Domingo 26 B 2009

Bartimeo

Estándares evangélicos de intolerancia

Le dice Juan:
─ Maestro, vimos a uno, que no anda con nosotros,
expulsar demonios en tu Nombre, y se lo prohibimos.
Pero Jesús dijo:
─ No se lo prohiban, porque no habrá nadie que obre un milagro en mi Nombre
y pueda enseguida hablar mal de mí. Porque quien no está contra nosotros está a favor de nosotros.
Y quien les dé de beber un vasito de agua en nombre de que son de Cristo,
en verdad les digo que no quedará sin su recompensa.

(Y como digo esto, también les digo:) al que escandalice a uno de estos pequeñitos que creen en mi, sería un bien mayor para esa persona que le fuera colgada al cuello una piedra de moler y así fuera arrojado al mar.
Si tu mano te es motivo de escándalo, córtala; más te vale entrar manco en la vida que no con las dos manos irte a la gehena, al fuego inextinguible.
Y si tu pie te hace tropezar, córtalo; más te vale entrar rengo en la vida que no con los dos pies ser arrojado a la gehena, donde su gusano no muere y su fuego no se extingue.
Y si tu ojo te escandaliza, sácalo; más te vale con un ojo entrar en el reino de Dios que no con los dos ojos ser arrojado a la gehena, donde su gusano no muere y su fuego no se extingue (Mc 9, 38-48).

Contemplación

Las últimas imágenes son duras y atrapan la atención. Llevan a discutir si Jesús habla literal o simbólicamente.
Esta vez busqué bastantes explicaciones y no me terminaron de convencer. Como dice un amigo, a veces parece que Jesús empieza a dar para todos lados y el lenguaje del evangelio se torna durísimo.
Me ayudó Von Balthasar, que hace una sencilla exégesis de este pasaje distinguiendo que hay cosas que se toleran y cosas que no, que son intolerables.
Cada persona, cada cultura, cada época, tiene las suyas.
Nos escandaliza ahora que en la época de la colonia se defendiera la libertad de los pueblos originarios de América Latina y el Caribe y, los mismos que defendían esto, consideraran normal que hubiera esclavos negros. Nos parece intolerable y sin embargo no termina de escandalizarnos que haya un niño trabajando en los subtes y en la calle, en vez de estar estudiando en la escuela.
El escándalo o “lo socialmente correcto” tienen mucho de cultural.
Y aquí, Jesús sale con los tapones de punta.
Partiendo de algo que les resulta intolerable a los discípulos (y lo expresa nada menos que Juan!), aprovecha para establecer los “estándares evangélicos de tolerancia”.
De cualquiera que hace el bien, Jesús no sólo dice que no hay que prohibírselo de ninguna manera, sino que recomienda alabarlo explícitamente. Afirma que no quedará sin recompensa; es más lo considera como alguien que está a favor. El Señor no requiere adhesión formal sino que se fija en la adhesión de corazón que se muestra en los gestos. Y lo razona bien: si uno utiliza mi Nombre para hacer el bien, luego no podrá usar mal ese mismo Nombre.
A Jesús se lo podría ver como Alguien que sinceró y amplió los estrechos límites de tolerancia en los que se movía su pueblo. Y como su mirada es tan lúcida para lo que es criterio sano y criterio enfermo, su evangelio, sus parábolas y bienaventuranzas, sinceran y amplían los criterios de tolerancia de toda persona de buena voluntad y de toda mentalidad cultural.

Jesús toma pie en el reclamo de los discípulos para ampliarles sus criterios de tolerancia y, acto seguido, muestra lo único que a Él, el más misericordioso y bueno de los hombres, le resulta intolerable: los actos de corrupción que hacen que los pequeñitos se escandalicen de la bondad de Dios. Hay actos de maldad y corrupción que hacen que la gente se escandalice de la Vida: no puede ser que Dios exista y permita que esta persona haga tanto daño.
Hay actos de maldad y seducción que hacen que la gente se escandalice de la Iglesia y se aparte de Jesús: no puede ser que la Iglesia sea Madre y permita que algunas personas hagan tanto daño utilizando su prestigio y su poder.

Aquí Jesús se pone del lado de los intolerantes.
Él también condena al que pudre la confianza en el amor de Dios en el corazón de otra persona, especialmente en el corazón de un pequeñito indefenso. Y va más lejos, aprovechando el natural impulso que todos tenemos a caerle al corrupto y a asentir cuando es condenado algún monstruo, el Señor utiliza tres imágenes fuertes para que interioricemos la intolerancia. Para que no nos dejemos arrastrar por el mecanismo de buscar el chivo expiatorio que nos hace sentir justos porque castigamos a otro, sino para que seamos intolerantes con aquello que sí depende de nosotros y que podría ser ocasión de escándalo para los demás.

Aquí ayuda quizás leer las imágenes que usa Jesús contraponiéndolas así:
Poner una recompensa en la mano del que sirve un vasito de agua a un pequeñito por amor a Cristo vs cortar la propia mano si puede llevarme a hacer algo que haga perder la fe en el amor de Jesús a otro más pequeñito.

No prohibir que siga adelante uno que hace milagros en Nombre de Jesús, aunque no sea de los nuestros, vs cortar el propio pie si hace que otros más pequeñitos que me siguen, caminen hacia algo que los aparta del amor de Dios.

Mirar con ojos favorables al que no está contra nosotros, vs sacar mi ojo torcido si mira con envidia y dirige la mirada de otros más pequeños de manera tal que incorporan criterios que los apartan del amor del Padre. Aquí el ejemplo puede ser el reproche que le hace al Padre de familias al que levanta quejas porque se le paga a los últimos igual que a los primeros. “¿Acaso tu ojo es malo porque Yo soy bueno?”. El ojo es ese criterio que se absolutiza y se justifica afirmando falacias, haciendo caer a los más ingenuos diciendo: “¿ven cómo es ese Dios? ¿Se dan cuenta de que es ridículo, o perverso? Y hacen que algo que está bien parezca una ridiculez e incluso una injusticia.

Como vemos, las tres imágenes de intolerancia que usa Jesús están en relación con las tres de tolerancia y de amor que sacó al ampliar el planteo de sus discípulos.
Y volviendo al título, el diccionario dice que: “estándar es aquello que sirve como tipo, modelo, norma, criterio, patrón o referencia”. ¿Ajusto cada día mis estándares de vida a los del Evangelio?
La tarea de ajustar –con sintonía fina- podría ir por este lado:
1º Puedo examinar mis criterios de intolerancia para con los demás: ¿qué cosas me resultan intolerables, en lo cotidiano y en lo grande, a la hora de elevar una queja y a la hora de decidir un voto o de salir a reclamar…
2º Puedo confrontarlos con los de Jesús: ¿Le preocupan a Jesús las mismas cosas que a mí? ¿Con la misma intensidad?
3º Puedo mirarme a mí mismo: quizás en aquello que no soporto en los demás hay algo que me escandalizó y que no dejo que Jesús cure en mí o algo que he ido armando para justificarme y que no tendría que tolerar, que tendría que cortar con su ayuda.
4º Siempre es bueno comenzar por lo positivo: tomarle el gusto a ampliar los límites de mi tolerancia poniendo los de Jesús. Pensar bien, perdonar, ser paciente y más misericordioso, mirar a los otros como los mira el Padre, ellos son tan hijos suyos como yo…, servir a los pequeños con amabilidad…
La tolerancia evangélica –la paciencia buena de Jesús- afloja las intolerancias que tanto mal nos hacen y que suelen venir de alguna autodefensa, innecesaria si tenemos a Jesús. Si está Jesús que me defiende ¿a quién temeré? Como dice el Salmo: “El Señor es la defensa de mi vida ¿quién me hará temblar?”. “¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?”

Diego Fares sj

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