuesto que empezamos por lo que Agus sabía de la primera comunión que, como todos nos imaginamos, iba por el vestidito blanco que sus compañeras de la parroquia vestían para esa ocasión. Me dijo que su papá se lo había prometido. Y juzgué que si tenía unidas estas cosas, cuando dijera amén al recibir el cuerpo de Jesús con el vestidito blanco y la alegría de su papi, la condición de “saber a Quién vamos a recibir” estaba más que suficientemente cumplida.
Bueno todo esto salió gracias al doctor de la ley y a la pregunta del mandamiento más importante.
No sé cómo será la Misa, si será en la capilla como quiere Mauricio o en su pieza, porque Patricia recién me dice que se despertó bastante dolorido. Eso sí, le mandé preguntar y Mauricio me confirmó lo del vestidito, que me tenía preocupado.
Sé que mientras él se prepara con curaciones y gasas en sus heridas y tomando algún rescate extra para poder estar bien, su hija se prepara con el vestidito blanco.
Yo pensaba hace unas semanas, cuando se empezó a hablar de la primera comunión, que era mejor no apurar las cosas para que la alegría de la primera comunión no quedara ligada a una urgencia por la enfermedad. Pero ahora que nos metimos en el baile se ven las cosas totalmente distintas. Y más que entender uno siente que nuestro Padre es el que dispuso las cosas buenas para que las realicemos y cuando las estamos haciendo se nos cambia el corazón y se nos abren los ojos.
Espero que todos los que lean se sientan invitados a la misa que vamos a celebrar y nos acompañen con su imaginación cariñosa, que es una manera linda de rezar con todo el corazón y con toda el alma.

Padre Diego sj

Domingo 29 A 2011

“Devolver a Dios lo que es de Dios”, reflexiones sobre el amor materno

(Después de escuchar la parábola de la invitación a las bodas) Se retiraron los fariseos para consultar cómo podrían entrampar a Jesús con sus propias palabras. Le enviaron a varios de sus discípulos con unos herodianos para decirle:
– Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas fielmente el camino de Dios, que contigo no va el respeto humano, por que no te fijas en la categoría de las personas. Dinos, pues, a nosotros, (a la luz de la Ley) ¿qué te parece?:¿Es lícito dar el tributo al César o no?
Pero Jesús, conociendo su mala intención, les dijo:
– ¿Por qué me tienden una trampa, hipócritas? Muéstrenme la moneda del tributo.
Ellos le presentaron un denario.
Y El les preguntó:
– ¿De quién es esta imagen y esta inscripción (“Emperador Tiberio, hijo adorable del dios adorable”)?
Le respondieron:
– Del César.
Jesús les dijo:
– Devuelvan al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Sorprendidos al oír aquello, lo dejaron allí y se mandaron a mudar (Mt 22, 15-16).

Contemplación
En la liturgia hay fiestas que “priman” sobre el domingo y tienen sus oraciones y lecturas propias – la Asunción, la solemnidad de San José… -. El día de la madre aunque no tenga lecturas propias tiene una especie de primacía del corazón y genera siempre alguna liturgia especial, alguna oración o algún gesto de cariño y agradecimiento.
A mí me gusta aplicar algo del evangelio que toque (aunque parezca que tiene poco que ver, como este de dar al César lo que es del César…) y, al final de la misa, bendecir a las mamás.
Bendecirlas invitando a recibir la bendición a todas las mujeres que eligen vivir la maternidad como algo esencial a su femineidad. Tomo pie en esta invitación “ampliada” para compartir una pequeña reflexión acerca del amor del corazón materno que es “la maravilla más grande de la creación”, hoy que tanto se habla de las “maravillas del mundo”.

Totalidad en la entrega amorosa del propio ser
Dar vida plena no es posible si no se establece una relación madre-hijo. Madre es la que pone el propio cuerpo y dedica para sus hijos todas sus fuerzas, toda su atención y todo su cariño durante toda su vida.
Esta característica de “totalidad” en la entrega amorosa del propio ser es tan decisiva que permite “adoptar” a un hijo no biológico.
Y esta maternidad del corazón, como se llama, no sólo no es una maternidad de segunda sino que es tan grande que ilumina e interpela a la maternidad biológica: es una invitación a la madre biológica a que “adopte” también a su hijo, decidiendo tenerlo y renovando su amor todos los días de su vida.
Así, la maternidad biológica y la maternidad espiritual están en tensión amorosa y se ayudan y complementan una a la otra.

Devolver a Dios lo que es de Dios
De esta reflexión sobre lo “total” que es el amor materno, tomo del evangelio la frase del Señor de “devolver a Dios lo que es de Dios”.
¿Qué es lo del Padre? Nosotros, sus hijos. Lo que debemos es devolverle como hijos “la totalidad” de nuestro amor: “amarlo con todo el corazón, con toda la mente, con todas nuestras fuerzas”.
Y la imagen más linda y real de un amor así de total es el amor del corazón materno.

Honrar padre y madre
Confrontando estas reflexiones con una mamá amiga me decía algo muy lindo sobre el mandamiento de honrar a los padres. Decía que ella recién lo había comprendido al tener a su hijo en la panza. El amor que sentía por su hijo era algo tan grande que el pensar que sus padres habían tenido un amor así por ella le llevaba a desear honrarlos. Un amor tan puro y tan incondicional es algo que viene directamente de Dios, me decía.

La maternidad como hecho espiritual
Hoy en día la mujer dispone de medios para abrirse o cerrarse a la maternidad antes y después de la concepción. Esta liberación del condicionamiento biológico, pese a todos los peligros que conlleva por el mal uso de la libertad, es algo positivo: realza la maternidad como hecho íntegro, espiritual, libre y consciente. La tendencia a que la mujer que es madre lo sea porque elige serlo es una tendencia creciente y sostenida.
La liberación del condicionamiento biológico pone a la relación madre-hijo en un nivel espiritual único, plenamente humano. Ahí hay que poner la mirada para elevar la reflexión y sacar las discusiones del plano meramente “científico”.
Se llame como se llame el estadio evolutivo en que se mire una nueva vida –embrión, feto, bebé…- cuando una mujer toma conciencia de que está embarazada, esa conciencia es “total”: ella sabe que es madre de su hijo. Estas dos palabras “madre” e “hijo” son primordiales. Todas las otras son agregados, intentos de matizarlas y disminuirlas (diciendo que todavía no es una persona) o de explicitarlas (poniendo nombre al bebé y soñando en cómo será cuando nazca).

Ser hijos
Hijo es más fuerte incluso que “persona”. Jesucristo es hijo de María, siendo que como Persona divina, existía antes de ser concebido. Por eso María es Madre de Dios aunque no haya engendrado a la Persona Divina. Estas “teologías” que pueden sonar muy abstractas, sirven para bajar bien a la realidad que el amor de madre no tiene igual porque es un gesto absolutamente espiritual con que se bendice y adopta una realidad totalmente carnal, histórica, concreta, humana.
La mamá quiere a su hijo más allá de que el misterio de la vida que late en su interior sea el de una vida divina, como en el caso único de Jesús, o el de una vida que no se desarrolla plenamente, como en el caso de los niños que nacen con distintos grados de discapacidad. Uno para su madre es su hijo y punto. Esto se muestra también a lo largo de la vida, en que el amor de madre supera los condicionamientos físicos, morales, relacionales…, de su hijo y lo quiere como es.
Lo importante de la reflexión es que los casos excepcionales no son excepcionales desde el punto de vista de lo que es el amor materno y lo que es la vida humana. El amor incondicional se requiere para toda vida y está operante maravillosamente en toda relación madre-hijo aunque no haya circunstancias excepcionales exteriores que lo muestren en toda su potencialidad. El amor total de la madre está presente en cada gesto y es “la maravilla más grande de la creación”. Si sale a la luz cuando hay situaciones extremas es porque ya estaba: no se inventa en el momento.

Nuestra Madre la Virgen
De estas reflexiones podemos tomar pie para meditar, cada uno, lo que significa que el Señor en la Cruz nos haya dado a su Madre como Madre nuestra. ¿Hay manera más concreta y real de demostrarnos que su amor por nosotros es total e incondicional?
Lo intuimos, ciertamente, y de ahí brota nuestro amor espontáneo a María. Pero no viene mal reflexionar para poner en su lugar –lo más alto- el valor de este amor materno y sentir que honrar a María es el caminito accesible a todos para que pueda ser real lo de amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente y con todas nuestras fuerzas.

Diego Fares sj

Domingo 28 A 2011

La fiesta o “sonreír con los ojos”

“Habiendo venido Jesús al Templo, se le acercaron mientras estaba enseñando, los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, y le preguntaron “con qué potestad haces estas cosas? Y quién te dio esa potestad? (…)

Tomando Jesús de nuevo la palabra les respondió en parábolas diciendo:
(Lo que acontece en) el reino de los cielos es semejante a (lo que le pasó a) un rey que preparó las bodas de su hijo; envió a sus servidores a llamar a los que habían sido invitados a las bodas y no quisieron venir.
De nuevo envió otros servidores diciendo:
‘Digan a los invitados: mi banquete está preparado, mis toros y animales cebados han sido sacrificados y todo está a punto. Vengan a las bodas’.
Pero ellos no haciendo caso se fueron, uno a su propio campo, otro a sus negocios y los demás, echando mano a los servidores los ultrajaron y los maltrataron.
El rey se llenó de ira y enviando sus ejércitos, hizo perecer a aquellos homicidas e incendió su ciudad.

Entonces dice a sus servidores:
‘Las bodas están listas, pero los invitados no eran dignos, vayan pues a los cruces de los caminos y a cuantos encuentren invítenlos a las bodas’.
Y saliendo aquellos servidores a los caminos, reunieron a cuantos encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.
Entrando el rey a ver a los que estaban a la mesa vio allí un hombre que no vestía el vestido de bodas y le dice:
‘Compañero, ¿cómo entraste acá, no teniendo el vestido de bodas’?
El no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los servidores:
‘Atenlo de pies y manos y arrójenlo a las tinieblas de allá afuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’.
Porque muchos son los llamados pero pocos los elegidos” (Mt 22, 1-14).

Contemplación
Con el reino de los cielos pasa que nos cuesta creer que lo que Dios quiere, libre y gloriosamente, es “celebrar las bodas de su Hijo”.
Las Bodas del Cordero con la humanidad.
Una humanidad que al desposarse con Cristo se vuelve Iglesia, Esposa.

María, nuestra Señora, concentra y expresa, en su belleza y en su bondad, este sentido último de la creación.
Y todos los pueblos lo captan intuitivamente al acudir a ella, al ir sólo a mirarla.
En ella se ha dado este desposorio de Dios con la humanidad y por eso todo en torno a ella se convierte en Fiesta de Bodas (escribo esto con las imágenes de nuestro pueblo peregrinando a San Nicolás y a Luján en estos días).

El valor de la fiesta –su dignidad real- requiere que los invitados nos pongamos a la altura.
Y en María sentimos “accesible” esta altura, esta dignidad.

Es la Fiesta la que nos dignifica.

Tanto los que rechazan la invitación como el que no se pone el vestido se vuelven indignos a sí mismos, pero la fiesta conserva intacto su esplendor.
Esta es la respuesta del Señor a los sumos sacerdotes y ancianos que le preguntan sobre su autoridad.

Todo en Jesús es una invitación: “Vengan a las Bodas”.
Tanto sus propuestas como sus retos son una invitación a las Bodas. El perdón a los hijos pródigos y la paciencia con los hijos que se resienten nacen del deseo del Padre de celebrar la fiesta.

La Fiesta de Bodas es el criterio de discernimiento último.
Cuando uno se pregunta ¿para qué trabajamos con la gente más deteriorada y ‘sobrante’? La respuesta es “para una Fiesta”.
Cuando uno se pregunta, de última, ¿y por qué hay que “incluirse” y “reinsertarse” en la sociedad y vestirse dignamente? La respuesta es “porque hemos sido invitados a una Fiesta y tenemos que estar todos y estar bien”.
Si no es esta la respuesta muchos sienten que “es mejor la calle”, como decía ayer una persona que daba su testimonio en la presentación del libro “Experiencias de trabajo con personas en situación de calle” que escribió el equipo del Hogar Albisetti, de la parroquia del Socorro. “De todo lo que probé, creo que la calle es lo que menos me desilusionó”. Qué terrible y qué verdad, si la propuesta es menos que una Fiesta como la que describe Jesús. Porque como decía otro: “Nosotros, a los que trabajaban y se casaban los llamábamos giles. Nosotros éramos los vivos. Y ahora yo quisiera ser un gil, ahora que ya no puedo tener una familia”. Si no hay un Padre que esté preparando una fiesta a la que también están invitados aquellos a los que se les pasó la vida…, para algunos, mejor la calle.
Pero la fiesta está. Y se hace presente en muchas ocasiones y en muchos lugares.
Los rostros de nuestros comensales del Hogar cuando celebramos los cumpleaños una vez por mes con todo el cariño y las tortas ricas que preparamos y servimos dignamente, nos confirman que este mensaje lo captan todos los hombres de buena voluntad, especialmente los más maltrechos y maltratados.
La señal es la sonrisa. A mí que no me gusta mucho sacar fotos y que cuando se trata de la gente que está en el comedor me parece que es falta de respeto ya que a nadie le gusta que lo fotografíen desaliñado y mal vestido, cuando son los cumpleaños siempre que puedo bajo yo a sacar fotos o pido que las saquen, porque es el momento de más dignidad en el Hogar ya que los más desarreglados son los que salen más lindos!
Todo por las sonrisas.
La sonrisa que se enciende por un momento al soplar las velitas o al caer en la cuenta de que te están cantando a vos, a vos al que nadie te cantó nada ni te aplaudió nunca ni te dio un beso ni te dijo que los cumplas feliz. A vos que te tiraron a la vida y no tenés memoria de madre ni de papá ni de saludo al volver a casa porque, aunque esos gestos de cariño elementales estuvieron presentes en alguna medida, fueron inundados y tapados por los gritos, las peleas y la miseria. La sonrisa que te brilla en los ojos por un instante es la señal de que el reino de los cielos está vivo en tu pecho, quizás a cientos de metros de profundidad, como estaban los mineros de Chile, pero puja por salir, aunque tenga encima más escombros que los que deja un terremoto.
Cuando uno se pregunta ¿y por qué tanto cuidado al final de la vida si la persona ni se da cuenta casi y lo mismo se va a morir? La respuesta es porque creemos en que el cielo es La fiesta y no es lo mismo morirse bien vestido y bañado y de la mano de alguien que te quiere que solo como un perro en una pieza de hotel (o solo como una máquina enchufado y cuidado “tecnológicamente” en una terapia, pero eso ya es cuestión de cada familia).
Antes de ayer, el jueves 6, en la Casa de la Bondad murió Hugo Reboledo, que de estar en situación de calle pasó a hospedarse en el Hogar de San José y luego a trabajar como empleado de maestranza en la cocina.
Que aceptara ir a la Casa de la Bondad implicó el cariño y el acompañamiento de nuestras dos instituciones durante muchos meses. Hugo no quería “perder su privacidad” y prefería su pieza de hotel (que se fue convirtiendo en un desastre a medida que él se dejaba estar, “por su rebeldía”, como me dijo,) a estar en la casa.
Como sí había aceptado ir a hacerse curar (su cáncer de cuello requería curaciones diarias) le fueron ganando el cariño y cuando ya no pudo más, al fin aceptó ir y fue como un corderito manso y se dejó mimar y atender sus últimas dos semanas.
Hay mucho para agradecer y reflexionar acerca de lo que significa “Hugo del Hogar en la Casa de la Bondad”, pero hoy lo que quiero compartir es su sonrisa.
Cuando entré al Hogar a la mañana para anunciar que Hugo había muerto y entre otras cosas dije que sus sonrisas eran lindas, Marcelo, que lo cuidó como a un hijo en estos 10 meses desde que su cáncer le impidió trabajar en la cocina del Hogar y comenzó su via crucis por los rayos y las curaciones, dijo: es verdad, casi no se le entendía lo que decía de tan despacito que hablaba, pero sonreía con los ojos. Y cuando me decía esto se le iluminaron los ojos y a mí también. Porque las sonrisas con los ojos son contagiosas. Fuego que enciende otros fuegos.
Que alguien te sonría con los ojos es un regalo de valor inestimable.
Al pensar en la riqueza que implica y en las bodas me vino a la mente el casamiento del príncipe de Mónaco. La princesa se hizo famosa por la tristeza de su “sonrisa protocolar” en medio de una de las bodas más espléndidas de los últimos tiempos. Tanto es así que hace unos días los diarios titulaban una aparición en público del matrimonio real diciendo: “La princesa lució radiante y con una amarga sonrisa…”. La verdad es que me dio tanta pena… No se si es pertinente la comparación, porque resulta demasiado verdadera. Mejor dejar que cada uno saque sus conclusiones sobre las fiestas a las que asiste y sobre dónde se encuentra gente que te sonría con los ojos.
La gente que experimenta estas sonrisas, que iluminan la casa de la bondad y el hogar a cada rato, no dice nada pero las atesora en el corazón y cuando alguien “no entiende cómo es que pueden soportar ir ahí”, piensan, pensamos, que no saben lo que se pierden.

Diego Fares sj