Domingo 21 A 2011

Besar el anillo del Pescador

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos
– ‘Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? Quién dicen que es?’
Ellos respondieron:
-‘Unos dicen que es Juan el Bautista, otros, Elías y otros Jeremías o alguno de los profetas’.
– ‘Y ustedes –les preguntó- ‘¿Quién dicen que soy?’
Tomando la palabra Simón Pedro respondió:
– ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo’.
Y Jesús le dijo:
-‘Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre sino mi Padre que está en el cielo.
Y Yo te digo: Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder de la muerte no prevalecerá sobre ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos.
Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo’
Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías” (Mt 16, 13-20).

Contemplación

Con ocasión de la visita que le hizo un obispo argentino, Monseñor Rau de La Plata, en 1953, Romano Guardini escribió en su Diario:
“Para mí un Obispo es siempre una personificación de la autoridad eclesial venerada con todo el corazón. Es hermoso poder honrar la autoridad legítima. A aquellos que no lo hacen les falta una cosa esencial”.

Guardini estaba enfermo y aunque le ofreció ir a ver él al Obispo a su residencia el Obispo no lo dejó y fue él a visitarlo, por eso Guardini se sintió honrado y expresó su sentimiento de fondo ante la autoridad.
Este pasaje me vino al corazón al ver escenas de la visita del Papa al Escorial para encontrarse con jóvenes religiosas y jóvenes profesores universitarios. Me emocionó la devoción de las religiosas por el Papa y el respeto de los profesores y pensaba que el respeto y el cariño por la autoridad legítima es una gracia.
Es una gracia muy combatida por los medios que denigran la autoridad, la reducen, la ridiculizan, la ningunean… Uno siente la influencia poderosa de los medios cuando la imagen de la gente que le besa el anillo al papa le causa cierta incomodidad.
Por eso hay que hacerle frente a las emociones negativas que se nos instilan mediante imágenes negativas y oponerle sólidas imágenes positivas y verdaderas.

Una imagen fuerte y hermosísima que siempre hay que recordar es que no se besa la mano de una persona sino el anillo de Pedro, el “Anillo del Pescador”, como se le llama, ya que tiene siempre la imagen de Pedro echando las redes.
Este anillo bendito se martilla cada vez que muere un papa y parte del mismo oro se utiliza para el siguiente.
Tiene toda la carga de la autoridad dada a Pedro por Jesús.
Autoridad para ejercer soberanamente la misericordia y perdonar más allá de lo que piensen los hombres burlones, los hombres vengativos y los hombres soberbios.
Otra imagen linda es la del Beato Juan Pablo regalando el suyo dos veces (al menos). La primera cuando un chico de la favela que visitó en Brasil se coló entre la gente y le fue a dar un beso. El Papa conmovido miró a su familia y a la gente de la que venía el pequeño y les regaló su anillo. La otra fue al final de su vida: lo regaló para adornar el cuadro de San José (!) del monasterio carmelita de su ciudad natal de Wadowice en Polonia.
Ayer el ver cómo besaban el anillo del pescador una carmelita y un joven profesor me conmovió y me hizo reflexionar.
La carmelita entró en el espacio del Papa con cierto ímpetu, le besó el anillo con unción y elevando el rostro alegre se acercó más de rodillas y teniéndole la mano con las suyas le dijo lo que le quería decir.
El que iba al lado del Papa tocaba a la gente con cierto ritmo neutro para que nadie se demorara. Pero se notaba que las personas vivían un momento único en su vida. No sé por qué la escena me recordó la de la pecadora que también se metió en la casa donde estaba Jesús y sin importarle lo que pensaran los demás lo ungió con su perfume. El joven profesor universitario fue más torpe pero no menos piadoso, medio como que trastabillo ante el Papa que estaba sentado y le besó el anillo como pudo. En su discurso de bienvenida se notaba que quería demostrar el respeto ante un Papa profesor universitario que defiende lealmente la búsqueda común de la verdad, sin la cual no se puede hacer bien el bien a todos.
De estas imágenes de gente que “venera de todo corazón y sin vergüenza ajena la autoridad legítima” vino la frase de Guardini: “es hermoso poder honrar la autoridad legítima. El que no lo hace carece de algo esencial”.

Hay que recordar qué evangelio está detrás de estos besos y de este arrodillarse para caer en la cuenta de por qué le molesta tanto al “mundo” este reconocimiento de la autoridad legítima. El fundamento de estas escenas es el evangelio de hoy en el que el Señor le da las llaves del Reino a un humilde pescador. Ese anillo no se compra con dinero. Tampoco se consigue a base de esfuerzo ni de consenso popular. El que lo ciñe es investido de una autoridad que le viene dada de lo alto, del único que tiene el poder de perdonar, de atar y desatar.
Besar y honrar ese anillo expresamente es un acto de rebeldía, no de servilismo. Libera de todo otro servilismo ante los poderes de este mundo.
Hoy, como dice Guardini, el poder se ha vuelto anónimo. Por eso los poderosos tratan de pasar desapercibidos. Por eso les molesta que otro poder –aunque sea el de perdonar y servir- se personalice.
Y ridiculizan la autoridad papal aunque se mueren de envidia ante el desenfado católico de poder unir humildad y poder.
Uno ve al Papa saludando con su timidez y parquedad a la gente desbordante de entusiasmo y sabe que no se la cree.
Sabe que se alegra de que la gente alabe en él a Jesucristo.
Esta síntesis católica es una gracia para una humanidad que no encuentra dónde encarnar su indignación ni su entusiasmo, su sed de autoridad y de comprensión, su anhelo de verdad y de bien.
Poder gritar viva el Papa sin que esto implique un “mueran los otros” (tampoco los que critican), poder demostrar el cariño concreto y la alegría sin excluir a nadie, ni siquiera a los que piensan distinto…, ¡qué gracia!
Qué lindo poder respirar este aire.
Se ve en los rostros de los jóvenes, en la alegría fraterna.
El que no sabe honrar así la autoridad legítima se está perdiendo algo esencial de su ser humano y de la vida.
Diego Fares sj