Domingo 24 B 2009

Jesus pasolini 1

Contemplación en el camino

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino los interrogaba preguntándoles:
─ « ¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos le respondieron:
─ «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.»
─ «Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?»
Pedro respondió:
─ «Tú eres el Mesías.»
Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.
Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.
Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo:
─ « ¡Salí, andá detrás de mí, Satanás! Porque no discernís (phroneis) según los criterios de Dios, sino con los criterios de los hombres.»
Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo:
─ «El que quiera venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará» (Mc 8, 27-35).

Contemplación
“En el camino Jesús les preguntó…”
Me entra la curiosidad: ¿Se habrán detenido o toda la escena se desarrolló caminando?
Los cuadros e imágenes de “la confesión de fe de Pedro” fijan la escena como un alto en el camino.
Pero si uno se deja llevar por el diálogo, todo es movimiento.
En vez de “mirar la escena” aquí se trata más bien de “entrar en la acción”.

Nos dejamos llevar por los énfasis:
Jesús salió con sus discípulos…
En el camino los interrogaba, preguntándoles…
Los hizo dirigir la mirada hacia lo que opinaba la gente y luego los hizo entrar en su interior.
Cuando Pedro “se lo llevó aparte”, parece que se han detenido.
Pero el evangelio deja entrever que se habían adelantado, porque Jesús se dio vuelta para que los discípulos escucharan cómo lo reprendía a Pedro por sus criterios humanos.
De golpe el Señor incluye a la gente: “llamando a la multitud”.
Es decir: hace que la gente se acerque. Y con ese recurso, el evangelista nos incluye a los lectores en la escena. La enseñanza de Jesús es para todos y el Señor nos pone en movimiento hacia él desde nuestro tiempo y situaciones diversas.
Y para terminar, cuando dice: “El que quiera venir detrás de mí…”, uno bien puede imaginar al Señor poniéndose de nuevo en camino.
Vamos tomando el ritmo evangélico de este Jesús que enseña caminando y haciéndonos caminar.

Es que el Jesús de Marcos está siempre en camino: se les adelanta a los discípulos que tienen que esforzarse por seguirle el paso.

Juan condensará en una frase lo que Marcos muestra en acción: “Yo soy el Camino verdadero de la vida”, dirá de sí el Señor.

El camino es una imagen primordial, como bien señala Guardini. Una imagen que moviliza todo nuestro ser, no solo lo conciente.
Eso no quita que haya que trabajar bastante hacer un “proceso”) para que nos movilice bien, en todas direcciones.
Porque a veces reducimos el camino con nuestra mentalidad utilitaria. Como si sólo fuera un medio. El camino no se reduce al viaje, a ir a alguna parte, a salir de un lado para ir a otro.
El camino es también imagen del modo como se hacen las cosas (como dice Chango Spasiuk, hablando de esa canción tan linda “el camino”). El camino es imagen de los pasos que se siguen para realizar una tarea.
Y si no es una tarea sino, por ejemplo, una danza, la imagen del camino cobra mayor intensidad: los pasos de la danza no “llevan a ninguna parte”, mientras se baila el caminito ya trazado, se alegra todo nuestro ser y la música “nos transporta”. ¿A dónde? Al ámbito de la alegría donde, caminando en círculos, el tiempo se condensa y se vive con soltura de eternidad.

El camino quiere decir, también, que las cosas llevan tiempo, que hay que recorrerlas, de ida y vuelta, hacia fuera y hacia adentro, de arriba abajo… Nuestro ser es camino, es historia.

En el camino hacia Cesaréa de Filipo Jesús les enseñó a los discípulos muchas cosas interiores.
Prestemos atención al ‘método’ que ejercita el Maestro. El modo de entrar en ellos que tiene Jesús es el de la pregunta. La pregunta es un camino para entrar en contacto con el otro poniéndose al lado, invitando a mirar juntos en una misma dirección. Jesús no se sienta en la cátedra sino que los hace mirar con Él: lo que dice la gente y lo que dicen ellos. Les hace salir afuera, a las opiniones de la gente, y entrar en su corazón: qué piensan ustedes. Las preguntas de Jesús son caminos de cercanía.

El Señor abre y cierra también. Es tajante. Alabar y condena. Les cierra el camino del mesianismo y les abre a todos el camino de la cruz y la resurrección. Las condenas de Jesús cierran los caminos que llevan a la perdición.
A Pedro le muestra cómo su corazón está abierto a recibir los criterios de Dios y los de los hombres. Los criterios son caminos, orientan en una dirección lo que uno mira y piensa. Esto de ver los criterios como caminos, como cintas transportadoras que si uno se sube lo llevan solo para un lado, tiene su importancia. Uno se sube a un camino o se mete a caminarlo y el camino mismo lo lleva a donde va y le contagia su modo. El camino marca el ritmo con sus baches y vueltas, con sus subidas y bajadas. Cuando uno siente que termina siempre en las mismas conclusiones puede conformarse pensando que la cosa es así nomás ─ es lo que hay ─ o también ser más crítico y pensar que quizás es que uno se sube siempre al mismo criterio y por eso no ve otras posibilidades.

Aquí es donde cobra importancia mirar a Jesús como El Camino.

Iba a decir “nos quedamos contemplando a Jesús como Camino” y me frené porque me da la sensación de que no se trata de “quedarse contemplando”. La contemplación es camino. Uno entra en una Palabra, en una escena del evangelio, y se deja llevar, se deja conducir a donde esa Palabra quiera, dialogando con ella.

Ya hemos vislumbrado un poquito del dinamismo de la palabra Camino.
Si lo aplicamos a la imagen que tenemos de Jesús, puede hacernos bien no reducir su “seguimiento” a seguirlo “a algún lado” o a “hacer alguna cosa”.

Jesús Camino lo primero que hace es hacernos tomar conciencia de que ya venimos caminando junto con Jesús. El está caminando con los que lo siguen y llama a todos a su seguimiento. Jesús es Camino que se abra brecha hacia nosotros, Él es el que viene (erjómenos). La Iglesia esposa siempre le está suplicando ¡Ven Señor Jesús!
Esto ya es de por sí consolador:
existe un Camino capaz de llevarnos,
existe un Caminito que pasa cerca de nosotros,
un sendero que nos contagia el paso,
que nos enseña el modo,
que nos dinamiza el corazón
y nos marca el ritmo con su música.
Subidos ya a este Camino, en compañía de Jesús y de sus discípulos, junto con todo el pueblo fiel, escuchamos la pregunta de Jesús como una interiorización del Camino:
“Si querés seguirme” dice Jesús…:
preguntate en dos direcciones y compará: qué dice la gente de mí y qué pensás vos.
La gente no ve a Jesús como Camino. Lo ve como uno que indica caminos: hay que ir por aquí, hay que obrar así… En general, sus consejos le parecen bien a la gente. Pero difíciles de cumplir.
Pedro ve a Jesús como Mesías. Esta imagen en el pueblo de Israel era la de uno que los llevaría por el camino de la liberación de Roma. Por eso Jesús acalla esta palabra “mesías”.

Se produce aquí un punto de inflexión. El camino cambia de rumbo y todo adquiere otro sentido. El Señor comienza a hablar de la Cruz y la Resurrección. No se trata de un camino al éxito sino de un Via Crucis. Jesús camina decididamente hacia la muerte y la resurrección. Y cuando Pedro le discute, lo reprende severamente y llama a toda la gente para dejar bien claro que ese es su camino y el que tiene que caminar todo el que lo quiera seguir. Advierte, además, que es cuestión de vida o muerte.
Aquí Jesús habla con mucha convicción: el que quiera caminar por su propio camino, perderá su vida; el que camine por el Camino que es Jesús, salvará su vida.
“Yo soy el Camino verdadero de tu vida”, necesita que cada uno lo traduzca.
A mí me consuela ir traduciendo así…:

Yo soy el que te viene a buscar cada vez que te perdés. Soy tu Buen Pastor, soy como un camino que busca tus pies y te carga sobre sí para sacarte del precipicio o del bosque de zarzas donde te extraviaste.

Yo soy el que te enseña criterios que te abren la mirada del corazón y te llevan por los senderos del amor. Fijate que mis bienaventuranzas son puentes gozosos que tiendo de tu pobreza a mi Reino de los Cielos,
de tus lágrimas a mis consuelos,
de tu hambre y sed a mi Pan de Vida,
de tu sentirte perseguido a mi compañía y amistad…
Mis bienaventuranzas esconden criterios operantes, que te hacen alcanzar mi paz y mi misericordia y te limpian los ojos para ver a tu Dios.

Yo soy el que te susurra palabras que te animan y te dan coraje para caminar cuando te encontrás cansado y con problemas. Mis palabras, por el Camino, encienden tu corazón y lo hacen arder, como a los de Emaús. Yo soy el que abre los ojos al partirte el pan, el que te saca de la ceguera de esos criterios reductivos y obesivos que no te dejan leer bien tu historia como historia de salvación.

Yo soy el que te enseña qué tenés que llevar para caminar bien, cómo tenés que dejar que te ayude a cargar tu cruz, cómo podemos intercambiar pesos, de modo que yo lleve tu cruz y vos la mía, que es, paradójicamente, más liviana. (La mía no es la mía propia, la que cargué Yo sólo por todos, sino la mía que llevan algunos pequeñitos con los que me identifico y a los que vos podés ayudar porque has recibido más que ellos).

Las cruces de los pequeñitos son más livianas que la tuya!

Yo soy el que te lleva al Padre, Camino estrecho que lleva a lo alto y caminito sencillo que lleva a lo más íntimo de tu interior, a tu cuarto y al secreto donde el Padre siente agrado por tu persona, por tu pequeñez y tu amor de hijo y de hija.

Así, vamos “caminando” la contemplación con Jesús, por Él y en Él.
El es nuestro Camino. Camino portátil, que “se nos hace al andar”, porque nadie como él viene a nosotros, nadie es tan cercano, nadie tan accesible, nadie nos acompaña con tanto cuidado ni nos allana las dificultades como él.

Y para que la grandeza de Jesús quede cercana y nos den ganas de caminar por él y de ser también camino, unas líneas de Menapace.
Cuenta Menapace que “el Cura Brochero terminaba siempre sus cartas al Presidente de la República Juárez Celman, que había sido su compañero de escuela, con esta frase: ¡Caminos, se necesitan, caminos!”. Es que en aquellos tiempos los pobladores de las sierras cordobesas se encontraban aislados por grandes distancias… Pero lo del Cura Brochero no era una simple constatación de las mejoras que necesita todo progreso. Se dice que la situación de un pueblo se puede medir por el estado de sus caminos. Y lo mismo pasa con toda persona. La posibilidad que tiene de salir hacia los demás, o la que tienen los demás de llegar hasta él, nos dan la medida de su grandeza interior”.

Diego Fares sj

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